Escuela de Padres

Archive for noviembre 2013

Estoy seguro que todos los que nos leen compartirán la idea de que el círculo de amistades de nuestro hijo puede ser una influencia positiva o negativa para él. A partir de la preadolescencia (10 – 12 años), el grupo de amigos tiene una gran incidencia en la socialización del niño.  Pero un caso especialmente delicado es cuando nuestro hijo o hija mantiene unas relaciones de amistad que parecen que son claramente perjudiciales. 

Se trata de casos en los que estas amistades no solo no le ayudan en sus estudios, sino que están provocando que su rendimiento y valoración empeore; amistades que influyen negativamente en el comportamiento, hábitos, dedicación al tiempo libre, relación con los padres y familiares, uso del dinero y otros temas similares.

En definitiva, compañías que como padres, se perciben como una influencia negativa para nuestro hijo. Seguro que algunas familias de las que nos leen se han visto en esa situación o pueden encontrarse en un futuro.

Por ello, la encuesta de este mes la dedicamos a este tema ¿Cómo actuarían si las amistades de su hijo son perjudiciales?

Como siempre, les proponemos unas opciones de respuesta:

a) No solemos entrometernos en las amistades de nuestro hijo

b) Hablaríamos con él, pero nunca le prohibiríamos relacionarse con nadie

c) Hablaríamos con él y le ordenaríamos que abandonara ese tipo de compañías

d) Procuraríamos potenciar otro tipo de amistades y relaciones para desviarlo de sus malas compañías

e) Es un tema que nos preocupa, pero no sabemos qué hacer Les invitamos a que elijan la respuesta con la que están más de acuerdo pinchando en la opción preferida.

También les animamos a escribir en la entrada los comentarios que crean oportunos sobre este asunto, especialmente sobre sus propias experiencias en este asunto.

Jesús Jarque García

Recientemente he leído un libro muy práctico, que si bien está dirigido a los adultos, nos puede hacer reflexionar a los educadores y padres. El libro se llama “Las buenas maneras, contadas con sencillez”, de Carmen Cuadrado y Editorial MAEVA.  Es un libro que se podría considerar de “protocolo de la vida cotidiana”. 

Siempre que puedo me gusta leer un libro de este tipo. En algunos casos, me refrescan la memoria y siempre, como en cualquier libro, se aprende algo nuevo.

La autora, con mucha sencillez y sentido común, describe cómo desenvolverse en las situaciones de la vida cotidiana: los saludos y presentaciones, cuando tenemos invitados, ceder el paso, comportamiento en las comidas, los regalos, incluso cómo comportarse en Internet.

Como ella misma afirma al inicio del libro “…la razón principal del protocolo consiste en simplificar y facilitar la convivencia entre las personas”. La Sra. Cuadrado echa de menos que en la escuela se suprimiera la asignatura de Urbanidad, hace ya muchas décadas.

Ciertamente, la educación y las buenas maneras brillan por su ausencia en muchas ocasiones y todos somos víctimas más de una vez de esta carencia: al subir o bajar del metro, en una cola, en un restaurante, al recibir una llamada de teléfono o en una comida de trabajo.

La encuesta de este mes la queremos dedicar a este tema. Por ello le planteamos la siguiente pregunta ¿Qué les parece enseñar modales a los hijos e hijas?

Para ello les proponemos las siguientes opciones:

a) Es algo necesario que debemos tomar en serio las familias

b) Se trata de algo trasnochado, vivimos en una sociedad más abierta

c) Debería ser el colegio el que potenciara de nuevo estos contenidos

d) Es importante, pero ya no está tan claro qué es la “buena educación”

e) Tampoco está tan mal la situación: todo el mundo sabe respetar a los demás Les invitamos a que elijan la respuesta con la que están más de acuerdo pinchando en la opción preferida.

También les animamos a escribir en la entrada los comentarios que crean oportunos sobre este asunto, especialmente su propia opinión y experiencia en el tema.

