Escuela de Padres

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La aparición de los dientes de “leche” puede, en ciertos casos, traer malestar físico e irritabilidad, pero generalmente este es un proceso natural que no acarrea mayores complicaciones.

Uno de los momentos de más expectativa es el de la salida de los dientes, pero a la vez esa felicidad que sienten todos alrededor del niño puede venir acompañada de cierto temor por los malestares que se le han atribuido a ese suceso en su desarrollo.

Ante ello, los expertos consideran que no se puede generalizar, que cada bebé responde diferente a los procesos biológicos y que aunque hay una edad y unas condiciones para la erupción de los dientes, esto varía y depende de muchos factores, como los genéticos, alimenticios, del ambiente y las condiciones que rodean el crecimiento de cada niño.

Los primeros dientes, también llamados temporales o de “leche”, suelen salir entre los seis y ocho meses, aunque algunos niños tienen erupciones tempranas y otros tardías, lo cual es completamente normal y nada extraño, explica Alicia Montañez, odontopediatra.

A lo que añade que así como los niños dejan el pañal o caminan a diferente edad, “los dientes temporales responden a los tiempos particulares de cada niño, y esto lo determina la herencia y su estructura y, a la vez, influirá en si presenta malestar o no”.

Pero, ¿qué sucede en el organismo de los niños cuando los dientes aparecen? ¿En verdad se presenta cierta alteración en su estado anímico y físico? Pues bien, “cuando el primer diente erupción, es posible que a través de los vasos sanguíneos se incorporen microbios a la boca, lo que podría ocasionar diarrea y fiebre; si embargo, esto no es una pauta generalizable”, dice Montañez.

Además de suceder, los malestares de fiebre, vómito o diarrea son una respuesta inmune del organismo frente a los microbios, y puede pasar también por otras circunstancias ajenas a la llegada de los dientes.

Ahora, de presentarse malestar con algunos de los síntomas anteriores, esto solo sucederá con la aparición del primer diente, pues al salir los demás ya el organismo está provisto de defensas y es capaz de reconocerlo.

Por su parte, Marcela Gómez Nicholls, especializada en odontopediatría y ortopedia maxilar, recalca que en la consulta diaria de los padres con sus hijos frente a la erupción dental temporal, “los niños pueden presentar signos o síntomas, y estos se manifiestan con patologías similares, como puede ser enrojecimiento de las encías, babeo o aumento de la salivación, pérdida del apetito, hinchazón de la mucosa, ciclos de sueño alterados y roce de las encías con los dedos u objetos”.

Según Juliana Díaz Osorio, estomatóloga pediatra y ortopedista maxilar, de la Universidad Nacional de Colombia, algunos niños, pueden presentar inflamación en el sitio de la erupción del diente, por la presión que está ejerciendo la pieza dental sobre los tejidos blandos que lo recubren, e incluso cierta irritabilidad.

Igualmente, dice Díaz, que sin llegar a generalizar ni atribuir efectos ni reacciones alternas a la salida de los dientes, “en algunos niños se puede originar infección por el ingreso de bacterias, lo que desencadena en fiebre, pero no hay que entenderlo como una enfermedad, ya que es un proceso biológico que se da como respuesta del organismo ante una situación concreta”.

Ahora bien, reitera la doctora Gómez, “no existe asociación absoluta entre erupción dentaria y la alteración del estado general del niño, por lo que, si se da, es recomendable consultarlo con el pediatra ya que varios días de fiebre, vómito o diarrea son signos de otras patologías”.

En realidad, este es un proceso totalmente natural que se da de diferente forma y momento en cada niño, y cuyas características los afectan o no en una medida diversa.

Prevenir: el remedio

Como lo indica Marcela Gómez, la mejor manera de prevenir o saber que la aparición de los dientes en los niños es acudir a la consulta por odontopediatría, desde temprana edad.

Inclusive, es aconsejable que las madres vean a su odontólogo estando en gestación, pues aparte de verificar su estado dental, le podrán consultar su estado dental, le podrán consultar sobre el momento en que saldrán los dientes de su hijo, cómo realizar la higiene oral y cómo controlar síntomas, si aparecen.

