Escuela de Padres

Archivo de Autor

En primer lugar, debe existir una comunicación fluida entre la familia y el colegio.

La escuela suele ser el primer lugar donde se detecta el problema y se adoptan las primeras medidas.

Le va a ayudar mantener una buena relación con sus educadores: que se sienta acogido y valorado, en un clima de confianza.

Los educadores evitaréis prestarle una especial atención al hecho de no hablar, dedicándole demasiado tiempo a sus respuestas o insistiendo en ellas.

Pero por otro lado, debéis evitar acomodarse a su conducta, por tanto, contaréis, con él como un alumno más en las rutinas del aula: tenerlo en cuenta para todas las actividades, preguntarle cuando le toque…

Igualmente evitaréis, siempre que sea posible, que otros niños hablen por él o que os expliquen lo que quiere o demanda.

Asignarle alguna responsabilidad en el aula, como a los demás, que no requieran demasiada comunicación: borrar la pizarra, repartir material…

Hacerle participar en actividades no comunicativas como son las de motricidad, expresión corporal (dar palmadas, golpes con los pies…) expresión plástica, musical…

Realizar actividades de habla enmascarada. Por ejemplo, hablar escondido en un escenario de guiñoles, hablar con careta…

Plantear actividades en parejas o en pequeños grupos como jugar con cartas, adivinanzas, juegos de rol…

Podéis comenzar dando por válidas respuestas gestuales; después respuestas muy breves con monosílabos, para ir aumentando progresivamente el tipo de respuesta.

Cuando nada funciona, es conveniente derivar a un especialista.

La primera actuación que tenéis que llevar a cabo los padres es aumentar la autonomía personal de vuestro hijo: que se vista solo, que coma solo, que aprenda a hacer solo sus necesidades, a lavarse las manos y demás hábitos de higiene adecuados a su edad. Evitar tratarlo como si fuera mucho más pequeño de lo que en realidad es.

Asignarle también alguna responsabilidad fija en el hogar adecuada a su edad que iréis cambiando periódicamente.

Eliminad actitudes como la sobreprotección: lo que él pueda hacer por sí mismo, sin poner en riesgo su seguridad, que lo haga.

Evitad igualmente el perfeccionismo excesivo, en el habla y en cualquier otra actividad. Inculcarle que las cosas hay que intentar hacerlas lo mejor que uno pueda, pero eso no es igual que hacerlas perfectas.

No justificar ante los demás la conducta del niño ni etiquetarlo con expresiones como “no habla porque es muy tímido”.

Evitar comparaciones con los hermanos respecto a este comportamiento.

No presionarlos pidiéndoles cada día que hablen en el colegio y preguntándole a la vuelta si lo ha hecho. Tampoco lo amenacéis o castiguéis por no hablar.

Evitad acomodarse a la situación respondiendo por él.

Invitad a niños con los que mantiene más relación a casa. Comenzando por realizar actividades que requieren poca comunicación, como jugar al parchís, a las cartas, al ajedrez…

Enseñarle estrategias concretas para saludar, iniciar conversaciones y despedirse.

Darle la oportunidad de relacionarse con otros niños y acudid a lugares o eventos donde puede relacionarse: asistir a los cumpleaños cuando le inviten, a reuniones sociales, a las actividades extraescolares o al parque.

Ciertas características pueden aparecer asociadas al mutismo selectivo. Por ejemplo, muchos de los que lo padecen son perfeccionistas, muestran un apego excesivo a la madre, son más sensibles a ruidos, muy sensibles.

También muestran una tendencia excesiva a preocuparse por todo o tienen miedos injustificados. También presentan problemas como rabietas muy frecuentes e intensas o tendencia a controlarlo todo.

Acontecimientos vitales estresantes pueden también desencadenarlo: muerte de un familiar, separación, traslado de ciudad…

Los padres suelen ser sobreprotectores evitando cualquier dificultad de su hijo, haciendo las cosas por él, dejándole poca autonomía y aliviando al niño ante cualquier contrariedad.

También sucede en familias que evitan las relaciones sociales, que son demasiado perfeccionistas con su hijo o que atienen especialmente a los fallos y conductas inadecuadas.

Es un trastorno que se caracteriza por la inhibición persistente del habla del niño en situaciones sociales o entornos específicos: el niño o la niña no habla, por ejemplo, en el colegio, aunque sí puede hacerlo en otros lugares.

