Escuela de Padres

Archive for diciembre 2016

Un profesor escribió así en la pizarra:

9 x 1 = 7
9 x 2 = 18
9 x 3 = 27
9 x 4 = 36
9 x 5 = 45
9 x 6 = 54
9 x 7 = 63
9 x 8 = 72
9 x 9 = 81
9 x 10 = 90

En la clase no faltó alguien que se percató del error y se burló, al final todos empezaron a reírse.

El profesor esperó a que todos se quedasen en silencio y dijo: “Es así como ustedes ven el mundo, me equivoqué a propósito para mostrarles como nos comportamos ante algún error que cometemos. Nadie te elogia o te felicita por haber acertado nueve ces, solamente te juzgan y se ríen en tu cara por haber cometido un error”.

Moraleja:

Debemos aprender a valorar a las personas por sus aciertos, y no estar a la expectativa de sus errores.

El trato amoroso, basado en la confianza, el respeto y el dialogo es el mejor camino para corregir a los hijos.

Un niño es disciplinado cuando se siente bien consigo mismo, cuando se le respeta su forma de ser, se le establecen unas normas firmes y se le reconocen las acciones adecuadas.

El mal comportamiento puede ser un intento de los niños por enfrentarse lo mejor que pueden al mundo cuando no tiene claro qué se espera de ellos o siempre logran lo que quieren. Esta actitud puede ser una forma de decirles a los adultos que los ayuden, que les establezcan normas.

Los padres dudan entre ser autoritarios o permisivos. La agresión física y verbal, los castigos muy severos y la autoridad impuesta no dan resultados positivos. Un niño criado de esta forma puede acumular resentimientos y rabias que perjudican sus relaciones interpersonales y hacen de él un adulto inseguro de sí mismo, temeroso y posiblemente violento. La complacencia total forma seres dependientes, inmaduros, personas que no toleran la frustración, que quieren resultados inmediatos, poco persistentes en la búsqueda de sus objetivos, inconstantes en sus relaciones.

AL CORREGIR A NUESTROS HIJOS TENGAMOS EN CUENTA

  • Dar a conocer a los hijos las consecuencias de sus acciones.
  • Al corregir a sus hijos sea firme y no severo.
  • Ser claro en la razón del castigo y aplicarlo una vez se produzca el motivo.
  • Indicar el camino correcto.
  • No establecer lo que no se puede cumplir.
  • No amenazar con el abandono o retirar el afecto.
  • Advertir y no amenazar.
  • Cumplir con las promesas ya sean premios o castigos.
  • No castigar impulsivamente o cuando se está fuera de control.
  • No usar castigos que humillen o avergüencen.
  • Aplicar el correctivo justo según la edad de su hijo y el grado de la falta.

Los correctivos que producen culpa o angustia en los padres no son buenos.

Si desde pequeños les mostramos a nuestros hijos límites claros, en la adolescencia negociaremos con ellos sobre bases sólidas y podremos mantener una comunicación abierta.

Pegarles a los niños es utilizar la fuerza contra personas que además de indefensas, ven en ese adulto que los lastima la mayor posibilidad de amor y comprensión.

No esperemos a que nuestros hijos obedezcan siempre en la primera oportunidad en que los corregimos o que aprendan las normas con tan sólo pronunciarlas. Un único ensayo no basta. Ellos (y nosotros) aprendemos por repetición.

Si le pegas a tu hijo para que aprenda, le estás enseñando:

  • que golpear está bien si eres el más fuerte
  • que puede resolver las diferencias golpeando al otro
  • que la violencia es un forma aceptada de ejercer control o de enseñar
  • que quien te ama tiene derecho a lastimarte

Una “nalgada a tiempo” enseña que:

  • Los problemas se arreglan a golpes
  • Es normal lastimar a quienes amas
  • Los errores merecen un castigo
  • Hay que obedecer por miedo, no por convicción

Acuérdate que un grito, un insulto o una palabra que lo descalifica o lo humilla es para ellos igual que una paliza.

Los estudios son una de las grandes preocupaciones de los padres. La educación de los niños se realiza en la escuela, pero también en casa, los padres deben motivar y ayudar al niño a estudiar.

Si vuestro hijo va a clase a regañadientes o con falta de motivación, procurad analizar lo antes posible la situación con el equipo educativo del colegio. A continuación os ofrecemos algunos consejos.

El papel del profesor en la educación escolar

Si vemos que el niño ya no está motivado y que su nivel baja, es importante reaccionar rápidamente y comunicar nuestra inquietud al profesor tutor o al coordinador del curso para intercambiar puntos de vista.

