Escuela de Padres

Archive for noviembre 2016

Las vacunas son productos biológicos obtenidos a partir de gérmenes que pueden producir enfermedades (bacterias o virus). Están compuestas por esos mismos gérmenes vivos pero atenuados (debilitados), muertos o por algunas partes de ellos. Además pueden contener otros componentes químicos o biológicos que faciliten su conservación o aumenten su eficacia. En niños sanos no producen enfermedad, sino que estimulan sus defensas naturales para protegerles de la infección.

Algunos pocos padres no llevan a vacunar a sus hijos. Esto puede ser por falta de información o por informaciones equivocadas sobre la gravedad de las enfermedades que se pretenden prevenir, sobre la eficacia de las vacunas o por miedo a los efectos secundarios de las vacunas, por objeciones de tipo cultural-ideológico, o bien por dejadez o abandono.

Sin embargo, en España, el 95% de los niños se vacunan correctamente, lo que sirve para protegerles eficazmente frente a muchas enfermedades contagiosas potencialmente graves o incluso mortales y proteger también en parte a quienes conviven con ellos y no están vacunados.

La vacunación, por tanto, aporta beneficios individuales y también sociales.

Las vacunas incluidas en el calendario oficial de cada comunidad autónoma o en las campañas que eventualmente se realicen, son gratuitas para todos, independientemente de que se tenga derecho a cobertura por la Seguridad Social o no.

Si preguntásemos a nuestros padres y abuelos, todos se acordarían de la viruela y muchos de nosotros tendremos la marca que la vacuna nos dejó en la piel. Hoy en día, esta enfermedad no existe gracias a las vacunas y ya no es preciso seguir vacunándose frente a ella.

Hace ya más de un siglo que se empezó a vacunar y desde hace más de 60 años se hace de forma sistemática. Desde entonces se han conocido efectos secundarios y reacciones adversas de las vacunas, de los que hablaremos más adelante, cuya importancia es mucho menor comparada con los graves daños que hubieran causado las enfermedades que con ellas se han prevenido.

Dependiendo del tipo de vacuna y de la edad de quien la recibe, puede ser necesaria la administración de varias dosis en intervalos de tiempo determinados para conseguir una eficacia completa

El cólico es una patología muy frecuente, afecta a uno de cada cinco niños y puede darse a partir de las 3 semanas de edad, haciéndose más habitual a partir de las 6 semanas para desaparecer a partir de los 3 meses. Puede manifestarse con lloros, y puede darse a cualquier hora del día o la noche, aunque es más común por la tarde. A veces resulta difícil saber qué causa el llanto y cómo consolar a tu hijo. Aunque sepas que se recuperará con el tiempo, ésta puede ser una de las experiencias más difíciles para los nuevos padres.

¿Qué causa el cólico? A lo largo de los años, se ha investigado mucho para determinar las causas de los cólicos intestinales en los niños. El nombre “cólico” fue dado hace muchos años cuando se creía que el llanto de los niños era causado por problemas intestinales, ya que los síntomas pueden comprender abdomen distendido, posición de las piernas en alto y gases. Pero recientes investigaciones demuestran que menos del 10% de los niños con llanto excesivo tienen problemas intestinales u otras patologías.

Los expertos normalmente entienden que el llanto forma parte del desarrollo normal del sistema neurológico de los niños en los primeros meses de vida. Durante los 3 primeros meses, el cuerpo y el sistema nervioso de los niños atraviesan grandes cambios. Doblan su peso corporal y dan un estirón increíble, como no sucede en otra etapa de su vida. Además, desarrollan lazos afectivos con quienes los cuidan, empiezan a vocalizar, hacen gorgoritos para comunicarse, empiezan a intentar coger objetos y aprenden a permanecer despiertos durante el día y dormir por la noche. Adaptarse a todos estos cambios puede ser difícil para el sistema neurológico de los bebés.

El llanto es la primera forma de comunicación de sus sentimientos y necesidades. Muchos bebés lloran un total de una a dos horas durante el día. Los niños que padecen cólicos lloran durante periodos más largos y más intensamente debido a que son más sensibles y reaccionan en mayor medida ante los cambios que experimenta su cuerpo y su entorno.

¿Cómo puedo ayudar a mi bebé? Cada bebé es distinto., Lo que provoca episodios de cólico en un bebé no necesariamente los provoque en otro y de igual modo, lo que calma a uno puede no funcionar para otro. El reto para los padres es observar e intentar determinar qué es lo que le ayuda a superar estos episodios y qué no. Aquí hay algunos pasos los padres pueden probar:

Escribe un diario semanal para documentar los periodos de tiempo en que tu bebé se queja y llora. Anota qué situaciones le causan angustia y qué cosas pueden calmarlo.

Habla con el pediatra sobre el cólico. El doctor escuchará la historia, examinará al bebé para determinar si puede estar sufriendo algún problema médico que cause el llanto. Aunque los cólicos raramente están causados por problemas médicos, sí pueden darse si tu hijo tiene vómitos persistentes, diarrea, problemas en el crecimiento o cólicos continuados tras los 4 meses de edad. Por ejemplo: 

Una alergia a la proteína de la leche de vaca: es probable que se dé en familias que ya presentan alergias. Si le das a tu hijo leche preparada, el doctor puede recomendar que la cambies por alguna leche especial hipoalergénica e hidrolizada, a base de caseína o soja, durante una semana. Si tu hijo tiene alergia a la leche, notarás claramente una mejora.

En niños lactantes, puede darse una reacción alérgica en respuesta a tu alimentación. Intenta eliminar la cafeína (café, té, bebidas de cola y chocolate), productos lácteos, cebollas y coles de tu dieta para ver si se reducen sus llantos.

Reflujo gastro-esofágico (el niño vomita o escupe), si al niño se le diagnostica este problema, el doctor le prescribirá un tratamiento.

Procura establecer rutinas para la alimentación, juego, salidas, baño y sueño del bebé. Intenta que las transiciones entre estas actividades no sean bruscas. Esto le ayudará a anticipar estos cambios y adaptarse a ellos con comodidad.

Identifica los momentos en que esté tranquilo y despabilado. Juega y disfruta con él de esos momentos.

