Escuela de Padres

Archive for septiembre 2016

Las características fundamentales del juego en la infancia están basadas en los siguientes principios:

– El juego debe aceptarse como un proceso, no necesariamente con un resultado pero capaz de tener alguno si lo desea el participante.

– El juego no es la antítesis del trabajo: ambos son parte de la totalidad de nuestras vidas.

– El juego es necesario para los niños pero también para los adultos.

– El juego siempre está estructurado por el entorno, los materiales o contextos en que se produce.

– La exploración constituye un paso preliminar a formas más retadoras del juego que, en el entorno escolar, probablemente estarán dirigidas por el profesor.

– Un juego adecuadamente dirigido asegurará al niño un aprendizaje a partir de su estado actual de conocimientos y destrezas.

– Los padres tienen derecho a esperar que el juego en las escuelas se organice de un modo Significativo y distinto del practicado en casa y en otros sitios. Si pueden ver que esto es así es más probable que le otorguen valor e importancia.

– El juego es potencialmente un excelente medio de aprendizaje.

A través del juego el niño va experimentando y dando significación a todo aquello que vive, selecciona aquellos aspectos de la realidad que le son útiles, comprende el esfuerzo de producción que requiere el elaborar las cosas, e interioriza lo vivido. El desarrollo de una postura crítica, la orientación personal ante los hechos, la emergencia de valoraciones, e incluso la expresión de opiniones y actitudes, son algunas consecuencias del proceso educativo de la actividad lúdica.

En definitiva, analizando desde un punto de vista productivo al juego podemos afirmar, siguiendo a Llull, que el juego es algo superfluo e inútil, pero resulta muy necesario desde una perspectiva sociocultural, puesto que se trata de una expresión más de la existencia humana; y para el niño, además, es un medio de conquistar progresivamente su autonomía personal.

El juego, actividad por excelencia de la infancia, es vital e indispensable para el desarrollo humano. El juego temprano y variado contribuye de un modo muy positivo a todos los aspectos del crecimiento. Está estrechamente vinculado a las cuatro dimensiones básicas del desarrollo infantil: psicomotor, intelectual, social y afectivo-emocional. (Garaigordobil, 2005)

El vocablo JUEGO, proviene del vocablo latino JOCUS, que significa diversión, broma. Por consiguiente, el juego es gozoso; lleva en sí humor, diversión y risa.

Jugar es dedicarse a una actividad para divertirse, para obtener placer. El jugo sólo tiene fin en sí mismo; el niño juega por jugar. Si el niño aprende algo, de alguna manera es accidental, porque no es su fin primero. Sin embargo es fuente de numerosos descubrimientos, le permite distintas formas de realización, aprende las reglas, las costumbres y los valores que rigen su entorno. (Ferland, 2005)

El Diccionario de las Ciencias de la Educación (1983) lo define como:

«Actividad lúdica que comporta un fin en sí misma, con la independencia de que en ocasiones se realice por un motivo extrínseco».

Las teorías científicas que han explicado el sentido y las propiedades del juego podrían resumirse en las siguientes:

1. Teorías clásicas

Estas teorías sobre el juego infantil se desarrollan en el primer tercio del siglo XX y siguen ejerciendo una notable influencia sobre las investigaciones actuales.

1.1. Teoría de SPENCER (1859)

Considera el juego como resultado de un exceso de energía acumulada. Este modelo de descarga de energía sobrante orientará la atención de los estudiosos del juego hacia los juegos motores, en los que el derroche de energía física es muy notable.

1.2. Teoría de la recapitulación de HALL (1904)

Esta teoría abarca el juego desde una perspectiva evolucionista y trata de clasificar los juegos infantiles y de encontrar un orden en su aparición que refleje en cada individuo la lógica de la evolución de la especie. Según este autor, el juego con el agua es anterior en el niño que el juego de trepar a los árboles y ello precisamente porque los peces precedieron a los monos en el orden de aparición como especies. Esta teoría junto con la anterior sirven para plantear el juego infantil como un concepto clave en el desarrollo humano.

1.3. Teoría del pre-eiercicio de GRQOS (1898)

Groos concibe el juego como un modo de ejercitar o practicar los instintos antes de que estos estén completamente desarrollados. Plantea que si los organismos juegan debe ser porque de ello se deriva alguna ventaja en la lucha por la supervivencia. Groos encuentra esa ventaja en la práctica de los instintos.

2. Teorías modernas

2.1. Teorías de FREUD

Freud vincula el juego a la expresión de instintos y más concretamente al instinto de placer. Freud criticó la explicación funcionalista del juego proporcionada por Groos. Como sucede en el caso de los sueños, el juego infantil es una de las maneras por medio de las cuales esas tendencias reprimidas encuentran modo de expresarse.

