Escuela de Padres

Existe abundante evidencia experimental de que el entorno familiar es uno de los factores influyentes más poderosos. Se considera probado que las experiencias familiares pueden contribuir poderosamente para desarrollar patrones de conducta violentos y/o antisociales. La que presentamos a continuación es la evidencia experimental más significativa:

Evidencia experimental

– Estudio de Mc Cord y Mc Cord (Powers y Witmer 1951). Estos investigadores querían saber si la asistencia social podía reducir las tendencias antisociales de jóvenes de la clase trabajadora. El estudio continuó durante un tiempo, pero no se pudo determinar que hubiera una relación causal significativa. Sin embargo, los registros tomados por los asistentes sociales se pudieron utilizar para un nuevo estudio longitudinal. Esta vez se quiso saber qué había sido de los chicos estudiados al cabo de los años. En esta ocasión se puso de relieve un hallazgo experimental de lo más interesante: Se pudo concluir que las experiencias en la familia eran el factor que determinaba con más peso la tendencia y frecuencia con que los jóvenes respondían agresivamente cuando se veían amenazados. Mc Cord descubrió que las formas en que los padres habían educado a sus hijos desde la infancia se relacionaba con la cantidad de conductas violentas y antisociales de los jóvenes, y más aún, con los registros delictivos de estos niños cuando alcanzaban los 30 años. Mc Cord concluyó que las experiencias de los niños en las familias tiene una influencia sobre su conducta violenta en las etapas posteriores de su desarrollo y determina en gran medida las posibilidades de convertirse en delincuentes.

Tener en cuenta la familia

En efecto, podemos afirmar que el entorno familiar puede convertirse en un caldo de cultivo favorable para el desarrollo de tendencias violentas y antisociales. Por lo tanto es necesario que todos los educadores tengan siempre presente en su actividad, que las familias representan una “piedra de toque” tanto en las intervenciones primarias (formativas) como en las secundarias (correctoras) en los programas dirigidos a fomentar actitudes de convivencia, tolerancia, educación para la paz y control de la agresividad y la violencia en cualquier centro educativo.

Teorías genéticas

En el estudio de las conductas violentas, ocupa un lugar importante la tesis de que las personas que tienen propensión a la violencia lo hacen impulsadas por sus rasgos caracteriales innatos que les obligan a responder a los estímulos ambientales o a las demandas del entorno con agresividad. Desde este punto de vista, la violencia estaría determinada desde el momento del nacimiento.

Teorías ambientalistas

Por otro lado, tenemos todas las teorías ambientalistas que propugnan que cualquier individuo, al margen de su genotipo particular, aprende actitudes y valores que lo inclinan hacia la agresividad y la conducta violenta o no, dependiendo de una enorme cantidad de variables relacionadas con el aprendizaje.

En definitiva, ante la cuestión de si la persona violenta “nace” o, si por el contrario “se hace”, nosotros asumimos una posición intermedia que trata de conciliar las teorías genéticas y las ambientales.

El potencial violento

La evidencia experimental más sólida, da a entender que existe en cada uno de nosotros un potencial agresor y que esta tendencia que en el pasado más remoto contribuyó a la supervivencia de la especie, en la actualidad es inadaptativa en una sociedad que castiga los comportamientos violentos.

La influencia del aprendizaje

Sin embargo, la tendencia innata del ser humano a la violencia puede ser modelada por el aprendizaje… Se puede aprender en relación a la expresión de la violencia, el problema radica en que este aprendizaje funciona en los dos sentidos: se puede entrenar la capacidad de control de la agresión o, por el contrario estimular su expresión.

La responsabilidad del educador y la familia

Así las cosas, podemos apreciar la responsabilidad fundamental que los educadores en particular, el Sistema Educativo en general y, por supuesto la familia, tienen en el problema cada vez más acuciante de la violencia. La

cuestión deja de ser si el violento “nace o se hace”, la pregunta debe centrarse en ¿cómo la educación puede conseguir que el potencial violento no exprese su tendencia a la agresión? ¿Cómo se puede inhibir el instinto básico de agresión para que no se manifieste?

¿Una sociedad hipócrita?