También, explica, que cuando los bebés empiecen a tocar sus encías con objetos o con sus manitas, “lo recomendable es darles alimentos que cumplan la función de un rascaencías. Es decir, darles trozos de fruta fría o zanahoria, tostadas o galletas, para aliviar molestias en la zona de salida de los dientes. En caso de pérdida del apetito, irritabilidad y ciclos de sueño alterado, acuda con el odontopediatra tratante”, dice Gómez.

Los rascadores deben mantenerse limpios, e iniciar la limpieza de las encías y la lengua con gasas húmedas.

Esto le servirá si hay molestias

  • Si los ciclos de sueño del niño se alteran, puede administrar un analgésico (acetaminofén o ibuprofeno), pero sólo bajo prescripción del pediatra y con su autorización.
  • Los rascaencías, o un chupe enriado en la nevera, le ayudarán  a bajar la inflamación de la encía y disminuir el posible dolor.
  • Frote la encía del pequeño con uno de sus dedos limpio.
  • Mantenga los bordes de cunas, corrales y otros objetos al alcance de los niños en perfecta higiene, pues los morderá para aliviar la molestia.
  • Finalmente, si la fiebre, el vómito o la diarrea no se detienen, hay que consultar de inmediato con el pediatra.

Astrid López Arias

Facilitar la lactancia, reducir el estrés en la mujer y fortalecer el vínculo entre madre e hijo, algunos de los beneficios de esta práctica.

Durante el embarazo, la mayoría de las mujeres anhela tener en brazos a su bebé. Cuando llega el momento, revisa las partes del cuerpo, el sexo y el estado de salud del pequeñito, pero este momento desencadena, además de felicidad, otros beneficios valiosos en la madre y en el bebé.

Lo primero para señalar, según Adriana María Escobar, pediatra de la UCI Neonatal del Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt, “idealmente el contacto piel a piel debe comenzar al momento del nacimiento, al poner al recién nacido desnudo en posición decúbito central (acostado boca abajo), cubierto con una manta caliente, sobre el torso de la madre”.

Es un momento que, aunque no puede congelarse en el tiempo, tiene múltiples beneficios; a corto plazo, se convierte en un estímulo para la lactancia, la reducción del llanto y una adecuada termorregulación del bebé, el reconocimiento entre la madre y su hijo a través de estímulos sensoriales, como el tacto, olor y calor; a largo plazo, favorece la continuidad en la lactancia materna para los próximos meses, además de mejorar los comportamientos de afecto y apego de la madre.

Desde la psicología, Alfredo Rojas, subdirector nacional del campo de psicología del desarrollo y ciclo de vida del Colegio Colombiano de Psicólogos, afirma que para los bebés, es determinante esta primera hora de vida al lado de su madre, ya que se reduce la tensión y la ansiedad generadas al nacer.

Este momento es clave para recolectarse rápidamente con su madre debido a que puede percibir su aroma, tener un primer contacto visual y escuchar su voz.

Este es un período sensible que si se rompe, según el doctor Rojas, “consolida un factor de riesgo para el adecuado desarrollo del niño”. Además, “gracias a la liberación de oxitocina,  se reduce el estrés producido en el trabajo de parto”.

Lactancia y vínculo

El contacto piel a piel durante los primeros meses de vida del bebé favorece que los reflejos de busca se activen de forma natural y asimismo el proceso de succión; por tanto, ambos son estímulos eficaces para el aumento en la secreción de oxitocina en la madre, y de esta manera favorecer la producción de calostro.

En caso de que la lactancia materna no sea posible o esté contraindicada, es necesario evitar la separación de la madre con su bebé. Es importante recordar que el contacto piel a piel además ha generado mejoras en la supervivencia en los niños. En nuestro país, hace algunos años se desarrolló el Método Madre Canguro que, ante condiciones de prematurez en neonatos y ausencia de equipos como incubadoras, se propuso que el bebé permaneciera en contacto con la madre para estabilizar su estado de salud a través del adecuado control de la temperatura del bebé.

Tatiana Quinchanegua

La dermatitis en esta área es una de las afecciones más comunes en los bebés, las cual se puede prevenir y controlar fácilmente.