Intenta evitar sobre estimularlo y cansarlo, especialmente por la tarde. El niño puede sobre estimularse si percibe a la vez imágenes, sonidos y movimientos.

Reconoce los primeros signos de angustia de tu bebé: cuando frunce el ceño, bosteza, mueve los ojos y distancia la cabeza, se pone rojo, respira irregularmente, sacude los brazos y las piernas, arquea la espalda y se queja. Responde a estas señales y ayúdalo a calmarse por si mismo. Puedes intentar lo siguiente:

Lleva al bebé a una habitación oscura y silenciosa.

Envuélvelo en una mantita para que se sienta seguro y abrigado.

Pon al bebé en tu regazo o sostenlo en tu pecho de forma que vuestra piel esté en contacto.

Mécelo suavemente.

Tiéndelo boca abajo sobre tus rodillas y dale palmaditas en la espalda.

Dale un chupete. Si el bebé se chupa el dedo o la mano, ayúdale a encontrarlo para que se calme.

Tararea, canta o háblale suavemente.

Si has hecho todo lo que puedes para calmarlo pero sigue llorando, puede que simplemente necesite desahogarse. Tiéndelo en su cunita y déjalo llorar. Vigílalo con frecuencia e intenta alguna de las técnicas anteriores más tarde. Nunca zarandees al bebé. Si te sientes estresada o decaída, pide ayuda al pediatra y a tu familia.

Habla con otros padres con hijos que sufren cólicos. Compartid vuestras experiencias, sentimientos y métodos.

Encuentra un momento al día para hacer un descanso en el que no tengas que estar pendiente de él. Déjalo a cuidado de alguien de confianza para relajarte. No pierdas la empatía, paciencia y confianza como madre. Tranquila, las cosas mejorarán en pocos meses.

1.- Cuanta mayor variedad de alimentos exista en la dieta, mayor garantía de que la alimentación es equilibrada y de que contiene todos los nutrientes necesarios.

2- Los cereales (pan, pasta, arroz, etc.), las patatas y legumbres deben constituir la base de la alimentación, de manera que los hidratos de carbono representen entre el 50% y el 60% de las calorías de la dieta.

3.- Se recomienda que las grasas no superen el 30% de la ingesta diaria, debiendo reducirse el consumo de grasas saturadas y ácidos grasos trans.

4.- Las proteínas deben aportar entre el 10% y el 15% de las calorías totales, debiendo combinar proteínas de origen animal y vegetal.

5.- Se debe incrementar la ingesta diaria de frutas, verduras y hortalizas hasta alcanzar, al menos, 400 g/día. Esto es, consumir, como mínimo, 5 raciones al día de estos alimentos.

6.- Moderar el consumo de productos ricos en azúcares simples, como golosinas, dulces y refrescos.

7.- Reducir el consumo de sal, de toda procedencia, a menos de 5 g/día, y promover la utilización de sal yodada.

8.- Beber entre uno y dos litros de agua al día.

9.- Nunca prescindir de un desayuno completo, compuesto por lácteos, cereales pan, galletas, cereales de desayuno…) y frutas, al que debería dedicarse entre 15 y 20 minutos de tiempo. De esta manera, se evita o reduce la necesidad de consumir alimentos menos nutritivos a media mañana y se mejora el rendimiento físico e intelectual en el colegio

10.- Involucrar a todos los miembros de la familia en las actividades relacionadas con la alimentación: hacer la compra, decidir el menú semanal, preparar y cocinar los alimentos, etc.

El bullying puede ser:

1.- Dañar físicamente a alguien (dar golpes, puñetazos, patear, empujar, hacer zancadillas)

2.- Amenazar con daño físico a una persona o a personas o cosas apreciadas por él (ella)

3.- Dañar las pertenencias de alguien.

4.- Demandar cosas o favores usando el miedo o la fuerza.

5.- Robar las pertenencias de alguien.

6.- Exigir dinero o cosas.

7.- Humillar o avergonzar a alguien de manera deliberada.

8.- Disminuir, decir apodos, insultar o mofarse de una persona o de su familia, cultura o religión.

9.- Usar el sarcasmo o hacer imitaciones.

10.- Tocar en forma inapropiada o mostrar material acerca de una persona que se sabe que resultará ofensivo.

11.- Diseminar rumores.

12.- Excluir o dejar fuera a alguien.

13.- Hacer comentarios racistas, homofóbicos o sexualmente ofensivos.

14.- Escribir graffitis alusivos a una o más personas.

15.- Quitarle a alguien su mejor amigo(a).

16.- Esconder las cosas de alguien.

17.- Poner caras burlonas ante el trabajo de un alumno; no tocar el libro de un alumno cuando estos son repartidos.

18.- Chantajear a alguien.

19.- Susurrar cosas acerca de alguien.

20.- Enviar mensajes de texto, correos electrónicos, etc. con comentarios insultantes, crueles y con la intención de dañar, sobre alguien.

Bullying directo es cuando el bullying se hace directamente a una persona, por ejemplo ésta es empujada, golpeada, agredida a través de un email o a través de no dejarla participar en actividades del grupo, etc.

Bullying indirecto es cuando la agresión se hace a “espaldas” de la persona afectada.
Por ejemplo, se hace correr un rumor, haciendo señas o hablando en el pasillo a sus
espaldas, robándole o haciéndole daño a sus pertenencias sin que ella/él sepa quién lo hizo, excluyéndola/o indirectamente sin ser claros de por qué no lo quieren dejar.

 

¿ESTO ES BULLYING?

Vamos a presentar una serie de casos y tratar de reconocer si es bullying o no.

1.- Jimena le dice a Antonio que si no le entrega el dinero que él trajo para comprar su almuerzo, ella le dará una paliza.

2.- Viviana le dice continuamente a Sandra que use desodorante.

3.- Olivia y Julia se han enamorado del mismo muchacho, y Olivia no le habla a Julia.

4.- Cada vez que Ramón se acerca a un grupo de alumnos, ellos lanzan risitas y cuchichean.

5.- Sergio escupe dentro de una lata de bebida y dice que hará que Juan la beba.

6.- Teresa y Silvia no dejan que Raquel juegue con ellas.

