Escuela de Padres

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Los niños deben tener la libertad de escoger las actividades deportivas que deseen practicar sin presión de los adultos.

Valeria Cordero es una adolescente que juega balonmano desde los 14 años. Lo escogió como su ejercicio desde que un día lo practicaron en una clase de Educación Física. “Lo elegí, porque es un deporte diferente y desarrolla mucho la agilidad mental, ya que se debe aprender a pensar y reaccionar rápido”.

Cuenta su mamá, María Monge, que cuando Valeria le habló sobre su decisión, ella desconocía de qué se trataba ese deporte. “Había escuchado, pero no estaba bien informada. Le dijo que me explicara, por lo que me mostró un vídeo. A partir de ese momento le apoyé incondicionalmente”.

Este caso de Valeria y su mamá es la situación más adecuada de los padres a la hora en que los chicos les indican cuál(es) deporte(s) desean practicar. Contrario al otro panorama, cuando los papás no aceptan las decisiones de los hijos por prejuicios o porque consideran que no es el deporte ideal al catalogarlo de que es específicamente para niños o niñas.

“Los padres también fueron niños y estuvieron en contacto con las preocupaciones y prejuicios de sus propios padres, y también son personas que viven inmersas en una sociedad, por lo que son reflejo de concepciones y prejuicios como el machismo y la intolerancia hacia la diversidad sexual”, señala la psicóloga María Fernanda Castillo.

El temor de los padres es que los hijos varones sean “menos hombres” si practican una actividad socialmente vista como para mujeres, tal como el baile, el ballet y el canto, entre otras. Y viceversa sería el temor de que las hijas sean “menos femeninas” al tener prácticas vistas como masculinas, tales como el fútbol, el basquetbol, las artes marciales, etc.

Para la psicóloga Castillo es fundamental que exista el respeto hacia la individualidad de los hijos. Ellos no son una extensión de su ser. No están obligados a cumplir los sueños frustrados ni a tener los mismos gustos. “Lo que los adultos sí deben hacer es servir de guía. Por ejemplo, no todas las actividades se pueden practicar por temas de edad, por limitantes económicas y deben ser guiados hacia actividades que defiendan los valores humanos, no hacia actividades violentas que atenten contra la integridad humana”.

Elegir sin presión

Los deportes llaman la atención de los niños por cuestiones de gustos, intereses y personalidades particulares, al igual que en los adultos.

Ahora bien, los menores pueden sentirse presionados a practicar alguna actividad por la insistencia de sus padres, por la prohibición o precio de un grupo cuando una actividad goza de gran popularidad.

Por este motivo se les debe enseñar desde pequeños los valores de la originalidad, el respeto y el valor de ser uno mismo.

A los niños no se les debe restringir una actividad para evitar consecuencias que afecten la personalidad y la realidad. Podrían dañar la autoestima del pequeño, que simplemente el niño pierda interés y motivación hacia actividades que no son de su agrado, sino impuestas o revelarse hacia sus padres, entre otras.

Con esta acción se estaría logrando transmitir en los niños prejuicios y concepciones machistas sobre el mundo que, lamentablemente, quizá los acompañen por el resto de sus vidas.

María Monge recomienda a los padres de familia tener confianza en lo que los hijos elijan y apoyarles en el deporte que se sientan plenos, seguros y realizados. “Desde que Valeria está practicando ese deporte, se ha convertido en una joven muy disciplinada, atenta, madura y sobre todo, muy saludable”, concluye.