2.2. Teoría de PIAGET

Para Piaget las diversas formas que el juego adopta a lo largo del desarrollo infantil son consecuencia directa de las transformaciones que sufren, en el mismo lapso de tiempo, las estructuras intelectuales. El tipo de juego es en parte un reflejo de estas estructuras y el juego contribuye al establecimiento de nuevas estructuras mentales.

2.3. Teoría socio-histórica de VYGOTSKY (1938)

El enfoque de la escuela soviética fue formulado originalmente por Vygotski en 1933 y desarrollado por sus discípulos. Elkonin (1980) expone de modo más sistemático los presupuestos de la teoría. Vygotski advierte contra el peligro de desintegrar la unidad fundamental del juego en sus componentes (percepción, memoria, pensamiento…). Esta unidad radica en la naturaleza social de los roles representados por los niños mientras juegan. Se trata de una reconstrucción de las interacciones de los adultos que el niño entiende sólo de un modo fraccionado y que solo puede tener lugar gracias a la cooperación e interacción social con otros niños que asuman papeles complementarios al suyo.

2.4. Teoría de la enculturación de SUTTON-SMITH (1964)

Esta teoría plantea la relación existente entre el tipo de valores inculcados por una determinada cultura y la clase de juegos que con objeto de asegurar la transmisión de tales valores son promovidos por cada cultura.

2.5. Teoría ecológica de BRONFENBRENNER (1979)

Siguiendo el planteamiento de este autor, otros muchos autores plantean el efecto que sobre el juego pueden tener determinados factores ambientales tanto físicos como culturales. El planteamiento general es que la comprensión de la conducta de los individuos exige analizar en función de estos contextos que a su vez influyen unos sobre otros.

En definitiva, todas las teorías coinciden en afirmar que el juego es una actividad distinta del trabajo u otras obligaciones, que se realiza por que sí, por el mero placer que extraña efectuarlo.

Las ideas, nociones, pensamientos y experiencias que se adquieren a lo largo de los años en la educación y la enseñanza aparecen como resultado de diversas interacciones con muy diferentes personas, algunos quedan grabados para siempre en la memoria, mientras que otros se absorben y asimilan como parte de nuestro propio ser. Así sucede con los pensamientos y acciones relativos al juego.

El juego es, indudablemente, un medio por el que los seres humanos exploran diversas experiencias en diferentes casos y con distintos fines. Dentro de situaciones educativas, el juego no sólo proporciona un auténtico medio de aprendizaje sino que permite que unos adultos preparados adquieran conocimientos respecto a los niños y sus necesidades. En el contexto escolar, esto significa que los profesores deben ser capaces de comprender donde están los niños en su aprendizaje y en su desarrollo general, lo que a su vez indica a los educadores el punto de partida para la promoción de un nuevo aprendizaje, tanto en el campo cognitivo como en el afectivo.

El juego representa una actividad lúdica rica en formas y propuestas. Jugando el niño se desarrolla, física, emocional y socialmente, a la vez que estimula el desarrollo de su inteligencia, a través de un crecimiento sano y armónico, siendo una de las fuentes más importantes de progreso y aprendizajes. Marín, 2005.

Los profesores y otras personas inmersas en educación y la asistencia de los niños pequeños deben investigar y establecer, qué entienden por juego, desarrollar un profundo constructor de juego que posea un rigor académico aceptable, satisfacer a los padres y a otras personas que puedan participar en todos los juegos que necesiten en otros contextos ajenos a la escuela.

El juego asegura que le cerebro, y sobre todo en los niños, estén en una continua actividad y estímulo. En los más pequeños el juego está positivamente asociado con el desarrollo general y con la maduración (Millar 1968). Posee la ventaja de proporcionar diversión y placer, por tanto puede existir en el contexto de la resolución de conflictos y de ansiedad, al mismo tiempo la situación del juego proporciona estimulación, variedad, interés, concentración y motivación, puede proporcionar un escape de las presiones de la realidad, aliviar a veces el aburrimiento y, en ciertos casos, simplemente relajación.

El juego induce a los niños a desarrollar percepciones acerca de otras personas, y a comprender las demandas en los dos sentidos de expectación y tolerancia. En muchas situaciones lúdicas existen implícitamente oportunidades para la exploración de conceptos como el de la libertad y conducen, con el tiempo, a proporcionar vías de paso hacia el desarrollo de la independencia. En un nivel más básico, el juego brinda situaciones en donde practicar destrezas, tanto físicas como mentales, repitiéndolas tantas veces como sea necesario para conseguir confianza y dominio. Además, permite una oportunidad de explorar las propias potencialidades y limitaciones.

El juego no es sólo una posibilidad de autoexpresión para los niños, sino también de autodescubrimiento, exploración y experimentación con sensaciones, movimientos, relaciones, a través de las cuales llegan a conocerse a sí mismos y a formar conceptos sobre el mundo. (Garaigordobil, 2005)

Los niños, pueden jugar conforme a su propio estilo, extrayendo de esa experiencia cualquier aprendizaje para el que estén «dispuestos» en ese momento.

