Escuela de Padres

La infancia

Posted on: 27 septiembre, 2016

Todos los autores coinciden en dividir la infancia en varias etapas. Sin embargo estas suelen variar bastante do unos a otros autores. Utilizamos a continuación la expuesta por Grace Graig en su libro DESARROLLO PSICOLOGICO:

Etapa del lactante: 0-2 años

Edad Preescolar: 2-6 años

La niñez: 6-10 años

1. Los lactantes

Durante los dos primeros años de vida los lactantes muestran considerables variaciones en su tasa de crecimiento y desarrollo. GESELL sostiene que el desarrollo depende de la maduración.

Uno de los tipos de comportamiento más simple que se encuentra en la base del descubrimiento y orientación en el mundo son los reflejos. Los reflejos son reacciones simples involuntarias a sencillos estímulos exteriores que poseen una gran utilidad como mecanismos de supervivencia, de defensa y de adaptación en los 4-5 meses del recién nacido.

El buen funcionamiento de los reflejos indica maduración normal del sistema médulo-espinal.

Los principales reflejos en el recién nacido son: reflejo de succión, el de parpadeo, el reflejo de agarrar, reflejo de Moro (desaparece; si persiste más allá tic los 3 ó 4 meses indica anormalidad neurológica, reflejo de la espina dorsal, reflejo de andar, reflejo de estiramiento, reflejo de acarear con los pies (si este reflejo no desaparece, más tarde el niño no podrá ponerse de pie)

Lo normal es que estos reflejos vayan desapareciendo entre el 4º y el 5º mes, de lo contrario el niño no podrá desarrollarse normalmente.

En el desarrollo motor el niño pasa por una fase tónico-refleja caracterizada por la postura que tiene el niño cuando está extendido boca arriba con la cabeza girada hacia un lado y el brazo de ese lado extendido mientras que el del lado contrario está flexionado. A los 4 meses entra en una fase simétrica en la cual los movimientos de los brazos se correlacionan con los movimientos de la cabeza y no se sabe utilizarlos independientemente. Posteriormente pasa a la fase semirrecta y erecta. En un periodo de 15 meses el niño pasa de una posición yacente a la de un bípedo. Este mismo esquema es igual para la adquisición de las destrezas manual y digital. Poco a poco la capacidad de aprensión va adquiriendo mayor finura.

En cuanto al desarrollo perceptivo el niño al nacer percibe los objetos que le rodean así como sus formas, de forma confusa pues sus ojos son poco capaces todavía de acomodación y coordinación. A las diez semanas de vida, el bebé prefiere mirar los contornos en vez de los centros. Inicialmente los lactantes perciben el mundo como una imagen plana. A los seis meses ya es capaz de captar las diferencias de distancia.

La percepción de los objetos y su tamaño, así como la profundidad y el espacio, no le viene dad al lactante a través de una modalidad sensorial. En ella influyen también las sensaciones del tacto, del oído, las sensaciones de equilibrio y propioceptivas. así como la psicomotricidad.

Hacia los cinco meses el niño no solo contempla las cosas, sino que las coge de forma activa y consciente, gracias a la coordinación del sentido del tacto con el de la vista. El niño no se orienta por las propiedades ópticas sino por las cualidades que descubre al manejarlas: rueda, se detiene, sirve para meter ruido…

El lactante no tiene percepciones aisladas cuando comprueba la existencia de una cosa, sino que su percepción está relacionada íntimamente con un sentimiento. Poco a poco el niño realiza una síntesis perceptiva que es la imagen de su propio cuerpo. Esta imagen lleva consigo sensaciones muy particulares (visuales, táctiles, de equilibrio…)

Hacia el cuarto o quinto mes, mira sus manos, luego sus pies. Al sexto mes toma interés por su propio cuerpo. Al final del primer año muestra y señala las distintas partes del cuerpo a petición del adulto.

En cuanto al desarrollo intelectual, según Piaget el desarrollo del pensamiento en esta etapa corresponde a los cuatro primeros estadios de la etapa sensoriomotríz. En esta etapa las interacciones del niño con el medio están gobernadas por acciones sensoriales (ver, oír…) o por acciones motóricas (aprehensión, tacto, succión…) A través de esta etapa el niño va formando nuevos patrones o sistemas organizados de acción que cada vez van a ser más intencionados.

