Escuela de Padres

Archive for julio 2013

Nuestros hijos necesitan nuestro tiempo. Si en realidad esto fuera suficientemente importante para nosotros, encontraríamos tiempo para ellos. A pesar de lo auténticas que suenen nuestras excusas, esta incómoda verdad no cambia. El problema es que, muy a menudo, no nos apercibimos de cuán importante es para ellos que les prestemos atención. Por supuesto, una de las razones principales por las que cometemos este error es porque no pasamos suficiente tiempo con ellos para damos cuenta de ello.

Es una situación que nos atrapa. Nuestros hijos ocupan un lugar inferior en nuestra agenda debido a la poca cantidad de tiempo que les dedicamos, por lo que no nos damos cuenta de sus necesidades. Debido a que ocupan un lugar inferior en nuestra agenda, nunca tenemos tiempo para descubrir que necesitamos cambiar nuestras prioridades. Hasta que es demasiado tarde.

Definitivamente, estar consciente de esto es una cosa, pero sacar el tiempo es otra. Es similar a practicar algún deporte. Todos queremos estar en forma, fuertes y saludables. Sin embargo, nunca llegaremos a estar en forma por una simple razón: no estamos dispuestos a levantamos a las 6:00 a.m. cada mañana y esforzamos para entrenar.

Un comentarista describió los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996 como un evento donde: «Las personas con la mejor condición física del mundo actúan para las personas de peor condición física». A muchos británicos les preocupaba adquirir la enfermedad de las «vacas locas» por comer carne de res infectada, sin embargo, un médico advirtió que la gente corría más el riesgo de ser atacados por la enfermedad del «sofá loco». «Es más probable que usted se enferme por ver tanta televisión», argumentó, «que por comer carne de res». Ser espectador es hasta ahora el deporte más popular y más peligroso que existe. Nos hemos vuelto una nación tan ansiosa por los deportes que pasamos horas enteras sentados frente al televisor, viendo a otros haciendo ejercicio, en lugar de hacerlo nosotros. Es cierto lo que se dice sobre el fútbol: ¡22.000 personas que necesitan hacer ejercicio observan a 22 personas que necesitan descansar!

De la misma manera y por las mismas razones, muchos de nosotros terminamos siendo espectadores en la vida de nuestros hijos. Dedicar tiempo a su familia requiere la misma dedicación, esfuerzo disciplinado y dinamismo que demanda el entrenamiento para un deporte. El problema es que las buenas intenciones fracasan, debido a que las metas que nos trazamos son demasiado ambiciosas. Así como no debería empezar su intento de estar en forma comprometiéndose a correr medio maratón cada mañana, igual de tonto es que prometa hacer cambios radicales a su estilo de vida de la noche a la mañana. Aun cuando usted tenga un estallido inicial de entusiasmo, este tipo de cambios drásticos raramente funcionan a largo plazo. Es mucho mejor poner a su familia «en forma» despacio, de manera disciplinada, y sin ser demasiado exigente.

No se proponga cambios poco realistas a sus hábitos diarios o a sus rutinas de trabajo que puedan resultar demasiados y precipitados. En cambio, plantéese metas realizables. Aprenda a caminar antes de hacer el intento de correr. Tal como lo saben las personas de negocios exitosas, las metas trazadas deben ser realistas y razonables. En vez de tratar de llegar a casa dos horas antes cada día después del trabajo, intente salir del trabajo media hora antes, aunque sea solo dos veces por semana, para que pueda leerle a su hijo una historia antes de dormir. En lugar de comprometerse a dedicarles cada noche y cada fin de semana, dedíqueles una noche a la semana y un fin de semana al mes, y conviértalo en un tiempo familiar sin interrupciones; un tiempo en el que hacen algo juntos. El secreto es comenzar poco a poco, pero tenerlo como prioridad, y dedicarse de la misma manera en alcanzar nuestros objetivos en casa como lo haríamos en el trabajo.

