Escuela de Padres

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El cólico es una patología muy frecuente, afecta a uno de cada cinco niños y puede darse a partir de las 3 semanas de edad, haciéndose más habitual a partir de las 6 semanas para desaparecer a partir de los 3 meses. Puede manifestarse con lloros, y puede darse a cualquier hora del día o la noche, aunque es más común por la tarde. A veces resulta difícil saber qué causa el llanto y cómo consolar a tu hijo. Aunque sepas que se recuperará con el tiempo, ésta puede ser una de las experiencias más difíciles para los nuevos padres.

¿Qué causa el cólico? A lo largo de los años, se ha investigado mucho para determinar las causas de los cólicos intestinales en los niños. El nombre “cólico” fue dado hace muchos años cuando se creía que el llanto de los niños era causado por problemas intestinales, ya que los síntomas pueden comprender abdomen distendido, posición de las piernas en alto y gases. Pero recientes investigaciones demuestran que menos del 10% de los niños con llanto excesivo tienen problemas intestinales u otras patologías.

Los expertos normalmente entienden que el llanto forma parte del desarrollo normal del sistema neurológico de los niños en los primeros meses de vida. Durante los 3 primeros meses, el cuerpo y el sistema nervioso de los niños atraviesan grandes cambios. Doblan su peso corporal y dan un estirón increíble, como no sucede en otra etapa de su vida. Además, desarrollan lazos afectivos con quienes los cuidan, empiezan a vocalizar, hacen gorgoritos para comunicarse, empiezan a intentar coger objetos y aprenden a permanecer despiertos durante el día y dormir por la noche. Adaptarse a todos estos cambios puede ser difícil para el sistema neurológico de los bebés.

El llanto es la primera forma de comunicación de sus sentimientos y necesidades. Muchos bebés lloran un total de una a dos horas durante el día. Los niños que padecen cólicos lloran durante periodos más largos y más intensamente debido a que son más sensibles y reaccionan en mayor medida ante los cambios que experimenta su cuerpo y su entorno.

¿Cómo puedo ayudar a mi bebé? Cada bebé es distinto., Lo que provoca episodios de cólico en un bebé no necesariamente los provoque en otro y de igual modo, lo que calma a uno puede no funcionar para otro. El reto para los padres es observar e intentar determinar qué es lo que le ayuda a superar estos episodios y qué no. Aquí hay algunos pasos los padres pueden probar:

Escribe un diario semanal para documentar los periodos de tiempo en que tu bebé se queja y llora. Anota qué situaciones le causan angustia y qué cosas pueden calmarlo.

Habla con el pediatra sobre el cólico. El doctor escuchará la historia, examinará al bebé para determinar si puede estar sufriendo algún problema médico que cause el llanto. Aunque los cólicos raramente están causados por problemas médicos, sí pueden darse si tu hijo tiene vómitos persistentes, diarrea, problemas en el crecimiento o cólicos continuados tras los 4 meses de edad. Por ejemplo: 

Una alergia a la proteína de la leche de vaca: es probable que se dé en familias que ya presentan alergias. Si le das a tu hijo leche preparada, el doctor puede recomendar que la cambies por alguna leche especial hipoalergénica e hidrolizada, a base de caseína o soja, durante una semana. Si tu hijo tiene alergia a la leche, notarás claramente una mejora.

En niños lactantes, puede darse una reacción alérgica en respuesta a tu alimentación. Intenta eliminar la cafeína (café, té, bebidas de cola y chocolate), productos lácteos, cebollas y coles de tu dieta para ver si se reducen sus llantos.

Reflujo gastro-esofágico (el niño vomita o escupe), si al niño se le diagnostica este problema, el doctor le prescribirá un tratamiento.

Procura establecer rutinas para la alimentación, juego, salidas, baño y sueño del bebé. Intenta que las transiciones entre estas actividades no sean bruscas. Esto le ayudará a anticipar estos cambios y adaptarse a ellos con comodidad.

Identifica los momentos en que esté tranquilo y despabilado. Juega y disfruta con él de esos momentos.