Uno de cada tres niños, en promedio, puede llegar a sufrir de irritación en la zona genital, un tipo de dermatitis de contacto que causa irritabilidad por posibles lesiones o infecciones.

Así lo explica el dermatólogo Ricardo Flaminio Rojas, al decir que “este tipo de dermatitis surge porque la piel no puede transpirar y, además, como es una zona húmeda en contacto con la orina o materia fecal se altera el ph de la piel y se da la irritación”.

De la misma forma, Clara Patricia Ordóñez, dermatóloga pediatra, comenta que esta irritación tiene que ver con factores como la excesiva hidratación del área, el ph alto asociado con la presencia del amoniaco (producto de la descomposición de la orina), irritación por las enzimas de las heces y la proliferación de bacterias, lo que altera la función de barrera de la piel.

Por esta razón, los primeros síntomas serán de enrojecimiento y molestia del bebé. Sin embargo, si no hay un tratamiento adecuado puede llegar a aparecer una infección por hongos o bacterias.

“Como se afecta la capa más superficial de la piel, tan pronto aparece la dermatitis se ve la zona con un poquito de eritema (inflamación) y descamación, pero cuando la complicación avanza se presentan irritaciones y llegas, aumentando la molestia del bebé que va del llanto a la inapetencia”, dice Iván Pérez, dermatólogo y docente de la Universidad El Bosque.

Por su parte, Marta Martínez, médica asesora de Pequeñín, Grupo Familia, dice que este tipo de irritación es muy frecuente en los bebés, pero no es causa de preocupación, pues las mamás y quienes están a cargo de los niños tienden a sentirse culpables. “No han fallado en su labor al presentarse casos aislados, pero si hay que tomar las precauciones para evitarlo. Es importante anotar que la irritación del área del pañal, si se maneja adecuadamente, debe mejorar en 2 ó 3 días, de lo contrario pueden existir complicaciones que ameritan examen y tratamiento médico”.

¿Qué hacer y qué no?

Los especialistas recomiendan limpiar la zona con palitos libres de alcohol y perfume, así como asear con agua y jabones con ph neutro, pues los jabones alcalinos alteran el ph de la piel.

Y en los casos en que ya se presente la complicación, además de las anteriores prácticas se debe aplica runa crema que actúe como barrera. Se encuentran muchas en el mercado y la mayoría tienen en su composición óxido de zinc, en diferentes concentraciones, lo ideal es consultar con el experto para encontrar la más apropiada.

Tenga en cuenta que la prevención debe ser continua, incluso si el bebé ya tuvo un episodio de dermatitis, pues como lo explica Ordóñez, “la complicación puede reaparecer bien sea por los factores mencionados o por enfermedades como los síndromes de malabsorción intestinal (dificultad para absorber los nutrientes provenientes de los alimentos), alteraciones congénitas del tracto gastrointestinal o reacciones tóxicas.

Tenga presente

Recuerde que el mejor cuidado casero es el cambio del pañal y el buen aseo.

  • Antes de poner el pañal, exponga el culto del bebé al viento para que se mantenga seco.
  • Al poner el pañal, no lo deje muy apretado, es ideal que entre aire.
  • No aplique, en ningún caso, contriciones de alta potencia que afectan la piel.
  • Después del baño, seque muy bien la zona.
  • Evite el uso de remedios caseros como los implantes de avena o baños de vinagre, porque pueden generar más infección.
  • No olvide que esta situación es común en los bebés, por lo que las madres y cuidadoras no deben sentirse culpables, sólo tomar las precauciones pertinentes
  • Acuda a un dermatólogo pediatra si persisten o se extienden las lesiones a áreas como los pliegues, o aparecen pústulas para descartar otras enfermedades como la dermatitis seborreica, la psoriasis, la dermatitis atópica o la sobreinfección con hongos o bacterias.
  • Procure que el baño sea corto.
  • No use talcos, favorecen la sobreinfección con hongos o bacterias.
  • No aplique cremas sin prescripción médica.
  • Elija un pañal con buena capacidad de absorción, y, por ratos, deje al bebé con el culto al aire para que la piel de la zona pueda respirar y él tenga la sensación de libertad.

