Escuela de Padres

Archive for agosto 2012

Es frecuente que el niño se resista a los nuevos sabores, por lo que no hay que preocuparse si cuando se introducen nuevos alimentos notamos un rechazo por su parte. Lo mejor es incorporarlos paulatina y lentamente en forma de puré para que se vaya produciendo la tolerancia. Entre un nuevo alimento y otro se debe dejar pasar al menos 2 semanas.

No es fácil contestar a esta pregunta. Comunicarse es en definitiva educar, y sin duda alguna educar a un niño «es el arte de las artes». Es necesario que los padres ejerzáis vuestra autoridad y disciplina sin ser autoritarios. Hay que establecer unos límites y reglas lógicas y sensatas, ya que esto crea un entorno de seguridad para el propio niño. Los padres debéis ser consecuentes y honestos en vuestros planteamientos y actuaciones. Tenéis que dar ejemplo con vuestro comportamiento, respetándoos entre vosotros y dirimiendo vuestras discrepancias en privado a fin de que vuestros criterios y actuaciones no sean dispares. Debéis enseñar a los hijos a ser veraces, a no mentir, a ser responsables, pero para ello tenéis que predicar con el ejemplo diariamente.

Sólo podemos comunicarnos positivamente con nuestros hijos desde la firmeza, la seguridad y el buen ejemplo, impregnando todo ello de respeto y de un inmenso amor. Sólo manteniendo este compromiso, no siempre fácil, mantendremos la cohesión familiar y el amor y respeto de nuestros hijos, aunque pueda haber periodos o fases en que parezca que ha desaparecido. Cuando las bases son sólidas, los hijos acaban manteniendo y fortaleciendo esa comunicación, que es la esencia de la unidad familiar.

Hay padres que afirman y están convencidos de que son «amigos de sus hijos». Personalmente, yo creo (profesor Afonso Delgado) que los padres nunca pueden ser amigos de sus hijos, ya que su propia relación transciende y supera el concepto extraordinario de la amistad, por el que siento un inmenso respeto. Las relaciones paternofiliales son obligadamente verticales, mientras que las amistades son por definición horizontales y por lo tanto diferentes, como diferente es el amor que una madre siente por su hijo del que experimenta su padre (no tiene por qué ser superior).

El profesor Alfonso Delgado ha sido miembro de la Asociación Española de Pediatría y fue el investigador principal del Proyecto ETAPAS. El estudio ha sido supervisado por el Comité Deontológico de la AEP.

Hay multitud de causas que pueden provocar vómitos en los niños y van a variar según la edad. En cualquier caso, si el vómito se acompaña de fiebre, de afectación del estado general, de detección de anomalías en el crecimiento y desarrollo o de cualquier otro trastorno orgánico, debes consultar con tu Pediatra.

Otras veces se trata de vómitos funcionales, sin causa orgánica, que son muy frecuentes en niños a los que se fuerza a comer, comen muy rápido o ingieren alimentos de gran tamaño, etc. Hemos insistido en que el momento de la comida tiene que ser agradable, placentero, sin ruidos, sin riñas ni crispación. Cuando este clima se consigue de forma constante es muy raro que aparezcan vómitos funcionales.

En nuestro medio, un niño que toma una alimentación variada no requiere en general un aporte externo de vitaminas. Éstas tienen gran predicamento entre los padres, ya que se considera que su aporte mejora el apetito de los niños. Salvo que lo aconseje tu pediatra, no es necesario un aporte exógeno vitamínico a esta edad.

Cuando un niño odia la hora de comer, debemos preguntarnos: ¿por qué lo hace? La mayor parte de las veces nosotros tenemos la culpa, ya que convertimos la hora de comer en un suplicio, en un auténtico mal rato, en el que los padres, nerviosos, alimentan al niño forzándole a comer, obligándole a abrir la boca. Esto hace que el niño asocie la comida a un pequeño martirio al que se resiste, con razón, ya que le provoca arcadas, vómitos, llanto, rechazo por la toma, etc., creando un círculo vicioso, que sólo se puede romper con calma, tranquilidad, y sobre todo, con sentido común. Tal como hemos insistido en varias ocasiones, el momento de la comida tiene que ser un momento de felicidad.

Es lógico que al principio, cuando no tiene dientes, le demos al niño la comida en forma de purés, incluso cuando se está iniciando la dentición.

Pero cuando los dientes de leche se han completado, cosa que ocurre a partir de los 24-30 meses, se deben dar los alimentos enteros, en pequeños trozos, para que se lleve a cabo la masticación por parte del niño. Es importante que el niño aprenda a comer despacio, masticando correctamente, lo cual va a mejorar la digestión de los alimentos.

El desayuno es una comida fundamental en el niño y debe aportar al menos el 25% de la energía diaria. El desayuno ideal consiste en un vaso de leche de unos 250 cc, que puede ser entera o semidesnatada, junto con cereales y una pieza de fruta.

Los niños suelen tomar poca fruta y lo hacen por no pelarla y/o quitarle las pepitas. En estos casos, preséntasela de la forma más cómoda y atractiva posible o recurre a hacerle una macedonia o un batido de frutas. Verás cómo mejora su aceptación.

En nuestra sociedad cada vez son más frecuentes las separaciones y los divorcios. Sin duda alguna, si no se hacen las cosas correctamente y no se mira por el interés de los hijos, estas situaciones pueden ser extraordinariamente dramáticas para ellos.

Es necesario transmitir a los hijos que aunque los padres ya no van a vivir juntos, ellos siguen siendo lo más importante de sus vidas y van a seguir contando con su cariño y protección, para evitar que se sientan desamparados.

Es fundamental que ninguno de los padres hable mal del otro progenitor delante del niño, incluso en el caso de comportamientos objetivamente irresponsables. Hay que proteger la estabilidad psicológica del pequeño para que supere de la mejor manera posible la ruptura de la pareja, sin añadir nuevas y más graves situaciones de discrepancia, desamor y conflicto.

No es posible establecer un número de horas de actividad física semanales. Quizás la mejor respuesta puede ser «el mayor número posible». Sin duda alguna, el ejercicio físico es fundamental para un crecimiento y desarrollo normal, no sólo desde el punto de vista físico, sino también psicológico. Como hemos adelantado, lo mejor es que los niños lleguen a la cama después de una jornada llena de vivencias, aprendizaje y contacto con otros niños, en la que el juego y el ejercicio físico sean los protagonistas.


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