Escuela de Padres

Archive for agosto 11th, 2012

Cuando un niño decide por fin contar a sus padres que está sometido a malos tratos por parte de sus compañeros, suele hacerlo sólo después de haber hecho todo lo posible por resolver el problema por su cuenta. Muchas veces la decisión de confiar en los padres resulta muy difícil de tomar.

En este momento el niño necesita:

  • saber que se le escucha y se le cree;
  • llegar a confiar en la manera en que sus padres se ocuparán del problema;
  • hablar con más franqueza acerca de lo sucedido;
  • aprender a dominar hasta cierto punto su propia situación;
  • aprender técnicas y estrategias para protegerse;
  • volver a tener seguridad en sí mismo.

Los padres pueden ayudar:

  • haciendo que su hijo participe en la toma de las decisiones sobre lo que hay que hacer;
  • escuchando atentamente lo que el niño les dice;
  • diciéndole que le comprenden.

En cambio, no ayuda que los padres:

  • se alteren o se angustien;
  • se sientan culpables o sientan vergüenza;
  • le hagan creer al niño que la situación no tiene importancia: “a mí también me pasó, no será para tanto”;
  • le echen la culpa al niño “¿y tú no le has hecho nada? Es que de bueno eres tonto”;
  • culpen a la escuela;
  • acusen a otras personas sin estar enterados de los hechos;
  • busquen chivos expiatorios;
  • exijan saber de inmediato todos los pormenores de lo ocurrido; o
  • busquen soluciones fáciles.

Ciertamente, muchos padres, como es normal, se enfadan y desean presentarse inmediatamente en la escuela para resolver el problema, ¡ahora mismo!

No obstante, es posible que en un principio ésta no sea la mejor forma de actuar. Para empezar, es casi seguro que el niño será reacio a que se involucre inmediatamente a la escuela, debido al peligro de que se llegue a difundir aquello que él desearía que no se supiera. Quizá tema también las posibles represalias por parte del agresor: “como te chives, va a ser peor”.

Por lo general, lo que conviene en un primer momento es:

  • animar al niño a que cuente todo lo que quiera sobre lo sucedido, a fin de tener una idea exacta de los hechos;
  • mantener la mente abierta, sin olvidar que lo que están oyendo es sólo una parte de lo ocurrido;
  • hacerle preguntas al niño, sin alterarse, con suavidad;
  • ayudarle a reflexionar sobre lo sucedido hasta ahora;
  • ayudarle a decidir qué hay que hacer para resolver la situación.

Será importante averiguar los siguientes datos:

  • qué ocurrió;
  • quién estuvo implicado;
  • dónde ocurrió;
  • cuándo; y
  • si hubo testigos, y en caso afirmativo, quiénes fueron.

Para que el menor se sienta seguro, debemos adoptar una actitud de atención que haga del núcleo familiar un espacio donde el niño se sienta seguro y escuchado. Lo que nos cuente (dónde, cuándo y cómo ocurrió) le será de utilidad al colegio.

Conviene anotar los datos recabados, para que no se nos olvide nada a la hora de comunicárselo al centro.

A continuación, existen otras medidas importantes que se pueden tomar:

  • Nunca intente por su cuenta “meter en vereda” a los agresores; rara vez funciona sino que, al contrario, suele agravar la situación.
  • Una vez que tenga una idea clara de la situación hay que informar al colegio para intentar actuar de forma coordinada.
  • Pida una cita con el profesor-tutor del menor, que a su vez informará al director del centro. En el instituto el orientador del centro puede ser la persona idónea. Lo que no hay que hacer es presentarse en la escuela sin concertar antes una cita.
  • Presente de forma tranquila y ordenada la información que tenga.
  • Les comunicaremos nuestra intención de colaborar con la escuela en la búsqueda de una solución. Solicitando información sobre la normativa de la institución en materia de malos tratos entre los alumnos.
    • La mayoría de los centros docentes, si no todos, tienen una normativa relativa a la forma de hacer frente a esta clase de abusos entre alumnos y la escuela de su hijo estará tan interesada como usted en resolver el problema.
    • La escuela necesitará tiempo para investigar el asunto y hablar con los profesores, con otros alumnos e incluso, cuando se considere oportuno, con otros padres de familia.
    • En el centro se pueden realizar campañas de sensibilización, talleres de habilidades de comunicación y empatía y programas de apoyo y mediación entre compañeros. De este modo, intentaremos conseguir la colaboración de los menores del centro.

Tenga presente que los profesores seguramente no hayan presenciado lo ocurrido, y no siempre es fácil determinar si se trata de conductas abusivas o nada más de un juego inocente que se haya pasado de la raya.

Anote las medidas que la escuela promete tomar, y pida otra cita para informarse de las actuaciones realizadas.

En el caso de que el contacto con la escuela no haya sido todo lo satisfactorio que esperabas, házselo saber y exige que se aborde el problema con toda prontitud. En caso de no considerar adecuada la intervención escolar, ponte en contacto con la Asociación de Madres y Padres (AMPA) o con el Servicio de Inspección educativa y solicita ayuda.

Si existe un alto riesgo para tu hijo o la agresión ha sido muy grave, dirígete a PROTEGELES o denúncialo directamente a la policía.

 Además podemos tomar algunas medidas mientras se resuelve la situación:

Si los abusos se están cometiendo camino a la escuela o de regreso a casa, vea si es posible que tome otra ruta, se junte con otros niños o, acaso con la ayuda de la escuela, encuentre un compañero más robusto con quien pueda ir acompañado. Estas medidas podrán ser útiles mientras se está resolviendo el problema.

Si a su hijo le cuesta hacer amigos, anímelo para que haga un mayor esfuerzo por conseguirlo, ya que el tener un buen amigo, aunque sea uno solo, puede ser decisivo frente al problema de los malos tratos. Invite a casa a los amigos de su hijo, para que se vayan afianzando las amistades iniciadas en la escuela.

Hable con su hijo sobre lo ocurrido y propóngale algunas medidas que podría adoptar para ayudarse, tales como:

  • fingir no oír los comentarios hirientes;
  • repetirse a sí mismo, en voz baja, consejos para animarse, tales como: «eso es problema suyo, no mío», o «yo estoy bien»;
  • aprender a portarse de manera más firme, serena y enérgica, para que pueda enfrentarse al agresor sin sentir miedo, ni angustiarse, ni ponerse ofensivo ni violento;
  • entender que, en el caso de los malos tratos, está bien, y de ninguna manera constituye un acto de delación, contárselo a otro.

Es muy importante que los niños comprendan la diferencia entre “ser un soplón”, por un lado, y denunciar un hecho grave, por otro. Los malos tratos infligidos en forma continua contra un compañero menos fuerte que el agresor constituyen un hecho grave, ya que la víctima suele quedar lastimada, y en algunos casos sufre los efectos de las vejaciones durante mucho tiempo. Algunos niños han llegado a afirmar que ser objeto de malos tratos a manos de sus compañeros de escuela es lo peor que les podría pasar.

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