Al observar a los niños, parece claro, que existen en motivación y satisfacción mucho mayores en el aprendizaje a través de este tipo de situación, cuando los sujetos pueden basar el nuevo aprendizaje en lo que ya resulta familiar y que, por eso, accede hasta ellos de un modo más natural.

Esta etapa del «conocer» proporciona, esencialmente a los niños pequeños, la confianza necesaria para desear saber más. Porque como Claxton indica (1984):

«El aprendizaje es fundamentalmente un desarrollo, no sólo una acumulación, y debe siempre proceder de y retomar a lo que es conocido.»

Los niños pequeños revelan a menudo en su juego todas estas características y aún más. Como proceso y como modo, el juego proporciona un «ethos de aprendizaje» en el que se pueden atender las necesidades básicas del aprendizaje infantil. Entre tales necesidades figuran la oportunidad de:

– Practicar, elegir, perseverar, imitar, imaginar, dominar, y obtener competencia y confianza.

– Adquirir un nuevo conocimiento, unas destrezas, un pensamiento coherente y lógico y una comprensión.

Alcanzar la posibilidad de crear, observar, experimentar, moverse, cooperar, sentir, pensar, aprender de memoria y recordar.

– Comunicarse, interrogar, interactuar con otros y ser parte de una experiencia social más amplia en la que resultan vitales la flexibilidad, la tolerancia y la autodisciplina.

Conocer y valorarse a sí mismos y las propias fuerzas y comprender las limitaciones personales.

– Ser activos dentro de un ambiente sereno y seguro que estimule y consolide el desarrollo de las normas y de los valores sociales.

El juego abierto, aquello a lo que podríamos denominar verdadera situación lúdica, presenta a los niños un extenso campo de posibilidades atendiendo a sus necesidades de aprendizaje y ampliando su aprendizaje explícito. Parte de la tarea del profesor consiste en proporcionar situaciones de juego libre y dirigido, en las que intentar atender a las necesidades de aprendizaje de los niños. En ese papel, puede considerarse al profesor como un iniciador que hace posible el aprendizaje.

Sin embargo, el papel más importante del profesor es, el que realiza cuando ha de decidir qué es lo que el niño ha aprendido (el papel de investigación y evaluación) para proseguir con el mantenimiento y promoción del aprendizaje y volver a su rol de iniciador.

Este proceso, forma parte de la necesidad de actualización y formación del profesorado que garantice que éstos tengan una competencia cada vez mayor con el fin de mantener y conservar el rol del juego en el desarrollo de los alumnos.

El 50% de los accidentes infantiles ocurre en casa. Los más comunes son las caídas, los golpes y las intoxicaciones. Luego vienen las quemaduras, el ahogamiento y las lesiones provocadas por la electricidad. Pero tranquila, la regla de oro es no dejar a los niños solos y poner en práctica estas medidas de seguridad.

  • Ventanas de mírame y no me toques. No coloques cerca de las ventanas muebles, por los que el niño pueda trepar y «ver qué pasa por ahí».
  • Puertas bien cerradas. Coloca topes de seguridad para que nunca se cierren del todo o de golpe. Así evitarás que el niño se pille los dedos.
  • Se llama detergente en polvo, no pica-pica. Los productos de limpieza están mejor guardados en armarios altos que debajo del fregadero.
  • El paracetamol no se deja en la encimera de la cocina. Lo dicen las cajas de medicinas: «Mantener fuera del alcance de los niños». Su sitio es un botiquín con llave.
  • Esto es un fogón y quema mucho. Sí, presenta a tu hijo los fogones de la cocina y explícale que quedan mucho cuando están de color rojo. Usa preferentemente los quemadores de atrás y coloca los mangos de los cazos hacia dentro, para evitar que, por descuido, se derramen líquidos calientes.
  • ¿Quién ha puesto aquí esta esquina? Los protectores para los picos de las sillas y las mesas son un imprescindible en las casas donde hay un niño aprendiendo a andar.
  • Enchufes camuflados. Basta tomarse la molestia de taparlos con protectores y se acabó el problema.
  • Escaleras con acceso restringido. Las barreras de seguridad evitan que el niño acceda sin la supervisión adulta.

En un libro sobre la educación de los hijos, escribí todo un capítulo sobre los castigos. No lo voy a reproducir, pero mi filosofía sobre el tema es muy parecida a la de los premios.

Siempre que sea posible intentad no recurrir al castigo en la educación de cada día.

El diccionario define el castigo como una pena impuesta a alguien para corregirlo o para mantener la disciplina.

Los padres y los educadores deberían esforzarse en agotar todas las estrategias posibles, antes de proponer un castigo.