Jesús Jarque García

Durante las últimas semanas estoy leyendo y poniéndome al día sobre un tema interesante: La depresión infantil. Si bien hace unos años se negaba o se ponía en cuestión que los niños pudieran padecer este trastorno, hoy en día la mayoría de los especialistas aceptan que efectivamente la depresión infantil existe y que su presentación difiere en muchos aspectos de la depresión adulta. 

En todo caso, estamos en una fase inicial y en general, es poco diagnosticada y por tanto, son pocos los niños que reciben el tratamiento adecuado. Se estima que aproximadamente un 2,5 % de la población infantil (2 a 12 años) padece este trastorno. Vamos a presentar algunos de los síntomas que pueden hacer sospechar que un niño o niña está padeciendo depresión.

Estos síntomas deberían estar presentes durante dos semanas al menos y suponer un cambio importante en la actividad previa del niño o niña.

Los síntomas pueden ser:

  • Estado de ánimo triste irritable. Este estado de ánimo está presente casi todo el día y casi todos los días.
  • El niño o niña pierde capacidad de disfrutar: no tiene interés por actividades que le gustaban; parece que nada le resulta agradable ni interesante.
  • Puede haber cambios de peso considerables: bien disminución, aumento o no se alcanzan los aumentos de peso esperables a su edad.
  • Problemas de sueño.
  • Pérdida de energía.
  • El niño o niña está muy agitado o excesivamente lento casi todo el día.
  • Hay sentimientos de culpabilidad o de inutilidad o baja autoestima.
  • Se aísla de los demás.
  • Pérdida de concentración.
  • Pueden aparecer ideas suicidas.

La presencia de estos síntomas deterioran algunos aspectos de la vida del niño como la relación con los demás, la relación familiar o sus estudios.

El diagnóstico debe realizarlo un especialista en salud mental infantil: psicólogo clínico o psiquiatra. Este especialista es el que debe considerar los síntomas, cuántos deben estar presentes y diferenciar la depresión de otros posibles trastornos.

Es una tarea complicada y especializada ya que debemos tener presente que la depresión suele acompañar otros trastornos infantiles como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastornos de conducta o los trastornos de aprendizaje, entre otros.

El tratamiento previsto para la depresión infantil suele ser terapia psicológica, tratamiento farmacológico o la combinación de ambos.

Mi recomendación desde aquí para las personas que están más en contacto con los niños (familias y maestros) es que si sospechan que un niño o niña pueda padecer depresión infantil, se realice una valoración para descartarla o en su caso, confirmarla y realizar el tratamiento lo antes posible.

Jesús Jarque García

Niños desobedientes: Los adultos somos los encargados de enseñar a los más pequeños lo que pueden y no pueden hacer. Nuestra labor es ponerles límites y normas que contribuyan a su bienestar.

En este proceso es normal que los niños y niñas experimenten y pongan a prueba nuestra autoridad, es algo lógico ya que están formando su identidad y  personalidad. Están probando hasta donde pueden llegar y cuál será la consecuencia de sus actos. La desobediencia es por tanto algo común en las diferentes etapas del desarrollo del niño.

Por eso es importante entender la situación y  mantener la calma, aunque estos comportamientos puedan llegar a desesperarnos. Poner unos límites y normas claras que harán en primer lugar que el niño se sienta seguro y que poco a poco aprendan a ser responsables de sus actos. Nos tendremos que enfrentar a varias discusiones hasta que consigamos que los niños se comporten como esperamos.

¿QUÉ TIPO DE CONDUCTAS ENTENDEMOS POR DESOBEDIENTES?

Veamos algunos ejemplos de conductas que queremos modificar

  • Álvaro, 3 años. Cuando no le das lo que quiere se pone a llorar y a gritar, si no lo consigue se enfada, tira objetos y se tira al suelo.

