Escuela de Padres

Archive for julio 8th, 2013

Los niños no piden nacer. No se les puede preguntar si desean hacerlo. Ya sea que lo planeemos o no, invitamos a nuestros hijos a nuestras vidas. Esto significa, si se detiene a meditarlo, que una vez que han nacido, les debemos el tiempo, la seguridad, el amor y los cuidados que necesitan desesperadamente para crecer. Desde el momento en que nacen, definitivamente estamos en deuda con ellos.

Aún más, los años que usted pasa con sus hijos son pocos, y por lo tanto son insustituibles. Una vez, entrevisté al famoso norteamericano, el Dr. Billy Graham. Este hombre, a pesar de estar sufriendo las primeras etapas de la enfermedad del Parkinson, aún estaba muy alerta. Aprovechando la oportunidad de conocer a uno de los hombres más famosos del siglo veinte, le pregunté qué consejo me daría para aprovechar al máximo mi vida. Yo esperaba una respuesta profunda, muy profunda; algo tan profundo que me tomara meses entender su significado. Así que me preparé, y me incliné para asegurarme de escuchar cada palabra. Mientras él pensaba su respuesta, hubo un largo silencio que me pareció eterno. Luego finalmente dijo: «La vida transcurre más rápido de lo que esperas, así que usa los días sabiamente». Eso fue todo.

No quedan muchos dias festivos de verano, noches con fogatas, búsquedas del conejo de Pascua, dias de panqueques, épocas de recolección de castañas y Navidades en que sus hijos quieran aún estar con usted. Por eso, la tarea de cada padre sabio es aferrarse con fuerza y con las dos manos, a cada oportunidad que tenga durante esos fugaces primeros años. Aproveche el momento, porque sus niños se irán pronto.

Llegará el día en que su niño ya no le pedirá más que le lea libros de cuentos, ni se sentará más en su regazo y se dormirá profundamente; tampoco le pedirá más que juegue fútbol con él o que le arregle su bicicleta. Por extraño que parezca, todas esas cosas que ahora le parecen tediosas, luego anhelará hacerlas. Habrá días que deseará desesperadamente leerles una historia a sus hijos… palabra por palabra, ¡el libro completo! Se preguntará porqué alguna vez le pareció tan aburrido el libro de historias para dormir (habiéndolo leído ya veintisiete veces), que hacía trampa y pasaba las páginas de tres en tres.

Los años al lado de sus hijos terminarán antes de que se dé cuenta. Aunque me parezca que fue ayer cuando sostuve a mi hija mayor en mis brazos por primera vez, ya ella se fue a la universidad, y mi segundo hijo pronto lo hará también.

Sería bueno que recuerde este hecho cada vez me pide que haga algo con él, cuando quiere hablar o simplemente cuando quiere sentarse conmigo a ver televisión.

Es posible, que en este momento me parezca que no tengo tiempo para satisfacer todas las demandas de mis hijos. A la luz de todas las actividades que ocupan mi tiempo y energía, ayudarle a alguno de mis hijos con su tarea escolar o llevar a alguno de ellos al cine, son actividades que parecen no ocupar los primeros lugares en mi lista de prioridades. Pero pronto se cambiarán los papeles. Un día, en un futuro no tan distante, seré yo quien llame a mis hijos para preguntarles si no están muy ocupados para papá el fin de semana. En vez de que yo busque tiempo para ellos, ellos tratarán (eso espero) de buscar un espacio para mí en su ajustada agenda y su ocupada vida social.

«El tiempo es dinero» bromeó Benjamin Franklin. Pero estaba equivocado. El tiempo no es dinero. El tiempo es más valioso que el dinero. La persona que no tiene dinero pero tiene mucho tiempo, lo tiene todo para hacer lo que quiera. Pero la persona que tiene mucho dinero y no tiene tiempo, no tiene nada. Hace años, un asesor agrícola se encontró con un campesino que estaba descansando debajo de un árbol, después de haber trabajado muy duro.

– Usted debería trabajar más duro y sembrar más -le dijo el asesor al campesino, así tendría más cosechas para vender y podría contratar a otras personas para que hagan su trabajo.

– ¿Y que haría luego? -preguntó el campesino.

– Bueno, podría sentarse y tomar las cosas con calma -contestó el asesor agrícola.

– Eso es exactamente lo que estoy haciendo ahora -replicó el campesino.

La casa quedará vacía antes de que se de cuenta. A diferencia del dinero, el tiempo no puede guardarse o reservarse para el siguiente día o año. El tiempo no se detendrá, no importa cuan ocupado esté con el trabajo, con el hogar o con otras cosas; aunque usted esté trabajando para recibir un ascenso para proveerle a su familia con más seguridad, comodidad y tiempo en el futuro. Así que no permita que los quehaceres del hogar, el trabajo en la oficina, las compras, la visita al gimnasio, visitas a bares, las reuniones de su club, salones de bingo, los amigos, la iglesia, su auto o cualquier otra cosa, dominen su vida de tal manera que no tenga tiempo suficiente para estar con sus hijos. No postergue sacar el tiempo para ellos, con la esperanza de que lo sacará en el futuro. Ellos crecerán y se irán de casa, y la oportunidad se irá para siempre, y usted seguirá trabajando durante horas en espera de ese «gran descanso».

Steve Chalke


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