Escuela de Padres

Embarazo e imsomnio

Posted on: 4 octubre, 2015

El insomnio priva del descanso, mental y físico, y esto repercute directamente en el accionar diario de las personas. La mujer es más propensa a sufrir este trastorno que se caracteriza por la dificultad de iniciar o mantener un sueño reparador. Te contamos algunos consejos prácticos, alimentos sedantes.

Los trastornos del sueño ocurren en alrededor del 12 al 25% de la población, aunque en la actualidad estos porcentajes se ven aparentemente incrementados debido al vertiginoso ritmo de vida, en especial de las sociedades occidentales.

Sin ninguna duda, el insomnio -el más común de este amplio grupo de trastornos- priva del descanso mental y físico y esto repercute directamente en el accionar diario de las personas. Es un trastorno frecuente en las primeras etapas de la vida adulta o en la edad media de la vida.

Se ha visto también que las mujeres son más propensas que los hombres, y que el uso de psicofármacos para su tratamiento aumenta con la edad.

Tanto el movimiento de la Tierra sobre su eje como el giro que realiza alrededor del sol ejercen un claro efecto sobre el organismo y, por ese motivo, éste busca como adaptarse a ello. Y, lo consiguiente mediante conductas cíclicas, lo que se denomina “ritmo circadiano” o “reloj biológico”, esto si bien es controlado por factores internos; sincroniza sus tiempos mediante una señal externa: la luz.

¿Qué hacemos mientras dormimos?

Contrariamente a lo que se piensa, durante el sueño no se “apagan” las funciones del organismo ni el cerebro entre en un estado de reposo absoluto. Dormir es una compleja actividad cerebral de carácter cíclico, que refleja la sucesión de vigilia y sueño a los que está sometido nuestro cuerpo. Una vez iniciado el sueño, no es homogéneo durante todo el tiempo que dormimos.

Respecto a la alimentación propiamente dicha, numerosos estudios muestran que las comidas pueden actuar como moduladores de los ritmos crono-biológicos o circadianos. Tanto la calidad como la cantidad de comida puede, por lo tanto, ayudar a conciliar el sueño o, por el contrario, a mantener la vigilia. En este tema nos adentraremos más adelante.

En general, se suele pensar que lo más importante es la cantidad de horas dormidas pero en realidad la esencia está en la calidad del sueño. Si se duermen pocas horas pero durante el día el rendimiento físico e intelectual es bueno, no hay motivo para preocuparse. Además, cada persona necesita un número distinto de horas de sueño, el promedio se sitúa entre 7 y 8 pero, sin embargo, hay que guiarse por la necesidad propia que tiene cada persona para sentirse bien durante la jornada diaria.

A medida que transcurren los años, las horas de sueño se reducen por cuestiones fisiológicas.

Insomnio

La tensión mental a causa de preocupaciones, el exceso de trabajo o el desempleo, la alegría o la sobreexcitación, los sentimientos reprimidos de enojo y resentimiento, la constipación o estreñimiento, la dispepsia (digestión lenta), el abuso de bebidas “estimulantes”, las comidas abundantes durante la noche o bien irse a dormir con hambre y fumar, son algunas de las causas más comunes del insomnio.

En el embarazo se suma la ansiedad por el bebé por nacer, la incomodidad de las posturas para dormir por la panza (que cambia las posiciones habituales para dormir), los miedos por el parto, etc. hacen que la futura mamá se desvele algunas noches.

También la naturaleza es sabia y es un momento de ensayo de las futuras noches de vela que pasará la mamá con su bebé recién nacido.

Existen alteraciones bioquímicas, por ejemplo, a bajos niveles de glucosa en sangre (hipoglucemia nocturna) lo que es causa frecuente de lo que se conoce como “insomnio de mantenimiento” (despertares frecuentes). Ello se debe a la liberación de hormonas reguladoras de la glucosa como la adrenalina, el glucagón y la hormona de crecimiento.

En la mayoría de las personas, los problemas de insomnio son generalmente ocasionados por malos hábitos de sueño y, rara vez, por una enfermedad.

Sin embargo, si se presenta frecuentemente dificultades para conciliar el sueño, es necesario someterse a una evaluación neurológica o psiquiátrica para hacer un adecuado diagnóstico; ya que el insomnio es un síntoma clave de depresión.

Comida e insomnio

La comida a la que hay que prestarle más atención es la cena y lo mejor es que sea frugal. Y que, a propósito, suele ser la comida a la que se le da mayor trascendencia debido al reencuentro familiar.

Si bien es importante por este motivo, hay que aprender a disfrutar de los efectos haciendo de la cena un momento de relajación, y socialización con la pareja e hijos, aplicando la moderación en la comida.

Lo ideal, entonces, tanto para facilitar la digestión como para conciliar el sueño, es realizar una cena sencilla y liviana, evitar irse a dormir inmediatamente luego de comer, por lo menos esperar 2 horas y sustituir las bebidas excitantes como las colas y el café (también las que contengan guaraná o ginseng), por zumos de frutas y vegetales y tisanas con efecto digestivo y sedante como son: pastaflora, valeriana, tilo, azahar, melosa, mejorana, lúpulo y lavanda.

Leche y cereales: ¡ideales anti-insomnio!

Los cereales (integrales) son fuentes de hidratos de carbono de absorción lenta, con un importante valor de saciedad, ya que garantizan la liberación lenta del azúcar en la sangre.

Los hidratos de carbono son excelentes inductores del sueño por dos motivos: porque provocan la liberación paulatina de energía y porque favorecen la producción de serotonina. Las versiones integrales, además son fuente de magnesio y vitamina B6 sumamente necesarios también porque intervienen en la conversión de triptofano a serotonina.

El ácido fólico o vitamina B9 presente en los cereales para desayuno y en algunos yogures enriquecidos, alivia el “síndrome de piernas inquietas” o de “movimiento involuntario de miembros”, un trastorno que también puede ser causa de insomnio.

En cuanto a la leche, la misma posee triptofano al cual se le atribuye el efecto sedante.

Pero su acción puede verse potenciada por la presencia de otros componentes como el calcio y la vitamina B12.

A su vez, el calcio (de la leche) y el magnesio (de los cereales) juegan un rol sinérgico y son necesarios para el equilibrio de nuestro sistema nervioso.

Por último es importante destacar que los medicamentos deben emplearse como último recurso. Los de venta libre pueden tener efectos secundarios, incluyendo efecto “resaca” a la mañana siguiente. nunca te automediques, ¡menos estando embarazada!

Si estos consejos generales no te dan buenos resultados, es recomendable hacer una consulta médica para buscar otras opciones terapéuticas.

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