7.- Sebastián y Manuel tuvieron una discusión. Sebastián da un puntapié a la mochila de Manuel, lanzándola lejos.

8.- Pedro acusa a Daniel de haberle robado su juego y tienen una pelea en el pasillo.

9.- Jaime sufre de una discapacidad que no le permite controlar bien sus movimientos. Cuando está muy excitado, sus manos se sacuden. Cada vez que él intenta integrarse a jugar fútbol, un grupo de niños imita sus movimientos.

10.- Los padres de Ismael se han separado. Marcos se lo cuenta a todo el curso.

“GROOMING” (ACOSO VIRTUAL)

1.- Involúcrese y aprenda a manejar las nuevas tecnologías. Le ayudará a saber qué hace su hijo cuando está conectado y los posibles riesgos a los que se enfrenta.

2.- Enseñe a su hijo a ignorar el spam y a no abrir archivos que procedan de personas que no conozca personalmente o sean de su confianza. Explíquele que existen programas capaces de descifrar nuestras claves de acceso al correo electrónico.

3.- Sitúe el ordenador de la casa en una habitación de uso común, donde pueda tenerlo controlado. Evite, en lo posible, colocarlo en el dormitorio de sus hijos.

4.- No instale una webcam en el ordenador. O si lo hace, procure restringir su uso mediante una clave de seguridad que sólo usted conozca.

5.- Hable con su hijo sobre qué hace cuando navega por Internet: qué páginas visita, con quién habla y sobre qué.

6.- Insístale en que no debe revelar datos personales a gente que haya conocido a través de chats, Messenger, MySpace… Y pregúntele periódicamente por los contactos que va agregando a su cuenta de Messenger u otro tipo de mensajería instantánea. ¿Quiénes son? ¿Dónde los ha conocido?

7.- Explíquele que nunca ha de mandar fotos ni vídeos suyos ni de sus amigos a desconocidos.

8.- Háblele de los riesgos de Internet. Que sea un mundo virtual no quiere decir que no pueda acabar afectándole. Con apagar el ordenador a veces no es suficiente.

9.- Si nota que su hijo se comporta de forma extraña –le nota ausente, preocupado, pasa muchas horas conectado-, puede ayudarle este libro: Técnicas de hacker para padres. Cómo controlar lo que hace tu hijo por el ordenador. (Creación Copyright), de Mar Monsoriu.

10.- Si cree que su hijo está siendo víctima de grooming, contacte con la asociación Protégeles (www.protegeles.com). O diríjase a la Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía (denuncias.pornografía.infantil@policia.es: 915 82 27 53) y a la Brigada de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil (delitostelematicos@guardiacivil.org). Esa persona puede estar acosando también a otros menores.

El País Semanal, 25/11/07

Para hacer

  • Este decálogo va dirigido a los padres. ¿Qué piensan los hijos de él?
  • ¿Con qué aspectos estamos de acuerdo? ¿Cuáles corregiríamos?
  • Internet abre muchas posibilidades, pero también tiene sus peligros. ¿Cómo evitarlos?

Algunos padres y madres de chicos víctimas se enfadan profundamente con el centro escolar al entender que no se está prestando suficiente atención a su hijo y que, debido a esto, han sucedido las agresiones. Es evidente que entendemos que, en situaciones de maltrato, la organización, supervisión y cuidado de los alumnos en el centro escolar son muy importantes; si bien a pesar de ello, a veces, las relaciones ocultas entre los alumnos pueden pasar desapercibidas a los ojos de los profesores. Por ello debemos confiar en la escuela y asumir que va a ser nuestra aliada en la mejora de la calidad de vida de nuestro hijo o hija, en el caso de ser víctima de malos tratos por parte de sus compañeros.

Por el contrario, si nuestro hijo está agrediendo a otros compañeros, lo importante será que cese en dicha actitud, que modifique los comportamientos y que comunique aquello que le está haciendo comportarse así. En ocasiones algunos padres o madres en esta situación entienden que la mejor forma de ayudar a sus hijos es mostrándose hostil hacia la persona que le comunica los hechos (profesor tutor, director, orientador,…) y rehúsan aceptar la implicación de su hijo. Es importante, pues, que entendamos que, una vez averiguado el grado de implicación de nuestro hijo en el proceso de maltrato, éste deberá asumir su responsabilidad y que lo peor que le puede ocurrir es no asumir su culpa y sentir permisividad ante los actos violentos, entendiendo así que el ejercicio del poder mediante la fuerza y el daño ajeno vale la pena, y que, por lo tanto, se puede uno salir con la suya y obtener una recompensa social, al demostrar que se es el más fuerte. Si permitimos que nuestro hijo deduzca esta mala enseñanza, le habremos preparado para repetir en el futuro su comportamiento abusivo sobre otras personas en cualquier contexto (escuela, familia, calle, trabajo, pareja,…), pudiendo causarle graves problemas a él y a cualquier persona con la que se relacione.

En ambos casos (alumno-víctima o alumno-agresor) la escuela ha de trabajar conjuntamente con los padres para abordar el conflicto suscitado, buscando respuestas adecuadas que ayuden a restablecer unas relaciones satisfactorias. Por eso te proponemos que:

  • Acudas a la escuela en cuanto tengas indicios, o simplemente sospechas, de que tu hijo está cometiendo actuaciones de maltrato o que está participando conjuntamente en agresiones a otros compañeros.
  • Intenta hablar con tu hijo e indaga sobre los indicios que observas. Explícale que vas a acudir al centro escolar y que tu intención es buscar una colaboración con la escuela para intervenir en el cese del maltrato.
  • Ponte en contacto con el tutor o, en su caso, con la jefatura de estudios, la dirección o el departamento de orientación del centro e infórmales de tus inquietudes.
  • Confía en que la escuela abordará el problema, tanto de manera individual como con el grupo clase que lo está presenciando.
  • Solicita ser informado de los pasos que se están dando y, a su vez, informa de cualquier mejora en la conducta, así como de posibles nuevas agresiones.
  • Mantén reuniones periódicas con el colegio para acordar actuaciones conjuntas y revisarlas.
  • En caso de que tu hijo sea víctima, si observas que aumenta su miedo, o que se produce un rebrote de las agresiones o que éstas no cesan a pesar de la intervención escolar, comunícalo al centro y, dependiendo del nivel de riesgo, indícales tu intención de denunciarlo en otras instancias.
  • Si tu contacto con la escuela no ha sido todo lo satisfactorio que esperabas, házselo saber y exige que se aborde el problema con toda prontitud. En caso de no considerar adecuada la intervención escolar, ponte en contacto con la Asociación de Madres y Padres (AMPA) o con el Servicio de Inspección educativa y solicita ayuda.
  • Si existe un alto riesgo para tu hijo o la agresión ha sido muy grave, dirígete a PROTEGELES o denúncialo directamente a la policía.