Si la tarea que tiene por delante le parece intimidante, no se engañe creyendo que puede posponerla. Puede ser que el mañana nunca llegue, así que comience hoy. El reloj está mar- cando y el tiempo corre. Indiferentemente de lo que haga o la manera en que lo haga, empiece a sacar tiempo para sus hijos hoy. Poco a poco he aprendido, que es sencillo destinar un tiempo para nuestros hijos y no permitir que otros asuntos interfieran en el camino, si de antemano planeamos hacer algo como familia: damos obsequios, pasear, celebrar días festivos o planear alguna sorpresa. Incluso, he aprendido que no importa lo que hagamos, si lo hacemos juntos.

Sin embargo, hay que tomar en cuenta que también es importante pasar tiempo con cada hijo individualmente. A menudo, llevo a alguno de mis hijos a desayunar fuera los sábados. Generalmente vamos al restaurante McDonald’s de la localidad, por ser un lugar barato y agradable, pero a la vez muy especial. Pasamos un tiempo agradable hablando sobre nosotros, riendo, contando chistes y poniéndonos al tanto de los acontecimientos, sin las distracciones del hogar. En ocasiones, en una especie de «cita», llevo a una de mis hijas a algún restaurante; solamente ella y yo. A veces compro boletos para asistir a un partido de fútbol con uno de mis hijos varones. Ninguna de sus necesidades le costará una fortuna. No es necesario que los lleve al lujoso hotel Ritz para que sea especial. Solo es cuestión de sacar el tiempo. Como dicen, los hijos deletrean la palabra «amor» así: T-I-E-M-P-O. Lo más gracioso de todo, es que a pesar de lo renuente que esté usted al principio, es muy probable que termine disfrutándolo aun más que ellos.

Steve Chalke

En los años 80s, los jóvenes profesionales bien vestidos dieron origen a frases como «Está bien, sí -Almorcemos juntos» «Tengo un pequeño espacio en mi agenda» y «pasemos un poco de tiempo de calidad». Se puso de moda creer que no era la cantidad de tiempo que usted pasaba con sus hijos lo que importaba, sino la calidad de ese tiempo. Altos ejecutivos urbanos se convencían a sí mismos de que si programaban en sus agendas un «tiempo energizante» para sus hijos, y lo llenaban con actividades intensas y de calidad, entonces estarían cumpliendo adecuadamente sus obligaciones de madres o padres. Pero tristemente, el «tiempo de calidad» a menudo no es más que una excusa falsa para darles a sus hijos menos tiempo del que realmente necesitan.

Una de las maneras más evidentes que sus hijos utilizan para medir la calidad de tiempo que usted pasa con ellos es observando la cantidad de ese tiempo. Esto realmente tiene mucho sentido. Después de todo, cuando usted ama a alguien, desea pasar todo el tiempo posible con esa persona. Así que, si sus hijos tienen la impresión de que usted no quiere estar con ellos, es lógico que piensen que usted no los ama en realidad, sin importar lo que pueda decirles o comprarles. Sus hijos quieren su presencia, no sus presentes.

(Sin embargo, es importante recordar que no hace ninguna diferencia el tiempo que pase con sus hijos, si al hacerlo, les da la impresión de que realmente no desea estar con ellos o que le aburre su compañía. Su hijo puede sentirse abandonado aún cuando usted esté presente todo el tiempo).

Cuando alguien a veces pregunta en una conversación momentánea: «¿Cómo estás?», la respuesta es: «Bien gracias». Esa es la respuesta normal, aun cuando la verdad sea otra. Muy pocos de nosotros mostramos nuestras emociones. La mayoría necesitamos mucho coraje, y mucho tiempo para sentirnos suficientemente seguros para contarle a alguien nuestros pensamientos más profundos, sentimientos y problemas. La confianza no se construye rápidamente. Los asuntos profundos y las preguntas importantes, las cosas que en realidad importan a los hijos, se ven interrumpidos por la presencia del padre. De hecho, los niños acostumbran hacer las preguntas más profundas en los momentos más raros e inapropiados.

