Escuela de Padres

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Cuarto hábito: Cuidar de uno mismo para protegerse y tener energía y salud (y para aprender a cuidar de otras personas)

Aunque, sin duda, realizar ejercicio físico y actividades placenteras es una forma de cuidarse y obtener placer, aquí nos vamos a referir a tres cuestiones básicas de cuidado personal estrechamente relacionadas con la salud, pero con una fuerte influencia en el desarrollo afectivo de las personas. Estas tres formas básicas de cuidado personal son: la alimentación, el descanso y la relajación.

Los hábitos alimenticios son mucho más relevantes en la vida de lo que imaginamos. Comer es un placer y una fuente de relajación. Cuando nuestra atención está puesta en los sentidos, nos relajamos y disfrutamos más del tiempo de la comida, dejando de ser un mero trámite o momento de disciplina. Es un momento muy importante para la comunicación y la vinculación.

Podemos ayudar a nuestros hijos e hijas a desarrollar hábitos saludables de alimentación:

  • Posibilitando una dieta variada poniendo límites saludables respecto a los momentos e ingesta y el tipo de alimentos si suponen un exceso de azúcares, grasas animales o están carentes de nutrientes esenciales. Cuando el niño o la niña quiera comer éstos diariamente, simplemente nos negaremos explicándoles que no son buenos para las personas y en especial, para ellos, que están creciendo.
  • Posponiendo, inhibiendo y regulando el impulso ante determinados alimentos (por ejemplo, controlando el comer sin control entre horas o ante determinados alimentos que no son saludables).
  • Respetar el apetito y los gustos de la persona. El niño debe sentir que puede comer lo que necesite, no para satisfacer a otras personas.
  • No condicionar la aceptación a lo que come o deja de comer.

Una de las ventajas de seguir estas pautas y de no presionarles para que coman es que las sensaciones corporales se constituyen como señales fiables de lo que uno necesita. Comer más o menos, será una conducta ajustada a la cantidad o tipo de alimento que se necesite realmente: Se aprende a comer para satisfacer el apetito, por placer y para cuidarse. El niño cuando come, lo hace desde la relajación porque no se juega la aceptación de nadie.

La falta de sueño guarda relación con muchos problemas de salud y con trastornos de conducta y emocionales, provocando irascibilidad, ansiedad, apatía y falta de concentración en las tareas escolares. El cerebro está en desarrollo y necesita del descanso tanto como de la alimentación.

La relajación podemos experimentarla de forma espontánea cuando dejamos de hacer ejercicio, terminamos de comer, nos tumbamos, escuchamos una melodía tranquila o contemplamos un paisaje maravilloso. Tener esas oportunidades con nuestro hijo o hija y expresarle nuestra sensación de bienestar cuando eso ocurre, es una forma de enseñarle a valorarlo.

Saber relajarse consiste principalmente en:

  • Distensar la musculatura del cuerpo y autorregular la respiración.
  • Mantener la atención centrada en las sensaciones de bienestar del propio cuerpo o en algún estímulo externo o idea e imagen que nos proporcione paz, bienestar o sabiduría.

Por último, un modo muy directo de enseñar la relajación es vivir la vida sin prisas… concentrados en lo que hacemos, con orden, sin hablar de lo que queda por hacer cuando ya se está haciendo algo, y sin darle varias instrucciones a la vez.

Desarrollar hábitos de vida saludables es aprender a valorar la salud, como un objetivo importante del desarrollo personal. Cuando uno se siente valioso o valiosa, desea cuidarse, mejorarse y protegerse de influencias perjudiciales. Por eso, los hábitos de autocuidado se consideran un factor protector frente a los problemas derivados del consumo de drogas.