Alta ansiedad, estrés y miedo son, al parecer, las tres claves mediante las que se puede detectar si un hijo es víctima de acoso.

El experto JOSÉ MARÍA AVILÉS, miembro del Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid, afirma que las víctimas pueden desarrollar respuestas agresivas y en casos extremos, pensar en el suicidio. Para este especialista, el agresor interioriza “una manera de comportarse que puede desembocar en situaciones de delincuencia muy graves” y sobre los espectadores, afirma que llegan a aprender a mirar para otra parte, e incluso a verlo de forma normal.

Para detectar este fenómeno con más detalle en el acosado, hay que fijarse en la aparición de los siguientes SÍNTOMAS que pueden darse de forma aislada o bien combinados unos con otros:

1. Su hijo/a tiene dificultad para relacionarse con sus compañeros o los profesoresLa información la podemos recoger de los mismos amigos ya que el maltrato se inflige donde no puede ser visto por los adultos. Por otro lado, la víctima se aísla y se niega a contarlo a alguien.

2. Existen indicios evidentes, externos, que resultan más difícil ocultar.

A saber: moratones, rasguños o cortaduras cuyo origen el niño no alcanza a explicar; ropa rasgada o estropeada; objeto dañados o que no aparecen; dolores de cabeza, de estómago o de otro tipo cuya causa no está clara; lágrimas o depresión sin motivo aparente; variaciones de humor o problemas de concentración; accesos de rabia extraños; renuncia a ir a la escuela; trastornos del sueño o eneuresis; renuncia a jugar con los amigos, retraimiento social o temores ante otros niños; rebelión constante contra las normas o excesiva sumisión ante las mismas; miedos irracionales; agresiones a hermanos, especialmente en niños que han sido afectuosos y pacíficos; deseo de tomar otra ruta para ir a la escuela o volver a casa; empeoramiento del rendimiento escolar; peticiones de dinero sin explicación del motivo.

En una situación similar a la descrita es necesario adoptar una serie de MEDIDAS y en un determinado orden.

El primer paso a dar sería conseguir la confianza del hijo pero este objetivo es muy difícil de conseguir a menos que surja como iniciativa por parte de ellos. Debemos saber que el hijo necesita:

  •  saber que se le escucha y se le cree.
  •  llegar a confiar en la manera en que sus padres se ocuparán del problema 
  • hablar con más franqueza acerca de lo sucedido
  •  aprender a dominar hasta cierto punto su propia situación
  •  aprender técnicas y estrategias para protegerse
  •  volver a tener seguridad en sí mismo.

En esta situación los padres pueden ayudar de la siguiente manera:

  •  haciendo que su hijo participe en la toma de las decisiones sobre lo que hay que hacer;
  •  escuchando atentamente lo que el niño les dice;
  •  diciéndole que le comprenden.

Pero hay determinadas actitudes erróneas de los padres que no ayudan y son las siguientes:

  •  se alteran o se angustian;
  •  se sienten culpables o avergonzados;
  •  le hacen creer al niño que la situación no tiene importancia;
  •  culpan al niño/a o a la escuela;
  •  acusan a otras personas sin estar enterados de los hechos;
  •  exigen saber de inmediato todos los pormenores de lo ocurrido;
  •  o buscan soluciones fáciles.

Para evitar situaciones de este tipo, se debe mantener la sangre fría y dar los siguientes pasos que ayudarán mucho más a resolver el problema:

  •  animar al niño a que cuente todo lo que quiera sobre lo sucedido, a fin de tener una idea exacta de los hechos;
  •  mantener la mente abierta, sin olvidar que lo que están oyendo es sólo una parte de lo ocurrido;
  •  hacerle preguntas al niño, sin alterarse, con suavidad;
  •  ayudarle a reflexionar sobre lo sucedido hasta ahora;
  •  ayudarle a decidir qué hay que hacer para resolver la situación.

Es importante averiguar datos sobre que ocurrió, quién estuvo implicado; dónde ocurrió; cuándo y si hubo testigos y quiénes fueron. Una vez dados estos pasos, se pueden adoptar otras medidas como:

  •  No enfrentarse a los agresores; rara vez funciona, sino que, al contrario, suele agravar la situación.
  •  Hay que comunicarse con el centro escolar cuando se haya llegado a un acuerdo con el hijo sobre la forma, el cuándo, con quién…
  •  Pedir una cita con el director, profesor o persona que se considere más idónea para tratar el asunto.
  •  Se debe evitar presentarse en la escuela sin concertar antes una cita.
  •  Presente de forma tranquila y ordenada la información que tenga.
  •  Señale con su modo de actuar que usted desea colaborar con la escuela en la búsqueda de una solución. Indique lo que usted y su hijo desean hacer y pida que el representante de la escuela también opine al respecto.
  •  Anote las medidas que la escuela promete tomar, y pida otra cita para informarse de las actuaciones realizadas.

Por último, cabría apuntar una serie de instrucciones para ayudar a su hijo/a a hacer frente al problema. Estas pueden ser las siguientes:

1. Si los abusos se están cometiendo camino a la escuela o de regreso a casa, vea si es posible que tome otra ruta, se junte con otros niños o, acaso con la ayuda de la escuela, encuentre un compañero más robusto con quien pueda ir acompañado. Estas medidas podrán ser útiles mientras se está resolviendo el problema.