  • Lucía, 4 años. Cuando está en casa de alguna amiguita o en casa de sus primas, se niega a marcharse y se pone a llorar.

  • Ángel, 5 años. Cuando viene una visita a casa, aprovecha para comportarse mal y saltarse las normas.

  • Marta, 5 años. Cuando no le gusta lo que hay de comida, se niega a comer, tira los cubiertos al suelo y se cruza de brazos hasta que consigue que le cambien el plato.

  • Héctor, 6 años. Pega a su hermana mayor cuando quiere que esta le haga caso.

  • Noelia, 7 años. Se niega a obedecer, quiere hacer lo que le parece, juega con el balón en casa cuando no la ven los adultos, come galletas cuando no  le dejan hacerlo.

  • Pablo, 9 años. Normalmente nunca recoge sus juguetes, los deja por ahí tirados, protesta si le mandas hacerlo.

  • Paula, 10 años. Para que haga los deberes hay que estar detrás de ella constantemente, se niega a sentarse en la silla y a hacerlos con la tele apagada.

  • Pedro, 12 años. Cuando llega la hora de dormir y apagar la consola o la tele, se niega a hacerlo, discute y asegura que va a hacer lo que quiere.

¿CÓMO ACTUAR ANTE LA DESOBEDIENCIA DE LOS NIÑOS?

  • Procura mantener la calma, no enfadarte y ponerte en su lugar. Están poniendo a prueba las normas. Quieren saber hasta dónde pueden llegar. Si te pierdes los nervios entras en una lucha con ellos y te harán menos caso.

  • Ten en cuenta la edad y la etapa en la que se encuentra el niño.

  • Establece límites y normas concisas y claras. Deja claro lo que sí pueden  y lo que no pueden hacer.

  • Sirve de ejemplo. Si ponemos unas normas, nosotros también debemos seguirlas. Debemos ser consecuentes con las normas que ponemos. Los niños aprenden más de los ejemplos que ven, que de lo que les ordena. Si le dices que no tiene que gritar, has de evitar gritar tú, si no quieres que coman con la televisión no debes hacerlo tú, por ejemplo.

  • Refuerza el buen comportamiento y castiga el mal comportamiento. Las conductas se mantienen o desaparecen según las consecuencias que se obtengan de las mismas. Toda consecuencia ha de seguir a la conducta deseada o indeseada. Como refuerzo dale cariño, verbaliza lo bien que lo ha hecho, prémiale con tu atención.  Como castigo utiliza el tiempo para pensar, busca un rincón para pensar, debe saber que cuando desobedezca ira al rincón de pensar, no le amenaces con ello (frases tipo: “te voy a llevar al rincón de pensar”), llévale allí en cuanto sea necesario.  Si se va del rincón de pensar (suelen hacerlo), mantén la calma, no te alteres y vuelves a llevarle allí, explicándole que cuando se comporte bien puede salir de allí.

Siempre dile lo que ha hecho bien o mal y lo que tiene que hacer, para que lo relacione con la consecuencia.

Con niños y niñas más mayores razona con ellos, explícales las normas. Deja que se equivoquen y que comprueben las consecuencias de sus actos (cuando no recoja, no lo hagas tu, si no hace sus deberes, no le ayudes a última hora, etc.).  Ayúdales a decidir y a tener confianza.

 

  • Escoge tus batallas y distrae su atención.  En muchas ocasiones, el niño esta reafirmando su identidad. Es decir su desobediencia viene de ahí. Si distraes su atención con otra cosa, conseguirás que se olvide que quiere esto o aquello.

 

  • No olvides que cuando les riñes, te desesperas y estas encima de ellos, captan tu atención y estas reforzando la conducta que quieres que desaparezca. Sienten que te ocupas de ellos que no pasan desapercibidos.

Por último es importante tener en cuenta que en ocasiones la desobediencia es debida a otros factores, como un déficit de atención, hiperactividad, etc. Presta atención a estas características:

  • Parece que no escucha cuando se le habla, y hay que repetirle las cosas.