Paola González Osorio

Y oírte  y olerte, porque los recién nacidos llegan con estos sentidos muy desarrollados para lograr captar toda la atención y así garantizar su supervivencia.

Unos seductores natos, así son los recién nacidos humanos, que llegan a este mundo ávidos de interacción, como bien corresponde a la especie más sociable de la naturaleza, y equipados de serie para seducir y recibir atención. Con una cabeza y unos ojos grandes, en proporción al cuerpo y la cara respectivamente, y las mejillas bien redondas, es muy fácil sentir ternura nada más verlos, y no solo le ocurrirá a sus padres, sino a cualquier persona que comparta tiempo y establezca un contacto estrecho con ellos.

Adaptándonos al bebé

Es curioso comprobar los efectos que produce en la conducta de los adultos el hecho de tener un recién nacido o un bebé de pocos días cerca. Muchas personas, y especialmente las madres, desarrollan una peculiar manera de interactuar con él cuando lo tienen entre sus brazos: le hablan de una forma especial, gesticulan, cambian el ritmo de sus accione, y hasta mueven el cuello y el cuerpo de una forma que consideraríamos exagerada o extraña en otra situación. Es lo que Daniel Stern, uno de los pioneros de la psiquiatría perinatal, calificó como “conducta social provocada por el lactante”. Este comportamiento incluye: gestos como, por ejemplo, acentuar al máximo las expresiones faciales; pequeñas preguntas, como si el bebé fuera a responder; soltar largas parrafadas con una voz aguda o fruncir el ceño par ir terminando la interacción. Además, lo habitual es mantener ininterrumpidamente el contacto visual y acercar bastante el rostro al bebé, algo que no solemos hacer con los adultos. Parece ser que esta conducta es bastante universal, porque no solo la tienen las madres y los padres, sino que también es fácil verla en los abuelos o en los niños y las niñas ya mayorcitos (a partir de los cinco o seis años, aproximadamente).

Este lenguaje especialmente diseñado para captar y mantener la atención de los más pequeños, y que les facilita la comprensión del lenguaje y la interacción con otras personas, es lo que se conoce como motherese o baby talk.

Vista, oído y olfato

Por su parte, los bebés llegan preparados para interactuar socialmente ya desde su nacimiento. Son perfectamente capaces de ver y enfocar a una distancia de unos 20 centímetros, la que va del pecho a la cara de la madre, es decir, pueden ver el rostro materno mientras maman con absoluta nitidez. Asimismo, está comprobado que a esta distancia sienten predilección por las caras humanas frente a cualquier otro estímulo visual. Les encantan los ojos, las bocas y las caras. En definitiva, los recién nacidos están preparados para mirar a los ojos de su madre desde el primer instante que pasan fuera del útero, ya sea mientras toman el pecho o cuando son sostenidos en brazos.

La vista madura rápidamente durante los tres primeros meses de vida. Con seis semanas, y pueden dirigir la mirada a los ojos de la madre, y con tres meses ya ven casi como las personas adultas.

El oído es otro de los sentidos que tienen más desarrollado al nacer. Oyen perfectamente, y prefieren las voces humanas a cualquier otro tipo de sonido; es más, se decantan antes por las voces femeninas que por las masculinas. Relacionado con este sentido, también cabe destacar que los bebés cuentan con la capacidad de sincronizar sus movimientos con el ritmo de la voz de la madre.

Igual de importante que la vista y el oído es el olfato, puesto que ya desde el nacimiento se observa que muestran una clara prioridad por los olores dulzones, así como por el de la propia leche materna, y con tan solo unos pocos días de vida, distinguen entre diferentes colores cómo huele su madre. En concreto, la reconocen a través del olor de su sudor y el de la leche que producen sus pechos.