2. Si a su hijo le cuesta hacer amigos, anímelo para que haga un mayor esfuerzo por conseguirlo, ya que el tener un buen amigo, aunque sea uno solo, puede ser decisivo frente al problema de los malos tratos.

3. Invite a casa a los amigos de su hijo, para que se vayan afianzando las amistades iniciadas en la escuela.

4. Hable con su hijo sobre lo ocurrido y propóngale algunas medidas que podría adoptar para ayudarse, tales como: fingir no oír los comentarios hirientes; repetirse a sí mismo, en voz baja, consejos para animarse, tales como: «eso es problema suyo, no mío», o «yo estoy bien»;aprender a portarse de manera más firme, serena y enérgica, para que pueda enfrentarse al agresor sin sentir miedo, ni angustiarse, ni ponerse ofensivo ni violento; y entender que, en el caso de los malos tratos, está bien, y de ninguna manera constituye un acto de delación, contárselo a otro.

Frecuentemente somos testigos de desgraciadas noticias en relación con la violencia escolar. Se ha oído mucho sobre este tema pero vamos a tratar de definir correctamente el concepto de “bullying” y cómo, desde casa, podemos detectar el inicio de un cuadro de acoso fijándonos en algunos detalles que a continuación citaremos. Finalmente, proponemos algunas medidas que pueden tomar para resolver la situación violenta si esta llega a producirse.

Un estudio llevado a cabo por el Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid indica que, el 55 por ciento de los alumnos acosadores sale impune de este tipo de actos.

Según los expertos, el MALTRATO entre escolares aparece cuando de forma repetida un niño más grande, más fuerte y con más poder que otro comete abusos contra éste o, también si un grupo de niños somete a abusos a otro niño solo. Lo que ocurre es que los malos tratos pueden ser de diversos tipos.

Veamos:

1.Verbales: insultos, humillaciones o amenazas.

2. Físicos: golpes, zancadillas, pinchazos, patadas, o bien hurtos o estropeo de los objetos propiedad de la víctima.

3. Sociales: exclusión, difusión de rumores y calumnias contra la víctima.

4. Psicológicos: acecho, o gestos de asco, desprecio o agresividad dirigidos contra la víctima.

Con lo que acabamos de afirmar rompemos el primer error que se está cometiendo y es, pensar que el maltrato es únicamente físico y/o psicológico. El maltrato entre escolares se diferencia de las burlas, tomaduras de pelo, juegos bruscos y peleas características del patio de colegio en que en el caso del maltrato la conducta es continua y el agresor, por lo general, es más grande, más fuerte y más poderoso que la víctima.

Y ¿CUÁL ES EL ORIGEN DE TODA ESTA VIOLENCIA?. LEDIA GUTIÉRREZ, psicóloga familiar, explica que un niño agresivo “solamente está reproduciendo lo que ha visto o ha sufrido en su hogar y llega al colegio a descargar todo lo que está aprendiendo en la familia”.

De ahí viene que emitiera distintos consejos a las familias:

• Deben propiciar momentos de juego, estudio, descanso e interactuar con la familia y, deben dar seguridad y confianza en sí mismo.

• Deben cambiar determinados comportamientos en la familia que permitan al niño sentirse amado, respetado y escuchado.

• Los padres deben enseñarles que responder con violencia no es lo más correcto sino que hay que buscar soluciones pacíficas; deben involucrarse tanto con su hijo como su agresor para lograr acercamientos más amistosos y hacerle ver que la violencia es negativa; no deben enemistarse con la familia del niño agresor, porque estaría dando un ejemplo negativo a su hijo.

Por último, cabría citar algunas consideraciones hacia los profesores que no deben castigar, etiquetar, rechazar y apartar a los niños “violentos” porque estas actitudes lejos de mejorar su comportamiento alteran la situación; deben conversar con el niño para lograr una mejor comunicación y confianza; y deben vigilar y detectar los cambios de conducta de los alumnos y comunicarlo a los padres.

Es importante conocer los intereses y preferencias de ocio de nuestros niños y compartir con ellos momentos, espacios y actividades de tiempo libre.

Dediquemos tiempo también a jugar a videojuegos y a navegar con ellos por Internet. Siempre resulta positivo pues, además de disfrutar, posibilita el diálogo y permite comentar y criticar, en su caso, los contenidos y formas de los juegos y las páginas Web que se visitan. En definitiva, conseguir una mejor comunicación en el entorno familiar.

Pero además del tiempo que se dedica a las actividades relacionadas con las nuevas tecnologías, resulta fundamental proporcionar y estimular al niño y al adolescente en otras alternativas de ocupación del tiempo libre y del ocio como:

– Jugar con los amigos (el niño precisa de otros niños para crecer y desarrollarse. La comunicación con los demás y las relaciones sociales son la base del aprendizaje y el crecimiento).

– Charlar y dialogar con la familia y los hermanos.

– La lectura, la música, la tertulia participativa.

– El deporte, el medio ambiente, el campo.

– La creatividad, las manualidades, la pintura.

– Y un largo etcétera de actividades saludables y comunicativas, pues tiene que existir un tiempo para todo.

Asimismo, se debe estimular la diversidad en los juegos. Existen más actividades lúdicas que distraen, entretienen y acercan el mundo a los niños y adolescentes. (Juegos de mesa como parchís o ajedrez, juegos de habilidad como puzzles, juegos de construcción como mecanos, etc.)

Busquemos una ubicación de la consola, plataforma y/o ordenador en un sitio neutro y común, por ejemplo la sala de estar o el salón.

Definamos y pactemos un tiempo y unos días para jugar con videojuegos o navegar por Internet, desde el diálogo y el sentido común. Que no interfiera en otras actividades ni en el descanso necesario.

Aprendamos a utilizar las nuevas tecnologías racionalmente. Su uso sin duda nos ayudará a entender y a estar en el mundo actual. Las máquinas y lo que hacen están diseñadas por personas para ser utilizadas por personas.

­­OBJETIVOS:

  • Profundizar en las actitudes educativas más convenientes para mejorar el comportamiento de los hijos.
  • Concretar algunas orientaciones prácticas para emplear los premios y castigos con carácter educativo.

