Escuela de Padres

Archive for febrero 3rd, 2016

Objetivo:

  • Permitir que los participantes se observen a sí mismos con toda sinceridad, e identifiquen los rasgos positivos y negativos que creen poseer, para sustituir las actitudes irracionales por otras que generen una relación más grata en el matrimonio.

Tiempo:

            60 minutos

Material:

  • Poema

Ambientación:

Cada participante, al ingresar al salón, recibe una figura geométrica de diferente color. Una vez ubicados, se indica buscar al compañero(s) que tenga la misma figura geométrica.

Formados los grupos, se pide colocar un nombre. Ejemplo: «los chavales», «los amantes», etc.

A cada grupo se asigna un diferente tema musical fotocopiado; a manera de ejemplo, letras de las siguientes canciones: Quiéreme mucho, Rondalla, El día que me quieras, Te necesito tanto amor, Amar y Vivir, Amanecí en tus brazos, Adoro, etc. Cada grupo deberá preparar la canción e interpretarla dando a conocer el nombre del grupo y presentando sus integrantes.

Presentación del tema:

  1. Entregar a cada participante fotocopia de la tipología.
  2. Respuesta a las preguntas
  3. Formar grupos de 6 personas y asignar una tipología para su dramatización.

 

Ejemplo: el grupo 1 representa el señor fiscal, el grupo 2 al prefecto de disciplina, el 3 al amante esponja, etc.

 

En grupo:

Cada grupo dramatiza la tipología correspondiente y comenta los riesgos que implica asumir dichos comportamientos.

 

 

Reflexión:

¿Qué características negativas de las que posee, desea cambiar? ¿En qué forma lo haría?

 

Tipología:

Pasearemos por una variedad de prototipos responsables de la catástrofe familiar. Todos ellos albergan en lo profundo de su ser un miedo enorme que los impulsa a obrar, aun entendiendo sus fracasos. Algunos modelos son más comunes en hombres que en mujeres y viceversa.

No identifique su pareja con cada uno de los personajes. Obsérvese con toda sinceridad e identifique los rasgos que usted cree poseer.

El (La) Señor(a) Fiscal:

Desempeña una labor que todos advierten y deben respetar.

Teme no ser tenido en cuenta. Siempre encuentra fallas, e intencionalmente las busca: abre los cajones de los armarios, presta atención cada vez que los hijos hablan al otro cónyuge, jamás se le puede complacer. Subestima a los demás, critica cuanto hacen y lo que todavía no han hecho.

No consulta, no sugiere, no ofrece participación. No soporta el menor olvido y se altera espectacularmente por los errores ajenos. Gasta enormes cantidades de energía, al intentar reformar al prójimo a fuerza de reproches. Sin conceder un ápice de libertad para escoger el modo más apropiado de comportarse. En un ambiente así, ¿puede haber espacio para la libertad?

El (La) amante esponja:

El (La) Prefecto(a) de disciplina:

Es un tipo de persona similar al fiscal, con la diferencia de que, mientras aquel critica por indisponer, éste lo hace por obtener perfección, acosado por el miedo a ser censurado. El temor lo induce a una búsqueda incesante de eficiencia y buena imagen, más importante aun que el bienestar. En su presencia las otras personas se sienten incómodas, ya que son excesivamente atentos, ofrecen, regalan, insisten en mostrarse generosos con sus visitas, limpian el cenicero tan pronto como cae la primera ceniza, obligan al cónyuge y a los hijos a presentarse impecablemente vestidos, mostrar su mejor sonrisa y observar todas las reglas de cortesía.

Cada cosa ha de permanecer en su sitio exacto y los miembros de la familia deben ser competentes en todo aspecto. Exigen de los hijos toda clase de éxitos, en tanto ellos se esfuercen por el deber de ser puntuales, proveedores. Se caracterizan por ser perfectos amantes, magníficos administradores del hogar, padres eficaces, trabajadores calificados; de tal manera que nadie pueda decir que comete falla alguna. Actualmente, (ya abolida la esclavitud) tal vez sólo los militares de rangos inferiores están dispuestos a acatar los arbitrarios designios de éstos prefectos de disciplina. Las esposas y los esposos cuando es necesario toleran este infierno y quizá sólo por un tiempo.

Absorbe por completo la vida de su pareja. Sólo siente seguridad permaneciendo a su lado. Abriga el secreto temor de no ser una persona lo suficientemente atractiva (valiosa) como para que otros la deseen y puedan hacerla feliz. De allí se deduce un segundo miedo: que su compañero(a) encuentre a alguien mejor y lo abandone.

