Escuela de Padres

Aprender a comer

Posted on: 22 julio, 2015

A todos los padres nos preocupa la alimentación de nuestros hijos, pero no siempre conseguimos que coman como nos gustaría. Lo que para nosotros es el momento de comer, para ellos es una oportunidad más de controlarnos. A pesar de esta dificultad, enseñar a nuestros hijos a comer con orden es fundamental para su desarrollo.

María Grass

La hora de la comida, es en muchas casas una hora difícil, padres desesperados ante sus pequeños de 3, 4 ó 6 años y más mayores, negándose a ingerir lo que su progenitor le ha preparado para comer. La batalla se convierte en una lucha muchas veces porque dejamos que los niños nos controlen. A través de esa lucha y de nuestra preocupación, que perciben de forma instantánea como si llevaran un radar, ellos consiguen mucha atención de los padres y ahí empieza el problema.

Todos hemos visto situaciones en las que para que el niño coma la mamá le canta, el papá le hace el avioncito y la abuela se asoma con su colección de muecas y jueguitos con tal de que nuestro hijo abra la boca… y esto ocurre todos los días, varias veces al día, para desesperación de los padres. Llegados a este punto debemos ponernos manos a la obra para corregir un mal hábito que nuestro pequeño ha adquirido.

Pero empecemos por el principio, los niños empiezan a probar sabores nuevos, diferentes de la leche materna o maternizada, cuando tienen pocos meses, primero cereales, luego la fruta sobre los 6 meses y poco a poco siguiendo las instrucciones de su médico pediatra se van introduciendo verduras, carnes, pescados y huevos. Pues bien, es en este principio cuando debemos ir estableciendo una buena relación con la comida.

Se trata de un proceso educativo, un hábito más que tendrá que aprender, con el que además nuestro hijo sentará las bases de su forma de adquirir hábitos, ya que, junto al hábito de irse a dormir, es de los primeros que tienen que afrontar.

Conseguirlo dependerá de diferentes factores, a los niños tragones todo les va bien, cuando nuestro hijo es más inapetente tendremos que tener más paciencia y ayudarle a descubrir cosas que le puedan gustar, pero la mayoría de las veces cuando se establece un mal hábito con la hora de la comida los responsables somos los padres. Atentos en este punto, lo importante es la firmeza y la calma.

La premisa fundamental es que el momento de la comida debe ser un momento tranquilo y agradable, con tiempo para sentarnos junto a nuestro bebé y de forma calmada ir ofreciéndole poco a poco sabores nuevos. Hay que empezar de uno en uno y cuando pasados unos días se haya acostumbrado al primero y lo disfrute pasamos al siguiente. Esta es además una buena forma de controlar posibles alergias alimentarias.

Es posible que no le gusten todos los cambios, respeta al principio sus preferencias para que gane el hecho de que se siente a comer con ilusión y no temiendo un sabor desagradable, pero poco a poco debes ir incorporando todos los tipos de alimentos. Podemos prescindir de la pera si le provoca saquito y ofrecerle otro tipo de frutas en su papilla, pero nunca no darle fruta porque no le gusta… debemos ser pacientes, insistir con suavidad y de forma positiva y pasado un tiempo razonable retirar el plato aunque no haya terminado. En estos casos una cucharadita es un éxito. Eso sí, nunca ofrezcas una alternativa de otra cosa para comer, si lo haces estás perdido, hay niños que sobreviven a base de patatas fritas, pasta, arroz y poco más, pero que devoran chucherías, solo porque nunca tuvimos la paciencia suficiente y la firmeza clara de retirarles el plato cuando se niegan a comer y esperar a la siguiente comida.

Otro punto importante a la hora de que los niños aprendan a comer es que entre el año y medio y los dos años ya pueden integrarse perfectamente, con su trona, en la mesa de la familia. esta es una muy buena oportunidad para integrar a los más pequeños en actividades conjuntas ya que, a parte de los momentos de juego que les podamos dedicar, no hay muchas más ocasiones de hacerles partícipes de la vida en familia, llena de tareas, trabajos y obligaciones de los padres y los hermanos mayores.

También debemos ofrecer a nuestros hijos la oportunidad de comer solitos. Deja entonces que intente comer con las manos sin importarte que se manche, un babero de buen tamaño reduce el posible desastre y tu hijo estará aprendiendo. Primero, pequeños trocitos de pan, galletas, jamón cocido, gajos de mandarina partidos… no olvidemos en este punto que siempre hay que estar vigilantes cuando se le ofrece a un niño pequeño alimento sólido para que empiece a masticar por el riesgo de atragantamiento, nunca te alejes habiendo dejado un trozo de pan en su manita.

Poco a poco permítele jugar con cubiertos y vasos de plástico que no puedan lastimarle, con ayuda al principio, irá aprendiendo a llevarse la comida a la boca, empezando con comidas de cuchara y algo consistentes, tipo yogur o puré que les facilite la tarea, empezar con guisantes que ruedan por la mesa no es la mejor idea, salvo que vaya a utilizar las manos.

Nada hay más estimulante para un niño que la autonomía, “¡mira que mayor soy, como solito!” Lo anuncian todos los niños cuando por fin lo consiguen y no nos olvidemos que la autonomía es una de las bases de la autoestima para el día de mañana.

Como en cualquier otro aprendizaje de nuestros hijos vamos a ofrecerle lo nuevo desde una actitud positiva y no de obligación, invitándole a probar, alabando y recompensando sus logros o sus intentos con nuestro reconocimiento, e incluso con pequeños premios al final de la semana por ejemplo, siendo flexibles, permitiéndole escoger de vez en cuando, agradándole con sus platos favoritos en fechas señaladas y permitiéndole elegir uno o dos alimentos que realmente no soporte para eliminarlos del menú, le hará sentir que se le tiene en cuenta. Déjale participar en cuanto pueda en las tareas de poner y quitar la mesa y por supuesto también cuando es más mayorcito anímale a cocinar, todos los niños disfrutan de una comida en la que han participado, aprovecha fines de semana y vacaciones para cocinar juntos platos sencillos y descubre su potencial como chef.

Por último recuerda que no debes poner demasiada cantidad de comida en su plato, en esto sobre todo madres y abuelas siempre exageramos, es preferible que coma menos cantidad y se sienta orgulloso de haber terminado; no le castigues ni reprimas por no acabar el plato, limítate a retirarlo de la mesa y se firme para no ofrecerle nada más hasta la siguiente comida, por supuesto nada de golosinas ni botanas entre horas, esto arruina cualquier intento de enseñar a tu hijo a comer bien.

Y en cuanto a ti como padre o madre, si ya estás en la batalla diaria de la comida no te obsesiones, no les des pistas de lo mucho que te agobia que no coma, si es el caso, ni te sientas culpable si tu hijo come mal. Ningún niño que está creando un problema con la comida, después de unos días de aplicar con firmeza todo lo anterior, en los que habrá llantos y gritos demandado otra cosa para comer, pero en los que deberás mantener la calma y la tranquilidad a toda costa, se pone enfermo por falta de alimento, muy al contrario, lo que ocurre es que, poco a poco aprenden a comer.

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