METODOLOGÍA :

1.- Exposición del monitor/a con el material adjunto

2.- Trabajo en grupos con las preguntas de la hoja anexa

3.- Puesta en común

Bibliografía:

  • “Relaciones Familiares”- Monográfico editado por la revista “Padres y Maestros”- Ediciones Paulinas- 1.982
  • “Los límites en la educación de niños y adolescentes: una necesidad para el aprendizaje y la socialización” – Miguel Costa – 1.998

PREMIOS, CASTIGOS Y EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

Seguro que tu hija es inteligente, adorable, tierna y qué se yo cuantas cosas más. Casi perfecta. Pero sucede que, con ella, estás casi siempre al borde del agotamiento: con el corazón en un puño por la que estará armando cuando no estás delante, su cuarto se parece peligrosamente a uno de esos bazares en que uno puede encontrar de todo y en un desorden casi perfecto.

Y… ¿qué me dices de tu hijo?

David es responsable, noble y sensible. Pero también terco, respondón y, especialmente a la hora de las comidas, un experto campeón en inventar las más variopintas excusas para no terminar nunca.

Es decir, dos hijos completamente normales.

1. Cómo dominar las situaciones diarias: recetas para las cefaleas paterno-filiales

Situaciones de discusión y desobediencia suceden en todas las casas: los hijos necesitan desafiar a sus mayores, bordear los límites disciplinarios y en definitiva oponerse.

Sin embargo, aunque lo sabemos, no resulta fácil aguantar en “esos momentos” de nervios.

¿Qué podemos hacer para no tener que pasar media vida peleando con los hijos? ¿Existen algunas reglas prácticas que nos ayuden a manejar con acierto esas situaciones?.

1.1. Cuida el estilo general de la relación, sin esperar a los momentos críticos

  • Trata a quienes te rodean como invitados.

Nunca se te ocurriría gritar, dar órdenes o intentar hacer daño con tus comentarios a los invitados.

Si quieres que tus hijos te traten con respecto y consideración haz tú lo mismo. Sabes que los niños aprenden en una gran medida por imitación, de modo que es muy probable que recojamos lo que sembramos. Nunca están de más palabras como “por favor” y “gracias”.

  • Premia, estimula y alaba.

Instaura un estilo que esté más basado en los premios que en los castigos, en el estímulo que en la amenaza.

Estáte seguro que el mejor premio, como si de un perfume duradero se tratase, es la palabra y el gesto amable. Ambos hacen crecer a las personas en confianza.

En bastantes empresas se funciona en un estilo de relación que se conoce con el nombre de “manejo por excepción”: consiste en fijarse únicamente en los fallos del trabajo encomendado sin valorar lo que es frecuente: el trabajo bien hecho. De este modo el empleado, se encuentra desmotivado y, cuando el jefe le llama, piensa de modo espontáneo, que es para recibir una reprimenda…

También en casa corremos el riesgo de reservar toda nuestra atención y energía para las ocasiones en que nuestros hijos no responden con la conducta adecuada; olvidamos las ocasiones en que recoge sus cosas por propia iniciativa, hace los deberes sin necesidad de observaciones o se sienta bien en la mesa…

  • Valora también los esfuerzos y mejoras.

No esperes a que su conducta sea perfecta: dile que valoras su esfuerzo.

Y no esperes en tu alabanza a que cambie en todos sus defectos; siempre habría un “si, pero…” que te haría imposible estar satisfecho/a.

Con los niños pequeños suele dar buenos resultados el comentar su buen comportamiento, como de pasada, ante otras personas; parece tener algo parecido a un radar para las ocasiones en que se habla de ellos.

1.2. Aprende a leer las conductas de tus hijos y enséñales a que también ellos lo hagan.

  • Ignora las conductas inadecuadas no destructivas que tratan de atraer tu atención.

A veces una conducta no es lo que parece. Detrás de un mal comportamiento, como orinarse cuando ya lo tenía superado o lloriquear o pegar a su hermano…, puede haber una necesidad de llamar la atención y de sentirse querido.

Centrarnos en atajar esas conductas puede llevar a que se repitan cada vez más frecuentemente, puesto que consigue el objetivo pretendido de que le hagamos caso.

Será necesario ignorarlas y, simultáneamente, atender a su demanda de afecto.

  • Ayúdale a comprender sus sentimientos pero señálale los límites.

En muchas de las discusiones, sobre todo con adolescentes, lo que se discute no es sino la manifestación de algo diferente que no se logra expresar.

Ante un “te odio”, sería equivocado tomárselo como algo personal. Si está dicho en el contexto de una prohibición de salir por la noche, por ejemplo.

  • traduce el sentimiento latente: “Sé que te resulta duro no estar con el resto de los amigos, pero mañana tenemos que salir temprano” y
  • mantén la negativa con firmeza: “No voy a repetirte las razones de mi negativa ni a tener en cuenta lo que me dices en este momento de rabia, aunque me duela”.

1.3 Recuerda que los desacuerdos son normales en toda relación.

En cualquier relación social, antes o después, aparece el desacuerdo. También en la familia.

Pero puedes convertir el desacuerdo en un factor educativo (lo que no significa necesariamente darle la razón al hijo) o en un conflicto de poderes.

Es sabido que:

  • Dos no se pegan si uno no quiere.

Del mismo modo que para que haya una guerra se necesitan dos contendientes, también se necesita más de un participante para que exista una pelea.

A veces los hijos necesitan encontrar un contrincante; les es más fácil justificar sus malos modos cuando también la otra persona se sale de sus casillas. No caigas en la trampa tú eres el adulto. Recuerda que se trata de educar, no de ganar peleas.

  • Tu hijo y tú tenéis derecho a los “malos días”. Y, sobre todo, tenéis derecho al perdón.

Porque, a pesar del esfuerzo por lograr una salida constructiva al desacuerdo, tropezaréis cada cierto tiempo…

A veces es vuestro hijo/a quien tiene una temporada especialmente nerviosa: unos exámenes, la frustración ocasionada por la pérdida de una amiga etc.; otras, somos nosotros quienes estamos tensos a causa del trabajo o de un dolor de cabeza…

Hay que reivindicar como un derecho, tanto para ellos como para nosotros, la posibilidad de esos días.

