Escuela de Padres

Los castigos

Posted on: 12 septiembre, 2016

En un libro sobre la educación de los hijos, escribí todo un capítulo sobre los castigos. No lo voy a reproducir, pero mi filosofía sobre el tema es muy parecida a la de los premios.

Siempre que sea posible intentad no recurrir al castigo en la educación de cada día.

El diccionario define el castigo como una pena impuesta a alguien para corregirlo o para mantener la disciplina.

Los padres y los educadores deberían esforzarse en agotar todas las estrategias posibles, antes de proponer un castigo.

Si se han agotado todos los considerandos, y aquella falta que ha hecho nuestro hijo es considerada de tal envergadura que, después de haber reflexionado a conciencia, padre y madre creen que no se puede actuar más que castigando de alguna forma, antes de hacerlo deberíamos pensar lo siguiente:

a) La finalidad del castigo no es otra que la de mejorar la conducta del hijo.
b) Castigar poco. Si podemos educar sin castigos, mejor.
c) Es preciso que el hijo tenga una clara conciencia de su culpa. El niño sabe que ha hecho algo voluntariamente, sabiendo que estaba mal.
d) Los castigos deben ser proporcionados a la falta cometida. No precipitarse al poner castigos. Pensarlo.
e) El castigo debe ser ejecutado lo antes posible.
f) El castigo es la consecuencia de haber transgredido unas normas. No es una cuestión personal. Es una sanción por una mala conducta que queremos que no se repita. Evitaremos sancionar al mal estudiante, únicamente brillante en baloncesto, quitándole del baloncesto.
g) Una vez realizado, hay que olvidar la culpa que lo provocó. Hay que dar la imagen que todo el mundo puede cometer errores y que lo importante es superarlos. Hay que olvidar sinceramente.
h) El castigo debe actuar más sobre la voluntad que sobre el cuerpo o el miedo.
i) Hay que cumplirlo siempre. Y nunca hay que amenazar, con un castigo que no pensamos imponer.
j) Ante las faltas muy graves. En las faltas de respeto, el insulto a los padres o maestros y las conductas violentas con deseo de agredir y hacer daño al otro, hay que dar una solemne bofetada.

El castigo adecuado, es el más grave para la falta más grave. Es el castigo más humillante, no por doloroso (ya que no se trata de hacer daño) sino por la gravedad de la falta. El respeto y la violencia deben ser un terreno prohibido en los que el niño y el adolescente deberían contenerse siempre.

Si la bofetada se da a tiempo (es el caso de un niño) generalmente se convierte en castigo único. A un preadolescente, puede ser útil. A un adolescente, se le hablará, y castigará, pero en general, no es tiempo de bofetones. Podría complicar más aún la relación.

k) Si os dais cuenta que estáis repitiendo los castigos y el hijo no mejora, es preciso hacer un replanteamiento. Recordad que castigamos para mejorar las conductas.

Jordi Folch y Soler, psiquiatra

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