Escuela de Padres

Archive for julio 7th, 2013

«Comería más helado y reiría más», fue la muy sorpresiva respuesta de una abogada de edad avanzada y algo mal humorada, que era conocida por trabajar muchas horas, cuando se le preguntó que cosas diferentes haría si pudiera retroceder el tiempo. «Me subiría más veces en la montaña rusa», agregó, «cantaría más fuerte en la ducha, me quedaría tarde viendo películas con mis amigos con más frecuencia, y pasaría más tiempo con mis hijos».

Es demasiado fácil caer en la trampa de vivir la vida creyendo, que a pesar de que los golpes que nos llevamos hoy son duraderos y difíciles, algún día será más fácil, y comprobaremos que los golpes valieron la pena. Pero lo cierto es que ese día puede que nunca llegue.

Roy Castle, un conocido artista, dio una conferencia de prensa poco tiempo antes de morir. Sufría un cáncer pulmonar muy avanzado, que posteriormente le causó la muerte. Un periodista de un periódico nacional le preguntó: ¿Qué se siente saber que solo le quedan pocos meses de vida? Se hizo un silencio pasmante y embarazoso. Todos querían hacer esa pregunta, pero nadie se había atrevido a hacerla.

Ante esa pregunta, Roy sonrió y contestó suavemente: «Si supiera que me quedan pocos meses de vida, sería único. Uno no sabe siquiera si estará vivo mañana»

Muchos asumimos que estaremos aquí por muchos años. Debido a esto, clasificamos nuestras prioridades. Posponemos los asuntos importantes porque estamos demasiado ocupados intentando resolver los asuntos urgentes que se nos siguen amontonando. Suponemos que después tendremos tiempo para atender los asuntos importantes. De modo que pasamos trabajando todo el día para conseguir un ascenso, y nos decimos a nosotros mismos que algún día tendremos más tiempo para ver a nuestro hijo jugar fútbol, o que encontraremos tiempo para recolectar castañas con él el próximo año. Tenemos tanto trabajo doméstico y tantas llamadas telefónicas que hacer, que leerle a nuestro hijo un libro de cuentos a la hora de dormir o ayudarle en sus tareas escolares de alguna manera se nos hace difícil.

Pero, si pensáramos que solo nos queda un año de vida, la mayoría de nosotros veríamos la vida diferente. Después de todo, nadie alguna vez ha dicho en su lecho de muerte: «Desearía haber pasado más tiempo en la oficina». Entonces, ¿por qué muchos de nosotros, tanto hombres como mujeres, actuamos como si la oficina fuera más importante que nuestra familia?, además, ¿por qué permitimos que el trabajo doméstico nos agote al máximo o se interponga entre nuestros hijos y nosotros?

Steve Chalke


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