Si se han agotado todos los considerandos, y aquella falta que ha hecho nuestro hijo es considerada de tal envergadura que, después de haber reflexionado a conciencia, padre y madre creen que no se puede actuar más que castigando de alguna forma, antes de hacerlo deberíamos pensar lo siguiente:

a) La finalidad del castigo no es otra que la de mejorar la conducta del hijo.
b) Castigar poco. Si podemos educar sin castigos, mejor.
c) Es preciso que el hijo tenga una clara conciencia de su culpa. El niño sabe que ha hecho algo voluntariamente, sabiendo que estaba mal.
d) Los castigos deben ser proporcionados a la falta cometida. No precipitarse al poner castigos. Pensarlo.
e) El castigo debe ser ejecutado lo antes posible.
f) El castigo es la consecuencia de haber transgredido unas normas. No es una cuestión personal. Es una sanción por una mala conducta que queremos que no se repita. Evitaremos sancionar al mal estudiante, únicamente brillante en baloncesto, quitándole del baloncesto.
g) Una vez realizado, hay que olvidar la culpa que lo provocó. Hay que dar la imagen que todo el mundo puede cometer errores y que lo importante es superarlos. Hay que olvidar sinceramente.
h) El castigo debe actuar más sobre la voluntad que sobre el cuerpo o el miedo.
i) Hay que cumplirlo siempre. Y nunca hay que amenazar, con un castigo que no pensamos imponer.
j) Ante las faltas muy graves. En las faltas de respeto, el insulto a los padres o maestros y las conductas violentas con deseo de agredir y hacer daño al otro, hay que dar una solemne bofetada.

El castigo adecuado, es el más grave para la falta más grave. Es el castigo más humillante, no por doloroso (ya que no se trata de hacer daño) sino por la gravedad de la falta. El respeto y la violencia deben ser un terreno prohibido en los que el niño y el adolescente deberían contenerse siempre.

Si la bofetada se da a tiempo (es el caso de un niño) generalmente se convierte en castigo único. A un preadolescente, puede ser útil. A un adolescente, se le hablará, y castigará, pero en general, no es tiempo de bofetones. Podría complicar más aún la relación.

k) Si os dais cuenta que estáis repitiendo los castigos y el hijo no mejora, es preciso hacer un replanteamiento. Recordad que castigamos para mejorar las conductas.

Jordi Folch y Soler, psiquiatra

En nuestra opinión, los premios materiales, son regalos que hacemos a los hijos, por amor, gratuitamente, a cambio de nada. Un premio, para nosotros, es una sorpresa con la que un padre obsequia a su hijo, porque le quiere, a cambio de nada.

El premio, es un regalo imprevisto que cae del cielo, porque el padre cree que es oportuno, adecuado y le llena de ilusión dárselo. Porque quiere a su hijo. Porque está contento con su existencia. A cambio de nada.

El premio moral, la aprobación, la alegría, el beso, el abrazo, es el mejor premio que un hijo puede recibir de sus padres.

De estas premisas deducirán, que hemos subrayado dos aspectos de los premios materiales:

  • Son gratuitos.
  • Oportunos y adecuados.

Conclusión: comprar un cosa a cambio de… no vale. Si la compra no es oportuna (por la razón que sea) ni adecuada, tampoco vale.

No se educa a base de premios materiales. Esto es chantaje vil. Fracaso educativo. Error flagrante. Miedo al fracaso (el propio y el del hijo). Es poner un cebo. Es domesticación. Es feo, inadecuado, antieducativo y desaconsejable.

Sólo si se realiza como una excepción, vale.

Los únicos premios que no hay que ahorrar, son los estímulos afectivos, que en el mundo comercializado, «marquista», opulento, fardón y pendenciero que estamos viviendo, puede hacer sonreír a más de uno. Pero uno escribe lo que cree que es bueno para los niños y los jóvenes.

Pues yo, le he prometido la moto. Pués yo un «stage a Irlanda». Pués yo… pués yo…

Los regalos tradicionales, en fechas determinadas, no entran en este apartado. Quizás sólo apuntar, aunque nadie nos haga caso, que tendríamos que ser algo austeros en nuestras vidas. He dicho algo.

Jordi Folch y Soler, psiquiatra

Según el diccionario de Julio Casares, DISCIPLINA es la doctrina, enseñanza o educación de una persona, especialmente en lo moral.

De esta definición, lo realmente fundamental es la frase que engloba la educación de una persona. Queda como tema secundario, el aprendizaje de las normas de conducta sobre lo que está socialmente aceptado como bueno o malo.

Es evidente que no podemos separar un aspecto global de la educación de uno de parcial, referido únicamente a las normas. O si. Si damos por sentado, que la educación del niño, que es como empieza la persona, es correcta, nos podremos detener en los aspectos más normativos del comportamiento cotidiano. Y a partir de ahí podremos hablar de los premios y de los castigos.

