Escuela de Padres

Archive for septiembre 2015

  • Jabón blanco
  • Rallador
  • Colorante vegetal (el que se usa para tortas)
  • Cubiteras

Preparación: rallar el jabón y derretirlo en el microondas. Agregar el colorante y colocarlo en las cubiteras, llevar al congelador y dejarlos allí hasta que se solidifique el jabón.

Desmoldar y ¡a jugar! Pueden dibujar sobre los azulejos, la bañera y es fácil de limpiar y muy divertido.

• 1/4 de taza de jabón líquido para platos

• 3/4 taza de agua tibia

• 4 cucharadas de gelatina de cualquier sabor (no utilices gelatina sin sabor)

• Preparación: disolver la gelatina en agua tibia completamente y añadir el jabón, se le puede agregar colorante vegetal (opcional) para hacer las burbujas de colores.

Un cuento es viajar con la imaginación, trasmite emociones y despierta en los niños la sensibilidad por las imágenes que van creándose en su cabecita a partir de una palabra. La magia del cuento dibuja escenas en la imaginación del niño y va construyendo un puente entre lo real y lo fantástico.

A partir de un cuento, podemos crear innumerables situaciones de juego durante y después de la narración del mismo. Aquí algunas ideas para recrear y disfrutar de los cuentos.

1.- Seleccionar un cuento (dependerá mucho de la edad del niño y de sus intereses.

2.- Leerlo y luego conversar guiándolo con preguntas para recrear el mismo, descubrir personajes y proponerle un juego.

3.- Caja misteriosa (una caja de cartón) donde pondremos dentro platos deshechables, tijeras, fibras, papeles de colores, pegamento, hilos, sorbetes o palitos de brochetas. Con todo este material ¡a armar las máscaras de los personajes! Éxito asegurado para toda una tarde.

Distribuir en botecitos polvo de zumos de distintos sabores. Agregarles muy poquita agua y pintar con pincel sobre una hoja. Al secarse se podrán descubrir «olorcitos» frotando los dedos sobre los dibujos.

¿Por qué es tan difícil para los adultos poner límites? Para evitar el conflicto, los adultos terminamos cediendo a todo tipo de caprichos o recurriendo al viejo modelo autoritario que hace ya tiempo se busca erradicar. ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a alcanzar una autonomía esperaba de acuerdo a su edad y; sobre todo, a tolerar la frustración?

Intolerancia a la frustración

En la actualidad los padres no son los malos de la película: se incluyen y participan en la crianza de sus hijos ¿Por qué a pesar de la cercanía, el buen trato y la calidez de los vínculos es tan difícil lograr que los niños incorporen ciertas pautas? Niños y jóvenes sienten la necesidad de hacer siempre lo que quieren y muchas veces, para evitar el conflicto, los adultos terminamos cediendo a todo tipo de caprichos o recurriendo al viejo modelo autoritario que hace ya tiempo se busca erradicar.

En paridad con el adulto

La respuesta a estos interrogantes la encontraremos si comprendemos, en primera instancia, que estamos ante un niño distinto al de generaciones anteriores. Los niños de hoy están ubicados inconscientemente en paridad con el adulto.

Esto quiere decir que desde que nacen los chicos copian a sus padres como si estuvieran frente a un espejo, y quedan ubicados en esta posición de autosuficiencia imaginaria denominada «simetría inconsciente»; desde la cual creen que pueden solos y que su criterio es tan válido como el del adulto, por lo cual pretenden que las cosas funcionen como ellos quieren.

Los niños no se terminan de individuar o separar de sus padres. Sin embargo, copian a sus padres como si estuvieran frente a un espejo pero no se terminan de individuar, permanecen funcionando como si formaran parte de un bloque único con sus padres -particularmente con la madre- pretendiendo que ella haga todo por ellos, funcione como la otra parte del espejo.

En el diccionario la palabra simetría significa: «la correspondencia exacta en forma, tamaño y posición de las partes de un todo». De modo que los niños -y también los jóvenes- se comportan como si sus padres formaran parte de un todo con ellos, como si fueran su mano o pierna ejecutora.

Los niños copian a sus padres pero no logran internalizarlos como figuras protectoras, entonces muchas veces aparece un gran desconcierto en los adultos al ver que a sus hijos les cuesta mucho despegarse, adaptarse a lugares nuevos, al jardín de infantes, a cumpleaños de amiguitos o incluso a reuniones familiares, es como si necesitaran todo el tiempo la presencia física de sus padres.

