Escuela de Padres

Nuestra meta: ser felices

Posted on: 12 agosto, 2013

El ser humano se rige por criterios de igualdad, de tutela a sus descendientes. Durante mucho tiempo (cada vez más) aprendió a cuidar del débil, de los mayores, de los enfermos, de los discapacitados. Hemos evolucionado, algo que no ha hecho la naturaleza.

La ciudadanía cree en la ley, pero no en la del más fuerte: ha concluido que la fuerza no es una buena solución.

Asimismo, consustancial al reconocimiento de los derechos y deberes fundamentales de la persona es la referencia al libre desarrollo de la personalidad.

Estamos creándonos todavía.

La confianza básica es necesaria porque si el bebé capta el sentido duradero de que quienes le rodean son dignos de confianza, se desarrollará desde la creencia de que este mundo podrá dar satisfacción a sus necesidades y establecerá ulteriormente vínculos relacionales satisfactorios, y en ese momento inicia una vivencia positiva de las intenciones ajenas. En caso contrario, la desconfianza anidará en su ser; su posicionamiento, ya sea depresivo, de huida, de paranoico u oposicionista, no augura un futuro esperanzador. En el extremo un niño poco amado está como lobotomizado por la carencia afectiva.

El ser humano, simple y a la par complejo, que desea un trazo de gloria y un paréntesis de inmortalidad. Que es capaz de convencer a sus congéneres y de ser convencido por éstos.

Intentamos seguir el consejo orteguiano e ir a las cosas mismas. Pero somos limitados: nuestras emociones tienen un sustrato biológico y, por ende, los sentimientos también son auténticos y cambiantes; pienses, por ejemplo, en las pulsaciones del corazón.

Las personas que no poseen los mimbres necesarios para construir un tejido de equilibrio emocional suficiente serán infelices y posiblemente transmitirán esa infelicidad a quienes les rodean.

La infelicidad es el conjunto de emociones negativas vividas objetiva o subjetivamente. Cuando se dilatan en el tiempo pueden llegar a conformar un trastorno mental que eclosiona por emociones inadecuadas, por una interpretación errónea de las mismas o por un exceso intempestivo emocional.

Hay heridas que nunca se cierran. ¿Cómo afectan los recuerdos a nuestra capacidad de ser felices?

No me cansaré de repetir que ocasionalmente no se cuida suficientemente el cerebro, los sentidos, los afectos de los niños. Hemos de ser conscientes de su fragilidad, de que se les puede manipular, depravar, lesionar y traumar de manera fácil.

Los primeros años, los primeros meses, los primeros días y aun antes de nacer son insustituibles, irremplazables. Se trata de pilares básicos.

Después, recordemos que educar es abrirse al pensamiento, reflexionar, formarse como ser humano, derribar las barreras del aprendizaje.

El niño no es el proyecto e un hombre; el hombre es lo que queda de un niño.

Tenemos nuevas tecnología, precisamos tutores que instruyan. Hay que introducir dentro de la enseñanza obligatoria la decodificación del mensaje mediático.

los niños han de percibir que aprender es una experiencia inigualable, han de adquirir el sentido de la autovalía a través del desarrollo artístico y de la práctica deportiva.

Los niños son felices salvo cuando la enfermedad se ceba con ellos, o cuando las situaciones externas les son muy adversas. Los niños no le han de tener miedo al mundo; al contrario, han de volcarse en él.

La diversidad bien entendida conduce a la universalidad para interpretar correctamente el mundo. Es muy positivo que los niños viajen, conozcan otras gentes, otras culturas…

Tenemos que formular preguntas directas, sinceras y darles respuesta en la medida de lo posible. Un mundo con diversidad de lenguas, de culturas, de perspectivas, de historias que al mismo tiempo se comunican, se interrelacionan, en una simbiosis enriquecedora y difícil, exige prever cauces que permitan formar a todos los niños de distintas razas y colores para compartir, para convivir desde la diferencia, desde lo que nos une, desde lo que nos distingue.

Apoyemos al maestro, a la escuela, ese formidable encuentro del saber entre el profesor vocacional y el alumno, entre los compañeros y los libros, los vídeos y la música, los idiomas, la investigación, la naturaleza, la informática que conectará el saber con todas las universidades, que permitirá informarse desde el hogar, que intercomunicará el conocimiento, que posibilitará reinterpretar el bagaje que se esconde tras la diversidad.

Los medios de comunicación, que la verdad no son un semillero de ideas, pero sí difusores de ideologías, deben habilitar programas específicos e incluir en el resto contenidos a favor del respeto, de la solidaridad, de la urbanidad, del afecto, etc. Los medios de comunicación no son específicamente entidades educativas, pero no quepa duda de que tienen grandes responsabilidades sociales (obviamente más las cadenas públicas). No pueden limitarse a ser contenedores de publicidad.

Hay que posibilitar a los niños con estímulos diferentes de la televisión y otras pantallas como los videojuegos, que obligan a estar sentados y físicamente pasivos. Animarles a jugar. Fomentarles aficiones de pintura, al teatro, a la música, al baile, a la danza, a la práctica deportiva o al contacto con la naturaleza. Los padres son los modelos; magnífico resultará que los hijos vean a sus progenitores leyendo o involucrados en actividades de ocio y culturales.

Los niños, para estructurarse, tienen necesidad de otros niños. El contacto entre ellos es saludable y vital. Si no fuera así, los adultos actuales parecerían subordinados a la infancia y a la juventud, y eso sería un craso error.

Concretando: en los primeros siete años de vida se consolidan los cimientos.

Nuestro mundo es cambiante. La vida líquida, las relaciones personales, los vínculos familiares, la diferenciación de generaciones, los distingos entre coetáneo y contemporáneo, las nuevas formas de agrupación familiar que ya se atisban son un reto para los adultos y para quienes todavía no lo son.

Ahora que parece que puede sustituirse al Homo sapiens, que piensa, razona con conceptos, abstraccones, por el Homo vides, que se maneja con representaciones, es momento para la acción, pero también para la reflexión, para que la ciencia avance hermanada con la ética, para que el ser humano no olvide su trascendencia y valore lo realmente importante: la sonrisa (que es al sentimiento lo que la palabra al pensamiento), un amanecer, el silencio, la mirada de un niño, el guiño de un anciano…

Aprendamos a manejarnos en la ducha, en el conflicto. Un exceso de claridad vela la imagen.

Los amigos son insustituibles, una necesidad y una alegría, una familia con la ventaja de que se eligen.

Ciertamente todos los animales pueden herir, sólo los humanos ofender.

Y decir la verdad, aunque a veces duela, como la afirmada por Oscar Wilde: «En un mundo hay dos tragedias, una es no conseguir lo que quieres y la otra es conseguirlo. La segunda es con mucho la peor: ¡es la auténtica tragedia!»

La felicidad del ser humano está en el viaje, en las enseñanzas que se extraen de los otros, en la experiencia acumulada y en la exploración de nuevos senderos.

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