Al necesitar la presencia viva del ser amado, no le cede un metro de espacio íntimo; piensa por él, traza sus planes, toma decisiones por él, encuentra soluciones a los problemas que le incumben al otro y programa su tiempo. Si el cónyuge se entusiasma con alguna nueva actividad -un curso, deporte o trabajo-, sin oponerse abiertamente, destaca todos los inconvenientes posibles y si a pesar de ellos el otro no renuncia, termina «interesado» en participar. Mientras está lejos llama a su compañero(a) cinco o seis veces, no para vigilarlo sino para sentirlo cerca. Lo más importante es contar con el amor de la otra persona; por lo mismo cree que ella debe amarlo con igual «devoción» y sentirse dichoso cada minuto que pasan juntos.

Casi siempre es uno solo de los integrantes de la pareja el que absorbe el espacio vital del otro. De ahí que es fácil suponer lo que puede ocurrir cuando la persona «normal» vislumbra la posibilidad de ser libre.

El (La) eterno(a) conciliador(a):

«Todos merecen más que yo», parece decirse la persona que obra según las necesidades y caprichos de su pareja. Por miedo al rechazo, a la desaprobación o al conflicto, intenta complacer a su pareja. No importa cuánto le exija, se esfuerza por cumplir con su deber. No importa si la crítica que recibe es justa o injusta, dirá que el otro tiene la razón. Carente de autoestima, su imagen se nutre por gracia de las bondadosas palabras del compañero, cuando éste tiene a bien decirle algo agradable.

El (La) escultura de piedra:

Como cualquier estatua, fría, impávida, un individuo así es incapaz de expresar un gesto de ternura. Cuando lo abrazan tensa los músculos y retrocede, especialmente si hay otras personas presentes. «Detesto la merecería, guarda esas expresiones para la intimidad». Contradictoriamente, también en la relación sexual son fríos como hielo.

Llaman intimidad a una cópula sin preámbulos, en la que de pronto dejan escapar un «te quiero» a secas o un «hasta mañana», dando media vuelta después del ritual, sin la más mínima preocupación por la satisfacción del compañero(a). Temen mostrarse como seres humanos y por tanto, débiles y susceptibles de ser heridos. Parecen incapaces de sobrellevar las frustraciones de la vida. A tal punto llega el temor de sufrir decepciones que muchos nunca formalizan una relación amorosa. No aceptan que su pareja, como todas las personas, necesita amor, caricias, palabras tiernas y detalles delicados. Ignoran probablemente, que la relación con el ser que dicen amar, puede acabar el día en que aquel se canse de mendigar afecto.

El(La) niño(a) de papá y mamá:

A pesar de haber formado un hogar propio, esta clase de persona sigue emocionalmente atada al hogar paterno. Reza la expresión popular: «no han cortado el cordón umbilical» y es verdad. Por miedo a separarse de los padres y asumir su nuevo compromiso, continúan girando alrededor de ellos.

No toman ninguna decisión sin consultarlos primero. En ocasiones resuelven algo en pareja y más tarde uno de los dos cambia de opinión después de haber hablado con papá y mamá.

Todo lo ocurrido en el trabajo, con los amigos, en el banco, en el mercado, en el colegio, en la intimidad es conocido por los padres. De ello hablan todos los días rigurosamente y los fines de semana, cuando sin falta van a casa. El individuo que así se comporta, carece de total autonomía.

La dependencia de sus progenitores le impide confiar en su enorme capacidad de manejar su mundo, único y diferente al de aquellos. Dado el caso que ambos cónyuges sigan siendo los niños de papá y mamá, es muy difícil conciliar puntos de vista, como puede suceder tratándose de tres familias.

Tampoco es fácil permanecer gran cantidad de tiempo en uno de los dos hogares. No obstante, en la mayoría de casos, un solo cónyuge es el que teme separarse de los padres, circunstancia que conlleva a serios enfrentamientos.

 

El (La) cuenta gotas:

Tanto, se siente humillado; por más que se lo proponga, por más que colabore, su aporte siempre resultará insignificante. Si las recriminaciones son recíprocas, el espacio de afecto que debería existir en la intimidad, se mantiene ocupado por una pugna acerba definida en términos de «quién es el que da más».

  1. Enumere de 1 a 7 los diferentes perfiles presentados, según se identifique.
  2. ¿En qué momento de su vida de pareja se manifiestan rasgos o comportamientos de los tres primeros perfiles que seleccionó? ¿Por qué?
  3. ¿Con qué tipo de perfil se identificará dentro de 10 años? ¿Por qué?
  4. Escriba una pequeña plegaria a Dios, que refleje los sentimientos que ha suscitado en usted esta reflexión.

Persona que aporta en la medida en que recibe. Vive temerosa de ser explotada, de ahí su posición defensiva.

Lleva detalle de cuánto gana su cónyuge y cuánto gasta en comparación con los gastos que ella hace. Cuando la satisfacción de las demandas económicas del hogar depende de su trabajo, siente que está sosteniendo un imperio, que en contraprestación le ofrece poco.

Echa en cara los esfuerzos que hace para procurar lo necesario y el mundo le parece un gigante desagradecido.


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