  • Suele olvidarse de las cosas y no presta atención en lo que tiene que hacer.

  • Le cuesta entretenerse con algo.

  • No se está quieto ni un minuto

  • Desafía constantemente y no sigue ninguna norma.

En estos casos, acude a un especialista.

Celia Rodríguez

Escuela de padres: Hemos comprobado que nos cuesta más llegar a fin de mes. La cuota de la hipoteca nos ha subido, la cesta de la compra también y ahora tenemos que afrontar un mes de septiembre con los gastos propios del principio de curso. Los padres nos estamos apretando bien el cinturón, pero no queremos que nuestro hijo de once años padezca esta situación y procuramos que siga manteniendo el mismo nivel de vida que ha llevado hasta ahora ¿hacemos bien?

Con once años su hijo puede comprender en parte, la situación económica que están pasando y pueden hablar entre todos de los recortes que tienen que hacer en el gasto. Es una forma muy concreta de fomentar la corresponsabilidad.

En realidad, se trata de reducir aquellos gastos que no son estrictamente necesarios, les pongo algunos ejemplos:

  • Antes de comprar, comparar precios entre algunos establecimientos.
  • Reciclar y reutilizar todo el material escolar que sea posible. Así mismo, optar por “marcas blancas” en lugar de  material con las estampaciones de personajes de moda o equipos de fútbol que siempre son más caras.
  • Lo mismo ocurre con la ropa de vestir: reutilizar la de otros hermanos si está en condiciones y comprar marcas más económicas.
  • También se puede reducir o congelar la “paga” semanal si es que el niño la tiene asignada y gastos como el teléfono móvil, extendido entre los preadolescentes.

En cualquier caso, mi opinión es que los niños, en la medida de lo posible, estén informados de la situación familiar y participen en las medidas que todos adoptan. Es una forma muy concreta de educarles para la vida y de fomentar su responsabilidad, lo contrario, tenerlos en una burbuja, en un mundo irreal, no es ni educativo ni honesto con ellos.

Jesús Jarque García

La falta de motivación y el desarrollo personal en las relaciones con su entorno pueden causar la presencia del fracaso escolar, un fenómeno amplio que representa la causa de frustración del alumno, retrasos en su desempeño escolar y dolores de cabeza en sus padres.

No obstante el término encierra un concepto relativamente difuso, dado que éste se puede referir tanto a un problema generalizado en cada una de las competencias de las que el alumno debe responsabilizarse, como a una sola materia en la que su desempeño se presenta como inferior a lo esperado mientras que en las otras sus calificaciones resultan correctas.

El fracaso escolar no es una circunstancia que pueda dejarse a la deriva dado que en su variante más extrema puede desencadenar la imposibilidad de culminar el ciclo lectivo e incluso la deserción escolar del estudiante afectado, y con ello el corte abrupto del desarrollo académico del estudiante.

Entonces, ¿cómo afrontar una situación tan compleja desde su definición y caracterización? Aunque en estos casos no existe una receta exacta los especialistas están de acuerdo en una serie de puntos que deben ser tenidos en cuenta para aminorar el problema y permitir al alumno una resolución más adecuada de sus necesidades de aprendizaje.

