Escuela de Padres

La bolsa amniótica. A salvo de todo

Posted on: 11 octubre, 2015

¡Impresionante! No existe otra palabra que describa mejor el lugar donde el bebé puede crecer y desarrollarse seguro: la bolsa amniótica o bolsa de aguas. Es su primer hogar, un refugio donde está a salvo de infecciones, golpes del exterior y en el que puede mover, por primera vez, sus piernas y brazos, como si estuviera flotando en el espacio.

La bolsa de aguas está compuesta por dos membranas: una externa, llamada corion, formada por células derivadas de la placenta, y una interna, llamada amnios, que se forma a partir del tejido embrionario. A partir del tercer mes de embarazo, ambas capas se unen y le proporcionan al feto un espacio seguro y estéril para que crezca a sus anchas. Y puede parecerlo literalmente: son tan elásticas que pueden expandirse hasta el doble de su tamaño.

¿Qué hay en el interior de la bolsa?

Pue sel líquido amniótico, transparente, inodoro y de sabor ligeramente salida, en el que flota plácidamente. Su papel es ayudar al feto a mantener una temperatura estable, desarrollar los pulmones, favorecer el movimiento de sus músculos y huesos, y evitar que el cordón umbilical le oprima el cuerpo.

La cantidad de líquido varía a lo largo del embarazo: de 20 ml en la semana 7ª, a 400 ml en la semana 20ª y a casi un litro en la semana 36ª. Si no fuera por él, las paredes del útero serían incapaces de amortiguar el más mínimo tropezón. Además, ofrece al ginecólogo datos importantes, es decir, que tanto si disminuye en exceso (por debajo de 500 ml) como si aumenta demasiado (más de 2 litros), puede ir asociado a malformaciones fetales o diabetes materna. El especialista controla estos valores a través de las ecografías y, ante cualquiera de estas circunstancias, valorará si conviene adelantar el parto o vigilar a la madre  y esperar.

Protagonista de las pruebas diagnósticas

La bolsa amniótica juega un papel muy importante en la biopsia corral y en la amniocentesis, las dos pruebas con las que se diagnostican o descartan defectos congénitos:

biopsiaLa biopsia corral se realiza entre las semanas 9ª y 12ª de gestación, tomando una muestra de las vellosidades del corion, que forman parte de la placenta. Se puede realizar por el cuello uterino (utilizando un catéter delgado) o a través del abdomen (con una fina aguja), según sea la posición del feto.

amniocentosis

La amoniocentesis se realiza entre la 15ª y la 18ª semana de gestación. Se hace introduciendo una aguja fina y larga en el abdomen de la madre, guiada por el ecógrafo, para extraer unos 15 ml de líquido amniótico. En la capa interna de la bolsa hay células productoras de colágeno, que se encargan de reparar la fisura que ha producido la punción. Pero no es una reparación instantánea, por eso se recomienda que la madre guarde reposo durante 5 días tras su realización.

¿Y cómo respira el bebé ahí dentro?

El pequeño inquilino recibe el oxígeno que necesita a través de la placenta. Sin embargo, sí inspira el líquido amniótico por la traquea y los bronquios, y lo expulsa con movimientos muy similares a los que se hacen al respirar. Es el modo en que sus pulmones se entrenan para poder realizar su trabajo bien, cuando el bebé nazca.

¿Se puede donar la bolsa?

Sí, sí se puede, pero es necesario que el parto sea por cesárea programada. Además no todos los hospitales tienen banco de este tejido, por lo que conviene informarse antes en la Organización Nacional de Trasplantes, si en tu maternidad es posible hacer la donación.

¿Y qué hacen con la bolsa? Pues la cortan en forma de parches, que se conservan congelados a -80º durante dos años en un Banco de Tejidos. Es muy rica en colágeno y en células madre y tiene propiedades antiinflamatorias por lo que se suele utilizar para tratar enfermedades oculares graves o lesiones de la piel.

¿Cómo sé si he roto aguas?

Cuando se “rompe aguas”, es decir, la membrana se rasga dejando salir el líquido del interior, no duele nada, solo se nota un hilo de líquido que recorre las piernas y que algunas madres han confundido con “un escape de pis”. Para distinguirlo se pueden hacer dos cosas:

Recoger el líquido en una toalla blanca y ver si tiene un color amarillento, de orina.

Realizar ejercicios de Kegel, sosteniendo el músculo de la base de la pelvis apretado. Si el líquido cesa de gotear, es muy probable que sea orina.

Si no es pis, hay que observar el color del líquido: si es transparten y no se tienen contracciones dolorosas, no es necesario salir corriendo a la maternidad, pero si es verde o amarillento, o tiene sangre, sí (el bebé puede no estar bien).

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