Escuela de Padres

La crítica negativa

Posted on: 1 febrero, 2016

Objetivo:

  • Dar a conocer a los padres de familia los efectos que sus palabras y actitudes causan en el desarrollo de sus hijos.

Tiempo:

            30 minutos

Material:

  • Cartón ovalado

Ambientación:

Se entrega a cada padre de familia un cartón ovalado con una cinta elástica para sujetarlo sobre el rostro, marcadores, tijeras, lana.

Cada participante diseña una careta para presentarla a los demás en determinada circunstancia, por ejemplo: ante mi esposo(a), con mis hijos, ante un estímulo o en mis ratos libres.

Se dividen por parejas y cada cual trata de descifrar la careta de su compañero(a), los sentimientos que expresa y las circunstancias que pretende evocar. El compañero comenta, aprueba, rectifica lo que cuestionan de su careta y confirma lo que quiere expresar. Al finalizar el ejercicio se hace una retroalimentación a partir de dos preguntas:

¿En qué ocasiones los padres utilizamos máscaras ante los hijos?

¿Qué máscaras nos separan de nuestras familias?

Dinámica:

  1. Formar grupos de 5 ó 6 personas.
  2. Nombrar un relator y un secretario por grupo.
  3. Entrega de la fábula «El patito feo»
  4. Lectura, respuesta y análisis de los interrogantes planteados en el documento. El relator de cada grupo da a conocer las conclusiones.
  5. Escriba dos formas concretas para evitar la crítica negativa a sus hijos. Asúmalas como compromiso.
  6. Cada grupo reflexiona durante 5 minutos éstas preguntas:

¿Qué le aportó la reunión?

¿Qué sugerencias tiene para reuniones posteriores?

«EL PATITO FEO»

Como saben muy bien, el patito nació todo lo feo que su especie podía permitirle, sin tener que dejar de llamarle pato. Era menudo, peloncillo, patizambo y cobarde, hasta tal punto que la señora pata no recordaba cosa igual en su larga experiencia de maternidad. Ella había encubado más de setenta huevos. Alguien dijo que el patito nació de un huevo de cisne.

Y el señor pato y la señora pata se lo creyeron al principio. Luego se vio claro que no. El huevo era de pato y había sido un huevo normal como todos los huevos de pato.

El primero en desilusionarse fue el señor pato. Era un ejemplar de macho, que con su mal genio y sus poderosos graznidos tenía en jaque a todos los habitantes del corral. ¡Qué vergüenza! -refunfuñaba a toda hora-. ¡Con lo fuertes y hermosos que han sido todos tus hermanos!

Y el señor pato decidió acelerar el proceso de desarrollo y el fortalecimiento de su criatura. -Vamos a poner a prueba tus pulmones -gritaba-. Imítame con todas tus fuerzas. Y el señor pato lanzaba un poderoso cuá-cuá terrorífico que dejaba el corral en estado cataléptico. El patito procuraba imitarlo, pero su grito no era más sonoro que el chillido de un conejo. – ¡Otra vez! -vociferaba encolerizado el celoso educador-. ¡Otra vez y mil veces hasta que te salga un vozarrón como la trompeta del juicio! El patito intentaba inútilmente obedecer y su fracaso adquiría entonces carácter de tragedia; los insultos y palmetazos llovían sobre su cuerpo y las pocas plumas de su cabeza volaban por el aire.

¡Al agua patos! -ordenaba el señor pato. Y la recua se zambullía en la presa del molino. Era una escuadra de barquitos amarillos. El señor pato marcaba el tiempo del «crawl» y todos debían someterse a su ritmo sin desfallecer. Pero el patito, a los pocos minutos, sentía tremendos calambres en las patas. ¡Pues te aguantas los calambres y sigues nadando hasta que yo lo ordene! –gritaba furiosamente el «manager»-. A punto estuvo el pequeño palmípedo de ser arrastrado por la corriente y fue necesaria la intervención de toda la familia para arrancarle de las garras del remolino.

Cuando comenzó el colegio, el señor pato tuvo especial interés en presentar personalmente sus hijos al profesor. -Quiero que el día de mañana sean unos patos de provecho. En cuanto a éste -y señalaba al patito-, no nos hacemos muchas ilusiones. Es el más tonto de todos los hermanos. Se lo pongo en sus manos para ver si lo despabila. En todo caso no le vendrán mal unos palmetazos cuando lo crea oportuno. El maestro no se hizo repetir la orden y consideró oportuno propinarle una ración diaria de palmetazos, amén de ponerle en ridículo delante de toda la clase bajo cualquier pretexto.

Un día, el patito se contempló en un trozo de espejo. Verdaderamente todos tenían razón: era más feo y más raquítico de lo que él había imaginado y pensó que una criatura tan horrible no tenía derecho a estropear el mundo de los demás.

Antes de tomar una decisión, arrancó una plumita de su ala y escribió en una hoja de plátano: «Querido padre: yo no tengo la culpa de que un huevo de pato te haya hecho concebir tantas ilusiones. Verdaderamente el hijo debería ponerte sobre aviso cuando la madre pata se pone a encubar.

Luego ocurre lo irremediable». «Yo no podía pedirte que me llamaras guapo o inteligente. Me bastaba que fueras capaz de perdonar mi debilidad». « Si esto te consuela, estoy arrepentido de haber sido tan feo, tan débil y tan tonto». Y el patito dejó la carta en el corral. Y luego se fue a bañar a la presa del molino, donde, de cuando en cuando se formaba aquel extraño remolino

 

Actividad:

Una vez realizada la lectura «El patito feo»; los padres responden las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué frases le impactaron más y por qué?
  2. Escriba las frases más frecuentes del señor pato y que también utilizamos los padres en la vida diaria.
  3. ¿Por qué cree que el padre actúa así con el patito?
  4. ¿Cuál es la moraleja de la fábula?
  5. ¿Habrá alguna posibilidad de cambio? ¿Cuál? Escríbala.


Ideas para complementar el tema:

La crítica negativa hiere e impide que seamos abiertos y honestos en nuestra mutua comunicación. La crítica negativa destruye el espíritu. Nos hace subestimar nuestro valor y bondad, acabando con la confianza en nosotros mismos.

Cuando se es siempre criticado, la otra persona piensa: ¿Qué dirá ahora? ¿Cómo reaccionará ante esto? Se elimina la espontaneidad y la alegría de la relación.

Desafortunadamente, a menudo, les damos a nuestros hijos otros nombres que expresan críticas y es así como los llamamos «vagos», «estúpidos», «inútiles», «amargados» etc. Nuestros hijos llevarán también estos nombres por el resto de su vida. La crítica surge en todo tipo de situaciones: al haber sido incomodados por alguien, agredidos o rechazados.

Otro origen de nuestra crítica negativa es sentirnos desilusionados de nuestros hijos o esposos.

Tenemos una imagen de lo que un hijo debería ser y nos damos cuenta que nuestro ideal no responde a la realidad.

Nunca olvidamos el ideal, pero tampoco aceptamos a la persona como es, tendemos siempre a moldearla, y que cumpla nuestras expectativas.

Lo mejor que podemos hacer acerca de la crítica negativa, es eliminarla de nuestro estilo de vida. Liberarnos de ella genera un ambiente agradable, una mayor apertura y, disponibilidad y una oportunidad para apreciar realmente la compañía de los demás. El pacto de No Crítica negativa, asegura que jamás estaremos contra la pared.

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