Esta copia inconsciente tiene que ver con los grandes cambios que se produjeron en los vínculos familiares, en la cultura y en la sociedad con la caída del autoritarismo, con haber dejado el miedo y la distancia de épocas anteriores, y también con las llamadas «neuronas espejo» descubiertas en 1996 por Giacomo Rizollatti. Este autor nos explicó que estas neuronas nos permiten saber y sentir lo que el otro siente sin necesidad de hablar. Son las responsables de la empatía entre las personas, las que nos permiten conectarnos con os bebés y los niños sin hablar y saber igualmente lo que necesitan y quieren.

Necesidad de nuevos modelos de autoridad

¿Cómo poner entonces los límites a un niño simétrico que está ubicado a la par -y en algunos casos por encima del adulto- que nos capta por dentro y sabe perfectamente lo que sentimos?

Debemos cambiar nuestro modelo de autoridad abandonando totalmente el modelo autoritario. Debemos acceder a nuestros hijos, explicarles con autenticidad nuestras intenciones de acuerdo a su edad y posibilidad comprensiva. Pero por sobre todas las cosas -y aquí está la gran diferencia de este nuevo modelo- aceptar nuestras propias limitaciones.

Autoexigencia y reconocimiento de las limitaciones

La gran dificultad de los adultos para poner límites a sus hijos tiene que ver con la autoexigencia de poderlo todo. La mayoría de los padres jóvenes que también han recibido algo de esta «simetría inconsciente» con sus propios padres, se exigen poderlo todo, también les cuesta soportar la frustración.

Quieren simultáneamente: trabajar, seguir formándose, cuidar su casa, ayudar a sus hijos en el colegio, sacarlos a pasear, comprarles todo lo que pidan porque perciben su fragilidad.

Perciben que al niño le cuesta mucho tolerar la frustración y se contagian a través de las neuronas espejo de su propia vulnerabilidad. Entonces los padres deben aceptar sus propias limitaciones de tiempo, energía, dinero y una vez que las han aceptado, transmitir con la mayor autenticidad aquello que no es posible, aunque muchas veces les gustaría. Por ejemplo: «Me encantaría que nos pudiéramos quedar en la plaza a jugar mucho más, pero me es imposible porque tengo que llegar a casa y preparar tu comida y la de papi». Es necesario ordenar el tiempo para jugar, para ver televisión, para las salidas, teniendo en cuenta un orden de prioridades que sólo el adulto puede conocer.

Invitar al niño en la resolución del problema

Los niños simétricos actuales valoran y se tranquilizan cuando se sienten incluidos en la resolución del problema.

La Sociedad Argentina de Pediatría asegura que desde los cuatro años, y aún antes, los niños pueden ser incluidos y participar en el problema a resolver.

Por ejemplo: Los padres no consiguen que el chico deje el ordenador o la TV para ir a comer. Entonces, en vez de retarlo o gritarle es mucho más efectivo incluirlo: «Todos los días cuanto te llamamos a comer papi y yo terminamos gritando y peleando y eso no nos gusta, nos cansa. El problema que nosotros tenemos es que la comida se enfría y en vez de disfrutarla terminamos tristes, enojados. ¿Cómo podemos hacer para cambiar esto, como se podría solucionar, tú qué propones?»

Otra situación problemática: «Todos los días cuando tenemos que ir al colegio es una batalla campal para despertarte, ponerte la ropa, etc. Yo termino gritando y no me gusta, me agota. ¿A ti te gusta que te grite y me enoje? ¿Cómo podemos cambiar esto?» Si al niño no se le ocurre nada, debemos proponerle algo y llegar a un acuerdo con él.

Contagio emocional y escalada de violencia

Otro de los temas importantes que se relaciona con la simetría y las neuronas espejo es el «contagio emocional». Los padres se contagian fácilmente el enojo y la frustración de sus hijos ante un límite y empieza fácilmente una escalada simétrica que termina en los gritos de la madre o el adulto a cargo.

Es necesario registrar el contagio con el otro a partir de la elevación de nuestra voz. Ahí tenemos que detenernos, explicitar el enojo que percibimos y volver a nuestro lugar de adultos. Podemos incluso detener la conversación y retomarla más adelante.

El límite a la distancia no sirve

Los límites en el niño pequeño deben ser acompañados corporalmente. Si se trata de un niño pequeño, el límite siempre debe estar acompañado del cuerpo. No se puede poner límites a la distancia. Es necesario levantarse o desplazarse de donde estamos, acercarse y sacar el objeto peligroso o detener físicamente al niño sobreexcitado o nervioso. En el inconsciente no existe el «no», debemos instalarlo a través de nuestros abrazos y nuestros movimientos para que logre ser internalizado. El «no» a la distancia es una invitación a la transgresión y satisface la expectativa de autocontención de los adultos.

