Escuela de Padres

Archive for agosto 7th, 2013

Nos convertimos en quienes somos a través de la interacción de la herencia y el entorno. Nuestras características personales afectan a nuestro entorno, que a la vez influye en nuestras características heredadas, creándose una relación continua que produce un individuo único con intereses específicos, capacidades, limitaciones y formas diferenciadoras de responder a las situaciones. Este proceso de cambio relacionado con la edad, que describe la transición desde el óvulo fecundado hasta la vejez, se conoce como desarrollo.

El niño nace, la persona se hace a lo largo de su vida. El niño y el medio donde éste se desenvuelve interactúan continuamente desde la fertilización hasta la muerte.

En este proceso de desarrollo del ser humano hay dos aspectos en estrecha interrelación:

El sujeto: corresponde a lo heredado, lo genético, lo constitucional, sus capacidades, características…

El ambiente: corresponde a lo que le rodea, la familia, la sociedad, la cultura…

Es importante tener en cuenta en el desarrollo del ser humano las interacciones que se producen entre el sujeto y su ambiente. Lo que una persona es en un momento determinado de su vida no es sólo el producto de cómo nació (herencia), sino también de lo que vivió (ambiente).

El desarrollo es, por tanto, un proceso de cambio continuo que sufre el individuo a través de su ciclo de vida. Este cambio posee varias características: es continuo, acumulativo, direccional, diferenciado, organizado y holístico.

El desarrollo es continuo, lo que significa que los cambios suceden con el paso de las horas, los días, los meses y los años. Por ejemplo una persona no es hoy un adolescente y mañana un adulto. La continuidad significa que los cambios en el desarrollo acontecen a lo largo de la vida, lo que indica que las experiencias vividas en la infancia no determinan necesariamente el resto de la vida del individuo, por el contrario, el cambio y el desarrollo y la supe- ración pueden ocurrir en todos los momentos de la vida.

El desarrollo es acumulativo, esto implica que se produce sobre lo que había antes. Las respuestas de niños y adultos y su capacidad para aprender dependen en parte de sus experiencias previas en situaciones semejantes. Los nuevos conocimientos dependen de los ante- riores, a las nuevas experiencias ayudan las anteriores.

El desarrollo es direccional, esto significa que avanza hacia una mayor complejidad y en sentido hacia adelante. Los bebés se convierten en niños y luego en adultos. Un bebé alcanza una pelota con la mano abierta, sin ninguna coordinación. A medida que los músculos, nervios y huesos crecen, el niño adquiere la velo- cidad y coordinación requerida para la competición atlética.

El desarrollo es diferenciado, es decir, consiste en hacer distinciones y aprendizajes cada vez más sutiles, perspicaces y profundos.

El desarrollo es organizado, lo que supone que las habilidades adquiridas se van formando gradualmente. Los bebés poco a poco van siendo capaces de organizar y controlar las diferentes tareas relacionadas con su trabajo y con la vida familiar.

El desarrollo es holístico, lo que significa que los logros nunca están aislados, forman un todo. Todo aspecto del desarrollo, ya sea físico, cognitivo o social, depende de todos los demás, y todo desarrollo es el resultado de la interacción. La adquisición del lenguaje, por ejemplo, requiere la maduración de la garganta, la boca y el cerebro.

Nuestras vidas son un entramado de aprendizajes, desarrollos y cambios que nos llevan hacia el crecimiento como individuos.


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