Supongamos pues, que un niño ha tenido, y tiene, una educación correcta. No tiene problemas de tipo material (vivienda confortable, alimento, higiene, etc.) ni tampoco de tipo psicológico (familia estable, atenciones afectuosas abundantes, en un ambiente con un grado de tolerancia y aceptación deseables, una autoridad firme, relaciones sociales, escuela etc.).

En el largo camino de su maduración, es educado para hacerle independiente, recibe los estímulos adecuados, sabe tolerar las frustraciones, no es objeto de sobreprotecciones ni sobresatisfacciones, el ejemplo de sus padres se corresponde con los valores que propugnan, potencian su autoestima, etc.

En este caso, la educación de la disciplina, de entrada, irá ligada al valor que dicho concepto tenga para sus padres. En principio, de padres disciplinados, hijos disciplinados.

Si la identificación ha funcionado correctamente y el niño no tiene ningún trastorno psicopatológico, no debe haber ningún tipo de problema. Ningún tipo de problema grave.

Que un niño haga una travesura, diga una mentira o hurte cien pesetas para comprar chuches, no será ningún problema. En el paraíso educativo que hemos dibujado, será suavemente corregido con una amonestación y se habrá acabado el problema.

Los problemas, serán cuantiosos, si las carencias también lo son. Ahora y aquí no vamos a hablar de ello, porque no es el tema que nos toca desarrollar, por lo que apuntaremos, como un niño va integrando las normas en el transcurso de su maduración, y qué pensamos sobre los premios y los castigos, en los niños y los adolescentes, sin problemas psicopatológicos importantes.

Durante los dos primeros años de vida, no hay problemas, porque la autoridad y educación paterna protegen y dirigen al niño de forma automática, sin pedirle consejo ni preguntarle que es lo que el rey de la casa desea. Que dure.

Digo que dure, porque estamos observando como en este delirante final de siglo, esto empieza a cambiar, y algunas madres fofas, preguntan con insistente estupidez a sus retoños si les gusta más esto o aquello, dicha marca o dicho modelo, por lo que mi afirmación del párrafo anterior puede quedar en entredicho. Sigamos.

El enfrentamiento empieza entre los dos y los cuatro años, cuando el niño sabe, usa y abusa del NO. Es la época del delicioso período de oposición, en el que el pequeño está deseando ser obligado a hacer cualquier cosa, para oponerse con todas sus ganas.

No nos vamos a extender comentando este momento evolutivo, pero las madres de los opositores de turno deberían tener un buen asesoramiento psicopedagógico, para no hacerles el juego. Porque aquí pueden nacer muchos problemas de disciplina, que se pueden cronificar si no se interviene a tiempo.

El niño crece, y si todo marcha bien, supera esta primera fase de afirmación de su YO, para entrar en la tercera infancia en la que a la calma interna se une la curiosidad externa. Es un período de numerosos aprendizajes y grandes descubrimientos.

La relación con los padres es muy sana, y entre los cinco y los siete años, se ha terminado la fase infantil anterior. Son capaces de diferenciar las actitudes de juego con las de trabajo, (que conllevan ya la aceptación de una disciplina).

Saben que en el juego, escogen el que les gusta.
Saben que el juego es placentero, se lo pasan bien, disfrutan.
Saben que si se cansan, dejan de jugar y se acabó.

Pero también saben que:

El trabajo te lo imponen, la maestra, el profesor.
El trabajo hay que realizarlo tanto si te gusta como si no. Aguantarse tocan.
Finalmente que el trabajo no lo puedes dejar cuando quieres, sino cuando se acaba la clase, la tarea, la página o los deberes.

Estas tres diferencias, son capaces de entenderlas y de aceptarlas, si en su educación reciben los estímulos adecuados. No con premios ni con castigos.

Es el ejemplo de los que trabajan, los compañeros, los mismos maestros, los padres, lo que refuerza la tendencia a progresar, a hacer cosas, cosas con esfuerzo, lo cual potencia la autoestima. Este es el camino y no otro.

La gratificación subsiguiente es la aprobación y valoración de sus maestros y padres, que con su interés por los trabajos escolares, le esta diciendo al niño que lo que hace vale la pena, que es capaz de resolver cosas (por lo tanto él vale) y además se gana la aprobación y estima de sus familiares y maestros. El niño está tranquilo y seguro.

Es decir, a esta edad (6-12 años) no sólo hacen las cosas porque se las ordenan, sino que también se las hacen suyas, las aceptan y se las ordenan ellos mismos. Han madurado.

Es la maravillosa tercera infancia que ya tiene visos de madurez y por lo tanto empiezan a ser responsables, saben lo que está bien y lo que está mal y, si quieren, se someten a dicho código y lo cumplen. No por el castigo (a veces si) sino por entender que es su deber.

Y son capaces de cumplir con unos deberes que serán cívicos, de convivencia (no pasar el semáforo en rojo, no pisar el césped, no tirar papeles al suelo…) y otros serán escolares (llevar hechas las dos sumas) o personales (me he de lavar los dientes, porque esto es bueno para mí).

