Escuela de Padres

Archive for agosto 2015

  • No deje tareas laborales pendientes antes de salir a descansar, pues esto lo mantendrá en tensión a lo largo de sus vacaciones, y llegado el momento de regresar, estará sobreestimado emocional y mentalmente. Incluso, es posible que se muestre molesto, incómodo e irascible con lo niños y la pareja, incomodando a toda la familia.
  • No deje que pensar en volver a la cotidianidad le cambie la actitud apacible de las vacaciones. Detenga esos pensamientos negativos, pues condicionan el regreso al trabajar y lo hacen pesado.
  • Vaya retomando en familia las actividades normales. Ayuda realizar una distribución del tiempo de trabajo y de descanso en casa.
  • Si existe malestar a nivel individual o familiar por el fin de las vacaciones, es preciso reconocerlo y generar el espacio para hablarlo. Identifique temores y expectativas respecto al retorno a las actividades laborales y escolares.
  • Si los horarios de sueño se han afectado en vacaciones, empieza a normalizarlos, no solo los de los niños sino los de los adultos también, así como las horas de las comidas.
  • Es muy importante que los padres descansen realmente en vacaciones y que no sigan con las mismas tareas de la casa, pues eso repercute también en los niños, ya que ellos observan sus actitudes y no se disfrutan mutuamente. Hay que lograr la armonía emocional, planificarse, y disfrutar del descanso para tener en el trabajo una actitud mental positiva.
  • Procure retomar sus buenos hábitos de alimentación, y si no los tiene, adquiéralos. El desayuno, por ejemplo, es primordial, pues si no hay una buena nutrición desde la mañana, decae sustancialmente el rendimiento físico e intelectual de personas.

Regresar a las labores, cotidianas, el colegio trastorna a la familia. Pautas claras y empeño son la clave.

Para muchos retomar la rutina y las actividades cotidianas tras las vacaciones suele no ser algo fácil, pues es una época en la que cambia mucho de lo que se hace día a día. Se dejan de lado una serie de obligaciones, e incluso los horarios y quehaceres se modifican, dando un vuelto en el estado de ánimo y en el ritmo biológico.

En algunas personas, todo esto puede causar una mayor dificultad para volver a adaptarse a su rutina diaria, denominándolo síndrome postvacacional y, para otros, estrés postvacacional.

Según Javier Tomás Morales, psicólogo mexicano, terapeuta y docente del área cognitiva conducta, en la Universas Manuela Beltrán, lo primero que hay que definir es: ¿qué es un síndrome? «Es un conjunto de síntomas y signos. Por ejemplo, si a alguien le duele la cabeza es un síntoma, que no se puede ver ni medir, pero si a esa persona está pálida o sudorosa, esos son signos de que hay malestar», y esto sí es verificable. «Entonces, tras un período de vacaciones y regreso al trabajo, cuidar de los hijos, estudiar, y tal vez hacer alguna actividad regular, con todo lo que implica, es posible que algunos experimenten un fuero interno, y lo expresen en sus cuerpos con aletargamiento, cansancio, dolor muscular, falta o exceso de apetito, signos de un síndrome».

Aleida Fajardo, psicóloga en salud mental, pública y social, de la Clínica Uniminuto, prefere hablar de «un incremento en los niveles de estrés al volver a laborar o estudiar, como consecuencia de un proceso de readaptación, al ambiente cotidiano, pero que no constituye ningún tipo de patología. Son más características de un estrés postvacacional que puede expresarse en mayores niveles de activación general, y en algunos, presentar malestar físico y psicológico, y dificulta para volver a la cotidianidad».

¿Por qué sucede?

Carlota Lucena, psicóloga y terapeuta de familia comenta que, al parecer, por las múltiples tareas que desarrollan las mujeres, son ellas las que pueden caer más fácilmente en un estrés postvacacional, pues son profesionales, atienden a los hijos, el hogar, y es posible que cumplan otras labores.

En su concepto, el psicológo Morales dice qu ellas situaciones a las que la sociedad de hoy se expone son muy exigentes, más en entornos tan agitados como los de las ciudades, por ello, «para encarar el día a día necesitamos un nivel de activación, representado en un cúmulo de cargas emocionales: coger el bus, conducir, ir en moto, soportar al jefe, atender público, todo lo que pasa a diario».

El doctor explica que el pensamiento influye en el comportamiento, ya que este se conecta a una emoción, y esta lleva a una respuesta fisiológica y a una conducta. «Por ejemplo, cuando pienso en el problema que tuve con mi jefe, o en casa con la esposa, no lo puedo hacer sin generar algún tipo de emoción: rabia, tristeza, impotencia, miedo… De esas emociones dependerá la reacción que activará al organismo, manifestándose con tensión muscular o frecuencia cardiaca elevada».

Fajardo dice que en las vacaciones se realizan actividades agradables y motivante. También se percibe una mayor libertad en el manejo del tiempo, proporcionando bienestar en relación con los ritmos de trabajo y estudio habituales, una condición propia del período vacacional, que no debe afectar en definitiva el regreso a la cotidianidad.

Astrid López Arias

Una tendencia que toma más auge por los beneficios que tiene tanto para la madre como para el bebé.

¿Se imaginaría usted con contracciones, lista para dar a luz a su bebé, teniendo de fondo la música que más le gusta y no precisamente en su casa sino en una clínica? Pues bien, con el objetivo de brindar una experiencia memorable y más placentera durante el trabajo del parto a la mujer, el Hospital Meissen, de Bogotá, puso en marcha esta iniciativa que pretende favorecer a mujeres de escasos recursos.

Según Leonardo Morales, médico, psiquiatra y musicoterapeuta, director del Hospital Meissen, «hasta diciembre pasado se había trabajado con ocho mujeres, mientras se ponían en práctica todos los protocolos de seguridad para su aprobación: asepsia, manejo del dolor y de la respiración. Buscamos humanizar más el parto, donde la mujer se sienta acompañada, viva una experiencia con mayor significado para ella, dentro de su ambiente, a las cosas que más importan y significan en la vida y con mayores posibilidades de satisfacción».

Además, porque en esta entidad se trabaja con mamás de alto riesgo, es decir, con posibles complicaciones en el parto: el 17 de ciento de ellas son adolescentes, y el resto son las mismas adolescentes años después. Aunque se requieren otros programas sociales para afrontar esta situación, se puede decir que este es un bálsamo en medio de las dificultades y un aporte para mejorar la calidad de vida de la madre y la de su bebe.

Se pretende vincular a la mayoría de las gestantes que deseen tener a sus bebés en este hospital, se animen a asistir a las consultas, cuenten con la posibilidad de desplazarse y conozcan las bondades de la música a la hora de dar a luz, siendo esta una experiencia recurrente en países de primer mundo y que por estos días coge fuerza en Colombia.