Los desencadenantes del fracaso escolar

  • La poca motivación: Se genera con la percepción del estudiante de que los esfuerzos invertidos en la labor de aprendizaje no le permitirán alcanzar mejores condiciones de vida en el futuro, en el ámbito profesional o laboral.
  • El método de estudio: Un método de estudio poco adecuado en el que prime la memorización a la comprensión puede llevar a que las calificaciones no reflejen el esfuerzo y el tiempo invertido en estudiar.
  • El centro educativo: En ocasiones el sistema empleado por el centro educativo no resulta ser el idóneo para que se dé el avance esperado y que por el contrario se presenten casos de fracaso escolar. Asimismo unas instalaciones deficientes en el colegio, materiales de apoyo educativo escasos e incluso la manera consciente o inconsciente en la que el docente trata a sus alumnos pueden ser factores desencadenantes.
  • El apoyo de los padres: Las figuras paternas ausentes o distanciadas de los hijos terminan delegándole la labor de educar a sus hijos al centro educativo, ignorando de esta manera la corresponsabilidad que tienen en el proceso. Esto también impide que en el ambiente doméstico se cuente con un ambiente rico en estímulos que permita darle solidez a lo aprendido en la escuela.

Evadiendo el fracaso en los exámenes

Parte fundamental en este propósito es lograr buenas calificaciones en los exámenes para evitar situaciones comprometedoras, como el Suspenso en España o el Reprobado en Latinoamérica; para lograrlo es recomendable tener en cuenta algunos puntos, como evitar la memorización sin comprensión, dado que este método no permite tener una visión amplia del asunto a aprender; aspirar a notas altas para motivarse a realizar el mejor trabajo; emplear técnicas de estudio mnemotécnicas, subrayados, resúmenes, esquemas, gráficos y auto cuestionarios.

De esta manera se potencian las capacidades y se evade el fracaso escolar incluso en las materias que no gustan. Es cuestión de disciplina y de hallar la mejor forma de hacerle frente a estas obligaciones.

Soy madre de un niño de cuatro años y desde que nació ha tenido muchos problemas de sueño, pero desde hace más de ocho meses esto se está convirtiendo en un grave problema ya que se desespera pensando cuando será de día y presenta una irritabilidad importante por la noche.

Asegura que no tiene sueño y no puede dormir y lo hace por intervalos muy cortos de tiempo y viniendo a veces a nuestra cama supongo que para sentirse acompañado, pero sin conciliar el sueño.

Además de esto, su carácter creo que está cambiando porque está irascible y cada vez más autoritario. Ignoro si esto es provocado por la falta de sueño, pero me gustaría me indicase a donde tengo que acudir porque se está convirtiendo ya en un problema que estimo afectará a su salud y en breve a su rendimiento escolar. He de decirle que ya hemos probado algunos métodos, las gotas que nos recetó el pediatra….. y un sin fin de remedios que te va aconsejando  la gente , no se si desacertados o no, pero la desesperación nos hace agarrarnos a cada uno de los consejos que te van dando.

Agradezco que me informe a donde puedo dirigirme. Entendemos perfectamente su preocupación y desesperación.

Efectivamente si un niño no duerme adecuadamente eso afecta a su bienestar psicológico, a su capacidad de aprendizaje y también al ambiente familiar. Por tanto, es un tema para tomárselo en serio y buscar remedio de una manera más o menos racional.

La mayoría de los problemas de sueño infantil son un problema de hábitos, pero no hay que descartar otras posibilidades. En su caso, habría que valorar si el niño recupera, de alguna manera, las horas de sueño nocturno durante el día.

En cualquier caso es necesario realizar una valoración amplia del niño y su entorno. Por ello nuestro consejo desde aquí es el siguiente:

1.- Anote durante una semana a qué hora aproximadamente se duerme y se despierta todas las veces, tanto durante la noche como durante el día. Acuda a su pediatra llévele el registro de sueño y explíquele la situación tal y como nos lo ha explicado a nosotros. Es posible que derive a su hijo a un neuropediatra para que valore si hay otro tipo de problemática. Si ustedes disponen de medios, pueden acudir directamente a un neuropediatra a consultar su problema. Será más efectivo si la consulta la hacen donde exista una unidad de sueño infantil.

2.- Si el pediatra o neuropediatra descarta que sea debido a cualquier problema de tipo físico o neurológico probablemente le sugieran que se trata de un problema de hábito. Si es así, le recomendamos que aplique las pautas para mejorar el hábito de sueño que mostramos en uno de los manuales de nuestra Escuela de Padres: “El sueño infantil y sus dificultades”. Le deseamos que se solucione el problema cuanto antes.