Las conversaciones importantes no surgen mediante un llamado o en forma programada. Sentar a su hijo frente a usted, con el propósito de entablar una «charla de tiempo de calidad» sobre sus problemas, puede ser muy intimidante para él y rara vez produce los resultados esperados. Pero de vez en cuando, en un ambiente «neutral» y menos amena- zante para ellos, el cual puede ser el momento en que usted hace el té, repara los estantes, practica natación o hasta cuando ve televisión, sus hijos, de forma natural, preguntarán sobre todo tipo de temas inesperados e importantes. Después de pasar una hora ayudándole a armar una pieza de un mueble, diseñado para armarse en cinco minutos, su hijo o hija, inesperadamente, le contará la causa de su disgusto en la escuela la semana anterior, le dirá que desea hacer con su vida o le contará sobre los chicos o chicas de mayor edad que le ofrecieron drogas al salir de la discoteca. Los padres que invierten cantidad de tiempo con sus hijos, obtienen la oportunidad de entablar una conversación de calidad con ellos.

La mayoría de las mejores conversaciones que he tenido con mis hijos sobre profesiones, racismo, intimidación, amor, fracaso, éxito, honradez, relaciones afectivas, dinero, justicia, entre muchas otras, han iniciado de esta forma. Con solamente estar cerca de sus hijos les enviará el mensaje, «Me siento bien cuando estoy contigo. Disfruto tu compañía. Estoy feliz de que estés aquí…» Cuando los hijos reciben este tipo de mensajes se sienten con confianza de hacer preguntas íntimas o hablar sobre aspectos personales sin temor a ser rechazados.

La realidad es, en la mayoría de los casos, que la calidad está presente únicamente cuando se ha invertido cantidad de tiempo. Es similar a cultivar un jardín. Crear un hermoso jardín requiere mucho tiempo y esfuerzo. Se debe preparar el terreno, sembrar semillas, arrancar cizaña, sembrar pastos, regar plantas, podar árboles y sujetar cercas. Claro está, usted puede contratar a alguien para esta labor, pero para obtener resultados óptimos no se pueden tomar atajos. Alguien tiene que hacer este difícil trabajo. ¡Sin suficiente tiempo, no hay calidad! Aunque usted se haga el ciego para no ver «la jungla» frente a su puerta principal o trasera, un jardín abandonado es evidente para todos los demás.

La labor de criar a un hijo requiere más tiempo del necesario para cultivar un jardín. A diferencia de su jardín, los niños son muy quisquillosos respecto a las personas que los cuidan. Para los padres que trabajan, en especial las madres o padres solteros, las guarderías infantiles y centros donde dan atención a niños son muchas veces indispensables. No obstante, a pesar de que esos centros pueden proporcionar a los padres muy ocupados algunas horas para trabajar o relajarse, nunca sustituirán el tiempo que necesitan para estar con sus hijos. De modo que, no podemos recoger a nuestros hijos de la guardería con la idea de que han recibido su «dosis diaria recomendada» de contacto humano. El hecho de tener que dejar a los hijos bajo el cuidado de niñeras competentes y profesionales en el cuidado de niños, en vez de reducir la necesidad de los padres de pasar tiempo con sus hijos, hace aun más importante la necesidad de encontrar ese tiempo.

Steve Chalke

En la película, Big, Josh es un adolescente de trece años que mediante un deseo, pide hacerse adulto instantáneamente. A la mañana siguiente despierta dándose cuenta de que tiene el cuerpo de un hombre de treinta años. Se ve forzado a dejar su casa, ya que después de todo, ¿cómo le explicaría usted a su madre que, en una noche, envejeció veinte años? Posteriormente, consigue un empleo en una compañía de juguetes, y debido a que aún sigue siendo un niño y ve el mundo como tal, impresiona a su jefe, que le da un ascenso y le asigna la tarea de probar e inventar nuevos juguetes. Él sabe lo que un niño espera de un juguete, después de todo, a pesar de su apariencia, sigue siendo un niño de trece años. Poco a poco sus prioridades fueron cambiando, por lo que se involucra de lleno en el desarrollo de una nueva línea de juguetes y no le dedica más tiempo a su amigo Billy. Finalmente, Billy irrumpe en su oficina e impide que continúe con una llamada telefónica de negocios. «¡Esa llamada era importante!.., grita ]osh. «¿Ah si?.., contesta Billy, «Bueno, yo soy tu mejor amigo, ¿qué es más importante que eso?…