Del mismo modo, es muy importante la contención física ante los berrinches y caprichos. Es necesario abrazar al niño con firmeza y con afecto, preferentemente por parte del papá mientras le explica amorosamente el peligro de la situación y la mamá evita su mirada. Si esto no funciona se debe elaborar qué le sucedió al adulto en su propia infancia con los límites. Los niños va a aceptar aquello que nosotros somos capaces de aceptar.

El Virus Sincicial Respiratorio (VSR) es uno de los principales causantes de la bronquiolitis. Los más vulnerables son los recién nacidos, los prematuros de bajo peso y los chicos con cardiopatías congénitas. Al no existir una vacuna, es fundamental evitar la exposición de los bebés al contagio y consultar inmediatamente con un especialista ante la aparición de los primeros síntomas.

¿Por qué se contagia tan fácil?

El Dr. Néstor Vain, médico pediatra, aclaró que «es el virus predominante en infecciones respiratorias en lactantes. Circula durante todo el año, pero tiene mucho más impacto en la época de brote que por lo general comienza a fines de abril o ahora más tardíamente con el comienzo del frío, y sigue circulando hasta comienzos de septiembre».

El Virus Sincicial Respiratorio (VSR) es de fácil contagio porque se transmite de persona a persona por el contacto directo con secreciones nasales. «Uno de los problemas más serios de este virus es que queda durante mucho tiempo en superficies como por ejemplo las mesas, las manos, etc, por lo que hay que insistir en el lavado de manos, en especial cuando se va a tocar a un recién nacido o un lactante», explica el especialista.

La mayoría de los bebés que padecen una enfermedad respiratoria de este tipo no requieren internación, o en caso de necesitarla, es por períodos menores a cinco días.

Sin embargo, en bebés con alto riesgo y con menos frecuencia en niños aparentemente sanos, puede provocar una enfermedad severa con complicaciones graves. Los lactantes prematuros con ciertas afecciones pulmonares producto de haber recibido ventilación mecánica por largo tiempo o con cardiopatía congénitas, tienen un riesgo cuatro a cinco veces mayor de hospitalización por infección por VSR respecto de los niños sanos, como también, más riesgo de evolución grave y complicaciones.

Niños de alto riesgo: inmunización pasiva

En todos los lactantes pequeños pero en especial en los de alto riesgo, deben efectuarse recomendaciones y prevención de las infecciones respiratorias.

Estas incluyen la promoción de la lactancia materna, evitar el humo en la habitación, el lavado de manos sistemático antes de tocar al niño, evitar en lo posible contacto con niños de edad escolar en época invernal, etc.

Actualmente, otra medida importante para reducir el riesgo en los niños más vulnerables es la inmunización pasiva, incluida en la «Estrategia Integral de Prevención de Infecciones Respiratorias en prematuros de alto riesgo» del Ministerio de Salud de la Nación y en niños portadores de cardiopatía con inestabilidad hemodinámica significativa, según las recomendaciones consensuadas con las Sociedades Científicas. La inmunidad persiste un período acotado de tiempo, por lo que es fundamental la aplicación mensual para mantener los niveles adecuados de anticuerpos contra el VSR durante la época de mayores brotes causados por el virus.

«Este plan se da en los grandes hospitales, acompañado de un seguimiento durante muchos meses y hasta años. Las obras sociales y las prepagas cubren la medicación. Pero hay que aclarar que además hay que aplicar todas las medidas de prevención (lactancia materna, lavado de manos, vacunas al día, evitar situaciones de hacinamiento y de exposición al humo) porque sino el chico se va a infectar igual», advirtió el Dr. Vain. Esta medida debe utilizarse junto con otra estrategia fundamental: la lactancia materna, ya que los bebés alimentados con leche materna tienen menor riesgo de enfermar y sufrir complicaciones por esta infección gracias a las propiedades inmunológicas de la leche humana.

Asimismo, es importante respetar las demás acciones preventivas recomendadas para los bebés en general.

