Escuela de Padres

Archive for agosto 4th, 2012

La adolescencia es una etapa de crecimiento y de adaptación a una nueva situación. El adolescente ya no está en la niñez, pero tampoco es adulto. Si bien se estima en el período entre los 13 y 18 años, actualmente comprobamos cómo se adelanta en edades a la vez que se prolonga hacia el extremo opuesto.

Conductas como el consumo de alcohol y de tabaco, la iniciación sexual, la disponibilidad del tiempo libre se observan en edades más tempranas y son algunos de los factores a tener en cuenta en este tema, junto al contacto que los chicos tienen con las nuevas tecnologías y los medios de comunicación masivos. Por el contrario, existen casos de adolescentes tardíos que no quieren crecer, ni asumir responsabilidades, ni madurar, auténticos Peter Pan.

El adolescente vive días, meses o años en los que quiere ser mayor, pero al mirarse al espejo no sabe muy bien el porqué de esas sensaciones. En su interior siente la llamada de los otros, el instinto sexual que despiertan, y experimenta a su alrededor una ensordecedora soledad. Está viviendo cambios físicos, sociales, psicológicos y emocionales.

Pasa del bostezo y del estar «tirado» a la acción frenética. De la alegría irrefrenable a la tristeza que ahoga. Ésta es la vida plena del adolescente, penas y alegrías que se suceden, esperanzas y desilusiones, nubarrones y horizontes despejados.

El adolescente vive con pasión, puede alcanzar un alto nivel de goce y complacencia, le gusta correr riesgos, dejar brotar la adrenalina sin pensar en la muerte.

Se siente inseguro, se compara con los otros, se valora, puede ser tímido y sentirse inferior ante los demás, tiene miedos inespecíficos que a veces afronta con agresividad. Se exalta y abate. Precisa sentirse incomprendido.

Percibe su entorno con nuevas impresiones, se desprende de normas, cambia de pensamientos y creencias, aprende a ser él mismo.

A veces se distancia de la realidad, se siente omnipotente y elabora proyectos objetivamente inalcanzables; en otras ocasiones, actúa con desinterés y, ocasionalmente, con agobio.

La amistad y el grupo de amigos adquieren gran importancia. En su relación con los adultos le cuesta aceptar consejos e indicaciones, pues necesita probar y descubrir por sí mismo la realidad. Tomar decisiones puede resultarle difícil, ya que todavía no cuenta con suficientes recursos para hacerlo, aunque para solucionar sus problemas no actúa al azar, razona no sólo sobre lo real sino sobre lo imposible y varía los factores para encontrar la mejor solución. Cambia su pensamiento.

Su rebeldía expresa su necesidad de protección y de libertad. Necesita a sus padres y ansía liberarse de ellos, toda una lucha interior.

Precisa de libertad, de autogobierno y de directrices para forjarse su propia experiencia vital.

Está intentando ser un joven adulto y para ello prueba a imitar los modelos que tiene cerca.

A veces el adolescente puede resultar egocéntrico, pues está descubriéndose a sí mismo. Tiene reflexiones sólo basadas en su corta experiencia, generalizando hechos individuales, haciéndolo con desparpajo, juzgando el mundo con impunidad, pero, si se le posibilita, está dispuesto a contribuir en actividades solidarias, con lo que se sentirá miembro activo y por ende satisfecho. En esta etapa de crisis resulta también positivo orientarlo a la reflexión sobre temas de trascendencia.

Algunos aspectos importantes para lograr un «desarrollo equilibrado» en los adolescentes son:

  • Potenciar la voluntad y el autodominio.
  • Revisar las técnicas de estudio y motivarlo.
  • Impedir que se quemen etapas demasiado rápido.
  • Evitar que nuestro hijo se relacione sólo con jóvenes de más edad.
  • Compartir el tiempo de ocio: viajes de verano, acampadas, paseos, visitas a museos, etc.
  • Incrementar la comunicación (no trivializarla).

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