Para acceder al programa (que aún no tiene nombre) las mamás deben asistir a algunas clases musicales durante el embarazo. Inicialmente, se les indaga por su historia musical: el ritmo que más le agrada, su cantante favorito, qué le gustaba bailar y qué ruidos le molestan.

Luego, el experto en musicoterapia, y quien dirige las sesiones de las restantes, realiza ejercicios con melodías suaves y tranquilas, también con canciones tradicionales de cuna y otros ritmos, como música clásica y boleros. En medio de la clase se tocan diferentes instrumentos musicales, siendo la viola uno de los predilectos.

Para el momento del parto, la mujer decide la o las melodías que desearía escuchar. Para este año se pretende capacitar a profesionales de la salud de empresas públicas y privadas en este tema.

Melodías para nacer

Liliana Medina, máster en musicoterapia y violista de la Orquesta Sinfónica de Colombia, asegura que desde hace aproximadamente 30 años iniciaron las investigaciones de musicoterapia en el parto, pero «en el país es algo nuevo»,

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Lo que se ha demostrado es que en la mujer disminuye la ansiedad, tiene mejor manejo del dolor, la relaja y mejora la experiencia del nacimiento y del parto. Ayuda a localizar la respiración y a tener una mejor conciencia del cuerpo. Fortalece el vínculo entre madre e hijo.

A su vez, activa el cerebro de manera diferente, porque facilita el aprendizaje y estimula ambos hemisferios del cerebro, logrando que las zonas que se relacionan con el dolor lo hagan pero no de una manera dolorosa. Por ende, reduce el uso de medicamentos y le permite vivir su parto de manera placentera.

En las primeras etapas del parto la madre entra en éxtasis total. Se ha demostrado que a través de la voz de la madre se puede relajar y dilatar el canal del parto.

Según el doctor Rodrigo Riaño, psiquiatra del Politécnico Grancolombiano, la música «beneficia la producción de endocrinas y aporta serenidad a la mujer. Favorece que ella mantenga un ritmo pausado en su trabajo de expulsión del bebé. La música genera emociones positivas a la madre y le ayuda a recuperar la energía entre una contracción y otra, aparte de que también evita la depresión posparto».

Es clave aclara que en la fase de expulsión no interviene la música, ya que hay que ser respetuoso con la madre y el bebé que nace.

El origen

El ginecólogo francés, Fréderick Leboyer, en la década de los años cincuenta, habló sobre el canto carnecita, introducido y transmitido a la sociedad occidental, que indicaba que mientras las madres cantan ellas consiguen centrarse en sí mismas y en el momento en que están viviendo. El canto les ayuda a sentir la intensidad del trabajo de parto, fortalecer la pelvis y disminuir el dolor.

Tatiana Quinchanegua

Aunque hasta el momento no existe una contraindicación médica con respecto a los efectos negativos para la mamá y el bebé, el riesgo de caídas es un factor determinante.

Es recurrente ver a las divas de Hollywood embarazadas con exagerados tacones durante las pasarelas de los estrenos de películas o entregas de premios, lo mismo famosas modelos nacionales e internacionales, lo que lleva a preguntarse si usar estos zapatos podría acarrear problemas en la gestación. Pues bien, según el doctor Carlos Zorro, ginecólogo y subespecialista en reproducción humana, son pocos los estudios que evidencian efectos negativos en el desarrollo del feto o de la gestante por el uso de los tacones, pero el ideal es evitar portarlos de manera rutinaria porque se incrementan las posibilidades de caídas que pueden ser riesgosas para el desarrollo del bebé a partir del cuarto mes, debido a que el peso en la madre es mayor.

Lo mismo opina el doctor José Luis Duplat Lapides, jefe del laboratorio de marcha del Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt: «Durante el embarazo, concretamente, el aumento de peso y los cambios en el volumen y la distribución del peso corporal hacen más riesgoso el uso de zapatos de tacón alto,  particularmente por el aumento de la posibilidad de sufrir una caída». Por otro lado, la inflamación que se produce en los pies aumenta el dolor y la intolerancia a los zapatos estrechos, característica común a la mayoría de zapatos de tacón.

Según el doctor Duplant, «desde el punto de vista ortopédico, el uso de tacones no es recomendable en ninguna circunstancia». Usar frecuentemente zapatos con tacón alto casa dolor de los pies en muchas mujeres. Además, puede deformar los dedos; particularmente el hallux (dedo gordo del pie) y desarrollar un juanete. A su vez, caminar con el tobillo empinado produce acortamiento de estructuras posteriores del tobillo, principalmente del tendón de Aquiles, lo que hace que una mujer que los usa regularmente al caminar con zapatos bajitos o descalza, le duela.

En estudios hechos en laboratorios para el análisis de la marcha, se comprueba que caminar con tacones hace más cortos los pasos y aumenta el consumo de energía. Se ha documentado que estos zapatos producen cargas anormales en tobillos y rodillas, lo que podría favorecer un eventual daño de estas articulaciones con el paso del tiempo. Los zapatos de tacón alto son inestables y tienen una superficie de apoyo reducida, lo que aumenta el riesgo de sufrir esguinces o torceduras del tobillo y caídas.

Recomendaciones del calzado

En realidad, las mismas que en cualquier otra circunstancia: los zapatos recomendados tienen el tacón bajo y son lo suficientemente anchos en la punta como para no exigir que el pie se deforme. Un zapato adecuado es cómodo desde la primera postura. No está bien que deban «amansarse» con el uso.

Para Duplat, «los zapatos de tacón alto no deberían usarse. Sin embargo, la presión social hace que ese precepto no se pueda cumplir, al menos en los países occidentales, por lo que la recomendación es usar los más bajos posibles».

Tatiana Quinchanegua

Muchos padres se encuentran en esta situación y no hay razón para preocuparse. Con el tiempo, y vuestro ejemplo, los niños descubrirán cómo pueden reaccionar cuando están enfadados.

Los niños pequeños, sobre todo entre el año y los tres años de edad, a veces muerden. Algo más los niños que las niñas. En un estudio clásico realizado hace 30 años en una guardería norteamericana, lo niños de 16 a 30 meses mordían como media una vez al mes. Los incidentes era más frecuente en el mes de septiembre, y los niños nuevos recibían más mordiscos.

Es normal. No son niños «malos» ni «agresivos», no tienen un problema psicológico o de conducta, no están malcriados, no es «culpa» de ellos ni de los padres, ni de la tele. Pueden morder porque están enfadados, nerviosos o cansados; porque no saben qué necesitan; pueden morder por pura rabia o por pura curiosidad. Muerden, básicamente, porque aún son pequeños y no saben que eso no se hace. Ya lo aprenderán.

Los más pequeños, decía, a veces muerden, simplemente por curiosidad. No es una agresión, no está peleándose, ni siquiera está enfadado, simplemente muerde a otro niño (o a un adulto) para ver qué pasa. ¿Acaso no muerde los juguetes y los peluches, el periódico y el mando de la tele, su propio dedo y el de su abuelo, incluso el pezón de su madre? Los bebés tienen una gran sensibilidad en la boca, exploran y tocan más las cosas con la boca que con la mano.