Todo este razonamiento se complica tremendamente y es posible matizarlo hasta el infinito cuando se coloca en el marco de una sociedad ciertamente ambigua hasta el punto de la hipocresía que afirma detestar la violencia, la

castiga de hecho con severidad, mientras que la idealiza, la alaba y la dispensa a través de los medios de comunicación, cine, entretenimiento, etc, proporcionando modelos de violencia a los mismos niños que pretende educar en la paz , la tolerancia y el respeto.

Esta es la carta que muchos padres guardan en secreto, una carta que los Reyes Magos enviaron a los padres y que va pasando de generación en generación…. Así que si tú la guardas, tus hijos podrán recibirla, y también los hijos de tus hijos. Es la carta que lo explica todo,  la carta que debes enseñar a tu hijo en el momento en el que te pregunte: ‘Papá, mamá…me han dicho que los Reyes Magos, no existen…que son los padres’. Esta es, sí, la carta que debes enseñar a los niños que dejan de creer en los Reyes Magos de Oriente.

La mágica carta que debes enseñar a los niños que dejan de creer en los Reyes Magos

Carta Reyes Magos

Todos hemos pasado por ese momento. Todos. Llega un año en el que alguien nos cuenta… nos dice… que los Reyes Magos no existen. Que en realidad, son los padres.¿Recuerdas ese momento? ¿Recuerdas quién te lo dijo? ¿O cómo te enteraste? ¿Tal vez descubriste regalos escondidos cuidadosamente en un altillo? ¿O fue tu hermano mayor el qué ‘se chivó? ¿Tal vez fue en el colegio?

Sin embargo, todos continuamos creyendo en la ilusión de los Reyes Magos y seguimos manteniendo esa tradición. ¿Sabes por qué? Porque la ilusión y la esperanzason el verdad un poderoso motor para hacer cumplir metas y sueños… Y también, sí, por esta carta, por esta carta que un día sus Majestades los Reyes de Oriente entregaron a unos padres y que va pasando de generación en generación y que ayuda a los niños a entender por qué los padres hacen el trabajo de los Reyes Magos. Tal vez te sirva para enseñársela a tus hijos en ese momento, en ese instante en el que te pregunte, con los ojos muy abiertos y llenitos de miedo: ‘¿Es verdad que vosotros sois los Reyes Magos? Aquí tienes la respuesta. Esta es sin duda la carta que debes enseñar a tu hijo cuando deje de creer en los Reyes Magos: 

‘Queridos padres: 

Los Reyes de Oriente somos muy ancianos ya. Hemos repartido regalos a lo largo de todo el mundo durante muchísimos años. Pero apenas podemos movernos, y tampoco queremos dejar de entregar regalos a todos los niños del mundo. Por eso, os pedimos tres favores:

1. Que nos ayudéis a depositar los regalos para vuestros hijos en nuestro lugar.Seréis vosotros los encargados, en nuestro nombre, de hacer realidad los deseos de vuestros hijos. Siempre utilizando vuestro ya conocido y aplaudido sentido común, claro. No dudamos en que podéis hacer perfectamente este trabajo por nosotros.

2. No le contéis este secreto a vuestros hijos hasta que ya tengan suficiente edad y pregunten. Entonces, llegará el momento de mostrarle esta carta.

3. Ayudad también a los papás que están enfermos o no tienen dinero suficiente.De esta forma, no quedará ningún niño sin regalo en Navidad. 

Muchísimas gracias por vuestra colaboración. Firmado: Los Reyes de Oriente’.

En primer lugar, debe existir una comunicación fluida entre la familia y el colegio.

La escuela suele ser el primer lugar donde se detecta el problema y se adoptan las primeras medidas.

Le va a ayudar mantener una buena relación con sus educadores: que se sienta acogido y valorado, en un clima de confianza.

Los educadores evitaréis prestarle una especial atención al hecho de no hablar, dedicándole demasiado tiempo a sus respuestas o insistiendo en ellas.

Pero por otro lado, debéis evitar acomodarse a su conducta, por tanto, contaréis, con él como un alumno más en las rutinas del aula: tenerlo en cuenta para todas las actividades, preguntarle cuando le toque…

Igualmente evitaréis, siempre que sea posible, que otros niños hablen por él o que os expliquen lo que quiere o demanda.

