Escuela de Padres

Los premios y castigos… ¿un factor educativo? (1)

Posted on: 11 noviembre, 2016

Las normas anteriores abordaban, sobre todo, situaciones de tormenta. Pero en la vida de toda familia hay un cúmulo de circunstancias que, sin ser explosivas, van perfilando el carácter de nuestros hijos: aprenden a ser ordenados, a tener educación, a respetar o no los derechos de los otros etc.

Y lo van haciendo por los estímulos que un día tras otro van recibiendo de su ambiente; aquella cara que le pusimos, la recompensa o el castigo que desde su más tierna infancia recibió cada vez que actuaba de una determinada manera etc. Han ido configurando un estilo de persona.

Todos los padres, consciente o inconscientemente, utilizamos los premios y los castigos con nuestros hijos. El que sean un factor educativo o ayuden a malcriarlos depende del modo en que los manejamos.

De ahí la importancia de conocer sus mecanismos.

1.- Premios

  • Cuando una persona encuentra satisfacción en hacer algo, tiende a repetir esa conducta.

Si premias una conducta de tu hijo con algo que sea gratificante y satisfactorio para él, es muy probable que se porte así con más frecuencia.

  • Las recompensas materiales como el dinero, materiales deportivos o juguetes, nos gustan a todos. Pero son las recompensas sociales como la atención, los elogios y el afecto las que nos hacen sentirnos más a gusto con nosotros mismos.

Dales preferencia, aunque no exclusividad, en tu relación con los hijos.

Ejemplos de premios sociales son:

  • Frases de ánimo y felicitación: “¡Bien!”, “¡Así da gusto!”, “¡Enhorabuena!”.
  • Muestras de afecto: un beso, un abrazo, una sonrisa, una palmadita en la espalda…
  • La promesa de participar en sus juegos, en el caso de los niños pequeños: leer con él un cuento que le gusta, jugar juntos, construir modelos, etc.
  • Decide en qué vas a utilizar recompensas materiales. Un buen criterio es hacerlo de manera extraordinaria y con cosas que sabes le suponen un especial esfuerzo. Pero, aún en ese caso, deben ir acompañadas de recompensas sociales, de las que son expresión.

Y cuida de que no sean tan frecuentes que acostumbres a tu hijo, a realizar las tareas más por los beneficios que de ellas obtiene que por el valor que en sí mismas tienen.

  • No olvides que no hay dos niños iguales. Y, por eso, puede suceder que lo que para uno es motivador no lo sea para otro. Tendrás que adaptar los premios a la manera de ser de cada hijo.
  • Premia inmediatamente después del comportamiento deseado. Cuanto más distancia hay entre la conducta y la recompensa (o el castigo) menor será el efecto. Y cuanto menor es la edad del niño menos eficaz resulta dicha distancia.
  • Existen dos formas básicas de recompensar: todas las veces y ocasionalmente. Al comienzo, hasta que el comportamiento nuevo está bien aprendido, es mejor reforzarel comportamiento cada vez que se produzca. Luego, cuando el comportamiento está consolidado, se deben utilizar los reforzadores de vez en cuando y a intervalos diferentes.

Es preferible que adoptes un enfoque positivo y busques activamente el buen comportamiento de tus hijos para recompensarlo que funcionar a base de castigos (el “manejo por excepción”, ¿recuerdas?).

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