La mayoría de nosotros nos gusta pensar que somos muy importantes en nuestros trabajos. Tanto es así, que podemos correr el riesgo de que nuestros propios sentimientos de superioridad nos hipnotizen, y nos hagan perder el sentido de la realidad. No se engañe: a pesar de cuan indispensable piense que es en su trabajo, alguien más puede hacerlo y lo hará en el futuro. Es doloroso admitirlo, pero usted no es indispensable, exceptuando en su casa, donde por supuesto, usted es irremplazable. Usted es la única madre o el único padre que sus hijos tienen. Ellos realmente desean y necesitan estar con usted. Sus hijos lo aman automáticamente, sin condiciones. Quieren su amor y perdonan sus errores pasados. No le guardarán ningún rencor por lo sucedido en el pasado, si la pasan bien en el presente.

Para Chris, la responsabilidad más importante que tenía con su familia era «traer el sustento al hogar… Por esa razón, a pesar de que amaba a sus hijos, se permitía pasar mucho tiempo en la oficina. El problema fue que, aun estando en casa, la mayoría del tiempo se preocupaba por documentos urgentes de la oficina. Chris se justificaba diciendo que estaba trabajando fuerte con el fin de brindarles un hogar estable y todas las cosas que nunca tuvo de niño. Un día, según deducía él, sí trabajaba bastante fuerte, podría retirarse antes y disfrutar de la «ganancias.. de sus «inversiones… Podría pasar tiempo con su esposa e hijos, sabiendo que su futuro estaba asegurado.

Así que cada vez que ellos se quejaban porque deseaban que Chris pasara más tiempo en casa, él les recordaba esto: «Estoy haciendo esto por ustedes». Hasta donde él sabía, Diane, su esposa, tenía todo lo que pudo haber querido alguna vez. Pero para Diane, Chris, el hombre con quien se había casado y con él que quería pasar su vida, nunca estaba presente para disfrutar con ella, o para hablar sobre aspectos realmente importantes para ella. Diane lo amaba, pero se sentía abandonada.

Al principio ella resentía el tiempo que su esposo pasaba trabajando, pero lentamente aprendió a desligarse emocionalmente de él, si es que quería sobrevivir. Se entregó totalmente a su papel de madre a tiempo completo y progresivamente construyó su propio círculo de amigos. Permanecer ocupada le ayudaba a sobrellevar su soledad. Posteriormente, cuando sus hijos crecieron y se volvieron más independientes, se involucró en un grupo de beneficencia local, trabajando como voluntaria. Era buena en lo que hacía, muy popular y muy solicitada.

Cuando Chris tenía cincuenta años, obtuvo su jubilación temprana. Tenía una pensión satisfactoria y esperaba disfrutar la vida con su familia… pero descubrió que ellos ya no estaban ahí. Sus hijos se habían marchado de casa y habían iniciado sus propias vidas en otra parte. Aún cuando llegaban a visitarlo, se daba cuenta de que entablar una conversación con sus hijos era difícil tanto para él como para ellos. Parecían tener pocas cosas en común; no tenían mucho de que hablar. Diane, quien alguna vez tuvo todo el tiempo del mundo para él, ahora siempre estaba fuera, siempre ocupada, preocupada y distante. Esa no era la mujer con que se había casado. Era una completa extraña. Chris se sentía solo. ¿Para eso había trabajado tan duro y por tanto tiempo?