El inicio de la empatía

La capacidad de imitación es probablemente una de las más sorprendentes habilidades de los recién nacidos. Con horas o días de vida pueden imitarnos cuando abrimos la boca, sacamos la lengua, o incluso cuando movemos los dedos. Es muy sencillo comprobarlo. Si a un bebé de pocos días que esté despierto lo sostenemos frente a nosotros mientras abrimos la boca lentamente, veremos cómo él repite la acción en pocos segundos, y lo mismo si sacamos la lengua. Esto que antes se consideraba anecdótico ahora se sabe que es clave para el inicio de la interacción social y está mediado por la activación de las llamadas neuronas espejo del cerebro. Estas neuronas, descubiertas inicialmente en los monos, se activan del mismo modo cuando hacemos un gesto que cuando vemos a otra persona hacerlo, y parece que cumplen funciones básicas en el desarrollo de la empatía.

Actualmente, se investiga si el hecho de no tener la capacidad de imitar al nacer puede ser un marcador temprano de riesgo de algunos trastornos del espectro del autismo, porque se ha comprobado que los macacos que al nacer no pueden hacerlo luego tienen ciertas conductas sociales comparables a las de las personas con autismo.

Seres emocionales

Charles Darwin, biólogo británico que sentó las bases de la teoría de la evolución de las especies, ya describió la enorme capacidad de los recién nacidos para expresar fácilmente todo tipo de emociones: desde el placer hasta el enfado, el miedo, la alegría o la pena. Pero además de esta capacidad facialmente todo tipo de emociones: desde el placer hasta el enfado, el mido, la alegría o la pena. Pero además de esta capacidad tan significativa que tienen para exteriorizar cómo se sienten, también pueden percibir las emociones con notable precisión y reaccionan inmediatamente a las que sienten en su entorno más cercano.

Durante las primeras dos semanas de vida, los bebés sonríen mientras duermen: es la denominada sonrisa endógena. Si además observamos que mueven rápidamente los ojos, tanto si están cerrados como semiabiertos, es que están en la fase REM del sueño, que es la que se asocia con la producción de los sueños. A partir de las seis o siete semanas de vida, la sonrisa cambia y se produce en respuesta a estímulos de interacción.

Lenguaje no verbal

Por supuesto, a nivel sensorial, los bebés perciben el dolor y el placer, sienten y padecen, algo que se negó durante mucho tiempo, hasta tal punto que se llegaba a intervenir quirúrgicamente a los bebés sin anestesia, y de eso no hace tanto tiempo, hablamos de mediados de los años 80.

Por otro lado, hasta casi los tres primeros años de vida domina el hemisferio derecho del cerebro, y solo después de la adquisición del lenguaje, el izquierdo pasa a tomar las riendas. ¿Qué significado tiene este dato? Muy sencillo, los bebés están especialmente dotados para percibir el lenguaje no verbal y las emociones, y necesitan sentirlas e integrarlas con la ayuda de sus figuras de apego para regularlas antes de empezar a hablar.

En el pediatra

Es importante tener en cuenta estas capacidades, sobre todo a la hora de atender su salud, ya sea en la consulta del pediatra o si están hospitalizados. Si hay que explorarlos, o hacerles algún procedimiento o intervención, es muy importante que la madre o el padre se lo expliquen con sus palabras. Por ejemplo, si el pediatra se acerca con calma al bebé de pocos días para hacerle un reconocimiento, le habla, le pide a la madre o al padre que lo ayuden a desvestirlo…, es altamente probable que este se deje explorar tranquilamente y hasta parezca disfrutar de la situación. Por el contrario, si el pediatra se acerca nervioso, no le habla, lo explora en silencio o bruscamente y recordando el enfado que tiene con su jefe…, es bastante posible que el bebé llore y llore, y siga llorando incluso después de que el médico se haya ido.

En las hospitalizaciones, además de favorecer el contacto piel con piel de los cuidados canguro y que los bebés estén siempre acompañados por los padres, también puede ayudarlos a relajarse el hecho de que la madre les deje una prenda de algodón que haya llevado puesta y guarde su olor, cuando los padres deban ausentarse.

Dra. Ibone Olza

Algunas veces es difícil detectarlo, sobre todo en los bebés que no hablan. Pero si al tocarles la oreja llorar y vuelven la cabeza, todo apunta a que esta es la causa de su malestar.

