Escuela de Padres

Archive for diciembre 13th, 2016

El trato amoroso, basado en la confianza, el respeto y el dialogo es el mejor camino para corregir a los hijos.

Un niño es disciplinado cuando se siente bien consigo mismo, cuando se le respeta su forma de ser, se le establecen unas normas firmes y se le reconocen las acciones adecuadas.

El mal comportamiento puede ser un intento de los niños por enfrentarse lo mejor que pueden al mundo cuando no tiene claro qué se espera de ellos o siempre logran lo que quieren. Esta actitud puede ser una forma de decirles a los adultos que los ayuden, que les establezcan normas.

Los padres dudan entre ser autoritarios o permisivos. La agresión física y verbal, los castigos muy severos y la autoridad impuesta no dan resultados positivos. Un niño criado de esta forma puede acumular resentimientos y rabias que perjudican sus relaciones interpersonales y hacen de él un adulto inseguro de sí mismo, temeroso y posiblemente violento. La complacencia total forma seres dependientes, inmaduros, personas que no toleran la frustración, que quieren resultados inmediatos, poco persistentes en la búsqueda de sus objetivos, inconstantes en sus relaciones.

AL CORREGIR A NUESTROS HIJOS TENGAMOS EN CUENTA

  • Dar a conocer a los hijos las consecuencias de sus acciones.
  • Al corregir a sus hijos sea firme y no severo.
  • Ser claro en la razón del castigo y aplicarlo una vez se produzca el motivo.
  • Indicar el camino correcto.
  • No establecer lo que no se puede cumplir.
  • No amenazar con el abandono o retirar el afecto.
  • Advertir y no amenazar.
  • Cumplir con las promesas ya sean premios o castigos.
  • No castigar impulsivamente o cuando se está fuera de control.
  • No usar castigos que humillen o avergüencen.
  • Aplicar el correctivo justo según la edad de su hijo y el grado de la falta.

Los correctivos que producen culpa o angustia en los padres no son buenos.

Si desde pequeños les mostramos a nuestros hijos límites claros, en la adolescencia negociaremos con ellos sobre bases sólidas y podremos mantener una comunicación abierta.

Pegarles a los niños es utilizar la fuerza contra personas que además de indefensas, ven en ese adulto que los lastima la mayor posibilidad de amor y comprensión.

No esperemos a que nuestros hijos obedezcan siempre en la primera oportunidad en que los corregimos o que aprendan las normas con tan sólo pronunciarlas. Un único ensayo no basta. Ellos (y nosotros) aprendemos por repetición.