Intenta evitar sobre estimularlo y cansarlo, especialmente por la tarde. El niño puede sobre estimularse si percibe a la vez imágenes, sonidos y movimientos.

Reconoce los primeros signos de angustia de tu bebé: cuando frunce el ceño, bosteza, mueve los ojos y distancia la cabeza, se pone rojo, respira irregularmente, sacude los brazos y las piernas, arquea la espalda y se queja. Responde a estas señales y ayúdalo a calmarse por si mismo. Puedes intentar lo siguiente:

Lleva al bebé a una habitación oscura y silenciosa.

Envuélvelo en una mantita para que se sienta seguro y abrigado.

Pon al bebé en tu regazo o sostenlo en tu pecho de forma que vuestra piel esté en contacto.

Mécelo suavemente.

Tiéndelo boca abajo sobre tus rodillas y dale palmaditas en la espalda.

Dale un chupete. Si el bebé se chupa el dedo o la mano, ayúdale a encontrarlo para que se calme.

Tararea, canta o háblale suavemente.

Si has hecho todo lo que puedes para calmarlo pero sigue llorando, puede que simplemente necesite desahogarse. Tiéndelo en su cunita y déjalo llorar. Vigílalo con frecuencia e intenta alguna de las técnicas anteriores más tarde. Nunca zarandees al bebé. Si te sientes estresada o decaída, pide ayuda al pediatra y a tu familia.

Habla con otros padres con hijos que sufren cólicos. Compartid vuestras experiencias, sentimientos y métodos.

Encuentra un momento al día para hacer un descanso en el que no tengas que estar pendiente de él. Déjalo a cuidado de alguien de confianza para relajarte. No pierdas la empatía, paciencia y confianza como madre. Tranquila, las cosas mejorarán en pocos meses.

El recién nacido tenemos que inscribirlo en el Registro Civil de la localidad donde haya nacido o donde residan los padres. Es obligatorio y ha de realizarse entre las 24 horas y los 8 días siguientes al parto. En caso de fuerza mayor, hay 30 días. Para ello necesitaremos la siguiente documentación:

• El libro de Familia.
• El DNI de la madre y el padre.
• El impreso que os han entregado en el hospital para registrar al bebé.
• Si el niño no se inscribe en la localidad en la que ha nacido, los padres tendréis que adjuntar además un certificado aclarando que no se ha llevado a cabo dicho trámite en el lugar de su nacimiento.

La inscripción en el Registro Civil será efectuada por la madre o el padre indistintamente: si están casados y lo inscribís donde ha nacido no tenéis por qué ir los dos pero si no hay unión formalizada o si lo inscribís en una localidad distinta a la de su nacimiento tendréis que ir juntos.

El nombre del bebé

A la hora de elegir el nombre del bebé tenemos que tener en cuenta los siguientes requisitos:

  • No se pueden poner más de dos nombres simples o uno compuesto.
  • Están prohibidos:
    •  Los nombres que perjudiquen objetivamente a la persona.
    • Los diminutivos o variantes familiares y coloquiales que, según la norma, no hayan alcanzado sustantividad propia.
    • Los que tenga uno de los hermanos- salvo que este hubiera fallecido-, ni su traducción usual a otra lengua.
    • En 2013 entró en vigor una nueva ley por la que se puede elegir el orden de los apellidos.

Gestiona tu baja de maternidad

Las madres trabajadoras tienen derecho a tomarse 16 semanas de baja maternal.

Se puede coger antes del parto sin problemas pero se resta al conjunto. Lo que es obligatorio por ley es que la mujer se tome las seis semanas inmediatamente posteriores al parto. Con el resto se puede hacer lo que desee: cederlas al padres, tomarlas a tiempo parcial, etc.

Teniendo en cuenta que la baja maternal española es una de las más cortas, para ampliar este periodo podemos acordar con la empresa unir las vacaciones a la baja, por ejemplo, acumular las horas de lactancia, etc.