Todos hemos experimentado dolor alguna vez en nuestra vida, y sabemos la inquietud que causa y la incapacidad que tenemos en esas circunstancias para actuar con normalidad. Porque en el dolor hay dos aspectos que se vehiculizan a través del sistema nervioso: la lesión en los tejidos, que produce una experiencia sensorial, y la experiencia emocional, que es subjetiva.

Si el oído es el afectado, provoca uno de los dolores más difíciles de soportar. Los padres hemos pasado por ello, y cuando sospechamos que nuestro hijo puede tenerlo, la angustia y la pesadumbre se potencian porque, en muchas ocasiones, no sabemos cómo calmarlo.

La otalgia (dolor de oídos) es una causa de consulta frecuente. Conocer algunos aspectos del dolor nos permitirá entender el proceso y poder aplicar medidas para que los niños puedan sobrellevarlo de la mejor manera posible.

Dependiendo de la edad que tengan, nuestros hijos nos ayudarán a manejar la situación, o al menos, a detectarla. Cuando son mayores y saben diferenciar dónde les molesta, ponen su mano en la oreja y nos dicen: “Me duele”, o si son más pequeños, “Pupa” o la palabra que usen habitualmente para designar el dolor.

Si son lactantes o aún no hablan, expresan el dolor llorando intensamente o mostrándose muy inquietos, sin apenas momentos de relajación. Parece que nada los pueda tranquilizar. Localizar bien el dolor es importante. De hecho, es un saber popular que se ha perdido: las abuelas de antes sabían que, al apretar una parte concreta de la oreja, el dolor se agudizaba. Esta maniobra de realizar presiones alrededor del oído es lo que los médicos llamamos “signo del trago”. El trago es el cartílago con forma de media luna que tenemos en la parte externa de la oreja, el cual se extiende hacia el conducto auditivo externo, que llega hasta el tímpano. Es esta conexión la que hace que se tengan una mayor sensación de dolor, y por eso, al presionar esta zona de la oreja, haciendo que se mueva el cartílago, si duele, significa que hay alguna parte interna que está inflamada.

Medidas inmediatas

Seguramente, las madres cuyos hijos padecen dolor de oído con frecuencia ya tienen claro qué hacer. Como cualquier dolor sin lesión o causa importante, lo primero que debemos hacer es intentar aliviarlo.

Los analgésicos orales más utilizados en estos casos son el paracetamol y el ibuprofeno. El primero se da a los bebés pequeños y el ibuprofeno se deja para cuando ya son más mayores. En cuanto a las dosis, se administrarán las que recomienda habitualmente el pediatra.

Los tratamientos locales en forma de gotas los receta el médico después de analizar la situación. En algunas ocasiones, los especialistas en otorrinolaringología y los pediatras recomendamos gotas externas, una vez ya hemos constatado que el tímpano está intacto, y en el caso de que esté perforado, valorando el riesgo-beneficio del tratamiento. En ningún caso, se administran las gotas sin prescripción médica, ya que corremos el riesgo de arrastras hacia el interior del oído las sustancias y la suciedad que estén en la salida del conducto auditivo, propiciando una infección en esta parte y una otitis externa. Cuando el tímpano está perforado, aumentan las posibilidades de que el cerumen y los contaminantes lleguen al oído medio. Antes de que existieran los medicamentos analgésicos para tratar el dolor, se recurría de forma sistemática a otras técnicas como aplicar calor en la zona afectada (con una toalla, por ejemplo). Durante años también se ha optado por colocar un poco de algodón en la entrada del oído y se han utilizado gorros para mantener la zona afectada caliente. Incluso en determinados grupos culturales se creían en el poder curativo de la leche materna, y era habitual que se la pusieran a los lactantes que sentían dolor, como si de las gotas actuales se tratara. Cualquiera de estas medidas es muy posible que tengan algún efecto positivo en los niños, pero hasta el momento no ha sido estudiado, de manera que no se pueden recomendar de forma rutinaria.