Lo leí el otro día en un foro: “la educación Infantil no está suficientemente valorada en los colegios”. Aunque generalizar es muy peligroso, lo cierto es que la etapa de Educación Infantil en la práctica, es poco valorada, al menos desde mi experiencia como orientador desde hace unos años. 

Sobre esta etapa quería realizar algunos comentarios:

1.- El trabajo que realizan las maestras (porque las mayoría son mujeres) es bastante duro desde el punto de vista físico comparado con el que se realiza en otras etapas: agacharse, abrochar botones, coger en brazos… Deben manejar a grupos numerosos de niños (en muchos casos más de 25) de tres, cuatro o cinco años, con poca autonomía. Hay maestras que no se pueden sentar en toda la mañana y en muchos casos, ni siquiera pueden ir al baño.

2.- La dedicación horaria de estas maestras es abrumadoramente superior al del resto de profesores. Las maestras de Infantil no suelen tener “horas libres”. Un dato más: lo habitual que es pasados unos años los maestros y maestras de esta etapa intenten pasar a educación Primaria. Todavía no he visto ningún caso al contrario.

3.- Desde el punto de vista pedagógico, realizan un trabajo excepcional: supervisan continuamente el trabajo de los niños por las mesas, ayudan uno a uno a realizarlo, enseñan partiendo de la observación y la propia experiencia…

4.- En muchos centros hay una “política” muy peculiar según la cual la Educación Infantil no se beneficia de los apoyos especializados existentes cuando hay niños que presentan dificultades. Los argumentos que los directivos suelen tienen tan poco peso como los siguientes: “la educación Infantil no es obligatoria; son muy pequeños, ya mejorarán, ya habrá tiempo para atenderlos…”

5.- Los orientadores y otros profesionales de la psicopedagogía también mantenemos en muchos casos actitudes parecidas. También existe una actitud renuente a diagnosticar o evaluar a niños de Educación Infantil, por los mismos motivos anteriores.

En el fondo todavía no nos creemos en educación aquello de lo que hablaba la semana pasada: la importancia crucial de la detección precoz de las dificultades y del tratamiento temprano.

Todos los que estamos implicados en la educación escolar, directivos, maestros, orientadores y las familias, debemos hacer un esfuerzo por cuidar y mimar preferentemente la Etapa de la Educación Infantil, no en los documentos fríos que duermen en los cajones, sino en las actuaciones y exigencias concretas de cada día. Los más efectivos en esta reivindicación suelen ser las familias.

El día que los padres también “se crean” la importancia de la Educación Infantil y lo exijan, entonces la situación comenzará a cambiar. 

Jesús Jarque

“Nuestro hijo tiene 8 años y todavía se hace pis en la cama ¿qué podemos hacer?” 

Esta es una situación relativamente frecuente entre los padres. Técnicamente, cuando un niño no controla el pis durante el sueño a partir de los seis años, se dice que padece enuresis. Las orientaciones para tratar la enuresis son las siguientes:

1º. Consultar al pediatra para descartar que la causa sea una enfermedad (infección, diabetes, estreñimiento grave…) o por un problema físico. La mayoría de las veces no hay nada de esto.

2º. Dar confianza al niño, tranquilizándole, quitándole cualquier sentimiento de culpa y en ningún caso castigarle o reprenderle por ese comportamiento ya que se trata de algo involuntario.

3º. Evitar que el niño o niña se beneficie de esa conducta: por ejemplo, que se le preste una especial atención por esa situación.

4º. Realizar ejercicios diurnos. Durante el día debemos enseñarle a realizar los siguientes ejercicios: ir al baño cuando tenga ganas de orinar; una vez allí, contener la orina todo lo que pueda. Cuando empiece a orinar, pedidle que se detenga y retenga las ganas unos segundos, repitiendo esta operación tantas veces como pueda.

