Escuela de Padres

Todo lo que haces con él le enseña

Posted on: 26 enero, 2015

Tu bebé te observa, te analiza y aprende muchísimo de ti. Cada momento del día que le dedicas y cada ocasión en la que interactúas con él es un instante que el niño aprovecha para absorber multitud de experiencias y conocimientos que van a influir en su aprendizaje.

Desde el nacimiento, el bebé sano posee un enorme potencial sensorial preparado par adquirir conocimientos. Sus sentidos están listos para iniciar la exploración del mundo y enviar la información al cerebro para que éste la procese y aprenda. Pero además, cuenta con una increíble curiosidad. Todo ello le va a permitir captar datos del exterior para luego darles sentido y organizarlos.

El roce delicado de un beso, el olor de mamá, el pestañeo de tus ojos, tu voz, la tibieza de la leche…, todo le estimula y le predispone al aprendizaje. El sentido más desarrollado al nacer es el oído y de forma muy temprana el bebé es capaz de identificar las voces familiares, sobre todo la de la madre. Después, la observación adquirirá gran peso en el aprendizaje. Aprovecha cada ocasión para enseñarle.

1.- Buenos días, bebé

Aunque te haya dado mala noche, en su primer contacto con el día y contigo colócate en su campo de visión (entre 25 y 30 cm) y ofrécele una sonrisa. La sonrisa aporta confianza y seguridad, calma los nervios, se contagia con facilidad, recarga el ánimo de energía positiva y dicen los estudiosos que es un mecanismo de unión entre dos mentes.

Si les sonríes, tu bebé aprende que todo va bien, sabe que vas a atender sus necesidades y su angustia disminuye (las erogarías demuestran que el bebé ensaya la sonrisa ya en el interior del útero). Y además, es una buena costumbre que se mantiene y que imitará.

2.- Seguro en tus brazos

Cuando levantes al niño de la cuna, cógelo con seguridad, una mano en su culete y otra en su espalda y nuca. No lo eleves deprisa (tampoco al acostarlo), porque tendrá sensación de vértigo y dará un respingo.

Al principio no le pongas en vertical, mantenlo en tus brazos en horizontal y mécelo despacio, pero con firmeza. Él reconoce este movimiento de vaivén que evoca su estancia flotando en el líquido amniótico. Por eso se calma y disfruta tanto cuando lo haces. Más adelante, cuando su sentido del equilibrio esté perfeccionado, le encantará que le subas o le sientas en tus rodillas y le eches hacia atrás.

3.- Besos, mimos, palabras…

Bésale, mímale y acaríciale todo lo que puedas. Y háblale desde el primero momento. Con ello, además de mostrarle tu cariño, estás fortaleciendo su sistema defensivo y le estás ayudando a crecer física y mentalmente (los niños privados de afecto y atención crecen menos y enferman más). El niño necesita afecto y contacto físico con la madre. Recibir cariño le aporta seguridad, aumenta la confianza en ti y en sí mismo, estimula su autonomía, le motiva a la exploración, reduce el miedo al fracaso, estimula su inteligencia y favorece que su carácter sea más extrovertido.

Este afecto que recibe moldea su personalidad y en breve él actuará del mismo modo contigo (no te extrañe que entre sus muestras de cariño se quiera comer a su mamá). Todas sus emociones dependen de lo que recibe.

4.- Buenas perspectivas

Si es posible, pon un móvil musical en su cuna. Cuando tu hijo lo mira y escucha, no sólo está amenizando el rato. Además de estimular su vista (enfoque y campo visual), su oído y su sentido musical, y de incorporarlo a su rutina del sueño, el carrillón le ayuda a realizar importantes cálculos mentales, como la distancia (cuando eche las manos para cogerlo), el movimiento, la perspectiva y la localización de la procedencia del sonido.

Si no dispones de uno, pues utilizar sonajeros y cascabeles. Y hasta que él pueda girarse a su aire en la cuna, cambia cada semana la posición de ésta, para que el niño varíe su perspectiva y disfrute de nuevas vistas.

5.- De paseo por la casa

Para mejorar su campo visual y ampliar la percepción de su entorno, lleva a tu bebé siempre que puedas contigo por la casa (al principio en tus brazos, en su hamaca o en mochila y después gateando o andando).