Una conducta normal

Como estos mordiscos exploratorios surgen sin motivo aparente ni provocación alguna entre dos niños que parecían estar muy felices juntos, algunos adultos pueden pensar erróneamente que es una muestra de especial crueldad: «Que niño más malo, lo ha mordido porque sí. El otro no le había hecho nada». No, no es maldad. Es una conducta totalmente normal en niños muy pequeños.

En ocasiones, el que muerde es el primer sorprendido al ver el efecto: «Mi osito no se queja cuando lo muerdo, ¿por qué mi amiguito se pone a llorar?» Puede ocurrir que el «agresor» rompa a llorar más fuerte que la «víctima».

¿Para aliviar el dolor?

Según una teoría, a veces también muerden para aliviar el dolor que les provoca la salida de los dientes. Nunca he creído en esa teoría. Primero, porque si alguna vez me duele un diente, precisamente procuro no morder nada. Segundo, porque, aunque no me acuerdo de cuando me salieron los primeros dientes a los seis meses, sí que me acuerdo de los que me salieron entre los seis y los 15 años; 32 dientes y no me dolieron, excepto un poco las muelas del juicio. Pero, bueno, como los bebés no nos pueden decir si les duele o no les duele el dichoso diente, supongo que mucha gente seguirá creyendo que sí.

Posibles causas

El mordisco también puede ser una forma de comunicación. Los niños mayores y los adultos tienen en el lenguaje una poderosa herramienta para decir  a los demás lo que necesitan o lo que los molesta, para marcar límites y transmitir órdenes. Pero, a los dos años, frases como «¡Cuidado, que me pisas!», «Perdona, esa pelota es mía» o «¿Me dejas el lápiz rojo, por favor?» pueden resultar difíciles de pronunciar. Ante una situación comprometida, no te vienen las palabras adecuadas. un buen mordisco o un golpe certero, y nos entendemos todos.

Como medio para llamar la atención, el mordisco es muy efectivo. Unas madres que hablan de sus cosas tranquilamente en el parque, una maestra de guardería agobiada con 10 ó 12 niños de año y medio…, y basta un mordisco para que todo el mundo deje lo que está haciendo y venga hace ti. No es una situación óptima, pues muchas veces vienen hacia ti enfadados, riñendo y gritando, y por supuesto cualquier niño preferiría que vinieran a contarle cuentos, a abrazarlo o a jugar con él, y no a reñirlo. Pero al menos vienen. La necesidad de atención de los niños pequeños es tan grande, y sus habilidades sociales todavía tan pobres, que si no logran atención «buena» prefieren conseguirla aunque sea «mala». «Que venga mamá, aunque sea a reñirme».

Por desgracia, está muy extendida la idea de que el niño llama la atención porque «no le pasa nada», porque es «manipulador». Se oye muchas veces: «No le hagas caso, solo lo hace para llamar la atención». Grave error. Si pide comida es porque necesita comida, si pide brazos es porque necesita brazos, y si pide atención es porque necesita atención. Acaso diríamos: «No le hagas caso, solo llora de hambre». Por supuesto, nos gustaría poder evitar el llanto, la rabieta o el mordisco. Sería ideal darle de comer antes de que llore de hambre y prestarle atención antes de que tenga que recurrir a morder,  pero no siempre lo conseguiremos. Algunos saldrán con aquello de: «Es que si le prestas atención cuando muerte estás reforzando su conducta, y morderá más». Una frase tan absurda como: «Es que si le das de comer cuando llora de hambre estás reforzando su conducta, y llorará más».

Por último, el niño puede morder para agredir físicamente a alguien. Con el tiempo abandonará este método de lucha, demasiado tosco y primitivo; un niño de cinco o 10 años puede pelearse, y es probable que lo haga alguna vez, aunque usará empujones, golpes o patadas, y no mordiscos.

Algunos padres piensan que los niños son «angelitos» por naturaleza, y que cualquier actitud violenta tiene que ser debida a un «trauma» o a un fallo en la educación, pero no es así. Nuestra naturaleza, como seres humanos, es bastante violenta. Es la civilización y la educación lo que nos permite superar esas tendencias. Con nuestro apoyo y nuestro ejemplo, nuestro hijo lo logrará, como antes lo hicimos nosotros, si bien tardará unos años.

Algunas estrategias

Hay niños pequeños que muerden con gran frecuencia y deleite, sin motivo aparente, como si simplemente tuvieran muchas ganas de morder. Algunos padres han encontrado útil darles un juguete, incluso colgárselo del cuello y explicarles claramente: «Cuando tengas ganas de morder, no muerdas a un niño, porque le haces daño; puedes morder esto».

Según van creciendo, podemos enseñarle estrategias de comunicación más aceptables como un simple «Mío» o «Dame» al año y medio, y luego frases más elaboradas: «Devuélveme la muñeca, por favor» o «No me empujes».

Algunas veces se da un curioso consejo a los padres: «Si muerde, házselo tú a él, y así verá que eso duele». No, así lo que va a ver es que morder es normal, que es una forma aceptable de tratar a alguien que te ha molestado.

Un niño de dos años al que lo empujan o le quitan la pelota no sabe cuál es la manera correcta y civilizada de reaccionar. La irá aprendiendo con los años. Se la enseñaremos nosotros, con nuestro ejemplo. Cuando su hijo pega, muerde o insulta a otro niño, véalo como una excelente oportunidad para educar. «Lo que yo le haga a mi hijo es lo que luego él le hará a otros niños». ¿Qué quiere que haga su hijo? ¿Va a enseñarle a resolver sus problemas con mordiscos, con gritos, con castigos, con bofetadas, con largos sermones culpabilizasteis y con chantaje emocional? O por el contrario, ¿va a enseñarle a razonar, a pedir las cosas con educación y a defender sus ideas con firmeza, pero con respeto?

Dr. Carlos González

Y oírte  y olerte, porque los recién nacidos llegan con estos sentidos muy desarrollados para lograr captar toda la atención y así garantizar su supervivencia.

Unos seductores natos, así son los recién nacidos humanos, que llegan a este mundo ávidos de interacción, como bien corresponde a la especie más sociable de la naturaleza, y equipados de serie para seducir y recibir atención. Con una cabeza y unos ojos grandes, en proporción al cuerpo y la cara respectivamente, y las mejillas bien redondas, es muy fácil sentir ternura nada más verlos, y no solo le ocurrirá a sus padres, sino a cualquier persona que comparta tiempo y establezca un contacto estrecho con ellos.

