Escuela de Padres

Elegir profesión

Posted on: 28 noviembre, 2012

Unos lo deciden muy pronto, otros no se deciden nunca por sí mismos. La diferencia está en si se tiene o no vocación.

Las primeras decisiones, entre los 15 y los 16 años, versarán en elegir las asignaturas para estudiar, o el tipo de estudios, o salir del sistema educativo. Los adolescentes pueden tomar la decisión siguiendo a sus amigos, sobre todo en relaciones muy dependientes con alguno de sus compañeros, o pueden elegir por oposición, es decir, como una reacción a una presión muy fuerte de los padres, o bien elegir teniendo en cuenta sus capacidades y gustos, muestra de su madurez.

Los padres, por su parte, pueden quedarse al margen y dejar que el hijo decida por sí solo, sin consejos, ni opiniones, indicando cierta dejadez en sus responsabilidades como padres bajo esa aparente «libertad»; en algunos casos inciden para que los hijos hagan lo que hicieron ellos o lo que no pudieron hacer con tanta presión que los hijos lo viven como una gran carga, harán estudios con los que no se sienten identificados y probablemente los abandonen o cambien. Por último, los padres pueden ayudar de verdad  a sus hijos facilitándoles información, analizando con ellos las opciones según sus deseos, su vocación, sus inquietudes, sus capacidades.

Orientar sí, informar sin duda, pero al fin la decisión de optar por trabajar o iniciar una carrera es personal. Los jóvenes son personas responsables, capaces de tomar sus decisiones.

El joven no debe ceñirse a las demandas de mercado, hay que elegir vocacionalmente lo que se desea; de ello, junto con el acierto en la pareja, depende en gran medida la felicidad de la vida.

Han de informarse bien en el instituto o por profesionales de las opciones que existen, hablar con distintas personas sobre sus pretensiones, o incluso que nuestros amigos les cuenten sus experiencias al elegir su profesión. Los psicólogos especializados en orientación profesional pueden ser recomendables en estas situaciones.

Deberán tener en cuenta que el futuro será de los versátiles.

Respecto a los estudios bueno será que elijan aquellos para los que están motivados. En la elección de la carrera universitaria se valorarán sus capacidades intrínsecas sin olvidar que no hay carreras de éxito, sino personas exitosas. Ellos mismos habrán de valorar sus aptitudes y analizar su capacidad para retener en la memoria, aportar ideas, solucionar problemas, expresarse de forma verbal o por escrito, razonar, evaluar, crear artísticamente, trabajar con números, destreza con las manos, sentido del ritmo, etc.

Cuando desean abandonar los estudios se les ha de aproximar a la realidad limitada en las ofertas que ofrece el mercado de trabajo a las personas sin cualificación. Si la situación lo precisa, bueno será mostrarles lo que conlleva establecerse por su cuenta.

Tener un título, ganar mucho dinero, seguir la profesión familiar no es lo más importante. Es fundamental que se sientan a gusto con aquello que hagan, capaces, que puedan proyectarse en el plano personal y profesional, así como desarrollarse socialmente.

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