Identificar la causa

Una vez calmado el dolor, hay que ver cuál es su origen. Aun así, si el niño se ha tranquilizado y no demuestra sentir más molestias, no es necesario acudir a un servicio de urgencias. Si vuelve a mamar con normalidad, no tiene fiebre ni otros síntomas, desplazarse a un centro sanitario a las tres de la madrugada, con frío y dispuestos a esperar, no tiene mucho sentido. El diagnóstico se puede completar con una horas de demora, sin ningún problema. No obstante, identificar la causa del dolor y aplica el tratamiento adecuado -en el caso de encontrar una razón que lo precisara- es imprescindible. En muchas ocasiones, no existirá patología alguna, pero hay que confirmarlo para evitar que el niño corra riesgos innecesarios. El dolor de oídos es un síntoma y debemos abordarlo como lo que realmente es, una señal del cuerpo que nos indica que algo está ocurriendo, aunque no tiene por qué ser nada importante.

Demasiado cerumen o mucosidad

Una de las causas más recurrentes de este tipo de dolor tan molesto suele ser una obstrucción del oído, ya sea provocada por un exceso de cerumen o de mucosidad. La molestia que origina, sin ser aguda, puede llegar a ser fuerte e importante. Por lo general, después de tener la sensación de que el oído está taponado, se empieza a notar una disminución de la capacidad auditiva, así como una molestia que no cesa. Como ya he comentado, existen dos tipos de obstrucción, cuyo origen, aunque manifiesten síntomas parecidos, es totalmente diferente.

  • Obstrucción externa. Se debe a un tapón de cera que el oído produce de forma fisiológica e implica un malestar periódico, ya que se repite a menudo. Limpiar la zona con bastoncillos empeora la situación, porque se puede empujar el cerumen hacia el interior del oído, y según como se haga esta maniobra se puede lesionar la piel y provocar una otitis externa. En ocasiones, esta cera de color rojizo se elimina de forma natural, coincidiendo con aumentos de temperatura del organismo. La molestia desaparece y se recupera la buena audición.
  • Obstrucción interna. Los resfriados frecuentes y la mucosidad pueden producir una obstrucción de la trompa de Eustaquio, que es un canal pequeño que une el oído medio con la parte trasera de la nariz. En esta casos también aparece un malestar que puede convertirse en un dolor intenso si persiste mucho tiempo. Al no poder entrar aire en el oído medio, se produce una sensación de taponamiento parecida a la que sentimos cuando despega o aterriza un avión, o vamos en coche por un puerto de montaña. Si el taponamiento persiste y no entra aire en el oído medio, el tímpano se retrae, llegando incluso a inflamarse y a provocar un dolor intenso. También en este caso se produce una disminución de la audición. Con lavados de nariz o mediante acciones que ayudan a abrir la trompa de Eustaquio -como masticar o mamar-, el aire entra en el oído medio, desaparece la sintomatología y se mejora la audición.

Sea cual sea el origen, recordemos que el dolor de oído puede afectar al descanso de nuestro hijo, a su alimentación y a su actividad diaria. Reducirlo o eliminarlo siempre es la prioridad.

Dr. Luis Ruiz

Cuanta más leche toman los bebés, más produce el cuerpo, así que conseguir una lactancia exitosa y prolongada pasa por disponer de apoyo emocional y de ayuda con las tareas de la vida cotidiana.

Un embarazo siempre supone una alegría y una pequeña revolución en la vida de los padres, así como un sinfín de dudas, inquietudes y decisiones que hay que ir tomando a lo largo de los meses previos al nacimiento del bebé. Si en la primera ecografía el ginecólogo nos dice que vienen dos en lugar de uno, la alegría se multiplica…, y también las preocupaciones y las dudas de si seremos  capaces de poder criarlos todo lo bien que deseamos. En este caso, la necesidad de tener más información se eleva a la enésima potencia. La posibilidad de gestar gemelos de forma natural se da en uno de cada 85 embarazos, y el número aumenta hasta 7.500 si hablamos de trillizos. En cambio, en los últimos tiempos, esta cifra ha aumentado debido  los tratamientos de fertilidad. Cada vez se tienen los hijos más tarde, y esto obliga a las mujeres a recurrir a los avances de la ciencia. Pero, sea como sea, que se haya producido la fecundación, al enterarse de la noticia es normal hacerse ciertas preguntas: “¿El parto será diferente?”, “¿Podré dar a luz de forma natural?”, “¿Seré capaz de amamantar a los dos?”, “¿A los tres?”.