5º. Si el niño se suele orinar en el primer tercio de la noche, puede ser recomendable dormir una pequeña siesta de 45 minutos como máximo, de manera que el sueño nocturno no sea tan profundo.

6º. En otros casos, suele ser efectivo despertarle (o que él mismo utilice un despertador) entre la segunda y tercera hora de sueño para ir al baño.

7º. Con pegatinas o dibujos se pueden señalar en un calendario las “noches secas”. Las noches que haga pis no se señalará nada.

Cuando en tres meses no se soluciona el problema puede recurrirse al uso de “alarmas especiales”. Son un dispositivo que se coloca en el pijama y que hace sonar una alarma en el momento en el que el niño empieza a mojar. Su eficacia suele ser del 70 % cuando se emplean correctamente.

Si bien y de acuerdo con la tradición un niño “gordito” era sinónimo de buena nutrición, en la actualidad este concepto ha cambiado radicalmente. Los avances y descubrimientos de la medicina prueban que en materia de comida, la cantidad no refleja precisamente su calidad.

La mala alimentación en los niños puede generar problemas de déficit de atención, ansiedad, frustración y falta de comunicación en los pequeños. Estos inconvenientes sin contar los daños que las altas cantidades de azúcares, aditivos y grasas contenidos en las denominadas comidas ‘basura’ pueden originar directamente en el sistema coronario de quienes los consumen en cantidades considerables.

De acuerdo con datos suministrados por la Organización Mundial de la Salud, OMS, productos como las hamburguesas, los cereales comerciales de marca y la mayoría de las golosinas representan una ingesta superior de alimento a la establecida como máxima para resultar saludable, lo que se ha reflejado en los últimos años en un incremento sustancial de la obesidad infantil, la diabetes, las caries dentales e incluso algunos cánceres.

Resulta de suma importancia para los padres de los pequeños, evitar la mala alimentación en los niños y orientar sus hábitos de consumo a dietas saludables basadas en alimentos de origen natural, que permitan un balance entre proteínas, vitaminas y lípidos en lugar de una dieta recargada de calorías. Esto sin olvidar la siempre necesaria actividad física día a día que mantenga el buen estado físico del cuerpo.

Por supuesto no se puede olvidar la labor de los padres en mantener los patrones saludables de nutrición en sus hijos: prácticas como obligar al niño a que coma más de lo que desea, así como premiar los comportamientos esperados con golosinas o por el contrario castigarlo con la supresión de la comida, pueden desencadenar a futuro problemas relacionados con la mala alimentación en los niños como la bulimia, la anorexia o la obesidad.

La mala alimentación: evitarla desde la primera infancia

La mala alimentación en los niños debe ser evitada desde los primeros años de vida de los pequeños, a través de prácticas que lo conduzcan a hábitos saludables. Acciones como no darle pecho al bebé hasta el punto que se llene llevan a que este aprenda a alimentarse en cantidades moderadas y a su debido momento y así evitar que cuando sea mayor vea a la comida como un medio de evasión de sus problemas.

También es recomendable mantener al bebé en constante revisión pediátrica para que obtenga el respectivo control médico y le sean formuladas dietas alimenticias adecuadas; algunos especialistas sostienen que a los dos años de edad el niño debería haber probado un poco de varios tipos de comida, pero respetando siempre la tabla de pesos y medidas determinada por el especialista.

Se debe restringir que se salten las comidas de rigor del día (desayuno, almuerzo y cena), las cuales deben ser ingeridas en horas determinadas; estas deben contener una composición variada y equilibrada de carnes, harinas, verduras y frutas; y por último recurrir al agua como respuesta a la sed, dado que es un líquido libre de calorías y otros elementos que podrían recargar la dieta alimenticia. Recuerde que mantener la salud de los pequeños es cuestión de costumbre.


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