BAJA POR MATERNIDAD

1 niño: 16 semanas
2 niños: 18 semanas
3 niños o más: 20 semanas

BAJA PATERNIDAD

Los padres trabajadores tienen derecho a un permiso por paternidad de 15 días. Es totalmente independiente a la de la madre. Es voluntaria (se puede renuncia a ella).
Este periodo se puede disfrutar hasta nueve meses después del nacimiento del niño en medias jornadas o durante días completos.

Empadronamiento del bebé

El alta por nacimiento en muchos ayuntamientos se hace automáticamente una vez que se recibe comunicación desde el Registro Civil, pero a menudo los padres prefieren solicitar el alta ellos mismos ya que se suelen retrasar.

Se realiza en el ayuntamiento donde estén empadronados los padres. Al menos uno de ellos debe estar inscrito en el mismo domicilio que el recién nacido.

Los documentos necesarios son el Certificado del Registro Civil o el Libro de Familia y el trámite puede ser realizado por el padre, la madre o un tercero con autorización.

En algunos ayuntamientos existe la posibilidad de hacerlo por correo, descargando el impreso por internet.

“En cada niño nace la humanidad” Jacinto Benavente

El doctor Mariano Royo Sans, director médico del Instituto Oftalmológico de Madrid y presidente de la Fundación para el Cuidado de la Visión, explica en qué consiste esta infección que contraen algunos niños al nacer, cuáles son sus síntomas y cómo se trata.

¿Cómo contraen los recién nacidos conjuntivitis?

Pueden contraerla a través de su madre, si está infectada, antes del parto o durante el mismo. Y después del nacimiento, por otras muchas causas. Cuando el niño nace pasa de un medio estéril, dentro del útero, a uno lleno de microorganismos. Lo normal es que estos microorganismos comiencen a crecer en el bebé y pasen a formar parte de su vida: son los microorganismos saprofitos, que no causan enfermedades habitualmente. Otros, por el contrario, pueden hacerlo, y frente a ellos son especialmente vulnerables los niños prematuros, debido a que su sistema inmunológico no está completamente formado.

¿En qué consiste esta infección?

Es la inflamación, infecciosa o no, de la conjuntiva. La conjuntiva es la capa semitransparente que recubre el ojo por delante (lo blanco del ojo) con excepción de la córnea. Aparece en el primer mes de vida y representa entre el 2% y 8% de las conjuntivitis en los niños.

¿Se puede decir que todas las conjuntivitis son iguales?

No. Existen varios tipos, dependiendo de la causa que las produzca y, por lo tanto, cada una tiene sus peculiaridades. Por ejemplo, las bacterianas son muy contagiosas.

¿Cómo las podemos diferenciar?

Existe una considerable coincidencia entre los síntomas que presentan las múltiples causas de la conjuntivitis neonatal. A cualquier recién nacido con conjuntivitis deben realizársele pruebas de laboratorio para confirmar el diagnóstico. 

La conjuntivitis química ya no es frecuente. Se produce por la instilación de nitrato de plata y aparece a las pocas horas de vida, apreciándose un enrojecimiento intenso de la conjuntiva tras la instilación. 

La variedad más común entre los recién nacidos es la conjuntivitis por clamidias, que se adquiere en el momento del parto si hay infección en la vagina de la madre (el 13% de las embarazadas tienen clamidias en el cuello del útero durante el primer trimestre del embarazo), aunque puede manifestarse a las tres o cuatro semanas de vida. Se produce una intensa reacción inflamatoria con aparición de un aspecto de empedrado en la conjuntiva y, a la vez, existe secreción mucopurulenta (legañas) e inflamación de los párpados

Las conjuntivitis bacterianas, producidas por estafilococos, estreptococos y bacterias coliformes, se contraen también en el momento del parto, ya que estos gérmenes se encuentran con mucha frecuencia en la vagina materna. Aparecen entre el cuarto y el sexto día después del parto: comienzan en un ojo y a los dos o tres días se manifiestan en el otro. Se caracterizan por la aparición de edema discreto de los párpados y conjuntiva, así como por la escasez de secreción (pocas legañas). 