En la película Beethoven, George y su esposa Alice discuten por causa del perro de la familia, que está arruinando sus planes de negocios. «Mis sueños se están desmoronando, ¿y tú te preocupas por el perro? grita el esposo. Tu familia se está desmoronando ¿y te preocupas por tus sueños?», contesta ella.

La realidad es, nos guste o no, que su desempeño en el trabajo no es lo más importante para sus hijos. Si su hijo tiene menos de trece años, todavía piensa que usted es el padre más estupendo del planeta. Sus hijos están convencidos de que si algo le sucediera el mundo dejaría de girar. Y si tienen más de trece años, no les impresiona lo que usted hace en su trabajo. Lo que usted haga por ellos es mucho más importante. Ellos comprenden que usted tiene que trabajar, pero lo que realmente desean es su tiempo. A sus hijos no les interesa su perfil público, su ascenso o la cantidad de dinero de su aumento. Lo que a ellos les interesa es usted, así que dedíqueles tiempo hoy, mientras que aún tiene oportunidad de hacerlo.

Steve Chalke

Aunque el control de esfínteres depende de varios factores individuales, existe una edad aproximada en la que un alto porcentaje de niños adquiere este control, es entre los 2 y 3 años y de manera paulatina.

Normalmente la retención nocturna de la orina se adquiere más tarde, ya que el pequeño necesita ciertas habilidades evolutivas para despertarse por la noche al sentir que su vejiga está llena (a partir de los 3 años).

Adquisición de la capacidad para controlar la micción.

Primeros 6 meses El vaciado de la vejiga se produce de forma automática cuando alcanza su volumen máximo.
1-2 años Los niños son conscientes de la capacidad de hacer pis y lo piden
3 años La mayoría es capaz de contraer los músculos pélvicos con el fin de retener la orina.
4 años Controlan voluntariamente la orina entre los 3 y 4 años.

 

La educación del control de los esfínteres puede comenzarse cuando se den los siguientes síntomas en el menor:

  • Le disgusta estar mojado y busca al adulto para que le cambie el pañal.
  • Le molesta el pañal, intenta quitárselo.
  • Deja la actividad que está haciendo cuando va a hacer sus necesidades en el pañal.
  • Entiende y cumple órdenes sencillas e imita comportamientos de sus padres. Comienza a hacer cosas por sí mismo (desvestirse y colabora a la hora de vestirse)
  • Mantiene la atención en actividades durante unos minutos (cuento, canción, juego,…)
  • Permanece varias horas seco, las deposiciones diarias disminuyen.

El sueño es uno de los hábitos más saludables y beneficiosos para nuestros hijos y para nosotros. Un niño bien descansado es un niño más feliz, y ¡unos padres bien descansados, una maravilla!

Un sueño reparador contribuye a un aumento de energía, vitalidad y una mejor salud física y psíquica. Además, en nuestros pequeños la actividad cerebral que se desarrolla por la noche, favorece el desarrollo madurativo de su sistema nervioso. Por todo ello, es fundamental que sigamos unas pautas y hábitos de sueño en la rutina de nuestros hijos.

El sueño es una cuestión que inquieta mucho a los padres, y son muchos los especialistas que han abordado el tema, siendo sus opiniones de lo más dispares.

La mayoría de los niños se despiertan por la noche. El problema está en que son muchos los que solicitan la presencia materna o paterna para volverse a dormir. Esto se debe principalmente a que, sin darnos cuenta, enseñamos a nuestros hijos a asociar el dormir con la presencia de alguno de los progenitores. Si los niños se duermen en brazos de los padres, mientras se les mece o se les canta o mientras se les da de comer, cuando se despierten por la noche necesitarán que se reproduzcan las mismas condiciones para poder conciliar el sueño.

Es importante que desde pequeñitos enseñemos a nuestros hijos a dormir. Marcar un horario de sueño y cumplirlo. Acostarlos cuando aún están despiertos, acunarlos, cantarles, leerles un cuento,… pero abandonar la habitación cuando aún estén despiertos así evitaremos que asocien dormir con presencia materna o paterna.