Cuándo consultar

El Dr. Vain recomendó que «en cuanto los padres noten que el bebé respira más rápido, con o sin secreción nasal (mocos), y que al niño le cuesta comer, que no puede tragar la comida, y se le dificulta dormir, consulten. A medida que la enfermedad avanza pues haber un cambio de coloración que indica que el niño está necesitando oxígeno. En los lactantes muy chiquitos, de 20 días o un mes, a veces el principal síntoma no es la respiración sino la coloración; el bebé se pone, más pálido, con un color azulado alrededor de los labios, que los médicos llamamos cianosis, y ello indica que le falta oxígeno. Por supuesto se debe consultar antes de llegar a esta instancia».

Algunos datos sobre la bronquiolitis

  • Es la causa más importante de infección en el tracto respiratorio inferior en bebés menores de un año en todo el mundo.
  • Los niños que sufren esta afección tienen una mayor predisposición a sibilancias recurrentes, anormalidades en la función pulmonar e hiperreactividad de las vías aéreas inferiores.
  • Se puede tener bronquiolitis más de una vez, aunque en general las reinserciones son menos agresivas.

¿Cómo reducir el riesgo de infecciones respiratorias?

Para prevenir el contagio de bronquiolitis y otras infecciones respiratorias causadas por el VSR se recomienda:

  • Impulsar y mantener la lactancia materna, porque de esta manera el bebé recibe protección a través de anticuerpos presentes en la leche materna.
  • Lavarse las manos con agua y jabón.
  • Evitar la contaminación ambiental con humo (ya sea humo de cigarro u otros).
  • Evitar el hacinamiento.
  • Realizar controles periódicos con el pediatra de cabecera.
  • Concurrir a los controles rutinarios para bebés prematuros de alto riesgo.
  • Cumplir el calendario de vacunación y con otras vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él.

Muchos, algunos, pocos o uno sólo, no importa cuántos, lo cierto es que todos tenemos amigos. La amistad es un vínculo vital para los seres humanos, reconfortante, sólido, y de los más perdurables en el tiempo. Es un afecto singular, puro, desinteresado, sincero y espontáneo, que se sostiene y fortalece siempre que haya cuidado, respeto y dedicación de ambas partes.

Cuando los niños a muy temprana edad comienzan a descubrir el vínculo amistoso aún no pueden reconocer su valor. Ellos van a jugar al parque y al cabo de una hora entre columpios, tobogán y balancines, dicen con total naturalidad un nombre que desconocemos, aclarando ante nuestro asombro «mi amigo de la plaza».

Sucede que en los más pequeños el sólo hecho de compartir un espacio durante determinado lapso de tiempo y haber intercambiado algunas palabras o tan solo miradas, alcanza para hablar de amistad.

Los adultos somos quienes les iremos mostrando el valor de la amistad, su significado y el compromiso que representa ese vínculo, además del disfrute visible de los momentos compartidos.

Que conozcan a nuestros amigos y contarles sobre cómo empezó ese lazo es un buen modo de ayudarlos a diferenciar compañeros del cole, gratos encuentros causales (los «amigos» de la plaza) y verdadera amistad.

Desde que los chicos empiezan a conocerse a sí mismos, a independizarse y afianzarse en sus gustos, preferencias y modo de relación, los amigos comienzan a sostenerse en el tiempo y a consolidarse, ya sea individualmente (el mejor amigo) o como grupo.

En la interacción con ellos experimentarán emociones intensas, las mayores alegrías y enojos arrasadores, conocerán la complicidad, el valor de los secretos, la lealtad, aprenderá a ganar y a perder, a perdonar, a compartir, a regular sus impulsos, desarrollarán la empatía y el respeto, entendiendo que no somos todos iguales y que podemos comportarnos o pensar diferente ante las mismas situaciones.

Los amigos ocupan un lugar importantísimo en la vida de todos nosotros, pero sobre todo en la de los niños, ya que son fundamentales para su sano desarrollo. Como adultos debemos fomentar y ayudar a construir esos lazos, porque formar parte de un grupo y ser valorado por los pares es uno de los pilares del desarrollo de la autoestima.

Un amigo es consuelo, confidencias, aliado, compañero de aventuras y desventuras, apoyo incondicional, consejos, descubrimientos compartidos, franqueza, lealtad. Llorar junto a un amigo siempre duele menos, y reír de a dos se siente doblemente placentero.

Si nosotros disfrutamos de tener amigos y estar con ellos, facilitemos que nuestros hijos también puedan hacerlo. Y no sólo se trata de invitarlos a casa, organizar salidas, fiestas del pijama y encuentros extraescolares. Es importante también reconocer quiénes son sus amigos, preguntarles por ellos, interesarnos cuando nos cuentan algo sobre ellos, valorar ese lazo, respetar los motivos por los que esos amigos son elegidos como tales.

