Escuela de Padres

Premios, castigos y educación de los hijos (4)

Posted on: 10 noviembre, 2016

4. Algunos de los desacuerdos merecen una pelea. La mayoría no.

  • Jerarquiza la importancia de los temas y actúa en conformidad con su importancia educativa.

Porque no todos los temas son igualmente trascendentes: no transijas, a pesar de los gritos y pataleos, en aquellos en los que tú consideras que se juegan criterios de fondo. Pero tampoco te pases el día haciendo observaciones o peleándote por minucias. Cuando queremos cambiar conductas hay que seleccionar: con las dos o tres más importantes es suficiente.

  • Expresa tu enfado de forma breve y sin responder a las protestas.

No discursees demasiado. Explica en pocas palabras y con claridad el por qué de tu enfado. Un “¡No!” o “¡Basta!”, seguidos de una frase de explicación puede ser suficiente.

Después de la explosión, detente. La pausa tiene mayor efecto que todos los gritos. Y si sigues gritando estás perdido porque tendrás que responder, en el mismo tono, una y otra vez a sus réplicas. En ese defecto suelen caer especialmente las madres.

Cuida de que tus palabras no lleven insultos ni actos que lesionen la dignidad personal de tu hijo/a.

  • Marca un tiempo de reflexión

Si ves que tu hijo quiere seguir peleando, un tiempo de reflexión en su cuarto puede ayudar a que la situación se enfríe. Ese tiempo no debe ser demasiado largo puesto que no pretende ser un castigo en el sentido tradicional de la palabra. se trata de desactivar la agresividad que tanto en él como en ti está a punto de desbordarse.

Una orientación sobre la duración de ese tiempo es un minuto por cada año de edad.

Te sorprenderás de la cantidad de enfados que desaparecen por sí solo aplicando esta sencilla fórmula…

  • Establece, de común acuerdo con tu hijo las reglas que eviten que esa situación se repita y sed coherentes con ellas.

Una vez que se ha pasado la rabieta, nunca inmediatamente después, es el momento de sentarse con tranquilidad y llegar a acuerdos.

No pretendas “ganar por goleada”, ofrece contrapartidas y cede en aspectos que sean secundarios.

Y sé coherente en tu exigencia: pocas actitudes son tan deseducativas como premiar o sancionar hoy con severidad comportamientos a los que ayer eras indiferente o que, incluso, has alentado.

Actuad con coherencia y exigídla, ambos cónyuges.

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