Escuela de Padres

Premios, castigos y educación de los hijos (1)

Posted on: 7 noviembre, 2016

Seguro que tu hija es inteligente, adorable, tierna y qué se yo cuantas cosas más. Casi perfecta. Pero sucede que, con ella, estás casi siempre al borde del agotamiento: con el corazón en un puño por la que estará armando cuando no estás delante, su cuarto se parece peligrosamente a uno de esos bazares en que uno puede encontrar de todo y en un desorden casi perfecto.

Y… ¿qué me dices de tu hijo?

David es responsable, noble y sensible. Pero también terco, respondón y, especialmente a la hora de las comidas, un experto campeón en inventar las más variopintas excusas para no terminar nunca.

Es decir, dos hijos completamente normales.

. Cómo dominar las situaciones diarias: recetas para las cefaleas paterno-filiales

Situaciones de discusión y desobediencia suceden en todas las casas: los hijos necesitan desafiar a sus mayores, bordear los límites disciplinarios y en definitiva oponerse.

Sin embargo, aunque lo sabemos, no resulta fácil aguantar en “esos momentos” de nervios.

¿Qué podemos hacer para no tener que pasar media vida peleando con los hijos? ¿Existen algunas reglas prácticas que nos ayuden a manejar con acierto esas situaciones?

1. Cuida el estilo general de la relación, sin esperar a los momentos críticos

  • Trata a quienes te rodean como invitados.

Nunca se te ocurriría gritar, dar órdenes o intentar hacer daño con tus comentarios a los invitados.

Si quieres que tus hijos te traten con respecto y consideración haz tú lo mismo. Sabes que los niños aprenden en una gran medida por imitación, de modo que es muy probable que recojamos lo que sembramos. Nunca están de más palabras como “por favor” y “gracias”.

  • Premia, estimula y alaba.

Instaura un estilo que esté más basado en los premios que en los castigos, en el estímulo que en la amenaza.

Estáte seguro que el mejor premio, como si de un perfume duradero se tratase, es la palabra y el gesto amable. Ambos hacen crecer a las personas en confianza.

En bastantes empresas se funciona en un estilo de relación que se conoce con el nombre de “manejo por excepción”: consiste en fijarse únicamente en los fallos del trabajo encomendado sin valorar lo que es frecuente: el trabajo bien hecho. De este modo el empleado, se encuentra desmotivado y, cuando el jefe le llama, piensa de modo espontáneo, que es para recibir una reprimenda…

También en casa corremos el riesgo de reservar toda nuestra atención y energía para las ocasiones en que nuestros hijos no responden con la conducta adecuada; olvidamos las ocasiones en que recoge sus cosas por propia iniciativa, hace los deberes sin necesidad de observaciones o se sienta bien en la mesa…

  • Valora también los esfuerzos y mejoras.

No esperes a que su conducta sea perfecta: dile que valoras su esfuerzo.

Y no esperes en tu alabanza a que cambie en todos sus defectos; siempre habría un “si, pero…” que te haría imposible estar satisfecho/a.

Con los niños pequeños suele dar buenos resultados el comentar su buen comportamiento, como de pasada, ante otras personas; parece tener algo parecido a un radar para las ocasiones en que se habla de ellos.

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