Escuela de Padres

Juego y desarrollo: el rol del adulto

Posted on: 21 septiembre, 2016

* DESARROLLO SOCIO – AFECTIVO

Desde los primeros momentos de la vida, la comunicación gestual – verbal entre los adultos y el bebé, incluye un jugueteo con la voz, con las caricias, con los gestos … que da a las interacciones entre ambos una naturaleza de juego.

* DESARROLLO FÍSICO Y MOTRIZ

Siguiendo a García Orgaz, si observamos el juego de un niño vemos que estimula su desarrollo intelectual, porque cuando un niño juega experimenta con cosas y con ideas. Así consigue además, aprender de forma no frustrante, porque el juego no tiene metas, en el juego no se hace algo buscando una finalidad sino que sus motivaciones son intrínsecas: el juego mismo es la finalidad.

También podemos observar como el juego ayuda al niño a adaptarse a la realidad. Por medio del juego empieza a comprender cómo funcionan las cosas: lo que puede o no puede hacer con los objetos y cómo puede hacerse. Es capaz de crear una realidad sin problemas porque él es el que manda. De esta manera va construyendo un mundo comprensible para él. Además aprender a comprender y a controlar la realidad social, juega a las profesiones de las que tiene alguna información (padres, profesores, médicos, conductores…). Este juego le va permitiendo a aprender reglas de conducta, roles sociales.

Por otro lado el juego también cumple una función biológica, la de consumir energía sobrante, la de relajar, la de causar placer (saltar, correr, trepar, columpiarse…). Una energía que se canalizará después a través de las actividades deportivas.

Y también cumple una importante función terapéutica, porque los niños expresan por medio de sus juegos múltiples problemas, necesidades y emociones. El juego es una actividad con contenido simbólico que los niños emplean para solucionar problemas que no pueden resolver en la realidad, por medio del juego adquieren una sensación de control que distan mucho de poseer en la realidad.

Ordenando un poco lo dicho, podemos afirmar que la actividad lúdica contribuye al desarrollo de una personalidad integral, puesto que favorece:

  • El ámbito físico:

El juego potencia el desarrollo psicomotriz del alumno, en sus diversos aspectos, ayudándole a adquirir habilidades y destrezas de mayor complejidad, progresivamente :

– control postural

– fuerza muscular

– consecución de la marcha

– coordinación óculo-manual o viso-manual

– coordinación óculo-motriz o viso-motriz

– dominio de la lateralidad

– esquema corporal

– equilibrio

– seguridad en los movimientos

– estructuran la representación mental del esquema corporal

Según Garaigordobil (2005), los juegos de movimiento que los niños y niñas realizan a lo largo de la infancia, juegos de movimiento con su cuerpo, con objetos y con los compañeros, fomentan el desarrollo de las funciones psicomotrices, es decir de la coordinación motriz y la estructuración perceptiva.

  • El ámbito intelectual:

A través del juego el niño potencia diferentes capacidades cognitivas y habilidades que le permitirán alcanzar niveles superiores en su desarrollo intelectual:

– observar

– explorar: tocar, oler, gustar, …

– experimentar: tirar, coger, saltar, …

– comparar: establecer semejanzas y diferencias

– analizar: descubrir características diferenciales, asociar y relacionar rasgos,…

– sintetizar: destacar claves, eliminar lo accidental…

– aplicar y solucionar problemas

También adquiere nociones elementales, que igualmente reflejarán su enriquecimiento intelectual:

– cantidad y número

– peso y volumen

– sucesión y orden

– relación: analogía – diferencia

Al mismo tiempo el juego, principalmente el simbólico, es el entorno idóneo en el que se desarrolla el lenguaje:

– potencia la capacidad de simbolización

– aumenta su vocabulario

– puede ofrecer modelos lingüísticos positivos: sintácticos y morfológicos

– posibilita situaciones de expresión variada: oral, plástica, musical, corporal,…

Siguiendo a la autora anteriormente citada, Garaigordobil (2005), jugando los niños aprenden, porque obtienen nuevas experiencias, porque es una oportunidad para cometer aciertos y errores, para aplicar sus conocimientos y para solucionar problemas. El juego rea y desarrolla estructuras de pensamiento, origina y favorece la creatividad infantil; es un instrumento de investigación cognoscitiva del entorno.

  • El ámbito socio-afectivo:

Veamos cuál es el desarrollo afectivo – emocional que produce la actividad lúdica :

– libera tensiones y ansiedad

– potencia su actividad y libera energía sobrante y por lo tanto, puede considerarse que tiene un valor terapéutico

– afianza los vínculos afectivos entre los participantes

Facilita igualmente el proceso socializador del alumno:

– incorpora actitudes positivas: tolerancia, respeto, colaboración, ayuda…

– permite el establecimiento y respeto de normas

– le ayuda a asumir responsabilidades dentro del grupo

– favorece la jerarquización de valores socialmente aceptados

Mediante el juego el niño entra en contacto con sus iguales, lo que le ayuda a ir conociendo a las personas que le rodean, a aprender normas de comportamiento y a descubrirse a sí mismo en el marco de estos intercambios. Garigordobil, 2005.

A menudo los adultos nos planteamos como debemos jugar con los niños. En este sentido hay que tener en cuenta que las actitudes de los adultos ante los juegos de los niños influirán más adelante en lo que los niños piensen de su propia capacidad, influirán en su autoconcepto. Por ello lo ideal es jugar con los niños para disfrutar y en principio sin intención pedagógica.

Si no dejamos que el niño explore por temor a lo que le pueda ocurrir le haremos inseguro, o en cualquier caso, le quitaremos esa oportunidad de aprender.

Los adultos no necesitamos participar directamente en los juegos de los niños para reforzar la importancia de los mismos.

No se debe controlar ni dirigir constantemente el juego del niño porque, de esta manera, lo limitaríamos. El niño debe usar los juguetes como desee, y no como los adultos piensan que debe utilizarse.

En cambio, sí se pueden hacer propuestas de juego al niño. Por ejemplo, si tiene problemas de control de esfínteres, se le puede sugerir que ponga a hacer pis en un orinal a un muñeco, o jugar con él a llenar y vaciar frascos. Si se niega a comer, se puede jugar a dar de comer a las muñecas, o jugar a las comiditas.

Si le dan miedo los animales, se puede jugar al zoo, con marionetas de animales, con animales de peluche… O si le está costando adaptarse al colegio, se puede jugar a los viajes y a las despedidas.

En cualquier caso, hemos de tener presente la necesidad de estimular en el niño su juego de ficción, (sin el objeto presente), jugar a hacer como sí…, imaginando situaciones y personajes como si fueran reales.

Los adultos pueden iniciar el juego, pero siempre se debe dejar el control al niño, pues sólo así resolverá sus temores.

En conclusión, aunque cualquier juego cumple una función en el desarrollo psicológico del niño, no es conveniente convertir todo en juego, y también tiene que aprender a diferenciarlos de las rutinas cotidianas.

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