Por un lado, están los métodos que consideran que los niños tienen que aprender a dormir solos. El estandarte de esta corriente es el libro ‘Duérmete Niño’ de Eduard Estivill y Sylvia de Béjar. Recomienda establecer una rutina para irse a dormir, y posteriormente el niño debe quedarse sólo en su habitación, incluso aunque llore. En este caso, para entrar a consolarle, el libro establece una tabla de tiempos de espera.

Por otro lado, están los que consideran que no hay que enseñar a dormir a los niños, que «los bebés ya saben dormir desde antes de nacer», tal y como plantea ‘Dormir sin lágrimas’, de la doctora Rosa Jové. Esta autora considera que no se debe desatender el llanto de un niño. Por lo tanto, recomienda el colecho (dormir con los padres) y lactancia materna a demanda.

Hay un camino intermedio entre estos dos, como por ejemplo el planteado por Jo Frost, la autora del libro «Pregúntale a Supernanny». Aunque el trasfondo es muy similar al del ‘método Estivill’, propone una técnica de separación progresiva para que el niño vaya aprendiendo a dormirse solo poco a poco.

Una vez planteadas las diferentes posturas, la duda que surge es ¿cuál es el mejor? Vamos a ver primero las principales críticas y problemáticas que puede presentar cada uno, y al final os daré mi visión personal sobre el asunto.

1. Duérmete niño. La principal crítica que recibe este método es que hay que dejar llorar al niño. Muchos opinan que es ocasionarle un sufrimiento innecesario que puede acarrear problemas posteriores (miedos, inseguridad…) Otra cuestión que plantea dudas es que es un método bastante estricto en su forma de aplicación. Se le tacha de frío en la manera de consolar al niño cuando llora en la cama (no permite tocarle y cogerle, sólo hablarle), aunque en alguna entrevista posterior el autor ha manifestado que cada familia puede adaptarlo.

2. Dormir sin lágrimas. No todas las parejas llevan bien lo de dormir con su hijo. La pareja necesita su momento de intimidad, y no me refiero únicamente a las relaciones sexuales (que son muy importantes), sino también a la comunicación en la pareja. Para muchas parejas éste es el único momento del día en que están tranquilos y relajados para contarse sus cosas.

Otro aspecto que plantea dudas es cuándo deja el niño de dormir con los padres. Rosa Jové afirma que a partir de los cuatro años (como mucho a los seis) los niños piden dormir solos. ¿Qué sucede en los casos en que no lo piden? El libro plantea que, si el niño se despierta durante la noche y es lactante, hay que ponerlo al pecho, tenga hambre o no. Muchos pediatras no están de acuerdo. No siempre que un niño llora es porque tiene hambre por lo tanto, si no tiene hambre ¿por qué consolarlo con comida?

Cuando un padre me pregunta cómo puede conseguir que su hijo duerma bien, le cuento la existencia de las dos corrientes. Pero si quieren saber mi opinión personal les digo que las propuestas de la doctora Jové no me convencen. Es tentadora la idea de que tu hijo no llore, pero no soy partidaria del colecho (salvo en casos muy concretos, como enfermedades, miedos, etc.). Los niños, al igual que los padres, necesitan su espacio, y necesitan aprender a tolerar ciertas frustraciones. Soy más partidaria del ‘método Estivill’, aunque adaptándolo en algunos aspectos. La manera de consolar al niño resulta demasiado fría. Se puede coger al niño, mecerlo y acariciarlo, siempre y cuando establezcamos un principio y un fin, por ejemplo acompañándolo de una canción.

De todos modos, el sueño de un niño no es una cuestión matemática, por tanto, ningún método puede dar soluciones mágicas. Simplemente, dan pautas que luego el sentido común de cada uno tiene que adaptar a su propio caso.