Y este proceso no hay quien lo pare. Si educamos, dirigiendo cada vez menos y responsabilizando cada vez más. Si procuramos educar acompañando hacia la madurez, potenciando su autoestima para que vayan desprendiéndose cada vez más. Si les damos autonomía, confianza y les ayudamos a superar las lógicas frustraciones. Si ensanchamos su horizonte para que se incorporen al grupo social, serán ellos que aceptaran el código disciplinario que crean útil y adecuado de acuerdo con su forma de pensar y sentir.

Es decir, lo importante es el código moral interno que les guíe en la vida, no las apariencias que finjan ante el grupo. Es un problema de valores internos. Esto deben vivirlo en el hogar y más adelante en un grupo de jóvenes adolescentes. Es a partir de la adolescencia, cuando se entra de lleno en la organización definitiva del hombre, adquiriendo responsabilidades ante si y ante el mundo.

Es un problema de raíces, que como todos sabemos sólo crecen en profundidad (con el día a día) y en silencio (sin alardeos ni palabrería barata, fruto de una reflexión interna y profunda).

Estamos hablando de una educación, poco habitual, basada en el rigor, en lo auténtico del ser y no en lo superficial del tener. Y no es precisamente esto lo que se vende por ahí, no es lo que se estila, pero es lo más enriquecedor que uno puede vivir.

Al final, uno se da cuenta, que a los hijos, cuando se van haciendo mayores, los padres no los deben ni seguir, ni controlar…sino que son los hijos, quienes se los llevaran a ellos. Es decir, si tú, como padre, por tu forma de ser, hacer, participar, hablar, ayudar…has dado unos mensajes a tu hijo que le han impactado, tu hijo se te llevará, hará suyos tus mensajes (o los del hermano mayor, la profesora de física o el vecino del segundo).

No somos los padres los que hemos de perseguir a los hijos, son ellos que se nos han de llevar. Y sólo lo harán, si nuestros mensajes son sinceros, honrados, coherentes y de calidad.

Jordi Folch y Soler, psiquiatra

¿Te sientes solo en el primer día de escuela y necesitas hablar con alguien? Esta guía te mostrará cómo hacer amigos en ese día. Cuando consigas amigos, ¡no te olvides de conservarlos! El primer mes es crítico; ¡la impresión que causes y los amigos que consigas se quedarán contigo durante toda tu carrera escolar!

La primera impresión

Da una buena primera impresión. La gente no te juzgará intencionalmente, pero lo harán subconscientemente de todas maneras. Asegúrate de estar limpio y presentable en tu primer día, además de tener un aliento fresco. Masticar chicle todo el tiempo te hará parecer como una vaca comiendo pasto.

Vístete con ropa que no parezca amenazadora, pero que resalte tu personalidad. Tal vez tengas que moderarte un poco al vestirte antes de encontrar la ropa adecuada, pero no borres tu personalidad por completo de la manera en que te vistes. Si generalmente te vistes con camisetas y pantalones deportivos, trata de vestirte un poco más elegante. Si usas vestidos todo el tiempo, usa ropa más informal.
¡Sonríe! Es posible que no tengas ganas. Es más, muy pocas personas sonríen; sin embargo, si lo haces, otras personas pensarán que eres seguro de ti mismo y amigable. Por lo tanto, se sentirán atraídas hacia ti. Sonríe y serás como una telaraña para esas personas. Solo debes tomar en cuenta que una sonrisa verdadera proviene de los ojos.

Haz amigos

  • Lo más seguro es que encuentres a varias personas en un mismo lugar (la cafetería, el patio de la escuela, el campo de fútbol). Una gran manera de empezar una conversación es preguntarles si puedes sentarte en el asiento de al lado. Esto es muy efectivo si estás solo.
  • Trata de tener una buena relación con tus compañeros, porque estas son las personas con quienes estarás todo el tiempo. Por ejemplo, si tienes un lápiz extra y alguien necesita uno, préstaselo. Luego hazle algunas preguntas: “¿Cómo estaba tu fin de semana?”, “¿Qué clase tienes después?”, etc. Estas son las preguntas más comunes para empezar una conversación. Responde de manera amigable en vez de parecer aburrido o arrogante.
  • Si alguien parece ser amigable, hazle un halago por su apariencia, su atuendo o su mochila. Así tendrás mejores posibilidades de hacer amigos con esta persona.
  • Involúcrate en actividades extracurriculares. Estas actividades son una gran manera de formar vínculos con otras personas y hacer amigos nuevos mientras practicas un deporte o aprendes algo.

