Escuela de Padres

Conociéndonos a nosotros mismos

Posted on: 5 febrero, 2016

1.- Objetivos Generales:

  • Realizar una introspección personal sobre las actitudes personales que como padres debemos cambiar para poder ayudar a los hijos en el devenir cotidiano

2.- Cuentos: Se divide a los presentes en tres grupos y se le entrega a cada uno, uno de los cuentos. Al terminar la actividad propuesta, irán rotando dichos textos hacia los otros grupos, hasta que todos hayan leído y sacado sus conclusiones y pueda comenzarse una puesta en común.

Actividades para “La renovación del águila”:

  1. a) ¿Qué le sugiere la actitud del águila que no se resigna a morir?
  2. b) ¿Se ve a si mismo intentando cambios personales tan “dolorosos”, metafóricamente, como los sufre el águila?
  3. c) ¿Qué mensaje le deja a usted?

Actividades para “Las ranas en la crema”

  1. a) ¿Qué le sugiere la actitud de la rana que no se resigna a morir?
  2. b) ¿Se siente en el día a día con esa fortaleza para pelearla hasta el final, pese a la adversidad?
  3. c) ¿Qué mensaje le deja a usted la rana sobreviviente?

Actividades para “El elefante encadenado”

  1. a) ¿Qué reflexión le merece este cuento del elefante?
  2. b) ¿Ha sentido a veces, que ése es “su destino”?
  3. c) ¿Cree que si su hijo/a lo ve resignado, “abandonado a su destino”, podrá desarrollar en él o ella, esperanzas de una vida creativa y satisfactoria como la que usted desea para él o ella?

Permitir expresarse a todos los integrantes de los grupos, respetando tiempo de habla y escucha, teniendo en cuenta que éste es el último encuentro.

La renovación del águila

El águila es el ave de mayor longevidad de la especie. Llega a vivir 70 años, pero, para llegar a esa edad, a los 40, deberá tomar una seria decisión.

A los 40 años, sus uñas están apretadas y flexibles, sin conseguir tomar las presas de las cuales se alimenta.

Su pico, largo y puntiagudo se curva, apuntando contra su pecho.

Sus alas están envejecidas y pesadas y sus plumas, gruesas. Volar se hace tan difícil…

Entonces el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación, que dura 150 días.

Este proceso consiste en volar a lo alto de una montaña y quedarse allí en un nido cercano a un paredón, en donde no tenga necesidad de volar.

Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear su pico en la pared, hasta conseguir arrancárselo.

Después de arrancarlo, debe esperar el crecimiento de uno nuevo, con el que desprenderá una a una sus uñas viejas.

Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, empezará a desprender, sus plumas viejas.

Después de cinco meses, sale para el famoso vuelo de renovación y para vivir 30 años más…


Las ranas en la crema

Había una vez dos ranas que cayeron en un recipiente de crema.

Inmediatamente sintieron que se hundían, era imposible nadar en esa masa espesa como arenas movedizas.

Al principio las dos patalearon en la crema para llegar al borde del recipiente, pero era inútil, solo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse.

Sintieron que cada vez era más difícil salir a la superficie a respirar.

Una de ellas dijo en voz alta: -“No puedo más. Es imposible salir de aquí, esta materia no es para nadar. Ya que voy a morir no veo para qué prolongar este dolor. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por este esfuerzo inútil”.

Y dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez. Siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.

La otra rana, quizás más persistente, o quizás más cabeza dura, se dijo: -“No hay caso… ¡Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa! Sin embargo, ya que la muerte me llega, prefiero luchar hasta mi último aliento. No quisiera morir un segundo antes de que llegue mi hora”.

Y siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar un centímetro. Horas y horas!

Y de pronto… de tanto patalear y agitar, agitar y patalear…La crema se transformó en manteca. La rana sorprendida dio un salto, y patinando llegó hasta el borde del pote.

M. Menapace


El elefante encadenado

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales.

Me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… Pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente:

¿Qué lo mantiene entonces?

¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia:

– Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.

La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía…

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.

El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

Jamás… jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…

Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad, condicionados por el recuerdo de “no puedo”…

Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón

3.- Conversar acerca del objetivo general.

4.- Ejercicio de ¿Cuánto conozco a mi hijo y cuánto me conoce mi familia?

Cuestionario para que los padres respondan en la reunión, acerca de sus hijos:

  • ¿Qué color le gusta más?
  • ¿Qué comida prefiere?
  • ¿Cómo se llama su mejor amigo/amiga?
  • ¿En qué grupo de la escuela está?
  • ¿Cómo se llama su maestra?
  • ¿Qué materia le gusta más?
  • ¿Con qué materia tiene más problemas en la escuela?
  • ¿Qué oficio o carrera le gustaría seguir?
  • ¿Qué hace en los recreos o en el tiempo libre?
  • ¿Cuál es su deporte o actividad favorita?
  • ¿Qué tipo de programas ve en la televisión? ¿Cuáles?
  • ¿Qué película es la última que ha visto?
  • ¿Qué hace en los cumpleaños de sus amiguitos?

Al finalizar el cuestionario, se les pide hacer la tarea en el hogar:

Dárselo a su pareja y a su hijo para que completen el que corresponde a los padres.

Cuestionario para los hijos y la pareja, respondan en el hogar:

  • ¿Qué color le gusta más?
  • ¿Qué comida prefiere?
  • ¿Cómo se llama su mejor amigo/amiga?
  • ¿Dónde y de qué trabaja?
  • ¿Quién es su jefe?
  • ¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
  • ¿Cuál es su actividad favorita?
  • ¿Practica algún deporte?
  • ¿Qué tipo de programas ve en la televisión? ¿Cuáles?
  • ¿Qué película es la última que ha visto?
  • ¿Qué hace cuando sale con sus amigos?

Sugerir que al terminar confronten las respuestas y lleguen a una conclusión respecto al nivel de comunicación que tienen. Proponerse mejorarla, buscando conocerse más para comprenderse mejor.

5.- Oración de un niño como mi hijo…

Un niño meditando en su oración, concluyó:
“Señor esta noche te pido algo especial… Convertirme en un televisor”.
“Quisiera ocupar su lugar para vivir lo que vive la tele de mi casa. Es
decir, tener un cuarto especial para mí y reunir a todos los miembros de
mi familia a mi alrededor”.
“Ser tomado en serio cuando hablo. Convertirme en el centro de atención
al que todos quieran escuchar sin interrumpir ni cuestionarle”.
“Quisiera sentir el cuidado especial que recibe la tele cuando algo no
funciona”.
“Tener la compañía de mi Papá cuando llega a casa, aunque esté
cansado del trabajo”.
“Que mi Mamá me busque cuando esté sola y aburrida, en lugar de
ignorarme”.
“…Y que mis hermanos se peleen por estar conmigo”.
“Que pueda divertirlos a todos, aunque a veces no les diga nada”.
“Quisiera vivir la sensación de que lo dejen todo por pasar unos
momentos a mi lado”.
“Señor, no te pido mucho; sólo vivir lo que vive cualquier televisor”.

6.- Reflexión: “Tus hijos no son tus hijos, son hijos de la vida…” Kalil Gibrán

TUS HIJOS

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no pueden visitar
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

Khalil Gibran

7.- Despedida e invitación para una actividad conjunta con la institución.

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