La conjuntivitis gonocócica se creía erradicada, pero en la actualidad han aparecido casos y se está incrementando su frecuencia. Es la más grave y puede llegar a afectar a la córnea, dejando opacidades que posteriormente dificultan la visión. Es un proceso hiperagudo con abundante pus e inflamación de conjuntiva y párpados, que están pegados y resulta difícil separar. 

La conjuntivitis vírica se produce por el virus del herpes simple tipo II (vaginal). Afortunadamente, es poco frecuente, pero puede causar un severo daño ocular, ya que suele afectar a la córnea, causando a veces úlceras que dan lugar a opacidades que dificultan la visión. Aparece a partir de la segunda semana después del parto. 

Las conjuntivitis alérgicas no son infecciosas, aparecen en los dos ojos, son estacionales y se dan en niños de más edad. No hay mucha inflamación. Los síntomas fundamentales son picor, lagrimeo y enrojecimiento de la conjuntiva palpebral. 

Otro problema que puede afectar a los niños recién nacidos, el más frecuente después del primer mes de vida, son las obstrucciones lagrimales. Insisto en el primer mes de vida, porque antes de este tiempo la glándula lagrimal es inmadura y no produce lágrimas, así que, aunque el niño llore, no hay lagrimeo. Por tanto, aunque exista obstrucción, no se puede detectar. 

El tracto lagrimal sirve para evacuar la lágrima del ojo y la canaliza hasta la nariz por donde pasa a la garganta y de ahí al tracto digestivo. El conducto lagrimal no siempre es permeable en el momento del nacimiento. Durante el embarazo se va canalizando y, cuando nace el niño, en ocasiones aún no lo está del todo: quedan células que lo taponan (como las hojas de los árboles pueden obstruir las tuberías del agua), haciendo que la lágrima refluya por el borde del párpado y aparezca lagrimeo. Además, la lágrima se estanca en el saco lagrimal y puede causar una infección que da lugar a una secreción espesa que hace que el ojo tenga aspecto ‘pegajoso’, pero sin inflamación de los tejidos de alrededor (párpados y conjuntiva). Este tipo de problema suele solucionarse espontáneamente, cuando se acaba de permeabilizar el conducto nasolagrimal. En última instancia, se puede recurrir al sondaje lagrimal para poner fin a la obstrucción y, por consiguiente, al lagrimeo constante del niño.

¿Aproximadamente, cuánto tiempo duran estas afecciones?

Las conjuntivitis es difícil que remitan sin el tratamiento adecuado, y esto solo se puede hacer si se han diagnosticado correctamente. Lo acertado es acudir al especialista cuando los primeros síntomas aparecen, aunque también es verdad que podemos recurrir en un primer momento a ciertas medidas ‘caseras’, como la limpieza con suero fisiológico de los ojos y la aplicación de un delicado masaje circular en la zona lagrimal, si de lo que se trata es de obstrucciones lagrimales.

¿Cómo se tratan?

Una vez identificada la naturaleza de la conjuntivitis, se deberá aplicar el correcto tratamiento con un colirio antibiótico, no siendo conveniente la automedicación, porque un antibiótico mal aplicado no solo no cura el proceso sino que puede crear resistencias y hacer luego más difícil la curación. Los corticoides solo se utilizan en raras ocasiones, ya que pueden agravar las infecciones tanto por bacterias como las producidas por virus. Si el problema es originado por obstrucción lagrimal, el suero salino y el masaje comentado anteriormente suelen ser curativos, reservando el sondaje lagrimal para los casos resistentes a esta medida.

¿Hay forma de prevenirlas?

Las conjuntivitis, sí; las obstrucciones, no. Las medidas de prevención mejores son el correcto diagnóstico y tratamiento de las infecciones de la vagina materna, la limpieza esmerada de las manos y no utilizar pañuelos (que suelen ser fuentes de infección y transmisión) cuando realicemos la limpieza de los ojos del bebé. Hay que utilizar en su lugar gasas impregnadas en suero salino (no algodón que puede dejar restos que acaben dentro del ojo). 