Aunque es una tarea que muchas veces no se tiene en cuenta, dormir es un hábito, y como tal, los niños han de aprenderlo de la misma manera que les enseñamos a comer o a hablar. Los trastornos del sueño durante la infancia son muy frecuentes: ansiedad antes de acostarse, pesadillas, despertares en mitad de la noche, resistencia a meterse en la cama o incluso orinarse, son inconvenientes que experimentan hasta el 30 por ciento de los niños de entre seis meses y doce años.

Aunque es fácil prevenir estas conductas siguiendo una serie de pautas sencillas, es importante saber reconocer y tratar estos problemas con rapidez, ya que los niños sufren con especial intensidad este tipo de trastornos. Los peques requieren de grandes dosis diarias de descanso, y el déficit de sueño o la mala calidad del mismo ocasionan cambios en su conducta que pueden interferir en su desarrollo físico y psicológico.

¿Qué podemos hacer?

Dormir bien es un hábito que hay que enseñar. Insistir o castigar al niño que se resiste a meterse en la cama, puede resultar contraproducente para que adquiera un hábito de sueño saludable.

Es importante que el dormitorio sea un lugar tranquilo y acogedor, en el que poder descansar del tirón toda la noche. Mantener la habitación a oscuras y con la temperatura adecuada (17-20ºC) favorece en gran medida el sueño de los más pequeños.

Al contrario de lo que puede parecer, realizar alguna actividad física antes de dormir no favorece la conciliación del sueño. Un buen baño, al contrario, puede servir de relajante antes de meterse en la cama.

Las cenas copiosas provocan digestiones pesadas, lo que impide descansar profunda y sosegadamente. Alimentos estimulantes, como la cafeína o el chocolate, también dificultan que los peques se vayan a la cama.

El uso de tecnologías a última hora del día (televisión, videoconsola, Internet…) estimulan a los niños, por lo que es preciso evitarlas a partir de las ocho de la tarde.

En caso de encontrarnos con un grave trastorno del sueño, es fundamental consultar a un pediatra, ya que, en ocasiones, este tipo de problemas requieren de tratamientos específicos que deben ser impartidos por un profesional.

A los niños de 1 ó 2 años, les gusta jugar más que dormir. Para hacerles dormir en esta etapa, lo mejor es calmarles leyéndoles libros de cuentos infantiles al acostarles. O simplemente cantarles alguna “nana”.

En la edad preescolar lo mejor es relajarles jugando con la imaginación. Pídales que cierren los ojos y se imaginen en algún escenario de la historia que le vas a contar. En un bosque, o en la isla del país de Nunca Jamás, o nadando en el fondo del mar…….

A los niños de edad escolar, la rutina estará muy determinada. Pero eso no quiere decir que un día el niño no vaya a salir con la suya. Lo mejor para relajarles es leerle historias o que las lean ellos mismos.

Si existe la necesidad en el niño de dormir con un muñeco, una mantita, o simplemente con el chupete, hay que respetarle. Muchas veces el niño necesita de algo que le dé más seguridad. Y eso es lo que más necesitan los niños para tener una buena noche de sueño.

Natalia Ortega (psicóloga)

Se caracteriza por la emisión activa, completa e involuntaria de orina durante la noche a partir de la edad en que la madurez fisiológica del niño debería haber adquirido el control del esfínter vesical (3-4 años), siendo la edad mental normal. Representa uno de los trastornos más estresantes en la infancia, tanto para el niño como para los padres.

Existen dos tipos de enuresis nocturna: la primaria (el niño nunca ha tenido control miccional nocturno) y la secundaria (se produce en niños que han manifestado un control vesical al menos durante seis meses de su vida). La enuresis secundaria puede haber sido desencadenada por acontecimientos emocionales significativos para el paciente, como puede ser el nacimiento de un hermano, comienzo de la escolaridad, separación de los padres, etc.

Es fundamental tranquilizar al niño, obtener su colaboración, intentar motivarle con pautas de gratificación y que los padres sean tolerantes y pacientes evitando castigarle por algo que él no puede controlar.

