Escuela de Padres

Archive for agosto 2013

Es aconsejable que el bebé distinga entre el día y la noche; por tanto, por la noche se han de mantener las luces tenues, no se debe hacer ruido, ni jugar con el niño, y cambiarle el pañal sólo si está sucio o muy mojado.

Lo más conveniente es que tome la leche, expulse los gases y lo acostemos en la cuna. Si en algún momento el bebé se salta la rutina del sueño una vez adquirida, seguramente tendrá algún problema de gases, o puede que le duela algo.

Hay que aceptar que durante varias noches, a lo largo de semanas o meses, habremos de estar en vigilia, por lo que tienen que adaptar los horarios (si es posible, descansar cuando lo hace el niño o solicitar a algún familiar o amigo que cuide del niño mientras la madre duerme).

hasta los 6 meses es probable que el niño quiera seguir haciendo una o dos tomas por la noche.

El sueño

Posted on: 30 agosto, 2013

Hasta la década de 1990 se aconsejaba que los bebés durmieran en decúbito prono (boca abajo), considerando que se disminuía el riesgo de atragantamiento si vomitaban. Hoy se aconseja colocarlos de lado o boca arriba (salvo los nacidos prematuros o con problemas digestivos).

Se ha comprobado que durmiendo de lado o boca arriba no existe riesgo de atragantamiento y, sin embargo, disminuye la incidencia de la muerte súbita del lactante (SMSL); síndrome, por otro lado, poco frecuente.

No es conveniente poner almohada a los bebés. Duermen mejor sin ella y evitamos riesgos, como que se tapen la cara con ella o doblen en exceso el cuello.

Si el bebé está resfriado y tiene dificultad para respirar se puede introducir la almohada debajo del colchón para lograr un plano inclinado.

El sueño es muy necesario para los bebés porque ahorran energía, que utilizan para su desarrollo, y segregan la hormona del crecimiento.

¿Cuántas horas necesita dormir un niño?

Aproximadamente:

    • en el primer mes, unas 19 horas,
    • a los 3 meses, unas 18 horas,
    • a los 6 meses, unas 16 horas (incluidas dos o tres siestas),
    • a los 12 meses, unas 15 horas (incluidas dos siestas),
    • a los 24 meses, unas 13 horas (incluidas una o dos siestas).

El que haya niños que hablen de forma ininteligible o con dificultad de articulación, que hablen muy poco, o que empiecen a hacerlo tarde (30 meses) puede deberse a:

  • problemas neurológicos, problemas perceptivos (por ejemplo, que no oiga bien);
  • problemas con los órganos fonatorios (lengua, paladar, ojival, etc);
  • bloqueos emocionales;
  • que nadie hable con él porque pasa mucho tiempo solo;
  • que los adultos hablen «haciendo gracia» con la misma «lengua de trapo» del niño;
  • que se resuelvan sus demandas cuando sólo ha señalado con el dedo o un gesto lo que necesita.

El especialista constatará que el niño entiende cuando se le habla (entiende el lenguaje) y que su edad mental corresponde a la cronológica.

Descartados los factores expuestos, no hay que preocuparse, ya que el niño pronto hablará (Einstein dijo sus primeras palabras a los 30 meses).

Lo mejor que se puede hacer para estimular a un niño a hablar es hablarle y aplaudirle por sus esfuerzos en decir cada palabra.

A los niños pequeños hay que hablarles en un tono de voz alto, modulando despacio y con claridad, usando vocablos y frases cortos, repitiendo correctamente las palabras que emiten los niños.

De esta forma los papás consiguen que los pequeños les comprendan y que aprendan a través de la imitación.

No conviene abusar del uso de diminutivos ni emplear «lengua de trapo», es decir, hablar a los niños pequeños de la misma forma que lo hacen ellos no es positivo: les sustraemos modelos correctos para poder aprender. Cuando el pequeño dice una palabra o frase incorrecta, sin mostrarle que se le corrige, sí se le ha de verbalizar correctamente.