La instilación de nitrato de plata en recién nacidos ya no se realiza por la conjuntivitis química que acarrea. En su lugar, se instila pautadamente un colirio antibiótico en los bebés de riesgo, es decir, en aquellos cuyas madres tengan contaminación vaginal o simplemente se sospeche que así pudiera ser, aunque ya estén en tratamiento. Más información: http://www.iomadrid.com

Cuidados del ojo del recién nacido

→ Si el bebé se toca los ojos con las manos, cubrirlas con las mangas de la ropa para evitar que se pueda hacer daño con las uñas (no se pueden cortar durante los primeros 10 o 15 días). 
→ Limpieza de las manos de las personas que tocan al bebé. 
→ Si los párpados se pegan, ablandar la secreción con suero antes de separarlos. 
→ Lavar con gasas estériles empapadas en suero fisiológico.

Durante los días en los que se produce la caída del cordón, se deben realizar una serie de cuidados del ombligo del bebé para evitar posibles infecciones. Tras el parto, el cordón umbilical se corta para separar al bebé de la placenta, quedando un pedacito de ese cordón adherido al ombligo. Generalmente, dicho trozo de cordón se desprende por sí solo en la tercera semana después del parto. En el momento del corte, el cordón tiene un color blanquecino; conforme van pasando los días, se va deshidratando y adquiriendo una tonalidad cada vez más oscura hasta que cae.

Caída del cordón umbilical del recién nacido

Puede ocurrir a partir del cuarto día del nacimiento, pero se puede prolongar hasta dos o tres semanas después. Si se retrasa más, es recomendable acudir al pediatra. Tras su caída, el ombligo del bebé adquiere un color morado, que irá desapareciendo a medida que vaya cicatrizando.

Cuidado y limpieza del ombligo del bebé

Durante los días en los que se produce la caída del cordón, se deben realizar una serie de cuidados higiénicos para evitar posibles infecciones:
• Mantener seca la zona del cordón para evitar infecciones. 
• Limpiarlo con alcohol o los productos cicatrizantes que indique el pediatra. 
• El cordón umbilical debe estar en contacto con el aire; para ello se dobla el pañal de modo que no cubra el área umbilical. 
• No deben aplicarse en la zona ni cremas ni polvos de talco.
• No se debe acelerar nunca su caída, debe caer por sí solo.

Complicaciones en el cordón umbilical

Generalmente la caída del cordón umbilical se desarrolla con total normalidad, pero a veces surgen algunas pequeñas complicaciones a las que se debe prestar atención, y que requieren una visita al pediatra:
• Son signos de infección que el cordón umbilical tenga secreciones purulentas amarillo-verdosas, emane un olor desagradable o esté muy rojo e inflamado. 
• Si el cordón sangra algo en los primeros días después del parto, se presiona unos minutos para que deje de hacerlo. Si el sangrado continúa, hay que consultar al médico.
• En ocasiones, tras la caída del cordón, el ombligo puede permanecer rojo y tener pequeñas secreciones. Se soluciona aplicando gasas con alcohol, que ayudan a cicatrizar la zona en pocos días.

Tocar, agarrar, apretar, eso hacen las manos. Puede parecer la cosa más sencilla del mundo, pero no lo es. Ni mucho menos. Un recién nacido no podrá hacerlo. Para conseguirlo el pequeño necesitará tomar conciencia de ellas, alcanzar la necesaria coordinación manos-vista y adquirir suficiente destreza de manos y dedos. Pero el bebé es un entrenador incansable que no desaprovecha un solo segundo, y cada día asombra a sus padres con una nueva habilidad de sus adorables manitas mullidas y regordetas.

Entre el 1er y 2º mes

El bebé mantiene los puños cerrados casi todo el tiempo. Si papá le roza con un dedo en la palma de laman, él lo aprieta con fuerza, es un reflejo innato que cuando el cuerpo de los humanos estaba recubierto de vello servía al bebé para agarrase al cuerpo de su madre.