Pero hay que pedir perdón cuando ha pasado la tempestad y reconocer nuestro error, enseñándoles a hacer lo mismo.

1.4 Algunos de los desacuerdos merecen una pelea. La mayoría no.

  • Jerarquiza la importancia de los temas y actúa en conformidad con su importancia educativa.

Porque no todos los temas son igualmente trascendentes: no transijas, a pesar de los gritos y pataleos, en aquellos en los que tú consideras que se juegan criterios de fondo. Pero tampoco te pases el día haciendo observaciones o peleándote por minucias. Cuando queremos cambiar conductas hay que seleccionar: con las dos o tres más importantes es suficiente.

  • Expresa tu enfado de forma breve y sin responder a las protestas.

No discursees demasiado. Explica en pocas palabras y con claridad el por qué de tu enfado. Un “¡No!” o “¡Basta!”, seguidos de una frase de explicación puede ser suficiente.

Después de la explosión, detente. La pausa tiene mayor efecto que todos los gritos. Y si sigues gritando estás perdido porque tendrás que responder, en el mismo tono, una y otra vez a sus réplicas. En ese defecto suelen caer especialmente las madres.

Cuida de que tus palabras no lleven insultos ni actos que lesionen la dignidad personal de tu hijo/a.

  • Marca un tiempo de reflexión

Si ves que tu hijo quiere seguir peleando, un tiempo de reflexión en su cuarto puede ayudar a que la situación se enfríe. Ese tiempo no debe ser demasiado largo puesto que no pretende ser un castigo en el sentido tradicional de la palabra. se trata de desactivar la agresividad que tanto en él como en ti está a punto de desbordarse.

Una orientación sobre la duración de ese tiempo es un minuto por cada año de edad.

Te sorprenderás de la cantidad de enfados que desaparecen por sí solo aplicando esta sencilla fórmula…

  • Establece, de común acuerdo con tu hijo las reglas que eviten que esa situación se repita y sed coherentes con ellas.

Una vez que se ha pasado la rabieta, nunca inmediatamente después, es el momento de sentarse con tranquilidad y llegar a acuerdos.

No pretendas “ganar por goleada”, ofrece contrapartidas y cede en aspectos que sean secundarios.

Y sé coherente en tu exigencia: pocas actitudes son tan deseducativas como premiar o sancionar hoy con severidad comportamientos a los que ayer eras indiferente o que, incluso, has alentado.

Actuad con coherencia y exigídla, ambos cónyuges.

2.- Los premios y castigos… ¿un factor educativo?

Las normas anteriores abordaban, sobre todo, situaciones de tormenta. Pero en la vida de toda familia hay un cúmulo de circunstancias que, sin ser explosivas, van perfilando el carácter de nuestros hijos: aprenden a ser ordenados, a tener educación, a respetar o no los derechos de los otros etc.

Y lo van haciendo por los estímulos que un día tras otro van recibiendo de su ambiente; aquella cara que le pusimos, la recompensa o el castigo que desde su más tierna infancia recibió cada vez que actuaba de una determinada manera etc. Han ido configurando un estilo de persona.

Todos los padres, consciente o inconscientemente, utilizamos los premios y los castigos con nuestros hijos. El que sean un factor educativo o ayuden a malcriarlos depende del modo en que los manejamos.

De ahí la importancia de conocer sus mecanismos.

2.1. Premios

  • Cuando una persona encuentra satisfacción en hacer algo, tiende a repetir esa conducta.

Si premias una conducta de tu hijo con algo que sea gratificante y satisfactorio para él, es muy probable que se porte así con más frecuencia.

  • Las recompensas materiales como el dinero, materiales deportivos o juguetes, nos gustan a todos. Pero son las recompensas sociales como la atención, los elogios y el afecto las que nos hacen sentirnos más a gusto con nosotros mismos.

Dales preferencia, aunque no exclusividad, en tu relación con los hijos.

Ejemplos de premios sociales son:

  • Frases de ánimo y felicitación: “¡Bien!”, “¡Así da gusto!”, “¡Enhorabuena!”.
  • Muestras de afecto: un beso, un abrazo, una sonrisa, una palmadita en la espalda…
  • La promesa de participar en sus juegos, en el caso de los niños pequeños: leer con él un cuento que le gusta, jugar juntos, construir modelos, etc.
  • Decide en qué vas a utilizar recompensas materiales. Un buen criterio es hacerlo de manera extraordinaria y con cosas que sabes le suponen un especial esfuerzo. Pero, aún en ese caso, deben ir acompañadas de recompensas sociales, de las que son expresión.

Y cuida de que no sean tan frecuentes que acostumbres a tu hijo, a realizar las tareas más por los beneficios que de ellas obtiene que por el valor que en sí mismas tienen.

  • No olvides que no hay dos niños iguales. Y, por eso, puede suceder que lo que para uno es motivador no lo sea para otro. Tendrás que adaptar los premios a la manera de ser de cada hijo.
  • Premia inmediatamente después del comportamiento deseado. Cuanto más distancia hay entre la conducta y la recompensa (o el castigo) menor será el efecto. Y cuanto menor es la edad del niño menos eficaz resulta dicha distancia.
  • Existen dos formas básicas de recompensar: todas las veces y ocasionalmente. Al comienzo, hasta que el comportamiento nuevo está bien aprendido, es mejor reforzarel comportamiento cada vez que se produzca. Luego, cuando el comportamiento está consolidado, se deben utilizar los reforzadores de vez en cuando y a intervalos diferentes.
  • Es preferible que adoptes un enfoque positivo y busques activamente el buen comportamiento de tus hijos para recompensarlo que funcionar a base de castigos (el “manejo por excepción”, ¿recuerdas?).

2.2. Castigos

  • Como ya se ha señalado, una forma de eliminar un comportamiento inadecuado es pasarlo por alto continua y permanentemente, sin recompensarlo nunca ni siquiera con la atención.
  • El castigo es una forma de cortar un comportamiento que no se puede pasar por alto. Los castigos pueden ser eficaces si se utilizan correctamente.
  • No utilices el castigo como medio habitual para corregir a tu hijo.