Adaptándonos al bebé

Es curioso comprobar los efectos que produce en la conducta de los adultos el hecho de tener un recién nacido o un bebé de pocos días cerca. Muchas personas, y especialmente las madres, desarrollan una peculiar manera de interactuar con él cuando lo tienen entre sus brazos: le hablan de una forma especial, gesticulan, cambian el ritmo de sus accione, y hasta mueven el cuello y el cuerpo de una forma que consideraríamos exagerada o extraña en otra situación. Es lo que Daniel Stern, uno de los pioneros de la psiquiatría perinatal, calificó como «conducta social provocada por el lactante». Este comportamiento incluye: gestos como, por ejemplo, acentuar al máximo las expresiones faciales; pequeñas preguntas, como si el bebé fuera a responder; soltar largas parrafadas con una voz aguda o fruncir el ceño par ir terminando la interacción. Además, lo habitual es mantener ininterrumpidamente el contacto visual y acercar bastante el rostro al bebé, algo que no solemos hacer con los adultos. Parece ser que esta conducta es bastante universal, porque no solo la tienen las madres y los padres, sino que también es fácil verla en los abuelos o en los niños y las niñas ya mayorcitos (a partir de los cinco o seis años, aproximadamente).

Este lenguaje especialmente diseñado para captar y mantener la atención de los más pequeños, y que les facilita la comprensión del lenguaje y la interacción con otras personas, es lo que se conoce como motherese o baby talk.

Vista, oído y olfato

Por su parte, los bebés llegan preparados para interactuar socialmente ya desde su nacimiento. Son perfectamente capaces de ver y enfocar a una distancia de unos 20 centímetros, la que va del pecho a la cara de la madre, es decir, pueden ver el rostro materno mientras maman con absoluta nitidez. Asimismo, está comprobado que a esta distancia sienten predilección por las caras humanas frente a cualquier otro estímulo visual. Les encantan los ojos, las bocas y las caras. En definitiva, los recién nacidos están preparados para mirar a los ojos de su madre desde el primer instante que pasan fuera del útero, ya sea mientras toman el pecho o cuando son sostenidos en brazos.

La vista madura rápidamente durante los tres primeros meses de vida. Con seis semanas, y pueden dirigir la mirada a los ojos de la madre, y con tres meses ya ven casi como las personas adultas.

El oído es otro de los sentidos que tienen más desarrollado al nacer. Oyen perfectamente, y prefieren las voces humanas a cualquier otro tipo de sonido; es más, se decantan antes por las voces femeninas que por las masculinas. Relacionado con este sentido, también cabe destacar que los bebés cuentan con la capacidad de sincronizar sus movimientos con el ritmo de la voz de la madre.

Igual de importante que la vista y el oído es el olfato, puesto que ya desde el nacimiento se observa que muestran una clara prioridad por los olores dulzones, así como por el de la propia leche materna, y con tan solo unos pocos días de vida, distinguen entre diferentes colores cómo huele su madre. En concreto, la reconocen a través del olor de su sudor y el de la leche que producen sus pechos.

El inicio de la empatía

La capacidad de imitación es probablemente una de las más sorprendentes habilidades de los recién nacidos. Con horas o días de vida pueden imitarnos cuando abrimos la boca, sacamos la lengua, o incluso cuando movemos los dedos. Es muy sencillo comprobarlo. Si a un bebé de pocos días que esté despierto lo sostenemos frente a nosotros mientras abrimos la boca lentamente, veremos cómo él repite la acción en pocos segundos, y lo mismo si sacamos la lengua. Esto que antes se consideraba anecdótico ahora se sabe que es clave para el inicio de la interacción social y está mediado por la activación de las llamadas neuronas espejo del cerebro. Estas neuronas, descubiertas inicialmente en los monos, se activan del mismo modo cuando hacemos un gesto que cuando vemos a otra persona hacerlo, y parece que cumplen funciones básicas en el desarrollo de la empatía.

Actualmente, se investiga si el hecho de no tener la capacidad de imitar al nacer puede ser un marcador temprano de riesgo de algunos trastornos del espectro del autismo, porque se ha comprobado que los macacos que al nacer no pueden hacerlo luego tienen ciertas conductas sociales comparables a las de las personas con autismo.

Seres emocionales

Charles Darwin, biólogo británico que sentó las bases de la teoría de la evolución de las especies, ya describió la enorme capacidad de los recién nacidos para expresar fácilmente todo tipo de emociones: desde el placer hasta el enfado, el miedo, la alegría o la pena. Pero además de esta capacidad facialmente todo tipo de emociones: desde el placer hasta el enfado, el mido, la alegría o la pena. Pero además de esta capacidad tan significativa que tienen para exteriorizar cómo se sienten, también pueden percibir las emociones con notable precisión y reaccionan inmediatamente a las que sienten en su entorno más cercano.

Durante las primeras dos semanas de vida, los bebés sonríen mientras duermen: es la denominada sonrisa endógena. Si además observamos que mueven rápidamente los ojos, tanto si están cerrados como semiabiertos, es que están en la fase REM del sueño, que es la que se asocia con la producción de los sueños. A partir de las seis o siete semanas de vida, la sonrisa cambia y se produce en respuesta a estímulos de interacción.

Lenguaje no verbal

Por supuesto, a nivel sensorial, los bebés perciben el dolor y el placer, sienten y padecen, algo que se negó durante mucho tiempo, hasta tal punto que se llegaba a intervenir quirúrgicamente a los bebés sin anestesia, y de eso no hace tanto tiempo, hablamos de mediados de los años 80.

Por otro lado, hasta casi los tres primeros años de vida domina el hemisferio derecho del cerebro, y solo después de la adquisición del lenguaje, el izquierdo pasa a tomar las riendas. ¿Qué significado tiene este dato? Muy sencillo, los bebés están especialmente dotados para percibir el lenguaje no verbal y las emociones, y necesitan sentirlas e integrarlas con la ayuda de sus figuras de apego para regularlas antes de empezar a hablar.

En el pediatra

Es importante tener en cuenta estas capacidades, sobre todo a la hora de atender su salud, ya sea en la consulta del pediatra o si están hospitalizados. Si hay que explorarlos, o hacerles algún procedimiento o intervención, es muy importante que la madre o el padre se lo expliquen con sus palabras. Por ejemplo, si el pediatra se acerca con calma al bebé de pocos días para hacerle un reconocimiento, le habla, le pide a la madre o al padre que lo ayuden a desvestirlo…, es altamente probable que este se deje explorar tranquilamente y hasta parezca disfrutar de la situación. Por el contrario, si el pediatra se acerca nervioso, no le habla, lo explora en silencio o bruscamente y recordando el enfado que tiene con su jefe…, es bastante posible que el bebé llore y llore, y siga llorando incluso después de que el médico se haya ido.

En las hospitalizaciones, además de favorecer el contacto piel con piel de los cuidados canguro y que los bebés estén siempre acompañados por los padres, también puede ayudarlos a relajarse el hecho de que la madre les deje una prenda de algodón que haya llevado puesta y guarde su olor, cuando los padres deban ausentarse.

Dra. Ibone Olza

Algunas veces es difícil detectarlo, sobre todo en los bebés que no hablan. Pero si al tocarles la oreja llorar y vuelven la cabeza, todo apunta a que esta es la causa de su malestar.