Bruxismo

Posted on: 25 julio, 2013

El bruxismo consiste en rechinar de dientes durante el sueño, es un trastorno relativamente frecuente a cualquier edad. Se trata de una contracción rítmica y estereotipada de los músculos de la mandíbula.

Algunas de las consecuencias del bruxismo son:

  • Dolor facial
  • Cefalea
  • En ocasiones, su intensidad provoca daños irreversibles en los dientes y estructuras adyacentes.

Las causas pueden ser estrés o tensión emocional. Cuando se produce este trastorno se pueden proteger los dientes con un molde blando, evitar situaciones estresantes y las bebidas estimulantes.

La somniloquia consiste en hablar dormido. La persona pronuncia frases con poco sentido relacionadas con el sueño o palabras sueltas ininteligibles que el niño no recuerda al día siguiente. Pueden llegar a ser intensos con gritos, llanto, risa o solo comentarios sin importancia. En adolescentes pueden llegar a ser verdaderos discursos. Es un trastorno muy común e inofensivo.

El sonambulismo es un trastorno del sueño benigno y uno de los más frecuentes en la infancia, que desaparece en la adolescencia.

Los niños que presentan sonambulismo realizan movimientos complejos, aprendidos y con sentido (mirar la habitación, ir al baño…). Pueden deambular por la habitación caminando con los ojos abiertos, la mirada fija, las pupilas dilatadas, evitando o no los objetos que encuentra en su camino, tropezando, y muchas veces hiriéndose al intentar atravesar una ventana o una puerta. Otras veces se finaliza la acción emprendida correctamente: vestirse, asearse…

La persona sonámbula suele tener los ojos entreabiertos y es capaz de responder a preguntas.

Por lo general, el sonámbulo no reacciona ante las intervenciones de los observadores, aunque a veces éstas pueden provocarle una reacción de auto o heteroagresividad; es por esto que muchos autores manifiestan que es preferible no despertarlos, si vuelve a dormirse el episodio concluye con un sueño tranquilo y a la mañana siguiente no tendrá ningún recuerdo de lo ocurrido. Otros defienden que sí podemos despertarlo pero teniendo en cuenta que puede sentirse desorientado.

Ante un episodio de sonambulismo debemos mantener la calma, tranquilizar a los demás familiares y prevenir los posibles riesgos de accidentes asegurándonos del cierre de ventanas y puertas.

Los terrores nocturnos se caracteriza por:

  • Gritos
  • Movimientos bruscos
  • Sudoración, taquicardia, respiración rápida, enrojecimiento facial, y dilatación de pupilas.
  • El niño se incorpora y, aunque tenga los ojos abiertos no se encuentra realmente despierto. Se vuelve a dormir y al despertar no se acuerda de nada.
  • Aparecen a los dos o tres años.

Cuando un niño presenta terrores nocturnos permanece en este estado durante unos minutos y si se le despierta parece confuso, incoherente y desorientado con amnesia del episodio. Pasada la crisis el niño vuelve a dormirse tranquilamente, no recordando a la mañana siguiente lo acontecido. Es conveniente no despertarlo.

Los terrores nocturnos pueden aparecer de forma espontánea o ser provocados por diversos estímulos: ruidos, cambio forzado de postura en la cama, fiebre, privación de sueño, etc. Estos episodios tienden a desaparecer al llegar la adolescencia. Sólo si estos episodios se repiten con cierta frecuencia deben ser vistos por su pediatra o el especialista en trastornos del sueño.

Para reducir los terrores nocturnos o evitarlos podemos:

  • Acostarlos antes de que estén muy cansados.
  • Inculcar el hábito de sueño
  • Hacer todo lo posible para que los niños se acuesten tranquilos, sin temores.
  • Si el niño sufre un terror nocturno, se le puede acariciar para calmarlo. Si el trastorno se alarga en el tiempo consultar con el especialista.

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