El uso frecuente del castigo no es eficaz para cambiar la conducta. Al revés, puede producir efectos que, sin duda, no deseas. Así, por ejemplo:

  • Dura poco. El niño suprime su conducta por un tiempo pero de nuevo vuelve a las andadas.
  • Exige nuevos castigos cada vez más fuertes, originando un círculo vicioso difícil de romper: mala conducta castigo… repetición de la mala conducta castigo más severo… etc.
  • Las relaciones entre tú y tu hijo se resienten y pueden darse reacciones de rechazo afectivo, origen de problemas mucho más serio que los que se tratan de resolver.
  • Las personas aprendemos también por imitación. Y si un niño vive normalmente castigado: o (“tienen razón mis padres; merezco todo lo que me dicen”) o castigará a los de su alrededor: hermano/a pequeño, compañeros de escuela etc

Muchos adultos que utilizan la violencia sistemáticamente con sus hijos o cónyuges, crecieron en ambientes de fuerte carga agresiva.

  • El castigo funciona bien si:
  • Es el último recurso y no la manera habitual de actuar: si gritas con frecuencia, los gritos acabarán perdiendo todo valor y tus hijos te verán como histérico/a…

Cuando castigas demasiado es que no has jerarquizado suficientemente lo que es importante y lo que no en la educación de tus hijos.

  1. Se sabe exactamente por qué se es castigado.
  2. Es inmediato, sin aplazamientos innecesarios: “ya verás cuando venga tu padre”…
  3. Ocurre siempre que se comete la falta, sin depender del buen o mal humor.
  4. Ofrece al niño una alternativa. No sólo se castiga la mala conducta sino que se explicita lo que se espera de él y el modo en que puede realizarlo.
  5. Permanece intacto el respeto por la persona, sin que sufra la autoestima. Son las acciones las correctas o incorrectas, no la persona. Ni “eres un inútil” ni “eres mala” sino “eso lo has hecho mal”.
  6. No lo asocias a actividades de aprendizaje como, por ejemplo, tener que copiar o hacer cuentas o leer. Ese es el mejor método para que en el futuro odie las matemáticas o la lectura, por verlas relacionadas con situaciones desagradables.

2.3. Las consecuencias naturales y consecuencias lógicas

  • Frente al sistema de premio y castigos, algunos autores proponen el método de las “Consecuencias naturales” y las “Consecuencias lógicas”. Se trata de una respuesta alternativa frente a los problemas que plantea el método de premios y castigos; pero pueden coexistir ambos sistemas: la edad, la manera de ser del niño y cada situación concreta nos indicará lo más conveniente en cada momento…

Básicamente el método consiste en relacionar la conducta del niño/a con las consecuencias que de ella se derivan; así, si una adolescente insiste en ponerse zapatos de tacón alto en invierno, se le mojarán los pies (consecuencia natural) y probablemente arruinará los zapatos y no le comprarán otros hasta que sea el momento (consecuencia lógica).

  1. El método de las consecuencias naturales pone el acento sobre la realidad y el reconocimiento de los mutuos deberes y derechos en vez de apoyarse sobre las valoraciones de los adultos. Además permite que el sujeto tome sus propias decisiones y por lo tanto hace a los niños responsables de su propio comportamiento.
  2. Para que estés seguro de que tu acción no es un castigo sino una expresión de Consecuencias ten en cuenta los siguientes aspectos:
  3. Oferta a tu hijo varias alternativas: “puedes ordenar el cuarto o no. En este caso, puedes llevar allí a tus amigos” o “tu padre y yo queremos ver la tele. Tú puedes ver el programa con nosotros o salir de la sala. Mira lo que prefieres…”
  4. Cuida de que el tono de voz sea el adecuado.

Debe expresar aceptación y respecto. Las frases anteriores dichas en un ambiente de gritos, son más castigo que alternativa real. Pero si tu tono y tus miradas no revelan amenaza, la capacidad de opción se manifiesta como real.

Que tus palabras expresen cariño y firmeza a la vez.

  • Antes de plantear una alternativa estáte seguro de que vas a aceptar la decisión del hijo.

A veces hay determinadas decisiones que suponen riesgos que, como padres, no estamos dispuestos a que nuestros hijos asuman: tu hija se empeña en ir al monte a pesar de que el tiempo amenaza lluvia. La consecuencia natural de esa opción es que vendrá mojada y con riesgo de atrapar un catarro. Si es pequeña para medir las consecuencias de su decisión, no se la ofertes como alternativa; pero si se trata de una adolescente no merece la pena pelearte con ella: déjale correr los riesgos de decidir, aunque a tu modo de ver sea equivocadamente. Es tomando decisiones como se aprende a ser responsable.

Por supuesto, si pasa el fin de semana en casa sin poder salir como consecuencia del catarro, no se lo recuerdes cada vez que debe volver a elegir en situaciones parecidas: el “¿te acuerdas?…” o “¡Ya te lo decía yo!” tiene más de pelea ganada que de método educativo.

  • Es bueno que experimente las consecuencias de su decisión sin que la lástima te lleve a cortarlas: el no levantarse a tiempo de la cama, a pesar de que uno y otro día se le llama con insistencia, puede suponer un castigo escolar por falta de puntualidad; no le hagas una nota justificativa de su conducta (aunque llames al profesor para explicarle los motivos por los que no la haces) ni le prepares un bocadillo para el recreo porque, con las prisas, no ha podido desayunar…
  • Cuando una acción no tiene consecuencias naturales hay que aplicar las consecuencias lógicas: es razonable que si mi cuarto está desordenado no pueda llevar allí a mis invitados. No lo sería que deba copiar una lección…

CUESTIONARIO SOBRE “SABER PREMIAR Y CASTIGAR”

1.- Señala los premios más frecuentes que usas con tus hijos y que te resultan bien:

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2.- Indica también los castigos más frecuentes que empleas y que crees que son educativos para ellos :

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3.- Pon algún ejemplo de situaciones en que te ha ido bien dejar que tu hijo/a actúe y que aprenda con las consecuencias de su actuación :

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4.- Señala también algún ejemplo de circunstancias que te desconciertan y no sabes cómo actuar. Trata de solucionarlas con tu grupo a la luz de lo expuesto en este tema :

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