Todos hemos experimentado dolor alguna vez en nuestra vida, y sabemos la inquietud que causa y la incapacidad que tenemos en esas circunstancias para actuar con normalidad. Porque en el dolor hay dos aspectos que se vehiculizan a través del sistema nervioso: la lesión en los tejidos, que produce una experiencia sensorial, y la experiencia emocional, que es subjetiva.

Si el oído es el afectado, provoca uno de los dolores más difíciles de soportar. Los padres hemos pasado por ello, y cuando sospechamos que nuestro hijo puede tenerlo, la angustia y la pesadumbre se potencian porque, en muchas ocasiones, no sabemos cómo calmarlo.

La otalgia (dolor de oídos) es una causa de consulta frecuente. Conocer algunos aspectos del dolor nos permitirá entender el proceso y poder aplicar medidas para que los niños puedan sobrellevarlo de la mejor manera posible.

Dependiendo de la edad que tengan, nuestros hijos nos ayudarán a manejar la situación, o al menos, a detectarla. Cuando son mayores y saben diferenciar dónde les molesta, ponen su mano en la oreja y nos dicen: «Me duele», o si son más pequeños, «Pupa» o la palabra que usen habitualmente para designar el dolor.

Si son lactantes o aún no hablan, expresan el dolor llorando intensamente o mostrándose muy inquietos, sin apenas momentos de relajación. Parece que nada los pueda tranquilizar. Localizar bien el dolor es importante. De hecho, es un saber popular que se ha perdido: las abuelas de antes sabían que, al apretar una parte concreta de la oreja, el dolor se agudizaba. Esta maniobra de realizar presiones alrededor del oído es lo que los médicos llamamos «signo del trago». El trago es el cartílago con forma de media luna que tenemos en la parte externa de la oreja, el cual se extiende hacia el conducto auditivo externo, que llega hasta el tímpano. Es esta conexión la que hace que se tengan una mayor sensación de dolor, y por eso, al presionar esta zona de la oreja, haciendo que se mueva el cartílago, si duele, significa que hay alguna parte interna que está inflamada.

Medidas inmediatas

Seguramente, las madres cuyos hijos padecen dolor de oído con frecuencia ya tienen claro qué hacer. Como cualquier dolor sin lesión o causa importante, lo primero que debemos hacer es intentar aliviarlo.

Los analgésicos orales más utilizados en estos casos son el paracetamol y el ibuprofeno. El primero se da a los bebés pequeños y el ibuprofeno se deja para cuando ya son más mayores. En cuanto a las dosis, se administrarán las que recomienda habitualmente el pediatra.

Los tratamientos locales en forma de gotas los receta el médico después de analizar la situación. En algunas ocasiones, los especialistas en otorrinolaringología y los pediatras recomendamos gotas externas, una vez ya hemos constatado que el tímpano está intacto, y en el caso de que esté perforado, valorando el riesgo-beneficio del tratamiento. En ningún caso, se administran las gotas sin prescripción médica, ya que corremos el riesgo de arrastras hacia el interior del oído las sustancias y la suciedad que estén en la salida del conducto auditivo, propiciando una infección en esta parte y una otitis externa. Cuando el tímpano está perforado, aumentan las posibilidades de que el cerumen y los contaminantes lleguen al oído medio. Antes de que existieran los medicamentos analgésicos para tratar el dolor, se recurría de forma sistemática a otras técnicas como aplicar calor en la zona afectada (con una toalla, por ejemplo). Durante años también se ha optado por colocar un poco de algodón en la entrada del oído y se han utilizado gorros para mantener la zona afectada caliente. Incluso en determinados grupos culturales se creían en el poder curativo de la leche materna, y era habitual que se la pusieran a los lactantes que sentían dolor, como si de las gotas actuales se tratara. Cualquiera de estas medidas es muy posible que tengan algún efecto positivo en los niños, pero hasta el momento no ha sido estudiado, de manera que no se pueden recomendar de forma rutinaria.

Identificar la causa

Una vez calmado el dolor, hay que ver cuál es su origen. Aun así, si el niño se ha tranquilizado y no demuestra sentir más molestias, no es necesario acudir a un servicio de urgencias. Si vuelve a mamar con normalidad, no tiene fiebre ni otros síntomas, desplazarse a un centro sanitario a las tres de la madrugada, con frío y dispuestos a esperar, no tiene mucho sentido. El diagnóstico se puede completar con una horas de demora, sin ningún problema. No obstante, identificar la causa del dolor y aplica el tratamiento adecuado -en el caso de encontrar una razón que lo precisara- es imprescindible. En muchas ocasiones, no existirá patología alguna, pero hay que confirmarlo para evitar que el niño corra riesgos innecesarios. El dolor de oídos es un síntoma y debemos abordarlo como lo que realmente es, una señal del cuerpo que nos indica que algo está ocurriendo, aunque no tiene por qué ser nada importante.

Demasiado cerumen o mucosidad

Una de las causas más recurrentes de este tipo de dolor tan molesto suele ser una obstrucción del oído, ya sea provocada por un exceso de cerumen o de mucosidad. La molestia que origina, sin ser aguda, puede llegar a ser fuerte e importante. Por lo general, después de tener la sensación de que el oído está taponado, se empieza a notar una disminución de la capacidad auditiva, así como una molestia que no cesa. Como ya he comentado, existen dos tipos de obstrucción, cuyo origen, aunque manifiesten síntomas parecidos, es totalmente diferente.

  • Obstrucción externa. Se debe a un tapón de cera que el oído produce de forma fisiológica e implica un malestar periódico, ya que se repite a menudo. Limpiar la zona con bastoncillos empeora la situación, porque se puede empujar el cerumen hacia el interior del oído, y según como se haga esta maniobra se puede lesionar la piel y provocar una otitis externa. En ocasiones, esta cera de color rojizo se elimina de forma natural, coincidiendo con aumentos de temperatura del organismo. La molestia desaparece y se recupera la buena audición.
  • Obstrucción interna. Los resfriados frecuentes y la mucosidad pueden producir una obstrucción de la trompa de Eustaquio, que es un canal pequeño que une el oído medio con la parte trasera de la nariz. En esta casos también aparece un malestar que puede convertirse en un dolor intenso si persiste mucho tiempo. Al no poder entrar aire en el oído medio, se produce una sensación de taponamiento parecida a la que sentimos cuando despega o aterriza un avión, o vamos en coche por un puerto de montaña. Si el taponamiento persiste y no entra aire en el oído medio, el tímpano se retrae, llegando incluso a inflamarse y a provocar un dolor intenso. También en este caso se produce una disminución de la audición. Con lavados de nariz o mediante acciones que ayudan a abrir la trompa de Eustaquio -como masticar o mamar-, el aire entra en el oído medio, desaparece la sintomatología y se mejora la audición.