Sin embargo, su capacidad de comunicación y habla es adecuada. No es un problema de lenguaje, sino más bien un problema de ansiedad.

En el mutismo selectivo la inhibición para hablar tiene como consecuencia que el niño o la niña, no puede funcionar con normalidad en los ambientes en los que tiene lugar: no responde en la escuela, no se relaciona con sus compañeros ni sus profesores.

La diferencia con la timidez está en que el mutismo selectivo impide un funcionamiento normalizado en las situaciones en las que aparece.

Su aparición tiene lugar alrededor de los 3 años.

¿Hermanos mayores, más inteligentes?

Una investigación realizada en la Universidad de Oslo y la Tor Bjerkedal de Noruega ha concluido que existe relación entre el cociente intelectual y el orden en el nacimiento de los hermanos de un mismo núcleo familiar, y se ha observado que los hermanos mayores son más inteligentes que los hermanos menores.

El estudio, que fue publicado en la revista Science, sostiene que el cociente intelectual promedio de los hermanos mayores estudiados fue ligeramente superior al de los menores. Los resultados revelaron que los mayores promediaban un CI de 103’2, el segundo hermano obtuvo una puntuación promedio de 100’4, y que el tercero caía hasta la cifra de 99.

¿La inteligencia viene en los genes o se aprende?

Previamente al estudio noruego, una investigación llevada a cabo por Bernard Devlin en la Escuela de Medicina y Psiquiatría de la Universidad de Pittsburg detectó que los genes solamente son los responsables del 48% del cociente intelectual de una persona, mientras que hasta un 52% del mismo es consecuencia del cuidado prenatal, el contexto ambiental y la educación recibida.

La investigación, que estudió a miembros de las fuerzas armadas de Noruega, reveló que el orden en el nacimiento no es el factor primordial para explicar los resultados, puesto que basta con que el hermano con mayor inteligencia haya ejercido el papel de hermano mayor, a pesar de que pueda haber nacido en segundo (o tercer) lugar.

Como se ha comentado, cabe señalar que esta tendencia es solo una generalidad basada en promedios estadísticos, y puede haber cuantiosas excepciones de hermanos menores con un cociente intelectual más elevado que sus hermanos mayores.

Otros estudios sugieren que existe un factor decisivo a la hora de explicar esta mayor inteligencia de los hermanos mayores, y es que la responsabilidad de hacer de tutores de sus hermanos pequeños puede acarrear recompensas en la calidad de su cognición, mejorando así su cociente intelectual.

¿Darán en el clavo?

Muchos padres están cansados de que les digan que la tecnología está afectando el buen desarrollo de sus hijos. Pero también, los padres y madres de la era digital están conscientes de que este creciente fenómeno puede hacerlos cometer ciertos errores.

La verdad es que los valores centrales de crianza no han cambiado tanto con el tiempo. Los padres quieren que sus hijos sean felices y alcancen sus metas. Es por esto que un grupo de investigadores de Harvard resumieron 6 prácticas o estrategias para conseguir que tus hijos crezcan sanos y felices, aun rodeados de tantas distracciones:

 

1. Pasa el tiempo con tus hijos:

 Cindy Neilson 

Es la base de todo esto. Trata de estar el mayor tiempo posible con ellos. Pregúntales sobre ellos, sus actividades y día a día. Esto los hará ser únicos y estar conscientes del amor y preocupación que sientes por ellos.

 

2. Si importa, dilo en voz alta:

 Parents Magazine

Según los investigadores, la mayoría de los padres sí se preocupan de sus hijos, pero hay veces que ellos necesitan oírlo. También puedes preguntarle a sus profesores o entrenadores cómo van sus tareas o trabajos en grupo para saber más de ellos.

3. Muéstrale a tu hijo cómo hacer deporte

 Sarah Miller

Acompáñalos en los procesos de toma de decisiones. Por ejemplo, si quiere dejar de hacer un deporte u actividad, pregúntales por el motivo y ve su compromiso con el equipo. Y guíalos a lo que sea mejor para ellos.