Sé honesto contigo mismo

  • Sé tú mismo. No hagas nada con lo que no te sientas cómodo, como fumar, vestirte a la moda o seguir la vida de las celebridades. No dejes que tus compañeros te presionen: vístete como quieras, aunque no esperes que los demás hagan lo mismo.
  • Sé una persona única y diferente, pero no trates de resaltar tanto que hagas que los demás piensen que estás poniendo demasiado esfuerzo. Vístete con ropa distinta, practica otros deportes o realiza alguna actividad inusual, pero no se lo restriegues en la cara a otras personas porque pensarán que estás fanfarroneando. Sé humilde y sé tú mismo. Si logras hacer amigos, después empezarás a caerle a la gente simplemente por cómo eres.

Consejos

  • Sé valiente. Solo acércate a una persona y dile “Hola.”, “Soy nuevo aquí.” o cualquier otra frase para empezar una conversación. ¿Quién puede detenerte?
  • Toma en cuenta los pequeños detalles y empieza una conversación a base de ellos. Por ejemplo, si notas que alguien tiene un prendedor o una camiseta con el nombre de una banda musical, puedes hacer un comentario sobre ello.
  • No te vistas de manera muy provocativa o incómoda. Nadie va a querer estar con una persona que se queja de caminar cada 3 metros.
  • Recuerda, la primera impresión es muy importante. ¡No tendrás otra oportunidad!
  • Siempre sé amigable.
  • Siempre debes estar pulcro, vestirte con ropa limpia y tener el aliento fresco (cómprate unos caramelos mentolados o un refrescante bucal en aerosol).
  • Habla sobre tus intereses, aunque sean relativamente extraños, para encontrar gente que piense igual a ti. Una gran cantidad de gente es parte de una subcultura como Stargate o Star Trek. Otra manera de demostrar quién eres en realidad, es usar un prendedor o pin que haga referencia a tus pasatiempos.

Advertencias

  • No hables con gente que obviamente no quiere ser molestada.
  • A muchas personas les encanta hablar sobre sí mismas. Puedes preguntar cosas como “¿Cuáles son tus pasatiempos?”, aunque nada demasiado personal. Si no, la gente pensará que eres alguien demasiado curioso.
  • No le prestes dinero a gente que acabas de conocer. Nada te garantiza que recuperes tu dinero, además esas personas pensarán que te jactas de tus riquezas y volverán a querer prestarse dinero a cada momento.
  • No mientas. Esta es una pésima forma de hacer amigos. Si les dices que vives en una mansión con piscina, ¡después tendrás que explicarles cuando vean que vives en un piso pequeño!
  • No hables sobre ti mismo todo el tiempo. Deja que la otra persona hable un poco. Así también se sentirá bien.

Preparado o no, ya llega el primer día de clases. Planifícate con tiempo y prepara todo para que no entres en pánico y puedas relajarte, una noche antes del primer día de clases, y salgas por esa puerta a tiempo la mañana siguiente.

Pasos

1.- Escoge tu ropa la noche anterior o incluso antes. No lo hagas apresuradamente la misma mañana. Pídele ayuda a algún familiar si necesitas la aprobación o consejo sobre moda o para asegurarte de que tu ropa combina.

2.- Aunque uses uniforme, puedes imponer tu estilo usando un reloj bonito, unos pendientes lindos o un collar atractivo.

3.- Prepara tu mochila o cualquier otro elemento que tengas que llevar y déjalos en la puerta, de modo que puedas encontrarlos y agarrarlos rápidamente por la mañana.

4.- Come bien, pero no exageres. No bebas refrescos con cafeína, de lo contrario no podrás dormir.

5.- Haz un poco de ejercicios el día anterior, pero no demasiado tarde por la noche. Así aliviarás un poco el estrés y podrás dormir mejor.

6.- Decide qué desayuno tomarás la mañana siguiente y prepárate algo saludable que te deje satisfecho. Recuerda darte un tiempo en la mañana para desayunar. Tomar desayuno con calma también ayuda a ordenar tus pensamientos y a llegar a la escuela tranquilo y listo.

7.- Prepara tu almuerzo la noche anterior o deja todo listo para que los puedas meter rápidamente a tu lonchera.

8.- Llama a algún amigo con el que te encontrarás en la mañana y fija la hora y el lugar en donde se van a encontrar. Se pueden ver en la escuela o pueden caminar juntos hacia la escuela, si viven cerca.

9.- Asegúrate de dejar tu pasta dental, zapatos y todo en un lugar en donde puedas ubicarlos fácilmente. Ahórrate tú mismo el tener que correr a último minuto.

10.- Completa cualquier documento con anticipación, en caso de que tengas que dejarlo el primer día de clases.

11.- Pon tu despertador antes de ir a la cama. Tal vez tengas que colocar varias alarmas, en caso de que no te despiertes con la primera. Tal vez aún sigas acostumbrado al horario de verano en el que te levantabas tarde. Debes evitar quedarte dormido el primer día de clases, ya que podrías perderte horas de presentaciones importantes.

12.- Haz todas las preguntas que quieras antes de irte a dormir. Podrías preguntarle a tus padres, tutor o hermanos mayores que hayan asistido al grado que vas a empezar.

