Escuela de Padres

Nuevos males, nuevos remedios

Posted on: 14 agosto, 2015

Estrés, contaminación, sedentarismo, exceso de pantallas, falta de juego… Son inconvenientes de la vida actual que generan trastornos en los niños. ¿Sabes cómo contrarrestarlos?

Hoy, en nuestra sociedad, la vida tiene muchas comodidades, pero también ciertos inconvenientes. Y los más afectados por ellos son nuestros hijos, que pagan el precio de nuestro ritmo vertiginoso, de utilizar en exceso las pantallas o de alimentarse demasiado rápido. Sin ir más lejos, por ejemplo, entre las principales causas de la obesidad infantil se encuentran los malos hábitos dietéticos y el sedentarismo. La solución ante esta realidad es tener claros cuáles son los inconvenientes a los que se enfrentan y contrarrestar sus consecuencias.

Exceso de información = intranquilidad

Los niños reciben mucha información a través de la tele o de sus compañeros. No es extraño entonces que pregunten cosas como “quién es el pequeño Nicolás”. La cosa cambia cuando las noticias son malas: atentados, secuestros, guerras… “Los padres deben filtrar la información que llega al niño en casa. No deben ver en su presencia las noticias violentas, los telediarios no son programas infantiles. Si esta información la recibe a través de sus amigos, lo más conveniente es explicársela sin exagerar, quitando dramatismo para no transmitirle miedos”, aconseja Fuensanta Rodríguez, psicóloga de ISEP Clinic Córdoba.

Y es que se sabe que las malas noticias suelen tener efectos negativos en los niños, como sentimientos de peligro, de inseguridad…

Cómo contrarrestrarlo: “Observando al niño se sabe si está asustado: si no quiere separarse de los padres, si le da miedo quedarse solo, si tiene pesadillas muchas noches… Entonces hay que intentar que verbalice sus pensamientos”, explica la psicóloga. Además, es importante relajarlo con los ejercicios de respiración citados y transmitirle mensajes positivos que debe decirse él a sí mismo: “voy a estar tranquilo”, “va a salir todo bien”…

Sedentarismo = obesidad

Hace 20 años era normal ver jugar en la calle a los niños durante largas horas, pero los tiempos actuales los han empujado hacia el juego sedentario (videojuegos, tableta, móviles) y pasivo (ver la televisión). El sendentarismo es hoy una de las principales causas de la obesidad infantil, junto a los males hábitos dietéticos (comida rápida, fritos, dulces industriales). La última encuesta nacional de Salud dice que el 12% de lo niños entre 5 y 14 años realizan nula o escasa actividad física. “El sedentarismo está aumentando en España y, junto a hábitos dietéticos no saludables, hace que suba la obesidad y patologías asociadas a la misma, como la diabetes y el colesterol”, explica el doctor Gerardo Rodríguez, coordinador del Comité de Actividad Física de la Asociación Española de Pediatría.

Cómo contrarrestrarlo: La recomendación es que el niño realice al menos una hora al día de actividad física moderada o intensa, bien en forma de juegos en el parque o bien en forma de deporte. Hasta los 5 años, lo ideal son los juegos no dirigidos y al aire libre. De 5 a 7 años ya pueden comenzar a participar en actividades de equipo. “Es necesario que los padres se involucren para dar ejemplo, por eso un buen hábito es hacer deporte en familia los fines de semana”, recomienda el pediatra.

Otro truco simple y eficaz es incorporar el ejercicio físico a la vida diaria: ir caminando o en bicicleta al colegio, si se puede; llevar la merienda al parque para propiciar un rato de juego; subir las escaleras al volver a casa en vez de coger el ascensor; etc.

Prisas = estrés o ansiedad

Las prisas se generan por llegar a tiempo a la guardería y al trabajo, por coger el autobús, por recoger al niño en el colegio, por llevarlo de nuevo a clases extraescolares, por preparar la cena… Todo son prisas en la sociedad actual, un ritmo acelerado cuya consecuencia es el estrés. Y al parecer, este trastorno de la vida moderna se contagia a los niños, ya que, según la Sociedad Española de Estudios de Ansiedad y Estrés, casi el 8% de la población infantil lo sufre. “Está aumentando en los pequeños y cada vez se nota más ansiedad en los de menor edad”, afirma la psicóloga.

¿Cómo saber si el niño lo padece? Los principales síntomas que reflejan una situación de estrés o ansiedad son mareos, sudación, taquicardia, molestias abdominales (náuseas, vómitos), sequedad de boca y tensión muscular. No tienen por qué darse todos a la vez, de hecho salen aparecer dos o tres. Los más chiquitines pueden reflejar el problema con irritabilidad, llanto frecuente, chupándose el dedo, tartamudeando o tocando cosas de manera impulsiva. Las causas, según explica la psicóloga, hay que buscarlas en la mala organización de los horarios, en la existencia de algún problema en casa o en el colegio o en el hecho de pasar muchas horas fuera del hogar, al enlazar colegio y extraescolares.

Cómo contrarrestrarlo: La forma de desestresar al niño es bajar el ritmo de actividad si hay exceso de clases: “Realizar tres o cuatro extraescolares diferentes a la semana, como hacen algunos niños, es demasiado”, advierte la psicóloga. Adoptar una rutina en los horarios, con tiempo suficiente para no ir apurados, es otra condición necesaria. También ayuda enseñar al niño, aunque sea aún pequeño, a realizar ejercicios de relajación (inspirar por la nariz y expulsar el aire por la boca) y técnicas de tensión-distensión: por ejemplo, apretar con fuerza las manos unos segundos y abrirlas.

Y, por supuesto, es muy recomendable que el niño juegue libremente en el parque. Un estudio publicado en el Journal Child Psychology refleja que los pequeños que realizan juego libre a diario están menos estrellados que el resto.

Contaminación = alergias

Actualmente, el 30% de las enfermedades infantiles son alergias, asma y trastornos respiratorios asociados a la contaminación ambiental, según la Sociedad Española de Neurología y Cirugía Torácica (SEPAR). La contaminación ha conseguido que el polen de las plantas sea más alergénico, pero además, las partículas contaminantes, al depositarse en los pulmones, pueden producir inflamación e irritación, sobre todo en los niños con asma y/o alergia.

Cómo contrarrestrarlo: “Los niños con problemas respiratorios, durante los períodos de sequía y en las zonas con más contaminación, deben llevar gafas para evitar la irritación ocular y mascarilla para que filtre las partículas de contaminación”, aconseja Javier Ruiz Hornillos, miembro del Comité de Alergia Infantil de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

Marga Castro

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