Escuela de Padres

Archive for junio 18th, 2013

Ser o no ser: la adquisición de la identidad

En la adolescencia tiene que construirse una nueva identidad, una imagen propia como resultado de una relación especial: el concepto que tiene de sí y la imagen que le devuelven el resto de gente a través de sus actuaciones. Todas las personas necesitamos encontrar un resultado positivo de esa relación, hasta el punto de que intentaremos desenvolvernos en aquellos contextos y con aquellas personas que nos devuelven una imagen que corresponde con aquél o aquella que queremos ser, sintiéndonos con más seguridad y confianza. Si ocurre lo contrario, es decir, la imagen que tenemos de nosotros mismos o nosotras mismas no coincide con la de otra gente, tendremos que hacer reajustes hasta encontrar el equilibrio: modificarnos o transformar a los y las demás; evitarlos (cambiando a un contexto en el que sintamos más aceptación) o bien, inhibir nuestra actuación o dejar de hacernos presentes, evitando que otras personas nos devuelvan una imagen negativa.

La necesidad de ser alguien, de diferenciarse, está presente desde el nacimiento y ahora alcanza su máximo apogeo en la adolescencia. Comenzar a transformarse y disponer de una mayor conciencia reflexiva le conduce progresivamente a una adaptación y al propio reconocimiento de su identidad, especialmente:

  • De su cuerpo: de su atractivo físico, de su capacidad atlética, de su fortaleza o debilidad, de su energía, de su reacción sexual…
  • De su sexualidad: de su poder de atracción, de su desempeño y capacidad sexual, de su masculinidad o feminidad.
  • De sus conocimientos y competencias: de su inteligencia académica, de sus habilidades para relacionarse, de lo que sabe y puede hacer en muchas áreas…
  • De sus creencias, ideología, ideas y sentimientos morales, de su “bondad” o “maldad”.

Este balance entre lo que se va reconociendo, lo que se cree que se puede llegar a desarrollar y las presiones externas por ser de un modo u otro, le llevan a tener un sentimiento variables hacia su persona. Esta es la época de la vida en la que la autoestima está más variable, debe ser así, puesto que se normal que la satisfacción y confianza no se hayan alcanzado todavía.

Buena autoestima

  • Comunicación y objetivos ajustado al nivel de conocimientos y competencias.
  • Estabilidad en el estado de ánimo.
  • Armonía: confianza en las propias capacidades en casi todas las áraes.
  • Autonomía.
  • Darse importancia: sin excesos.
  • Expresión de las opiniones, deseos y sentimientos.
  • Interés y empatía hacia otras personas.
  • Interés por lo diferente.
  • Evolución y variabilidad en la evolución: aprendizaje en las crisis.

Falsa autoestima

  • Hablan de sí mismos o sí mismas muy positivamente (de sus éxitos, sus conquistas…) dando una imagen de hiperseguridad.
  • Actúan con el fin de sobresalir compitiendo.
  • Hablan en primer lugar o contradicen al resto.
  • Ocultan sus defectos, no reconocen sus errores o responsabilizan a otras personas.
  • Tienen que llevar la razón.
  • No toleran sentirse vulnerables o débiles por miedo al rechazo o al fracaso.
  • Les importa más quedar bien que desarrollarse.

Baja autoestima

  • Sentimiento “autorechazo”, desvaloración personal.
  • Dificultad para relativizar, justificar u objetivar los defectos o errores.
  • Comparación negativa con el resto.
  • Sentimientos frecuentes de culpa, vergüenza y tensión interpersonal.
  • Evitación de riesgos (crítica o fracaso).
  • Motivación por la búsqueda de aceptación.
  • Refuerzo: la seguridad, (más atención y dedicación a la autodefensa que al propio desarrollo).

Narcisismo

  • No empatizan ni responden con atención o reciprocidad; no aman.
  • Las demás personas son estímulos si: realzan el propio valor, como contrincantes, o como obstáculos.
  • Egocentristas.
  • Comunicación engreída, arrogante, prepotente, agresiva.
  • Hipersensibles a la humillación: (distorsión de cualquier gesto que pueda suponer una falta de consideración).
  • El refuerzo: la supremacía o dominio sobre las otras personas.

Reflexiona…

… Compara esta información con el comportamiento de tu hijo/a: ¿Qué autoestima suele exhibir, entre cuáles oscila más?

¿Con qué tipo de autoestima te identificas más en este momento de tu vida? ¿Cómo está influyendo eso en tu hijo/a?

Ahora se pone a prueba el equipaje que ha ido haciendo al cabo de los años: si ha logrado construir la confianza en los demás y en sí mismo suficientemente, la adolescencia resultará menos crítica.

Cuanto más abierta y en cuestión esté nuestra identidad, más probable es que nos sometamos a las influencias exteriores y más dependientes de éstas seamos. La confusión grave de identidad entre la juventud se manifiesta en problemas como depresión, suicidio y consumo de drogas.

Puesto que la organización de la identidad se va a organizar en torno a las distintas facetas que componen la imagen, podemos ayudarles mucho en cada una de ellas:

  • Escuchando y mostrando interés por sus intereses.
  • Reduciendo las presiones.
  • Suprimiendo las desvalorizaciones.
  • Empatizando con sus preocupaciones e intereses aunque nos parezcan irrelevantes desde nuestro punto de vista adulto.
  • Reforzando la valoración constructiva de los resultados negativos, el optimismo y la confianza en los nuevos intentos.
  • Proporcionándole la posibilidad de seguir hábitos sanos: buena alimentación, un ritmo familiar que posibilite el descanso y, actividades al aire libre que incluyan ejercicio físico; y poniendo límites a ciertos hábitos peligrosos. Posibilitándole alternativas para que explore y actúe.
  • Mostrando tranquilidad respecto a la obtención de resultados, sin prisas, con confianza.
  • Halagando sus progresos y su aspecto.
  • Adoptando una actitud de amor incondicional pero con firmeza, limitándole en aquello que puede afectar su desarrollo de forma muy perjudicial.