Escuela de Padres

Archive for junio 13th, 2013

Quinto hábito: colaborar con los demás para mejorar y cuidar el entorno.

Es preciso conservar en buen estado lo que nos rodea, lavar y planchar nuestra ropa, hacer la compra, cocinar, arreglar lo que no funciona, etc. Pero es bastante frecuente que consideremos un estorbo al niño en la cocina o que evitemos darle alguna tarea porque necesitamos resolver con rapidez o precisión y, lógicamente, nadie lo va a resolver mejor que yo. Después de una larga infancia, en la que evitamos que el niño o la niña ponga “las manos en la masa”, pasaremos a la adolescencia en la que nos indignará “que no salga de él o de ella echar una mano”. Pero no cabe duda al respecto, es “el hábito el que hace al monje”.

Ahora desde los seis años, todos los días, debe aprender, en primer lugar, a mantener ordenado su espacio más personal: su habitación. También es preciso que participe en otras tareas como el resto de las personas que viven en casa. No puede ser tan eficiente como una persona adulta, naturalmente, pero poco a poco lo será.

Cuando colaboran, no es necesario regalarles dinero, ni prometerles un juguete o una golosina. El solo hecho de realizar la actividad es reforzante en sí misma, pero especialmente, es el sentimiento de eficacia que se deriva de realizarla y la observación de las consecuencias, lo que constituye la recompensa por realizarla.

Educar, ayudando a crear el hábito de la colaboración, es la mejor manera de que se desarrollen no sólo habilidades específicas que le ayudan a conseguir su autonomía, sino de que se sienta útil, con un papel en el mundo muy pronto y que valore la cooperación como medio principal para lograr metas complejas. Colaborar en casa, se una forma de valorar el trabajo en equipo y de desarrollar valores prosociales. Esta motivación también le protegerá respecto a los problemas derivados del consumo de drogas.