4. Haz que la amabilidad y gratitud sean características de la rutina diaria

Jennifer Smolkowicz

Los estudios dicen que cuando las personas tienen el hábito de expresar gratitud, son más cooperadoras, generosas, compasivas y menos rencorosas. Además de ser más felices y saludables. Así que es bueno que los padres les den responsabilidades, les pidan que ayuden a sus hermanos o que simplemente den las gracias.

5. Pon atención a las emociones destructivas de tu hijo

Jamie Reimer

Los especialistas dicen que la capacidad de cuidar a los demás puede generar que los niños se sientan abrumados y expresen pensamientos negativos. Y, dicen que es bueno que los padres ayuden a los niños a nombrar esas emociones y guiarlos para que se enfoquen en ser individuos caritativos. También es bueno establecer límites claros y razonables.

6. Muéstrale a tus hijos más círculos sociales

Casi todos los niños empatizan con los círculos de amigos o familiares pequeños. El truco es incentivarlos a que se preocupen de las personas que están afuera de sus círculos. Puedes lograr esto si los entrenas a ser buenos escuchadores, y tratar de que se pongan en el lugar de otras personas. En cuanto a la empatía, puedes mostrarle ejemplos de las noticias o entretención.

El estudio finaliza con una conclusión para los padres:

“Criar a un niño respetuoso, ético y preocupado ha sido y siempre será un trabajo duro. Pero es algo que todos nosotros podemos hacer. Y no hay trabajo más importante o gratificante” 

“Gritar es mucho más sencillo que dialogar, es por ello que recurrimos frecuentemente a este recurso, el cual a la larga se convertirá en un hábito difícil de erradicar. Solamente son excusables, cuando de forma instintiva las utilizamos ante una amenaza o peligro en el que nos vemos envueltos o bien puede afectarles a nuestros hijos.

Como lo prometido es deuda a continuación les resumo nueve alternativas como apoyo para aquellos momentos en los que la paciencia y el agotamiento nos vencen.

1. Reflexionar  tratar de tranquilizarse, tal vez tuviste un día pesado, o las cosas no están como nos gustaría que estuvieran, reflexiona…. si realmente estas castigando  el acto de tu hijo o es una forma de desahogo personal. Canalizar la frustración, ira o  rabia en otra actividad, es muy útil para evitar gritarles. Hacer deporte, es una actividad  benéfica para ti y los tuyos, o bien buscar otras actividades que sirvan. Aunque el deporte siempre es un buen catalizador que nos permite sacar esos excesos de tensión física y psicológica además de quemar calorías.

2. Empatía ponerse en su punto de vista y buscar los motivos de su actuación. A lo mejor desde tu posición no es justificable su acto, pero sí desde la suya, y hay que tener en cuenta que los niños viven el “aquí y ahora” sin contemplar las consecuencias.

3. Comunicación Esto debe tenerse en cuenta para valorar sus actos, e intentar, siempre de forma relajada, acercar su punto de vista al nuestro y viceversa.

4. Saber escuchar por más pequeños que sean son personas y entienden, por lo tanto, merecen ser escuchados con atención antes de reprocharles nada. Esto además les enseña, que para la solución de conflictos, un método válido es el diálogo.

5. Apoyo de pareja (cuando sea el caso), habiendo planificación y equilibrio entre los limites y las normas de la casa. La alianza y la unión entre los dos miembros de la pareja es fundamental. En caso de conflicto es recomendable que actúe el que está más tranquilo, éste ayudará a sacar la situación con calma.

6. Ser democrático.

7. Humildad como padres no siempre tenemos que tener la verdad absoluta, por ello cuando nos equivoquemos es bueno reconocerlo delante de el. Esto les ayudará y enseñara a reconocer errores.

8. Bajar el tono de voz susurrarles o hablar en voz baja les puede desconcertar, y ayudará a que se motiven a prestar atención.

9. Motivar si quieres que tu hijo te obedezca, refuerza con elogios todo aquello que hace bien, corrige con diálogo todo lo que hace mal y enséñale siempre cuál es la forma correcta de hacerlo.

En ocasiones seguir estos consejos es mucho más cansado que alzarles la voz en un momento determinado, pero las consecuencias son mucho peores. Educar requiere de un esfuerzo consciente en el que con frecuencia será necesario revisar nuestras actitudes, aprender a conocernos mejor y a conocer, entender y descubrir a nuestros hijos, modificar hábitos a veces muy arraigados. Eduquemos sin gritos.