Escuela de Padres

Archive for agosto 5th, 2012

Los adolescentes tienen que asimilar sus cambios físicos, resultado de los cambios hormonales que viven. Fisiológicamente maduran, las chicas sobre los 11 años y los chicos hacia los 13, y la mayoría de ellos completan su desarrollo y su madurez física entre los 17 y 18 años.

Las chicas desarrollan los pechos, aparece el vello en el pubis y en las axilas, se les redondean las caderas, los labios vulvares se desarrollan, el clítoris se hace eréctil y tienen su primera menstruación.

A los chicos les crecen los testículos y el pene, les aparece el vello púbico, axilar y facial. Su próstata madura y en las vesículas seminales se forman los espermatozoides. Su voz cambia. Tienen sus primeras erecciones -algunas de forma involuntaria ante una estimulación, lo que les hace sentir preocupados por su incapacidad para controlar la situación- y eyaculaciones.

Les preocupa la estatura, bien por bajos (más los chicos, que normalmente tras el desarrollo que viven en la adolescencia se sitúan al final de la misma con una constitución similar a la de sus compañeros) o por altos (más las chicas). Han de saber que no todos los jóvenes comienzan al mismo tiempo el estirón y que al final de la adolescencia las diferencias no serán tan llamativas.

El crecimiento y el desarrollo que viven requieren de una gran energía y pueden ser una de las causas por las que los adolescentes necesiten dormir más.

Su imagen corporal se convierte en trascendente. El culto al cuerpo y a la imagen son imprescindibles para su identidad personal. Los chicos cuidan y ejercitan su musculatura, destacan en actividades deportivas y de riesgo para posicionarse en torno a su liderazgo. Las chicas siguen la moda en este sentido, como la delgadez imperiosa actual.

«No salgo porque no tengo ropa», podemos oírles. Los adolescentes asocian su imagen con la aceptación y pertenencia al grupo; les importa mucho lo que digan de ellos, sobre todo sus amigos, y les da mucho miedo hacer el ridículo, pues el autoconcepto se encuentra en esa fase a la deriva y a veces sufre cambios bruscos.

Es necesario tener conversaciones con él sobre sus cambios físicos, sus dudas, sus preocupaciones, sobre los nuevos hábitos de higiene -las glándulas sudoríparas son más activas en este momento-, la alimentación y la salud que han de llevar.


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