Así les enseñamos a disfrutar, alimentar, valorar y sostener la amistad, que nace en la espontaneidad de un juego compartido y puede crecer hasta afianzarse para toda la vida.

Buenas, soy Emilio Calatayud. Seguimos con la vuelta al cole. Siempre digo que yo no soy amigo de mis hijos, porque entonces los dejaría huérfanos. Soy su padre y eso es lo que hay. Pues bien, los profesores tampoco puede ser colegas de sus alumnos, porque entonces los chavales se quedarían sin profesores. Además, los maestros y profesores tienen que ser conscientes de que son una autoridad del Estado y que quien se meta con ellos puede estar cometiendo un delito de atentado. Tenemos que respetar a los que nos enseñan. Es fundamental para que un país avance.

Un saludo y suerte

Emilio Calatayud

La aparición de los dientes de «leche» puede, en ciertos casos, traer malestar físico e irritabilidad, pero generalmente este es un proceso natural que no acarrea mayores complicaciones.

Uno de los momentos de más expectativa es el de la salida de los dientes, pero a la vez esa felicidad que sienten todos alrededor del niño puede venir acompañada de cierto temor por los malestares que se le han atribuido a ese suceso en su desarrollo.

Ante ello, los expertos consideran que no se puede generalizar, que cada bebé responde diferente a los procesos biológicos y que aunque hay una edad y unas condiciones para la erupción de los dientes, esto varía y depende de muchos factores, como los genéticos, alimenticios, del ambiente y las condiciones que rodean el crecimiento de cada niño.

Los primeros dientes, también llamados temporales o de «leche», suelen salir entre los seis y ocho meses, aunque algunos niños tienen erupciones tempranas y otros tardías, lo cual es completamente normal y nada extraño, explica Alicia Montañez, odontopediatra.

A lo que añade que así como los niños dejan el pañal o caminan a diferente edad, «los dientes temporales responden a los tiempos particulares de cada niño, y esto lo determina la herencia y su estructura y, a la vez, influirá en si presenta malestar o no».

Pero, ¿qué sucede en el organismo de los niños cuando los dientes aparecen? ¿En verdad se presenta cierta alteración en su estado anímico y físico? Pues bien, «cuando el primer diente erupción, es posible que a través de los vasos sanguíneos se incorporen microbios a la boca, lo que podría ocasionar diarrea y fiebre; si embargo, esto no es una pauta generalizable», dice Montañez.

Además de suceder, los malestares de fiebre, vómito o diarrea son una respuesta inmune del organismo frente a los microbios, y puede pasar también por otras circunstancias ajenas a la llegada de los dientes.

Ahora, de presentarse malestar con algunos de los síntomas anteriores, esto solo sucederá con la aparición del primer diente, pues al salir los demás ya el organismo está provisto de defensas y es capaz de reconocerlo.

Por su parte, Marcela Gómez Nicholls, especializada en odontopediatría y ortopedia maxilar, recalca que en la consulta diaria de los padres con sus hijos frente a la erupción dental temporal, «los niños pueden presentar signos o síntomas, y estos se manifiestan con patologías similares, como puede ser enrojecimiento de las encías, babeo o aumento de la salivación, pérdida del apetito, hinchazón de la mucosa, ciclos de sueño alterados y roce de las encías con los dedos u objetos».

Según Juliana Díaz Osorio, estomatóloga pediatra y ortopedista maxilar, de la Universidad Nacional de Colombia, algunos niños, pueden presentar inflamación en el sitio de la erupción del diente, por la presión que está ejerciendo la pieza dental sobre los tejidos blandos que lo recubren, e incluso cierta irritabilidad.

Igualmente, dice Díaz, que sin llegar a generalizar ni atribuir efectos ni reacciones alternas a la salida de los dientes, «en algunos niños se puede originar infección por el ingreso de bacterias, lo que desencadena en fiebre, pero no hay que entenderlo como una enfermedad, ya que es un proceso biológico que se da como respuesta del organismo ante una situación concreta».

Ahora bien, reitera la doctora Gómez, «no existe asociación absoluta entre erupción dentaria y la alteración del estado general del niño, por lo que, si se da, es recomendable consultarlo con el pediatra ya que varios días de fiebre, vómito o diarrea son signos de otras patologías».

En realidad, este es un proceso totalmente natural que se da de diferente forma y momento en cada niño, y cuyas características los afectan o no en una medida diversa.