Sea cual sea el origen, recordemos que el dolor de oído puede afectar al descanso de nuestro hijo, a su alimentación y a su actividad diaria. Reducirlo o eliminarlo siempre es la prioridad.

Dr. Luis Ruiz

Una de las primeras lecciones a las que tienen que enfrentarse los niños es la que supone no conseguir siempre lo que desean. Posponer ese aprendizaje, lejos de allanar el camino de su felicidad, dificulta su capacidad para encarar los problemas y superarlos con éxito.

En nuestra sociedad de la abundancia, son muchas las casas en las que a lo niños no les falta de nada. Se les da todo lo que piden -juguetes, ropa, viajes, etc- y, a veces, por encima de las posibilidades de la propia familia. Es tal el poder con el que cuentan que, en numerosos hogares, son ellos los que deciden qué se ve en la tele y qué se come en la mesa. Los niños que crecen entre algodones, además de convertirse en adolescentes caprichosos y consentidos, tienen dificultades para gestionar la frustración y superar los obstáculos.

No saber enfrentarse a la frustración a medio y largo plazo genera infelicidad. El niño que, de pequeño, exigía un juguete; de mayor, reclamará un avión. Lo peor de todo es que no entenderá qué es lo que ha hecho o sucedido para no tenerlo. Cuando no consiguen lo que quieren, la mayoría de adolescentes creen que se debe a la mala suerte o a que los astros se han confabulado en contra de ellos, una forma de pensar que limita su capacidad de reacción frente a las dificultades.

¿La solución? Decir «no». El problema con el que nos encontramos cuando cedemos a todos sus caprichos es que con esa actitud no les ayudamos a comprender que, en la vida, no siempre conseguirán lo que desean porque se toparán con obstáculos que no habían previsto, dificultades que pondrán a prueba sus habilidades, etc. La vida no es de color de rosa. Por mucho que se quejen, lloren o pataleen, nuestra labor como padres es enseñarles a superar cualquier traba por sí mismos. Una de las mejores estrategias a la hora de ayudarles a conseguir ese objetivo es el ensayo-error: dejarles que hagan algo por sí solos, dejar que se equivoquen y dejar que sean ellos los que encuentren la solución al problema. ¿Y tú? ¿Eres de los que le atas los cordones a tu hijo/a o dejas que se pelee con ellos?

Dales espacio para que resuelvan sus problemas

Una de las habilidades que hemos de potenciar en los niños es la residencia, lo que, según el «Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua», es «la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas».

Un día Ismael, un niño de 8 años, salía del cole con la intención de acudir al entreno, como cada martes. Al ir su padre a recogerlo, le comentó que el entreno se había suspendido porque el entrenador no podía asistir por trabajo. Ismael no lo entendía, así que rompió a llorar y a patalear. Su padre le volvió a explicar el motivo, pero él cada vez lloraba más fuerte. El esfuerzo del padre para que lo comprendiera era inútil. Al llegar a casa, éste le invitó a que se fuera a su habitación hasta que estuviese más calmado. Al cabo de 5 minutos, salió ya tranquilo. Su padre le explicó lo que pasaba y él lo entendió. 15 minutos más tarde estaba jugando sin nombrar para nada el tema del entreno.

Esta anécdota muestra que hay ciertas emociones que más que evitarlas -en ningún momento se le ofreció un regalo a cambio para distraer su atención; se le obligó, a gritos, a que dejara de llorar, etc.-, hay que dejarlas pasar. Ismael tuvo que gestionar su frustración. Si cuando algo no les sale como tenían previsto, los padres aparecen para sacarles las castañas del fuego, solucionarles los problemas o compensarles con algo para que no sufran, les estamos impidiendo que maduren como personas y que aprendan ellos mismos a buscar salida a sus problemas.

El mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos no es comprarles un juguete, permitirles ver la tele hasta tarde o dejarles que se coman un helado antes de cenar, sino ofrecerles una guía que les permita gestionar sus emociones y resolver sus problemas. Ésta es la llave que les permitirá, más adelante, enfrentarse a la vida con una alta capacidad para ser felices el mayor tiempo posible.

Las pautas que le ayudarán a superar los obstáculos

Un niño(/a se siente seguro/a no porque todo le salga siempre rodado, sino porque sabe qué es lo que está bien y qué es lo que está mal y es, además, conscientes de sus fortalezas y de sus limitaciones. Enseñar todo eso es labor de los padres. Siguiendo estas estrategias, les darás pautas para encontrar salida a todos su problemas.

  • Ayúdales a identificar sus emociones. Si están enfadados o rabiosos, es útil explicarles por qué y decirles que son sentimientos que todos tenemos cuando no nos salen las cosas como esperábamos.
  • Desde la reflexión. Tienen que aprender a esperar a que se les pase el lloro o la rabieta para poder pasar a la acción y pensar con claridad cuál es la mejor respuesta o solución al problema.
  • Predica con el ejemplo. No podemos pretender que los hijos se calmen y busquen una solución a un problema, si nosotros reaccionamos de una forma poco cabal o incoherente.
  • Potencia su iniciativa. Deja que sean ellos los que busquen las diferentes alternativas. Los padres tenemos que ser pacientes porque el aprendizaje a través del ensayo-error requiere tiempo.
  • Valora sus aportaciones y logros. Esto les ayuda a creer en ellos mismos y a verse capaces de salvar cualquier obstáculo que se les ponga por delante.

Francisco Castaño Mena y Pedro García Aguado

Cuanta más leche toman los bebés, más produce el cuerpo, así que conseguir una lactancia exitosa y prolongada pasa por disponer de apoyo emocional y de ayuda con las tareas de la vida cotidiana.

Un embarazo siempre supone una alegría y una pequeña revolución en la vida de los padres, así como un sinfín de dudas, inquietudes y decisiones que hay que ir tomando a lo largo de los meses previos al nacimiento del bebé. Si en la primera ecografía el ginecólogo nos dice que vienen dos en lugar de uno, la alegría se multiplica…, y también las preocupaciones y las dudas de si seremos  capaces de poder criarlos todo lo bien que deseamos. En este caso, la necesidad de tener más información se eleva a la enésima potencia. La posibilidad de gestar gemelos de forma natural se da en uno de cada 85 embarazos, y el número aumenta hasta 7.500 si hablamos de trillizos. En cambio, en los últimos tiempos, esta cifra ha aumentado debido  los tratamientos de fertilidad. Cada vez se tienen los hijos más tarde, y esto obliga a las mujeres a recurrir a los avances de la ciencia. Pero, sea como sea, que se haya producido la fecundación, al enterarse de la noticia es normal hacerse ciertas preguntas: «¿El parto será diferente?», «¿Podré dar a luz de forma natural?», «¿Seré capaz de amamantar a los dos?», «¿A los tres?».

