Escuela de Padres

El consumo de drogas

Posted on: 25 junio, 2013

En nuestra sociedad las drogas son un objeto de consumo más, forman parte de nuestra realidad. Hemos de saber que el consumo entre la población adolescente es predominantemente experimental u ocasional, siendo quizá lo más preocupante precisamente el grado de normalidad con que se percibe el de sustancias legales y, por otro lado, la potente asociación de los consumos con el ocio, la diversión y el fin de semana.

También hemos de ser conscientes que todo consumo conlleva riesgos, aunque estos pueden ser de muy diversa índole e importancia. No todo consumo conlleva problemas, pero sí riesgos, y no sólo de salud o de adicción.

El consumo de drogas puede conllevar problemas en la socialización, en la calidad y cantidad de relaciones con los demás, problemas de rendimiento y ejecución educativa o laboral, amén de accidentes, lesiones por actos violentos, embarazos no deseados, etc.

El alcohol pasa enseguida a la sangre. Al empezar se puede sentir euforia, alegría, desinhibición o seguridad, relajación. Cuando eso se comparte con gente que apreciamos, los efectos se potencian. Si se sigue bebiendo, es cuando se nota la función del alcohol: depresora. El alcohol inhibe el control del sistema nervioso central, se pierden reflejos, hay descoordinación del movimiento, dificultad para pensar y comunicar (por eso es tan peligros conducir bajo estado de embriaguez). Si la ingesta ha sido muy alta puede provocar coma, lesiones irreversibles e incluso la muerte.

El organismo tarda mucho en deshacerse del alcohol, lo que perjudica a órganos vitales como el cerebro y el hígado. La resaca es un síntoma de que nuestro organismo está intoxicado por el alcohol.

El alcohol debe beberse:

  • De forma lenta y con pequeños tragos, lo que permite tener mayor autocontrol sobre los efectos. Por eso es mejor saciar la sed con agua o con refresco, nunca con una bebida alcohólica.
  • Comer mientras se bebe, ayudará a metabolizar el alcohol.
  • No mezclar bebidas alcohólicas entre sí o con otras drogas o medicinas que se puedan estar tomando.
  • Dejar de beber al mínimo síntoma de mareo o malestar, etc.

A los adultos nos suele costar comprender la actitud de los adolescentes con el alcohol y otras drogas, pero podemos intentar acercarnos a ellos si consideramos que su consumo además de poder proporcionar sensaciones agradables e intensas (euforia, reducción de la ansiedad, etc) también proporciona desinhibición, lo que puede reforzar la locuacidad, el intercambio afectivo, actuando como un facilitador de la relación interpersonal. Beber en grupo suelen asociarlo a “descontrol”, felicidad, deleite, superación de la realidad imaginada, algo muy especial (aunque luego la realidad, semana tras semana, revele que la experiencia habitualmente no satisface tales expectativas).

Pero más que lo señalado, en la adolescencia existen dos grandes fuerzas motoras:

  • La inclusión en el grupo de iguales: el refuerzo más potente es lograr ser aceptado y popular; la mayor amenaza es sentirse rechazado, ridiculizado o excluido.
  • El logro de una identidad: el refuerzo más potente es lograr alcanzar una autonomía, una expresión de cada cual, una personalidad, que les permita sentirse seguros con el resto de gente y capaces.

Nuestro objetivo como padres es guiarles hacia una maduración responsable, de modo que tengan sus propios criterios y autocontrol. Esa ayuda requiere conocimiento, supervisión, consejo y también límites. Podemos hacerlo transmitiendo con nuestra actitud un mensaje claro:

“No me opongo a que seas feliz, lo que deseo es que te desarrolles de la forma más sana posible, por eso quiero que seas muy inteligente cuando te encuentres ante la posibilidad de consumir alcohol u otras drogas. Somos tus aliados, no tus controladores”.

Comprender qué sustancias hay, qué efectos tienen y en qué consiste un consumo responsable es actuar con inteligencia.

También nos conviene tener claro, para actuar con prudencia y sabiduría, que no es lo mismo haber probado que tener problemas por el consumo de drogas. Para esto se requiere una regularidad aunque tenga una frecuencia variable: consumir ocasionalmente, en fin de semana o diariamente. Pero hacer un consumo regular, tampoco significa ser una persona con problemas de dependencia. Una persona tiene problemas de dependencia a las sustancias cuando tiene un consumo frecuente, siente la necesidad de consumir, carece de control y padece síntomas físicos, fisiológicos y psicológicos específicos asociados a dicho consumo.

La dependencia es el uso repetido y compulsivo de una sustancia que se sigue consumiendo aunque la persona experimenta sus consecuencias negativas.

El consumo regular que implica dependencia va acompañado de una serie de cambios en la persona que se pueden observar y con mucha razón preocuparnos. Sin ánimo de generalizar, pueden observarse:

  • Incremento de necesidades económicas.
  • Uso de la mentira de forma habitual (en particular respecto a las salidas con amigos).
  • Trastornos en el ritmo sueño-vigilia, pérdida de apetito y energía.
  • Cambios en el rendimiento escolar (absentismo, desmotivación, brusca caída de las calificaciones).
  • Deterioro físico (halitosis, pupilas dilatadas, enrojecimiento de los ojos, somnolencia, cansancio persistente, pérdida de peso).
  • Disminución de la implicación y comunicación en casa.
  • Alteraciones en el habla: comerse las palabras o expresarse de forma lenta, rápida o precipitada.
  • Nuevas amistades misteriosas sobre las que se niega a hablar.
  • Pequeños hurtos.
  • Progresiva falta de interés en aquellas actividades que ante le gustaban.

La privación de atención, afecto y de experiencias emocionales positivas, junto con la falta de competencias personales para gestionar los sentimientos y relacionarse socialmente, son factores de mucho peso para consumir con regularidad.

En general, si estamos preocupados por la posibilidad de consumo de nuestro hijo, puede ayudarnos:

  • Actuar con prudencia: dialogar, escuchar intentando comprender, controlando sobre todo las respuestas de enfado, desprecio o expresiones de fuerte dramatización.
  • Expresar nuestro cariño y preocupación por la situación.
  • Evitar comportarnos como detectives para mantener la confianza en la relación.
  • Hablar del consumo de drogas, haciendo referencia tanto a las consecuencias negativas derivadas de un consumo abusivo o regular, como a las positivas; así como lo positivo y negativo de abandonar dicho consumo.
  • Buscar ayuda si descubrimos que el consumo es problemático y motivarle para que pueda regularse, creando las condiciones que permitan poner límites a la conducta y acabar con las consecuencias peligrosas.
  • Ayudarle a encontrar una actividad que le ayude a sentirse útil, necesario, y que le conecte con las necesidades sociales y con el propio desarrollo personal.

Nuestro papel consiste en guardar un equilibrio entre el control y la confianza. Un control positivo debe basarse en el interés y respeto por sus gustos, opiniones y aficiones, pero añade la obligación de límites a determinadas conductas. Deben saber cuáles son las normas y porqué es bueno seguirlas. Esas normas deberían estar relacionadas con cuestiones importantes para su vida actual y futura y por tanto, con el desarrollo de su autonomía y responsabilidad hacia sí y hacia otras personas.

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