13.- Explora la escuela con anticipación. Si eres nuevo en la escuela, visítala antes de que comiencen las clases y fíjate en dónde están las cosas y qué tan lejos están. Si no tienes tiempo para hacerlo, no te preocupes; todos los demás también serán nuevos, así es que no habrá problema si haces preguntas, si te equivocas de aula, etc. en especial durante los primeros días.

14.- Descansa bien la noche anterior. Si lo necesitas, toma una infusión para dormir, ya que no querrás quedarte despierta pensando en todo lo que pasará.

15.- Escribe en tu diario si quieres para olvidar lo que va a pasar la mañana siguiente o si estás pensando en algo.

Consejos

• No te acuestes demasiado tarde, pero tampoco demasiado temprano como para quedarte acostado y preocupado por todo.

• No esperes hasta el último minuto, ya que lo lamentarás.

• Haz tu propia lista. Si hay cosas que sabes que quieres hacer, prepara una lista y marca cada cosa a medida que las vayas haciendo. Saber que tienes todo listo podría ayudarte a dormir.

• En caso de que no despiertes con el reloj despertador o si no tienes uno, asegúrate de que un familiar te despierte.

• Ten confianza.

• Empieza a levantarte de la cama un poco más temprano cada día una o dos semanas antes de que empiecen las clases. Será más fácil si no ves tu primer amanecer el primer día de clases, después de haberte despertado todo el verano a las 10:00 a.m.

• Trata de lucir lo mejor posible, así ganarás confianza.

Advertencias

• Haz lo que sea necesario para dormir bien en la noche. Marcará la diferencia en tu forma de enfrentar la mañana siguiente.

• No pongas tu despertador cerca de tu cama, sino lo bastante lejos como para que tengas que ponerte de pie y no llegues tarde.

Las vacaciones son un tiempo de “excepciones”, de relajación de las costumbres y de mayor libertad y asueto. Las comidas fuera de casa, el placer de caminar por la playa, el gusto de pasar más tiempo con papá y mamá… Es comprensible que a muchos niños, la idea de acabar con esos días “mágicos” les produzca malestar.

El cambio, poco a poco

Está comprobado que volver a la rutina de golpe puede ocasionar dolores de cabeza, irritabilidad y agotamiento. Para evitar estos síntomas hay que pasar por un breve periodo de adaptación, en el que se irán adoptando de nuevo los hábitos de la vida “normal”. Este periodo de aclimatación ayudará a tu hijo a entender que todo tiene un principio y un final y le facilitará la transición a lo cotidiano. Así, una semana antes de que finalicen las vacaciones estivales…

  • Ve adelantando el momento de acostarle 10 minutos cada día, hasta alcanzar su hora rutinaria.
  • No le dejes dormir hasta muy tarde por la mañana.
  • Dale de comer a la hora a la que lo hará cuando tenga colegio.

Recuperar la ilusión

A tu pequeño también le ayudará mucho que le recuerdes los aspectos más positivos de su regreso a la normalidad, como que volverá a ver a sus amigos, que aprenderá cosas “de mayores”, que podrá pintar en la pizarra grande y hacer esas fichas que tanto le entretienen… Otras ideas estimulantes para él serán ir juntos a comprar una cartera y un estuche nuevos y animarle a hacer un dibujo para su profesora como regalo de bienvenida. Por último, explícale que hasta dentro de un tiempo no volverá a haber vacaciones, pero sí muchos fines de semana para disfrutar juntos. Y hazle caer en el detalle de que igual que él vuelve al colegio, su padre y tú os incorporáis al trabajo. Esto hará que se sienta más integrado en el grupo familiar y que acepte con orgullo su parte de responsabilidad.

El día del debut, no prolongues la despedida

A los niños no les gustan nada los cambios, por eso el primer día de colegio suele ser uno de los más complicados de todo el curso. Para que a tu hijo se le haga menos cuesta arriba enfrentarse a él, no prolongues la despedida cuando le dejes allí. Dale un beso y dile adiós muy sonriente, para que la última imagen que tenga de ti le transmita serenidad. Aun así, si la primera semana se muestra cansado e irritable, escucha lo que te dice y no le regañes por nada de lo que te cuente (“no quiero comer allí”, “no me gusta ver cuentos”…). Lo normal es que en un par de semanas vaya feliz al colegio. Sólo deberás hablar con su profesora si tarda más en adaptarse.

¡Qué interesante!

Sería bueno que al menos en los primeros días de curso fueras tú a llevarle y a recogerle del cole, en vez de la niñera. Así la vuelta a la rutina no implicará perder de golpe el privilegio de estar mucho tiempo contigo. Además, a la salida te contará más cosas que si te reúnes con él tras unas horas. Y si antes de iros a casa hacéis algo interesante juntos, la vuelta a la normalidad se le hará más llevadera.

Isabel Álvarez, psicóloga


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