Centrándonos en la lactancia materna, es frecuente que la mujer que está dando el pecho a un hijo y que se encuentre en esta situación se cuestione si un nuevo embarazo es compatible con seguir amamantando al que a partir de entonces ya es el hermano mayor. Se preguntará si será perjudicial para él, para los gemelos que están de camino o para ella misma, así como también le surgirán dudas sobre si será conveniente alimentarlos a todos con su leche después del parto en el caso de que el mayor aún no haya querido destetarse.

Lactar a más de un bebé

Pues sí que es posible, pero cada situación tiene sus peculiaridades:

  • Lactancia en tándem, o lo que es lo mismo, cuando nace el bebé y el hermano mayor sigue mamando. Lejos de ser un problema, en muchas ocasiones beneficia al recién nacido, porque la lactancia ya está bien establecida, hay leche abundante desde el inicio y la producción es más fácil. Por regla general, el hermano mayor tiene una succión adecuada y vacía el pecho de tal forma que el bebé se encuentra que la leche sale fácilmente. Si los recién nacidos son dos, la situación puede complicarse por la sincronización de tiempos, pero no por la producción de leche, que se adecua a la demanda. En cualquier caso, las madres que la practican no tienen la gran duda de las primerizas sobre si tendrán suficiente leche para sus hijos.
  • Lactancia de gemelos y madre sin experiencia en dar el pecho. Esta situación es más difícil, pero con el apoyo adecuado se puede conseguir. Lo cierto es que estas mujeres no solo se encuentran con las dificultades propias de atender a dos bebés al mismo tiempo o de encontrar la mejor posición para dar el pecho, sobre todo si han tenido una cesárea o desean amamantar a los dos a la vez, sino que, a menudo, también se enfrentan a otras circunstancias relacionadas con el nacimiento (bajo peso del bebé al nacer, prematuridad, ictericia…). Y a todo esto puede sumarse la presión de la familia si dudan de la capacidad de la madre para dar el pecho a los gemelos.

Dudas frecuentes

Como ya he comentado, saber que estamos esperando gemelos supone abrirse a un mundo nuevo lleno de preguntas. Estas son algunas de las más habituales:

Han nacido antes de tiempo, ¿necesitan cuidados especiales? Con frecuencia, en los embarazos múltiples se dan casos de prematuridad o de bajo peso al nacer porque, entre otras razones, los bebés suelen nacer mediante cesáreas programadas. Además, y a pesar de que las instituciones oficiales recomiendan que la madre permanezca en contacto piel con piel con sus hijos, si la salud de todos lo permite, lo más habitual es que los bebés sean separados de su madre. En estos casos, es muy importante que la madre se saque el calostro para que se lo den a los niños. De este modo, al menos podrán disfrutar de la protección que les ofrece la gran cantidad de anticuerpos que contienen esos escasos mililitros de la primera leche que produce el pecho.

Pero, en cuanto sea posible, es preferible que la madre practique los cuidados canguro (contacto piel con piel) con sus hijos, porque favorece el vínculo entre ellos y, al mismo tiempo, le hace generar todavía más cantidad de leche. ¿Y esto cómo es posible? Pues porque el contacto aumenta la producción de oxitocina, una hormona implicada en la lactancia.

¿Tendré bastante leche? La naturaleza ha hecho a las madres muy generosas, tanto que no solo tienen alimento para dos o tres niños, sino que algunas pueden amamantar incluso a más.

Y esto no es ninguna excepción, hay literatura científica que recoge datos de mujeres que han amamantado a gemelos, a hijos de distintas edades, e incluso a trillizos. Es más, existen documentos donde se puede leer que hay madres de trillizos que han llegado a producir más de dos litros y medio de leche diarios, así como de mujeres en esta situación que han dado el pecho a sus hijos durante mucho tiempo. Es evidente que para conseguirlo precisan mucha ayuda con las tareas de la vida cotidiana, y esta es tan importante como el apoyo moral y emocional que necesitan todas las madres, independientemente del número de hijos que tengan.

Qué es mejor, ¿ponerlos al pecho al mismo tiempo o por separado? Todo dependerá de la práctica, de las preferencias de la madre y de las demandas de cada niño, porque, aun siendo univitelinos (procedentes del mismo óvulo), cada uno tendrá sus propios tiempos. De hecho, puede tener un patrón alimenticio y de succión distinto, por lo que sería bueno pensar en ellos individualmente, sin compararlos y respetando su diferencias.

Lo que sí es cierto es que, poniéndolos a la vez al pecho, seguramente la madre conseguirá más tiempo para otras cosas. Pero no todo son ventajas, porque las posiciones que se necesitan, así como las dificultades que se tienen al principio para manejarlos, harán que seguramente en cada se pueda hacer, mientras que en la calle o de visita en según qué lugares haya que buscar otras alternativas.

Como siempre que se da el pecho, se tiene que encontrar la manera más adecuada de cogerlos, para que puedan agarrase correctamente. Parece banal, pero de algo tan simple depende que los niños se alimenten adecuadamente, y que la mujer no tenga molestias físicas ni complicaciones más importantes, como las temidas grietas en el pezón. Además, cuando son gemelos, si la madre sufre una lesión en el pecho, no lo podrá dejar reposar para que se recupere, así que es esencial buscar ayuda a la más mínima molestia para mejorar el agarre de los bebés.

¿Y si son prematuros y necesitan alimentación vía intravenosa? En ese caso, igualmente hay que sacarse el calostro y la leche, y congelarlo. Luego, cuando ya toleren el alimento, se les administrará por sonda en orden cronológico de extracción: primero, el calostro, y, a continuación, la leche que se haya ido almacenando.

Una vez ya pueden mamar, aunque lo más probable es que para entonces la cantidad que produzca la mujer ya sea suficiente, se les puede dar la leche guardada y, además, se les ofrecerá el pecho. Una situación que puede dificultar la lactancia materna es que no reciban el alta médica el mismo día. En estos casos, el protocolo del hospital jugará un papel determinante. En principio, las unidades de neonatología deberían tener las puertas abiertas 24 horas al día, tal y como lo recoge la guía Cuidados desde el nacimiento, editada por el Ministerio de Sanidad. Este documento se basa en la evidencia científica que ha podido observar los beneficios que suponen para los bebés, sobre todo para los prematuros o para aquellos que están enfermos, el permanecer en contacto piel con piel con su madre el mayor tiempo posible. Pero para poder ponerlo en práctica cuando los niños están ingresados es imprescindible que los padres tengan acceso libre a ellos, así no solo podrán ofrecerles los cuidados madre canguro, sino que también se verá favorecida la lactancia a demanda. En el caso de que, por la razón que sea, no se pudiera tocar al bebé, aun así se puede sacar la leche para que se la den en cuanto sea posible.

Buscar apoyo

El puerperio es para vivirlo en compañía, y cuando se tiene un parto múltiple, con más razón. Entrar en contacto con grupos de apoyo a la lactancia materna, incluso antes del parto, no solo aumentará las posibilidades de tener una lactancia exitosa y prologada, sino que también servirá para sentirse acompañada. Algunas asociaciones están especializadas en lactancias múltiples, y en sus reuniones es fácil encontrarse con madres de gemelos o trillizos que ya han pasado por esta misma situación. Conocer sus experiencias puede resultar de gran ayuda.