Cada estancia que recorréis le aporta mucha información: pasan cosas, percibe olores, ruidos, voces y conversaciones, personas en movimiento, imágenes diferentes… Él permanecerá atento a todo, archivando datos y aprendiendo conceptos tan importantes como el día y la noche (luz-ruidos-movimiento / oscuridad-silencio-calma), su habitación y el “resto del mundo”, las rutinas y los miembros de la familia. Todos estos estímulos favorecen el desarrollo de su inteligencia. Después, cuando se inicie en el gateo, deja que explore libremente su entorno. Eso sí, revista puntos de posible riesgo en la casa y quita los objetos que puedan ser peligrosos para él.

6.- Juegos con pelotas y coches

Entre los 6 y los 9 meses el bebé pasa por una etapa de fuerte dependencia emocional de la madre y teme que si se separa de ella, ésta desaparezca. Para ayudarle en esta fase, consigue una pelota o un coche que ruede, forma con una tela un escondrijo en el suelo y haz que el juguete ruede y se esconda. Después descúbrele dónde está y muestra alegría por ello (repítelo varias veces e incorpóralo a vuestro juegos diarios, igual que el cucú-tras).

Este juego, además de ayudarle en el desarrollo de la vista, le hace entender que lo que deja de ver aún existe y no supone una pérdida permanente. Es algo que conviene que aprenda pronto y que valorarás si tienes que llevarle a la guardaría o dejarle en brazos de otra persona (a los 8 meses el niño experimenta la angustia de la separación o crisis de los extraños).

7.- ¿Quién es ése del espejo?

Durante sus primeros meses, el bebé aprende que sus deditos, cuando los chupa, son algo suyo, y los distingue de los objetos que se lleva a la boca. Sin embargo, su lazo con la madre es tan intenso que se considera parte de ella. Necesita tiempo y maduración para comprender que él es un individuo distinto de mamá. El gateo y los primeros pasos favorecen su autonomía y su sentido del yo, pero hasta entonces puedes ayudarle jugando con un espejo. A los 9-10 meses ya responde a su nombre, poneos juntos ante el espejo, señálale y di su nombre, para que tome conciencia de sí mismo, haz movimientos y que él los repita, acariciarle el pelo… Aunque sonría a la imagen aún no se reconoce en el reflejo, necesitará tiempo (a los 18 meses) para comprender que es él.

8.- Mamá lo hace todo… por sí sola

Para perfeccionar los conceptos de dirección (entrar, salir), distancia (lejos, cerca), tamaño, proporción, etc., se necesita un punto de referencia. Y ahora, ese punto eres tú. Él te observa y calcula estos datos respecto a ti. Pero además, mirándote aprende cómo ser autónomo: te vistes, comes, escribes… sola. La imagen ya le ha calado, ahora sólo tienes que permitirle ponerla en práctica.

Cuando muestre interés por ello, déjale que se lleve la cuchara a la boca (tiene que direccionarla, pero lo logrará); dale un vaso de aprendizaje y que beba, tener sed y satisfacer por sí mismo la necesidad aumentará su autoestima; dale un pañuelo o un gorro para que intente ponérselo (o quitárselo), si lo logra es que reconoce los límites de su cuerpo, está madurando el concepto del yo y ha desarrollado la coordinación óculo-manual.

9.- Sentados a la masa

Cuando empiece con las papillas y purés, pon a tu bebé en su trono y acércalo a la mesa de los adultos para que participe de la reunión en torno a ella. Así, además de mejorar su sociabilidad, le ayudas a fijar el núcleo familiar y a adquirir normas de conducta y le animas a probar alimentos nuevos y a establecer una relación de normalidad con la comida.

10.- Ver un cuento, ¡qué experiencia!

Nada como un libro de imágenes para abrir la mente, aumentar vocabulario, reconocer los objetos representados y disfrutar del regazo de mamá. Si además el libro tiene texturas y es apto para que el bebé lo manipule o lo saboree, recibirá sensaciones muy positivas y sentarás las bases de su gusto por la lectura.

Belinda Santamaría
Asesora: Elena Villa, psicóloga

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