El primer nivel de esta etapa corresponde al ejercicio de los reflejas los cuales son reacciones innatas a los estímulos. Alrededor de los 2-3 meses se dan las reacciones circulares primarias las cuales son conductas que el sujeto tiende a repetir y están centradas en sí mismo. Son reacciones puramente funcionales ( el niño coge por coger, mira por mirar…). Según Piaget son reacciones circulares primarias la succión, la mirada fija, fonación de ciertos sonidos…

El tercer nivel se da entre los 4-7 meses y son las reacciones circulares secundarias. Aquí el niño trata solo de repetir o prolongar un esquema descubierto por puro placer funcional. El niño sigue empleando nuevos parrones de comportamiento de forma accidental y los aprende. Comienza poco a poco a aparecer la acción intencional (8-12 meses)

En el cuarto nivel se da la coordinación de los esquemas secundarios (mirar, oír, tirar…) dando lugar a un esquema combinado (mirar para ver un juguete, tirar de él para cogerlo…). El niño ya es capaz de aplicar esos esquemas a situaciones nuevas para producir esquemas diferentes.

En relación con el desarrollo afectivo la vida del recién nacido se reduce casi exclusivamente a reacciones emotivas, quedando excluido todo sentimiento Esta vida emocional en los primeros cuatro meses de vida se halla ligada a sensaciones orgánicas: hambre, sed, placer, dolor, cansancio…

Entre el tercer y el sexto mes las vivencias de placer suelen predominar sobre las de displacer.

Las emociones del recién nacido son intensas y desproporcionadas a la causa que las haya motivado.

Ante un estimulo su organización motórica actúa globalmente. Estas emociones son momentáneas: duran poco tiempo y terminan bruscamente. Estos cambios bruscos se atribuyen a tres factores. A su carencia de comprensión total de la situación debido a su desarrollo intelectual inmaduro, al poco alcance de su atención y a que desahoga fácilmente sus emociones acumuladas. De modo general se puede afirmar que la lactancia es un periodo de la vida en el que la afectividad ejerce una influencia dominante sobre la conducta del niño y sus funciones psicológicas.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el desarrollo del lenguaje donde el niño es capaz de mostrar desde que nace una gran facilidad para tomar parte en rutinas de intercambio social. Los bebés reaccionan específicamente ante ciertos patrones visuales (especialmente los que configuran las expresiones faciales) como auditivos (son capaces de distinguir sonidos que forman parte de la voz humana y reaccionar sincrónicamente a los mismos). Junto a estas conductas tenemos un adulto que se acomoda constantemente a las necesidades del niño, siendo esta una de las claves para poder comenzar la incorporación de los complicados procesos comunicativo-lingüísticos que el niño realiza.

En el primer mes de vida los niños ya comienzan a emitir las primeras vocalizaciones que serán la base para realizar los patrones consonante-vocales Alrededor de los dos meses se producen las protoconversaciones (diálogos muy primitivos caracterizados por el contacto ocular, sonrisas, gorjeos y alternancia en las expresiones). En el tiempo que va de los cuatro a los ocho meses, las conductas sociales se van naciendo más complejas y especificas. Bruner (1994) es quien mejor ha estudiado este periodo, centrándose en el análisis de las rutinas lúdicas que el denomina formatos (contextos estables que le permiten al niño reconocer la estructura de la interacción y anticiparse en ocasiones al adulto, quien regula externamente al niño guiándole.

Sobre los seis meses y en adelante, repite sílabas con secuencias cada vez más complejas (balbuceo). Estas vocalizaciones empiezan a adquirir algunas características del lenguaje propiamente dicho: entonación, ritmo, tono…

La primera vocal que aparece suele ser la a y las primeras vocales suelen ser oclusivas (b, p, m). La combinación de estos sonidos dará lugar a las primeras palabras: papá, mamá…

Alrededor de los ocho meses el niño empieza a dar muestras claras de conducta intencional.

Hacia los nueve meses comienza a comunicar a través de los gestos deícticos (señalar, dar, mostrar…) Ante la imposibilidad de alcanzar algún objeto, mirará al adulto y al objeto alternativamente señalando hacia el mismo y probablemente vocalizando simultáneamente. Estamos en presencia de los protoimperativos.

Hacia los doce meses, el niño adjudica al adulto el estatus de interlocutor, es alguien con el que desea compartir cierta información. Aparece así la conducta protodeclarativa. El niño muestra objetos al adulto con la intención de compartirlos con él.

También a partir de ahora va comprendiendo palabras familiares, al mismo tiempo que las vocalizaciones son más precisas y mejor controladas en cuanto a altura tonal e intensidad.

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