Dr. Luis Ruiz

Ser padres puede sacar a la luz las carencias que ya existían en nuestra relación. Esta es una oportunidad para revisar nuestras necesidades, hacer los cambios precisos y comunicarse con el otro desde el corazón.

Nos enamoramos y sentimos que, por primera vez, la vida nos sonríe. Al final, tenemos lo que la vida nos ha negado durante nuestros años de infancia y parte de la juventud. Sentimos que es posible ser aceptado por otro ser humano y nos derretimos ante la promesa de que este amor, que tantas carencias viene a cubrir, nos durará eternamente. La mayoría de las relaciones se establecen desde una cierta fascinación por los aspectos de la otra persona que menos desarrollados teníamos nosotros mismos. Con el tiempo, la pareja se sostiene porque, de una manera u otra, los dos miembros obtienen algo que necesitan.

Cuando somos tres…

Entonces, en algún momento, dejamos de ser dos y nos convertimos en tres. Este cambio implica un desandar lo transmitido y reelaborar la relación, de forma que tenga cabida un nuevo sistema de intercambio. Ser madre o padre implica una revolución interior de la que salir fortalecido o lleno de rencor y agotamiento. Cuando comenzamos a ser invadidos por esas oleadas de hormonas que la maternidad nos trae y nos volvemos aún más emocionales, la comunicación con la pareja no es que sea difícil, es que se convierte en un milagro. Nos resulta muy complicado averiguar qué está sucediendo en nuestra relación, porque lo único que se nos ocurre es señalar con el dedo al otro y dar por sentado que las cosas no están funcionando porque el otro tiene la culpa.

En el conflicto que surge tras el nacimiento del niño están implicadas todas las capas de la existencia humana, y aparece un elemento nuevo que todavía nos descolora más: las emociones. Un buen ejemplo del cambio que la maternidad implica es que no podemos traducir esa sensación de malestar en palabras. Las emociones nos arrastran como una ola, nos llevan y nos traen, y quedamos a su merced completamente desprovistas de palabras que nos puedan ayudar a compartir todo ese caudal interior que pugna por salir. No es fácil para nuestra pareja ponerse en nuestro pellejo. Al fin y al cabo, él solo sabe que hay una persona gritando porque la sartén quedó sin fregar; no tiene ni idea de que, en realidad, lo que esos gritos están señalando es que la mujer está a punto de perder el control que con tanto esmero ha intentando mantener a lo largo de su vida. Lo que esa mujer está gritando es que desea volver a ser dueña de su vida y que las cosas sean como eran antes. El grito tiene que ver, no con la sartén sucia, sino con su infancia o con sus expectativas sobre la maternidad no cumplidas, o sobre el cansancio después de cuatro noches de niño que no se calma ni al pecho. El tema no es la sartén, y discutir sobre la sartén no traerá más luz a la relación. El tema es que ambos, mujer y hombre, se permitan explorar qué está sucediendo dentro de sí para, despejando lo aparente, llegar al meollo del asunto.

El motor del cambio

Muchas veces, en plena crisis, las mujeres se preguntan cómo es posible que hubieran elegido a esa persona para que fuera el padre de sus hijos. Y estoy segura de que muchos hombres se preguntan también cómo no vieron en ella a la mujer controlador, crítica y despectiva en la que se ha convertido. La única respuesta posible es que nos toca pasar por el enamoramiento al amor consciente. Aquel que emerge como una respuesta natural al proceso de aceptar al otro, pero ¿he de aceptarlo? No, todo no. No creo que sea necesario ni conveniente, ni beneficioso aceptar las faltas de respeto, las agresiones o las violencias emocionales, vengan de donde vengan. Ni siquiera las nuestras. ¿Tantas palabras para decirme que la vida cambia y que ahora tengo que adaptarme y aceptar al otro? No esta tan fácil. Y no es tan fácil salir de una crisis de relación de pareja, porque el viaje que se precisa realiza para hacerlo es un viaje interior. En general, mucha gente está más dispuesta a mudarse de casa (algunos ni eso), cambiar de trabajo o de credo, o de pareja, que a cambiar de ideas. Nos da miedo. Tememos que modificar ciertos aspectos de uno mismo implique dejar de ser nosotros mismos. Y tiene gracia, si no fuera por el enorme sufrimiento que conlleva esta forma de pensar. Si quieres que tu relación de pareja cambie, has de cambiar tú. Es así de simple, y así de complicado. Cuando tu ego o tu personaje dejen de encontrar satisfacción al pedir a tu pareja que rellene todos esos agujeros internos que llevamos en la mochila desde nuestra más tierna infancia, o pretenda rellenar los de los demás, tu relación de pareja habrá girado ciento ochenta grados. El único camino es ese compromiso interior, esa boda con tu propia alma que decía el poeta musulmán Rumi. No podemos apelar a la generosidad si no somos generosos con nosotros mismos. Ni podemos pretender entender al otro si no nos entendemos (o al menos lo intentamos) a nosotros mismos. Conforme avanzamos en la vida, podemos ir considerando que nuestras relaciones con los demás nos on sino un reflejo claro y diáfano de las que tenemos con nosotros mismos. ¿Crees que el padre hiperexigente no se exige a sí mismo? ¿Crees que eres capaz de escuchar si no puedes oír tus propias necesidades? ¿Crees que ese enfado que experimentas a diario no es contigo, aunque lo dirijas al otro? Esas habilidades que hacen falta para que la vida en pareja sea fácil y se propicie el crecimiento de todos los miembros de la familia solo pueden estar presentes si comienza a desarrollarse en el interior de cada uno de nosotros. Es un reto, sin duda. Tomar las riendas de mi interior, mirar hacia dentro y comenzar a desenrollar la madeja que no me deja crecer es una de las aventuras más fascinantes que puedas iniciar. Toda acción en la vida conlleva un riesgo, un salto al vacío. En tu mano está desplegar esas capacidades y habilidades que pulsan por salir de tu interior o permanecer amodorrado en un cómodo pero aburrido sueño.

Oportunidad de crecimiento

¿Estáis en crisis? Enhorabuena. Tenéis la oportunidad de cambiar, modificar y transformar una relación que se ha quedado obsoleta por la relación con la que siempre habíais soñado. Enhorabuena, porque la incomodidad os espoleará para que viajéis hasta el interior, descubráis exactamente lo que necesitáis, hagáis los cambios pertinentes y os comuniquéis de corazón con la otra persona. Ahora es cuando los cambios va a ser posibles. Ha llegado el momento de la madurez, de desmontar las caretas y los escudos con los que os cubríais. La crisis es la oportunidad de ser más tú, cada día, cada vez.

Mónica Felipe-Larralde


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