Hay que trabajar la comunicación con los hijos desde pequeños. El desarrollo del lenguaje en el niño es muy rápido. Está favorecido por estructuras que ya están dispuestas en el momento del nacimiento.

Los primeros sonidos que emite el bebé se producen a los 3 meses: son las voces guturales.

El bebé muestra una gran alegría al poder escuchar y responder a la estimulación sonora (éstos son los primeros pasos de la ulterior comunicación verbal).

Jean Piaget ha llamado «habla egocéntrica» al ma-mapa-pa-pa, con los que el pequeño no busca comunicar realmente; es el período prelingüístico que se produce entre el nacimiento y los 9 meses.

Lo normal es que hacia los 7 meses el niño comience a emitir sonidos e intente imitar las palabras que oye.

Al año el niño emite de tres a ocho palabras.
A los 18 meses, 20 palabras.
A los 24 meses, 270 palabras.
A los 30 meses, 450 palabras.

Las expresiones emocionales son un vehículo interesantísimo de comunicación, que se establece entre niños y adultos antes de que se consiga el lenguaje.

En la comunicación humana, sólo el 35% es verbal; el resto es gestual. Los bebés de 3 días ya son capaces de imitar a los adultos abriendo y cerrando la boca y sacando la lengua.

Se ha llamado «protoconversaciones» a la interacción de la madre con el hijo, que incluye sonrisas o vocalizaciones. Es manifiesto que existe la comunicación intencional antes del lenguaje, ya que podemos apreciar las protestas, peticiones, etc, que el niño realiza antes de empezar a hablar.

Al finalizar el período sensoriomotor, el niño comienza a utilizar los símbolos como forma de comunicarse, bien sea mediante gestos o mediante sus primeras palabras. El lenguaje supone una grandiosa modificación cognitiva que da razón de ser al humano, pues le permite representar la realidad.

Horarios

Posted on: 25 agosto, 2013

Hay niños que duermen durante el día y están despiertos por la noche y que malcomen a todas horas.

Hay que establecer y mantener los horarios acordes con su edad.

Resulta un recurso interesante para sosegar a un niño que llora o se muestra intranquilo (debe hacerse un uso limitado en las ocasiones y el tiempo de utilización del chupete).

Los bebés muestran placer con la actividad de la succión del pulgar -sustituto del pecho, que les da tranquilidad y seguridad- o del chupete, ya que poseen un alto grado de sensibilidad en la zona de la boca porque transitan por una fase evolutiva definida como real.

El chupete debe desaparecer cuando ya han salido los dientes, aproximadamente hacia los 18 meses del niño. Puede retrasar su aparición y deformar el paladar, por lo que cuanto antes se retire mejor.

Los recién nacidos necesitan el contacto físico para sentirse seguros. Si a esa corta edad lo coge en brazos cuando llora, desde luego no lo está malcriando. Hay tiempo ulterior para educar.

Según va creciendo se le puede ir educando ante este tipo de reclamo para que no se malacostumbre. Se le dejará llorar dos minutos y lo cogeremos en brazos, lo abrazaremos, le hablaremos y lo dejaremos en la cuna, y si vuelve a llorar -para que lo cojamos en brazos- repetiremos la acción, pero esta vez lo dejaremos llorar hasta los cinco minutos, y así en todas las conductas que deseemos extinguir.

Somos nosotros los que tenemos que condicionar al bebé, no al revés.

Después del baño o cuando se tiene un momento de tranquilidad son situaciones idóneas para realizar aquellos masajes que estimulan los músculos del bebé, que favorecen su crecimiento psicomotriz y lo ayudan a desarrollar su sentido del tacto. Además de los beneficios corporales que se aportan al niño, los masajes son fundamentales para afianzar las relaciones socioafectivas con él. Hay que tener en cuenta que es un momento placentero para el bebé y para el padre o la madre porque disfrutan el uno del otro. El contacto debe incentivarse.

Deben realizarse una vez al día, y en los niños prematuros, por lo menos tres.


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