A partir del 2º mes

El pequeño quiere tocar todo lo que le acercamos, sea el sonajero, el chupete o la muda. También se mete los dedos en la boca, junta las manos y las mira.

Hacia el ser y 4º mes

Ha desarrollado lo suficiente la visión y coordinación manos-ojo para alcanzar lo que desea, aunque todavía utiliza la mano abierta. Un mundo de sensaciones se le abre como un acaba mágica: a través de las terminaciones nerviosas de sus manos, obtendrá información sobre los objetos que puedan su mundo: la manta de juegos en la que está tumbado es suave, el sonajero liso, sus manos calientes.

Hacia el 5º y 6º mes

El bebé aprende a pasar cosas de una mano a otra y diferencia las manos de los brazos y las manos de los dedos.

Entre el 9º y 10º mes

Realiza un descubrimiento la mar de sorprendente: si suelta lo que sostiene en la mano, se cae. Y lo comprueba una y otra vez. Mamá y papá ahora se pasan la vida cogiendo cosas del suelo y dándoselas de nuevo. Y vuelta a empezar.

Hacia el 10º mes

Puede agarrara objetos tan pequeños como un hilo o un grano de arroz, haciendo pinza con los dedos índice y pulgar. Ya nada se le resiste. Cada día que pasa será más hábil con sus manos.

El Virus Sincicial Respiratorio (VSR) es uno de los principales causantes de la bronquiolitis. Los más vulnerables son los recién nacidos, los prematuros de bajo peso y los chicos con cardiopatías congénitas. Al no existir una vacuna, es fundamental evitar la exposición de los bebés al contagio y consultar inmediatamente con un especialista ante la aparición de los primeros síntomas.

¿Por qué se contagia tan fácil?

El Dr. Néstor Vain, médico pediatra, aclaró que “es el virus predominante en infecciones respiratorias en lactantes. Circula durante todo el año, pero tiene mucho más impacto en la época de brote que por lo general comienza a fines de abril o ahora más tardíamente con el comienzo del frío, y sigue circulando hasta comienzos de septiembre”.

El Virus Sincicial Respiratorio (VSR) es de fácil contagio porque se transmite de persona a persona por el contacto directo con secreciones nasales. “Uno de los problemas más serios de este virus es que queda durante mucho tiempo en superficies como por ejemplo las mesas, las manos, etc, por lo que hay que insistir en el lavado de manos, en especial cuando se va a tocar a un recién nacido o un lactante”, explica el especialista.

La mayoría de los bebés que padecen una enfermedad respiratoria de este tipo no requieren internación, o en caso de necesitarla, es por períodos menores a cinco días.

Sin embargo, en bebés con alto riesgo y con menos frecuencia en niños aparentemente sanos, puede provocar una enfermedad severa con complicaciones graves. Los lactantes prematuros con ciertas afecciones pulmonares producto de haber recibido ventilación mecánica por largo tiempo o con cardiopatía congénitas, tienen un riesgo cuatro a cinco veces mayor de hospitalización por infección por VSR respecto de los niños sanos, como también, más riesgo de evolución grave y complicaciones.

Niños de alto riesgo: inmunización pasiva

En todos los lactantes pequeños pero en especial en los de alto riesgo, deben efectuarse recomendaciones y prevención de las infecciones respiratorias.

Estas incluyen la promoción de la lactancia materna, evitar el humo en la habitación, el lavado de manos sistemático antes de tocar al niño, evitar en lo posible contacto con niños de edad escolar en época invernal, etc.

Actualmente, otra medida importante para reducir el riesgo en los niños más vulnerables es la inmunización pasiva, incluida en la “Estrategia Integral de Prevención de Infecciones Respiratorias en prematuros de alto riesgo” del Ministerio de Salud de la Nación y en niños portadores de cardiopatía con inestabilidad hemodinámica significativa, según las recomendaciones consensuadas con las Sociedades Científicas. La inmunidad persiste un período acotado de tiempo, por lo que es fundamental la aplicación mensual para mantener los niveles adecuados de anticuerpos contra el VSR durante la época de mayores brotes causados por el virus.