Ellos tratan al niño cada día, en su condición de alumno, y tienen una percepción algo distinta de la vuestra. Puede que los responsables educativos os digan que el niño es capaz de rehacerse (1.º de ESO es un obstáculo difícil y los niños pueden sufrir “bajones” a lo largo del curso).

Y, si ven que es necesario actuar, os ayudarán a buscar soluciones (apoyo individualizado, ayuda para hacer los deberes…). En ambos casos valorarán el hecho de que manifestéis vuestra inquietud, si está justificada, ya que demuestra que os implicáis en los estudios de vuestro hijo. Es algo positivo para todos.

Consejos para motivar al niño en el estudio

Paralelamente a este “aviso” al equipo pedagógico, debéis dedicar más tiempo al trabajo escolar de vuestro hijo: conviene que estéis presentes cuando hace los deberes (especialmente los fines de semana, si durante la semana os resulta imposible), que le preguntéis la lección, que repaséis y corrijáis sistemáticamente con él los ejercicios…

Hay que prestar una especial atención al inicio de 2.º de la ESO. Muchos profesores constatan una disminución de la atención y del nivel en ese momento: los alumnos ya se han acostumbrado al nuevo marco de vida de la secundaria, ya no son “los más pequeños”, se sienten más seguros… pero tienen que mantener imperativamente el esfuerzo para no perder pie.

Laure Dumont

Tu hijo hace una travesura detrás de otra y se dedica a desobedecer en tus narices mirándote por el rabillo del ojo. ¿Te está provocando o qué?

El problema

Ya tenía tendencia a ser un poco pillo. Pero ahora se ha vuelto claramente insolente. Parece que solo tiene un objetivo: probar tus límites y provocarte.

¿A quién afecta la provocación?

A tu hijo. A fuerza de insolencia y provocación, crea un clima de tensión en casa. Lo riñes, lo castigas…
A ti. Quieres ser paciente, pero a veces no puedes más. Cuando te provoca en público, sientes que tienes un niño mal educado y que no consigues que te respete.

Te provoca para afirmarse

A esta edad, el niño se separa poco a poco de ti, es normal. Se da cuenta de que tiene un pensamiento diferente del tuyo y quiere afirmar su personalidad. En el fondo te hace gracia, porque te impresiona o te maravilla que se parezca unas veces a su madre y otras a su padre.

Qué hay que hacer. No dejes pasar las provocaciones sin reaccionar. Aguántate la risa si no quieres verte obligado a reaccionar con más contundencia para demostrarle que no estás de acuerdo. Un buen truco para resistir sin flaquear: repite las mismas frases mirando a tu hijo a los ojos.
Qué hay que decirle. “Eres un pillo, es divertido, pero esto está prohibido”, o bien, “¿Pero qué pasa aquí? ¿He oído una palabrota?”.

Está experimentando

Juega con el interruptor una vez, dos, tres… y, claro, al final, la bombilla se funde. Tu hijo explora las situaciones provocando tus reacciones. Es curioso, tiene ganas de descubrir el mundo y le gusta experimentar con los objetos que le rodean… ¡y también con sus padres!

Qué hay que hacer. Sobre todo, no le digas que es malo, porque puedes encasillarlo en ese comportamiento. Si es necesario, castígalo en un rincón, de cara a la pared, durante unos segundos. Lo importante es el gesto. Luego llámalo y haz las paces con él.

Qué le tienes que decir. “Sé que a ti esto te parece divertido, pero a mí no me hace ninguna gracia. Espero que no lo vuelvas a hacer. Ya te lo había advertido: esto no se hace, nunca”.

Cuando te provoca, cata lo prohibido

Tienes que marcharte a la oficina y tu hijo quiere quitarse los zapatos justo en el momento de salir, cuando ya lo habías convencido para que se los pusiera…

Qué hay que hacer. No te enfrentes a él cada vez que se opone a algo, no sirve de nada. Ayúdalo a proyectarse en el futuro: luego, en la guardería, o esta noche, podrá quitarse los zapatos. Se trata de hacerle entender que hay una ley familiar que es igual para todos.

Qué hay que decirle. “Sé que no quieres hacer esto y que no estás de acuerdo, pero es así. No eres tú el que decides. Me voy a la oficina y no puedo llegar tarde”, o bien, “Pregunta a papá (o a mamá) si se quitaba los zapatos cuando era pequeño (o pequeña), antes de ir a la guardería”.

Marie Auffret-Pericone con Christine Brunet, psicóloga.

Para hablar bien, es necesario escribir correctamente, y esto se consigue con mucha lectura y mucha práctica sobre el papel. Cuando alguien comete faltas de ortografía la recomendación general es ‘leer más’, pero esto también puede suplirse con el dictado. 

