Escuela de Padres

El juego infantil, eje metodológico de la intervención de cero a seis años

Posted on: 14 septiembre, 2016

Las ideas, nociones, pensamientos y experiencias que se adquieren a lo largo de los años en la educación y la enseñanza aparecen como resultado de diversas interacciones con muy diferentes personas, algunos quedan grabados para siempre en la memoria, mientras que otros se absorben y asimilan como parte de nuestro propio ser. Así sucede con los pensamientos y acciones relativos al juego.

El juego es, indudablemente, un medio por el que los seres humanos exploran diversas experiencias en diferentes casos y con distintos fines. Dentro de situaciones educativas, el juego no sólo proporciona un auténtico medio de aprendizaje sino que permite que unos adultos preparados adquieran conocimientos respecto a los niños y sus necesidades. En el contexto escolar, esto significa que los profesores deben ser capaces de comprender donde están los niños en su aprendizaje y en su desarrollo general, lo que a su vez indica a los educadores el punto de partida para la promoción de un nuevo aprendizaje, tanto en el campo cognitivo como en el afectivo.

El juego representa una actividad lúdica rica en formas y propuestas. Jugando el niño se desarrolla, física, emocional y socialmente, a la vez que estimula el desarrollo de su inteligencia, a través de un crecimiento sano y armónico, siendo una de las fuentes más importantes de progreso y aprendizajes. Marín, 2005.

Los profesores y otras personas inmersas en educación y la asistencia de los niños pequeños deben investigar y establecer, qué entienden por juego, desarrollar un profundo constructor de juego que posea un rigor académico aceptable, satisfacer a los padres y a otras personas que puedan participar en todos los juegos que necesiten en otros contextos ajenos a la escuela.

El juego asegura que le cerebro, y sobre todo en los niños, estén en una continua actividad y estímulo. En los más pequeños el juego está positivamente asociado con el desarrollo general y con la maduración (Millar 1968). Posee la ventaja de proporcionar diversión y placer, por tanto puede existir en el contexto de la resolución de conflictos y de ansiedad, al mismo tiempo la situación del juego proporciona estimulación, variedad, interés, concentración y motivación, puede proporcionar un escape de las presiones de la realidad, aliviar a veces el aburrimiento y, en ciertos casos, simplemente relajación.

El juego induce a los niños a desarrollar percepciones acerca de otras personas, y a comprender las demandas en los dos sentidos de expectación y tolerancia. En muchas situaciones lúdicas existen implícitamente oportunidades para la exploración de conceptos como el de la libertad y conducen, con el tiempo, a proporcionar vías de paso hacia el desarrollo de la independencia. En un nivel más básico, el juego brinda situaciones en donde practicar destrezas, tanto físicas como mentales, repitiéndolas tantas veces como sea necesario para conseguir confianza y dominio. Además, permite una oportunidad de explorar las propias potencialidades y limitaciones.

El juego no es sólo una posibilidad de autoexpresión para los niños, sino también de autodescubrimiento, exploración y experimentación con sensaciones, movimientos, relaciones, a través de las cuales llegan a conocerse a sí mismos y a formar conceptos sobre el mundo. (Garaigordobil, 2005)

Los niños, pueden jugar conforme a su propio estilo, extrayendo de esa experiencia cualquier aprendizaje para el que estén “dispuestos” en ese momento.

Al observar a los niños, parece claro, que existen en motivación y satisfacción mucho mayores en el aprendizaje a través de este tipo de situación, cuando los sujetos pueden basar el nuevo aprendizaje en lo que ya resulta familiar y que, por eso, accede hasta ellos de un modo más natural.

Esta etapa del “conocer” proporciona, esencialmente a los niños pequeños, la confianza necesaria para desear saber más. Porque como Claxton indica (1984):

“El aprendizaje es fundamentalmente un desarrollo, no sólo una acumulación, y debe siempre proceder de y retomar a lo que es conocido.”

Los niños pequeños revelan a menudo en su juego todas estas características y aún más. Como proceso y como modo, el juego proporciona un “ethos de aprendizaje” en el que se pueden atender las necesidades básicas del aprendizaje infantil. Entre tales necesidades figuran la oportunidad de:

– Practicar, elegir, perseverar, imitar, imaginar, dominar, y obtener competencia y confianza.

– Adquirir un nuevo conocimiento, unas destrezas, un pensamiento coherente y lógico y una comprensión.

Alcanzar la posibilidad de crear, observar, experimentar, moverse, cooperar, sentir, pensar, aprender de memoria y recordar.

– Comunicarse, interrogar, interactuar con otros y ser parte de una experiencia social más amplia en la que resultan vitales la flexibilidad, la tolerancia y la autodisciplina.

Conocer y valorarse a sí mismos y las propias fuerzas y comprender las limitaciones personales.

– Ser activos dentro de un ambiente sereno y seguro que estimule y consolide el desarrollo de las normas y de los valores sociales.

El juego abierto, aquello a lo que podríamos denominar verdadera situación lúdica, presenta a los niños un extenso campo de posibilidades atendiendo a sus necesidades de aprendizaje y ampliando su aprendizaje explícito. Parte de la tarea del profesor consiste en proporcionar situaciones de juego libre y dirigido, en las que intentar atender a las necesidades de aprendizaje de los niños. En ese papel, puede considerarse al profesor como un iniciador que hace posible el aprendizaje.

Sin embargo, el papel más importante del profesor es, el que realiza cuando ha de decidir qué es lo que el niño ha aprendido (el papel de investigación y evaluación) para proseguir con el mantenimiento y promoción del aprendizaje y volver a su rol de iniciador.

Este proceso, forma parte de la necesidad de actualización y formación del profesorado que garantice que éstos tengan una competencia cada vez mayor con el fin de mantener y conservar el rol del juego en el desarrollo de los alumnos.

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