“Este plan se da en los grandes hospitales, acompañado de un seguimiento durante muchos meses y hasta años. Las obras sociales y las prepagas cubren la medicación. Pero hay que aclarar que además hay que aplicar todas las medidas de prevención (lactancia materna, lavado de manos, vacunas al día, evitar situaciones de hacinamiento y de exposición al humo) porque sino el chico se va a infectar igual”, advirtió el Dr. Vain. Esta medida debe utilizarse junto con otra estrategia fundamental: la lactancia materna, ya que los bebés alimentados con leche materna tienen menor riesgo de enfermar y sufrir complicaciones por esta infección gracias a las propiedades inmunológicas de la leche humana.

Asimismo, es importante respetar las demás acciones preventivas recomendadas para los bebés en general.

Cuándo consultar

El Dr. Vain recomendó que “en cuanto los padres noten que el bebé respira más rápido, con o sin secreción nasal (mocos), y que al niño le cuesta comer, que no puede tragar la comida, y se le dificulta dormir, consulten. A medida que la enfermedad avanza pues haber un cambio de coloración que indica que el niño está necesitando oxígeno. En los lactantes muy chiquitos, de 20 días o un mes, a veces el principal síntoma no es la respiración sino la coloración; el bebé se pone, más pálido, con un color azulado alrededor de los labios, que los médicos llamamos cianosis, y ello indica que le falta oxígeno. Por supuesto se debe consultar antes de llegar a esta instancia”.

Algunos datos sobre la bronquiolitis

  • Es la causa más importante de infección en el tracto respiratorio inferior en bebés menores de un año en todo el mundo.
  • Los niños que sufren esta afección tienen una mayor predisposición a sibilancias recurrentes, anormalidades en la función pulmonar e hiperreactividad de las vías aéreas inferiores.
  • Se puede tener bronquiolitis más de una vez, aunque en general las reinserciones son menos agresivas.

¿Cómo reducir el riesgo de infecciones respiratorias?

Para prevenir el contagio de bronquiolitis y otras infecciones respiratorias causadas por el VSR se recomienda:

  • Impulsar y mantener la lactancia materna, porque de esta manera el bebé recibe protección a través de anticuerpos presentes en la leche materna.
  • Lavarse las manos con agua y jabón.
  • Evitar la contaminación ambiental con humo (ya sea humo de cigarro u otros).
  • Evitar el hacinamiento.
  • Realizar controles periódicos con el pediatra de cabecera.
  • Concurrir a los controles rutinarios para bebés prematuros de alto riesgo.
  • Cumplir el calendario de vacunación y con otras vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él.

La aparición de los dientes de “leche” puede, en ciertos casos, traer malestar físico e irritabilidad, pero generalmente este es un proceso natural que no acarrea mayores complicaciones.

Uno de los momentos de más expectativa es el de la salida de los dientes, pero a la vez esa felicidad que sienten todos alrededor del niño puede venir acompañada de cierto temor por los malestares que se le han atribuido a ese suceso en su desarrollo.

Ante ello, los expertos consideran que no se puede generalizar, que cada bebé responde diferente a los procesos biológicos y que aunque hay una edad y unas condiciones para la erupción de los dientes, esto varía y depende de muchos factores, como los genéticos, alimenticios, del ambiente y las condiciones que rodean el crecimiento de cada niño.

Los primeros dientes, también llamados temporales o de “leche”, suelen salir entre los seis y ocho meses, aunque algunos niños tienen erupciones tempranas y otros tardías, lo cual es completamente normal y nada extraño, explica Alicia Montañez, odontopediatra.

A lo que añade que así como los niños dejan el pañal o caminan a diferente edad, “los dientes temporales responden a los tiempos particulares de cada niño, y esto lo determina la herencia y su estructura y, a la vez, influirá en si presenta malestar o no”.

