Escuela de Padres

Cómo detectar el acoso

Posted on: 22 noviembre, 2016

Alta ansiedad, estrés y miedo son, al parecer, las tres claves mediante las que se puede detectar si un hijo es víctima de acoso.

El experto JOSÉ MARÍA AVILÉS, miembro del Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid, afirma que las víctimas pueden desarrollar respuestas agresivas y en casos extremos, pensar en el suicidio. Para este especialista, el agresor interioriza “una manera de comportarse que puede desembocar en situaciones de delincuencia muy graves” y sobre los espectadores, afirma que llegan a aprender a mirar para otra parte, e incluso a verlo de forma normal.

Para detectar este fenómeno con más detalle en el acosado, hay que fijarse en la aparición de los siguientes SÍNTOMAS que pueden darse de forma aislada o bien combinados unos con otros:

1. Su hijo/a tiene dificultad para relacionarse con sus compañeros o los profesoresLa información la podemos recoger de los mismos amigos ya que el maltrato se inflige donde no puede ser visto por los adultos. Por otro lado, la víctima se aísla y se niega a contarlo a alguien.

2. Existen indicios evidentes, externos, que resultan más difícil ocultar.

A saber: moratones, rasguños o cortaduras cuyo origen el niño no alcanza a explicar; ropa rasgada o estropeada; objeto dañados o que no aparecen; dolores de cabeza, de estómago o de otro tipo cuya causa no está clara; lágrimas o depresión sin motivo aparente; variaciones de humor o problemas de concentración; accesos de rabia extraños; renuncia a ir a la escuela; trastornos del sueño o eneuresis; renuncia a jugar con los amigos, retraimiento social o temores ante otros niños; rebelión constante contra las normas o excesiva sumisión ante las mismas; miedos irracionales; agresiones a hermanos, especialmente en niños que han sido afectuosos y pacíficos; deseo de tomar otra ruta para ir a la escuela o volver a casa; empeoramiento del rendimiento escolar; peticiones de dinero sin explicación del motivo.

En una situación similar a la descrita es necesario adoptar una serie de MEDIDAS y en un determinado orden.

El primer paso a dar sería conseguir la confianza del hijo pero este objetivo es muy difícil de conseguir a menos que surja como iniciativa por parte de ellos. Debemos saber que el hijo necesita:

  •  saber que se le escucha y se le cree.
  •  llegar a confiar en la manera en que sus padres se ocuparán del problema 
  • hablar con más franqueza acerca de lo sucedido
  •  aprender a dominar hasta cierto punto su propia situación
  •  aprender técnicas y estrategias para protegerse
  •  volver a tener seguridad en sí mismo.

En esta situación los padres pueden ayudar de la siguiente manera:

  •  haciendo que su hijo participe en la toma de las decisiones sobre lo que hay que hacer;
  •  escuchando atentamente lo que el niño les dice;
  •  diciéndole que le comprenden.

Pero hay determinadas actitudes erróneas de los padres que no ayudan y son las siguientes:

  •  se alteran o se angustian;
  •  se sienten culpables o avergonzados;
  •  le hacen creer al niño que la situación no tiene importancia;
  •  culpan al niño/a o a la escuela;
  •  acusan a otras personas sin estar enterados de los hechos;
  •  exigen saber de inmediato todos los pormenores de lo ocurrido;
  •  o buscan soluciones fáciles.

Para evitar situaciones de este tipo, se debe mantener la sangre fría y dar los siguientes pasos que ayudarán mucho más a resolver el problema:

  •  animar al niño a que cuente todo lo que quiera sobre lo sucedido, a fin de tener una idea exacta de los hechos;
  •  mantener la mente abierta, sin olvidar que lo que están oyendo es sólo una parte de lo ocurrido;
  •  hacerle preguntas al niño, sin alterarse, con suavidad;
  •  ayudarle a reflexionar sobre lo sucedido hasta ahora;
  •  ayudarle a decidir qué hay que hacer para resolver la situación.

Es importante averiguar datos sobre que ocurrió, quién estuvo implicado; dónde ocurrió; cuándo y si hubo testigos y quiénes fueron. Una vez dados estos pasos, se pueden adoptar otras medidas como:

  •  No enfrentarse a los agresores; rara vez funciona, sino que, al contrario, suele agravar la situación.
  •  Hay que comunicarse con el centro escolar cuando se haya llegado a un acuerdo con el hijo sobre la forma, el cuándo, con quién…
  •  Pedir una cita con el director, profesor o persona que se considere más idónea para tratar el asunto.
  •  Se debe evitar presentarse en la escuela sin concertar antes una cita.
  •  Presente de forma tranquila y ordenada la información que tenga.
  •  Señale con su modo de actuar que usted desea colaborar con la escuela en la búsqueda de una solución. Indique lo que usted y su hijo desean hacer y pida que el representante de la escuela también opine al respecto.
  •  Anote las medidas que la escuela promete tomar, y pida otra cita para informarse de las actuaciones realizadas.

Por último, cabría apuntar una serie de instrucciones para ayudar a su hijo/a a hacer frente al problema. Estas pueden ser las siguientes:

1. Si los abusos se están cometiendo camino a la escuela o de regreso a casa, vea si es posible que tome otra ruta, se junte con otros niños o, acaso con la ayuda de la escuela, encuentre un compañero más robusto con quien pueda ir acompañado. Estas medidas podrán ser útiles mientras se está resolviendo el problema.

2. Si a su hijo le cuesta hacer amigos, anímelo para que haga un mayor esfuerzo por conseguirlo, ya que el tener un buen amigo, aunque sea uno solo, puede ser decisivo frente al problema de los malos tratos.

3. Invite a casa a los amigos de su hijo, para que se vayan afianzando las amistades iniciadas en la escuela.

4. Hable con su hijo sobre lo ocurrido y propóngale algunas medidas que podría adoptar para ayudarse, tales como: fingir no oír los comentarios hirientes; repetirse a sí mismo, en voz baja, consejos para animarse, tales como: «eso es problema suyo, no mío», o «yo estoy bien»;aprender a portarse de manera más firme, serena y enérgica, para que pueda enfrentarse al agresor sin sentir miedo, ni angustiarse, ni ponerse ofensivo ni violento; y entender que, en el caso de los malos tratos, está bien, y de ninguna manera constituye un acto de delación, contárselo a otro.

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