Prevenir: el remedio

Como lo indica Marcela Gómez, la mejor manera de prevenir o saber que la aparición de los dientes en los niños es acudir a la consulta por odontopediatría, desde temprana edad.

Inclusive, es aconsejable que las madres vean a su odontólogo estando en gestación, pues aparte de verificar su estado dental, le podrán consultar su estado dental, le podrán consultar sobre el momento en que saldrán los dientes de su hijo, cómo realizar la higiene oral y cómo controlar síntomas, si aparecen.

También, explica, que cuando los bebés empiecen a tocar sus encías con objetos o con sus manitas, «lo recomendable es darles alimentos que cumplan la función de un rascaencías. Es decir, darles trozos de fruta fría o zanahoria, tostadas o galletas, para aliviar molestias en la zona de salida de los dientes. En caso de pérdida del apetito, irritabilidad y ciclos de sueño alterado, acuda con el odontopediatra tratante», dice Gómez.

Los rascadores deben mantenerse limpios, e iniciar la limpieza de las encías y la lengua con gasas húmedas.

Esto le servirá si hay molestias

  • Si los ciclos de sueño del niño se alteran, puede administrar un analgésico (acetaminofén o ibuprofeno), pero sólo bajo prescripción del pediatra y con su autorización.
  • Los rascaencías, o un chupe enriado en la nevera, le ayudarán  a bajar la inflamación de la encía y disminuir el posible dolor.
  • Frote la encía del pequeño con uno de sus dedos limpio.
  • Mantenga los bordes de cunas, corrales y otros objetos al alcance de los niños en perfecta higiene, pues los morderá para aliviar la molestia.
  • Finalmente, si la fiebre, el vómito o la diarrea no se detienen, hay que consultar de inmediato con el pediatra.

Astrid López Arias

Facilitar la lactancia, reducir el estrés en la mujer y fortalecer el vínculo entre madre e hijo, algunos de los beneficios de esta práctica.

Durante el embarazo, la mayoría de las mujeres anhela tener en brazos a su bebé. Cuando llega el momento, revisa las partes del cuerpo, el sexo y el estado de salud del pequeñito, pero este momento desencadena, además de felicidad, otros beneficios valiosos en la madre y en el bebé.

Lo primero para señalar, según Adriana María Escobar, pediatra de la UCI Neonatal del Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt, «idealmente el contacto piel a piel debe comenzar al momento del nacimiento, al poner al recién nacido desnudo en posición decúbito central (acostado boca abajo), cubierto con una manta caliente, sobre el torso de la madre».

Es un momento que, aunque no puede congelarse en el tiempo, tiene múltiples beneficios; a corto plazo, se convierte en un estímulo para la lactancia, la reducción del llanto y una adecuada termorregulación del bebé, el reconocimiento entre la madre y su hijo a través de estímulos sensoriales, como el tacto, olor y calor; a largo plazo, favorece la continuidad en la lactancia materna para los próximos meses, además de mejorar los comportamientos de afecto y apego de la madre.

Desde la psicología, Alfredo Rojas, subdirector nacional del campo de psicología del desarrollo y ciclo de vida del Colegio Colombiano de Psicólogos, afirma que para los bebés, es determinante esta primera hora de vida al lado de su madre, ya que se reduce la tensión y la ansiedad generadas al nacer.

Este momento es clave para recolectarse rápidamente con su madre debido a que puede percibir su aroma, tener un primer contacto visual y escuchar su voz.

Este es un período sensible que si se rompe, según el doctor Rojas, «consolida un factor de riesgo para el adecuado desarrollo del niño». Además, «gracias a la liberación de oxitocina,  se reduce el estrés producido en el trabajo de parto».

Lactancia y vínculo

El contacto piel a piel durante los primeros meses de vida del bebé favorece que los reflejos de busca se activen de forma natural y asimismo el proceso de succión; por tanto, ambos son estímulos eficaces para el aumento en la secreción de oxitocina en la madre, y de esta manera favorecer la producción de calostro.

En caso de que la lactancia materna no sea posible o esté contraindicada, es necesario evitar la separación de la madre con su bebé. Es importante recordar que el contacto piel a piel además ha generado mejoras en la supervivencia en los niños. En nuestro país, hace algunos años se desarrolló el Método Madre Canguro que, ante condiciones de prematurez en neonatos y ausencia de equipos como incubadoras, se propuso que el bebé permaneciera en contacto con la madre para estabilizar su estado de salud a través del adecuado control de la temperatura del bebé.

Tatiana Quinchanegua


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