Pero, ¿qué sucede en el organismo de los niños cuando los dientes aparecen? ¿En verdad se presenta cierta alteración en su estado anímico y físico? Pues bien, “cuando el primer diente erupción, es posible que a través de los vasos sanguíneos se incorporen microbios a la boca, lo que podría ocasionar diarrea y fiebre; si embargo, esto no es una pauta generalizable”, dice Montañez.

Además de suceder, los malestares de fiebre, vómito o diarrea son una respuesta inmune del organismo frente a los microbios, y puede pasar también por otras circunstancias ajenas a la llegada de los dientes.

Ahora, de presentarse malestar con algunos de los síntomas anteriores, esto solo sucederá con la aparición del primer diente, pues al salir los demás ya el organismo está provisto de defensas y es capaz de reconocerlo.

Por su parte, Marcela Gómez Nicholls, especializada en odontopediatría y ortopedia maxilar, recalca que en la consulta diaria de los padres con sus hijos frente a la erupción dental temporal, “los niños pueden presentar signos o síntomas, y estos se manifiestan con patologías similares, como puede ser enrojecimiento de las encías, babeo o aumento de la salivación, pérdida del apetito, hinchazón de la mucosa, ciclos de sueño alterados y roce de las encías con los dedos u objetos”.

Según Juliana Díaz Osorio, estomatóloga pediatra y ortopedista maxilar, de la Universidad Nacional de Colombia, algunos niños, pueden presentar inflamación en el sitio de la erupción del diente, por la presión que está ejerciendo la pieza dental sobre los tejidos blandos que lo recubren, e incluso cierta irritabilidad.

Igualmente, dice Díaz, que sin llegar a generalizar ni atribuir efectos ni reacciones alternas a la salida de los dientes, “en algunos niños se puede originar infección por el ingreso de bacterias, lo que desencadena en fiebre, pero no hay que entenderlo como una enfermedad, ya que es un proceso biológico que se da como respuesta del organismo ante una situación concreta”.

Ahora bien, reitera la doctora Gómez, “no existe asociación absoluta entre erupción dentaria y la alteración del estado general del niño, por lo que, si se da, es recomendable consultarlo con el pediatra ya que varios días de fiebre, vómito o diarrea son signos de otras patologías”.

En realidad, este es un proceso totalmente natural que se da de diferente forma y momento en cada niño, y cuyas características los afectan o no en una medida diversa.

Prevenir: el remedio

Como lo indica Marcela Gómez, la mejor manera de prevenir o saber que la aparición de los dientes en los niños es acudir a la consulta por odontopediatría, desde temprana edad.

Inclusive, es aconsejable que las madres vean a su odontólogo estando en gestación, pues aparte de verificar su estado dental, le podrán consultar su estado dental, le podrán consultar sobre el momento en que saldrán los dientes de su hijo, cómo realizar la higiene oral y cómo controlar síntomas, si aparecen.

También, explica, que cuando los bebés empiecen a tocar sus encías con objetos o con sus manitas, “lo recomendable es darles alimentos que cumplan la función de un rascaencías. Es decir, darles trozos de fruta fría o zanahoria, tostadas o galletas, para aliviar molestias en la zona de salida de los dientes. En caso de pérdida del apetito, irritabilidad y ciclos de sueño alterado, acuda con el odontopediatra tratante”, dice Gómez.

Los rascadores deben mantenerse limpios, e iniciar la limpieza de las encías y la lengua con gasas húmedas.

Esto le servirá si hay molestias

  • Si los ciclos de sueño del niño se alteran, puede administrar un analgésico (acetaminofén o ibuprofeno), pero sólo bajo prescripción del pediatra y con su autorización.
  • Los rascaencías, o un chupe enriado en la nevera, le ayudarán  a bajar la inflamación de la encía y disminuir el posible dolor.
  • Frote la encía del pequeño con uno de sus dedos limpio.
  • Mantenga los bordes de cunas, corrales y otros objetos al alcance de los niños en perfecta higiene, pues los morderá para aliviar la molestia.
  • Finalmente, si la fiebre, el vómito o la diarrea no se detienen, hay que consultar de inmediato con el pediatra.

Astrid López Arias