Los dictados son una de las actividades de lenguaje más tradicionales en cuestión de docencia, y consiste en que el alumno escucha al profesor relatar un texto que tiene que reproducir escribiéndolo con exactitud. Estos ejercicios mejoran la capacidad auditiva de los niños, su atención y concentración y también ayudan a que la escritura y la ortografía tengan mejor calidad. 

Los beneficios de los dictados para niños 

1. Mejora la atención: Para que un dictado acabe de forma satisfactoria no sólo es necesario que todas las palabras y las frases estén escritas con corrección y coherencia, sino que es fundamental que el niño esté atento todo el tiempo. Cuando el docente o el padre en cuestión relate las palabras o frases y los niños vayan escribiéndolas, tendrán que estar todo el tiempo pendientes de cómo se escribe lo que la persona que dictapronuncia, lo que mejorará su capacidad de atender en todo momento a explicaciones u otro tipo de ejercicios académicos. 

2. La concentración aumenta: Al hilo de la atención, la concentración del niño también aumenta cuando se está haciendo un dictado. No sólo tienen que estar pendientes de lo que el profesor o el padre está efectivamente dictando en ese momento, sino que tienen que poner todo de su parte para poder centrarse y saber cómo se escriben las palabras que le están diciendo. 

3. Mejora la ortografía: Cuando una palabra o frase se escribe varias veces, los errores van disminuyendo. Hacer ejercicios contribuye a que las faltas de ortografía vayan siendo cada vez menores. Cuando una palabra se ha escrito de forma incorrecta y poco después se corrige, cuando vuelva a aparecer de nuevo en el mismo texto o en otro dictado, el niño podrá detectar su error y no volver a cometerlo. Además, conforme vayan escribiendo palabras que se expresen igual pero se escriban diferente: a ver y haber, vaya y valla, etc; los niños tendrán que hacer un mayor esfuerzo para saber cómo escribirlas bien. 

4. Ayudan a mejorar el lenguaje: Como la ortografía, el lenguaje también se enriquece a través de los dictados. Cuando los niños están frente a descripciones orales, además de tratar de escribir de forma correcta la palabra o la frase en cuestión, también mejorarán su capacidad de escritura y de comunicación. De esta manera, el lenguaje será más completo conforme vayan haciendo dictados porque aprenderán a decir y a escribir nuevas palabras y expresiones diferentes. 

5. Mayor capacidad activa: Un dictado es también bueno para los niños porque lleva un buen ritmo. Esto quiere decir que aunque la exposición oral sea pausada, y no vaya demasiado rápido, sí es cierto que no se para, y los niños deben estar acostumbrados a mantener su atención todo el tiempo que dure la actividad. 

6. Ayudan a la autocorrección: Cuando las palabras se repiten y aparecen combinaciones con g y j, b y v o algunas palabras que lleven h, los niños suelen tener dudas en cuanto a la ortografía. Aunque al principio se cometan errores y probablemente vuelvan a producirse durante las primeras veces, a fuerza de ver las mismas palabras o similares que se escriban igual, los niños sabrán cada vez más cómo autocorregirse. De este modo, conseguirán mejorar en ortografía antes de poner una falta, o sabrán detectar el error después de terminar el dictado. 

7. Mejoran la comprensión auditiva: Otro de los aspectos más positivos del dictado es la mejora considerable de la comprensión auditiva. Además de la comprensión lectora, los niños deben desarrollar su capacidad de audición para entender y comprender lo que están escuchando. Saber plasmar en un papel lo que se está escuchando con exactitud y sin cometer faltas de ortografía es el éxito del dictado, que además hace un gran favor a la capacidad auditiva de los niños, que descifrarán el discurso pausado del docente y lo pondrán por escrito. 

Marta Marciel

Actualmente es objeto de estudio la inclusión en el calendario infantil de algunas vacunas:

  • La vacuna frente al virus varicela-zóster se incluye en los calendarios para su administración a los preadoslescentes que no hayan pasado la enfermedad ni hayan sido vacunados previamente. Se discute la oportunidad de vacunar en edades más tempranas (el segundo año de vida) y la necesidad de una dosis de refuerzo.
  • La conjugada contra el neumococo está incluida únicamente en el calendario de la Comunidad de Madrid a los 2, 4, 6 y 18 meses. En el resto de España se administra sólo a grupos de riesgo.
  • La de la gastroenteritis por rotavirus y la del papilomavirus, causante del cáncer de cuello uterino, son las dos últimas que han salido al mercado y también se debate su inclusión entre las vacunaciones sistemáticas de la infancia.
  • También se sigue evaluando la conveniencia o no de la vacunación sistemática de la hepatitis A.