Asignarle alguna responsabilidad en el aula, como a los demás, que no requieran demasiada comunicación: borrar la pizarra, repartir material…

Hacerle participar en actividades no comunicativas como son las de motricidad, expresión corporal (dar palmadas, golpes con los pies…) expresión plástica, musical…

Realizar actividades de habla enmascarada. Por ejemplo, hablar escondido en un escenario de guiñoles, hablar con careta…

Plantear actividades en parejas o en pequeños grupos como jugar con cartas, adivinanzas, juegos de rol…

Podéis comenzar dando por válidas respuestas gestuales; después respuestas muy breves con monosílabos, para ir aumentando progresivamente el tipo de respuesta.

Cuando nada funciona, es conveniente derivar a un especialista.

La primera actuación que tenéis que llevar a cabo los padres es aumentar la autonomía personal de vuestro hijo: que se vista solo, que coma solo, que aprenda a hacer solo sus necesidades, a lavarse las manos y demás hábitos de higiene adecuados a su edad. Evitar tratarlo como si fuera mucho más pequeño de lo que en realidad es.

Asignarle también alguna responsabilidad fija en el hogar adecuada a su edad que iréis cambiando periódicamente.

Eliminad actitudes como la sobreprotección: lo que él pueda hacer por sí mismo, sin poner en riesgo su seguridad, que lo haga.

Evitad igualmente el perfeccionismo excesivo, en el habla y en cualquier otra actividad. Inculcarle que las cosas hay que intentar hacerlas lo mejor que uno pueda, pero eso no es igual que hacerlas perfectas.

No justificar ante los demás la conducta del niño ni etiquetarlo con expresiones como “no habla porque es muy tímido”.

Evitar comparaciones con los hermanos respecto a este comportamiento.

No presionarlos pidiéndoles cada día que hablen en el colegio y preguntándole a la vuelta si lo ha hecho. Tampoco lo amenacéis o castiguéis por no hablar.

Evitad acomodarse a la situación respondiendo por él.

Invitad a niños con los que mantiene más relación a casa. Comenzando por realizar actividades que requieren poca comunicación, como jugar al parchís, a las cartas, al ajedrez…

Enseñarle estrategias concretas para saludar, iniciar conversaciones y despedirse.

Darle la oportunidad de relacionarse con otros niños y acudid a lugares o eventos donde puede relacionarse: asistir a los cumpleaños cuando le inviten, a reuniones sociales, a las actividades extraescolares o al parque.

Ciertas características pueden aparecer asociadas al mutismo selectivo. Por ejemplo, muchos de los que lo padecen son perfeccionistas, muestran un apego excesivo a la madre, son más sensibles a ruidos, muy sensibles.

También muestran una tendencia excesiva a preocuparse por todo o tienen miedos injustificados. También presentan problemas como rabietas muy frecuentes e intensas o tendencia a controlarlo todo.

Acontecimientos vitales estresantes pueden también desencadenarlo: muerte de un familiar, separación, traslado de ciudad…

Los padres suelen ser sobreprotectores evitando cualquier dificultad de su hijo, haciendo las cosas por él, dejándole poca autonomía y aliviando al niño ante cualquier contrariedad.

También sucede en familias que evitan las relaciones sociales, que son demasiado perfeccionistas con su hijo o que atienen especialmente a los fallos y conductas inadecuadas.

Es un trastorno que se caracteriza por la inhibición persistente del habla del niño en situaciones sociales o entornos específicos: el niño o la niña no habla, por ejemplo, en el colegio, aunque sí puede hacerlo en otros lugares.

Sin embargo, su capacidad de comunicación y habla es adecuada. No es un problema de lenguaje, sino más bien un problema de ansiedad.

En el mutismo selectivo la inhibición para hablar tiene como consecuencia que el niño o la niña, no puede funcionar con normalidad en los ambientes en los que tiene lugar: no responde en la escuela, no se relaciona con sus compañeros ni sus profesores.

La diferencia con la timidez está en que el mutismo selectivo impide un funcionamiento normalizado en las situaciones en las que aparece.

Su aparición tiene lugar alrededor de los 3 años.