Centrándonos en la lactancia materna, es frecuente que la mujer que está dando el pecho a un hijo y que se encuentre en esta situación se cuestione si un nuevo embarazo es compatible con seguir amamantando al que a partir de entonces ya es el hermano mayor. Se preguntará si será perjudicial para él, para los gemelos que están de camino o para ella misma, así como también le surgirán dudas sobre si será conveniente alimentarlos a todos con su leche después del parto en el caso de que el mayor aún no haya querido destetarse.

Lactar a más de un bebé

Pues sí que es posible, pero cada situación tiene sus peculiaridades:

  • Lactancia en tándem, o lo que es lo mismo, cuando nace el bebé y el hermano mayor sigue mamando. Lejos de ser un problema, en muchas ocasiones beneficia al recién nacido, porque la lactancia ya está bien establecida, hay leche abundante desde el inicio y la producción es más fácil. Por regla general, el hermano mayor tiene una succión adecuada y vacía el pecho de tal forma que el bebé se encuentra que la leche sale fácilmente. Si los recién nacidos son dos, la situación puede complicarse por la sincronización de tiempos, pero no por la producción de leche, que se adecua a la demanda. En cualquier caso, las madres que la practican no tienen la gran duda de las primerizas sobre si tendrán suficiente leche para sus hijos.
  • Lactancia de gemelos y madre sin experiencia en dar el pecho. Esta situación es más difícil, pero con el apoyo adecuado se puede conseguir. Lo cierto es que estas mujeres no solo se encuentran con las dificultades propias de atender a dos bebés al mismo tiempo o de encontrar la mejor posición para dar el pecho, sobre todo si han tenido una cesárea o desean amamantar a los dos a la vez, sino que, a menudo, también se enfrentan a otras circunstancias relacionadas con el nacimiento (bajo peso del bebé al nacer, prematuridad, ictericia…). Y a todo esto puede sumarse la presión de la familia si dudan de la capacidad de la madre para dar el pecho a los gemelos.

Dudas frecuentes

Como ya he comentado, saber que estamos esperando gemelos supone abrirse a un mundo nuevo lleno de preguntas. Estas son algunas de las más habituales:

Han nacido antes de tiempo, ¿necesitan cuidados especiales? Con frecuencia, en los embarazos múltiples se dan casos de prematuridad o de bajo peso al nacer porque, entre otras razones, los bebés suelen nacer mediante cesáreas programadas. Además, y a pesar de que las instituciones oficiales recomiendan que la madre permanezca en contacto piel con piel con sus hijos, si la salud de todos lo permite, lo más habitual es que los bebés sean separados de su madre. En estos casos, es muy importante que la madre se saque el calostro para que se lo den a los niños. De este modo, al menos podrán disfrutar de la protección que les ofrece la gran cantidad de anticuerpos que contienen esos escasos mililitros de la primera leche que produce el pecho.

Pero, en cuanto sea posible, es preferible que la madre practique los cuidados canguro (contacto piel con piel) con sus hijos, porque favorece el vínculo entre ellos y, al mismo tiempo, le hace generar todavía más cantidad de leche. ¿Y esto cómo es posible? Pues porque el contacto aumenta la producción de oxitocina, una hormona implicada en la lactancia.

¿Tendré bastante leche? La naturaleza ha hecho a las madres muy generosas, tanto que no solo tienen alimento para dos o tres niños, sino que algunas pueden amamantar incluso a más.

Y esto no es ninguna excepción, hay literatura científica que recoge datos de mujeres que han amamantado a gemelos, a hijos de distintas edades, e incluso a trillizos. Es más, existen documentos donde se puede leer que hay madres de trillizos que han llegado a producir más de dos litros y medio de leche diarios, así como de mujeres en esta situación que han dado el pecho a sus hijos durante mucho tiempo. Es evidente que para conseguirlo precisan mucha ayuda con las tareas de la vida cotidiana, y esta es tan importante como el apoyo moral y emocional que necesitan todas las madres, independientemente del número de hijos que tengan.

Qué es mejor, ¿ponerlos al pecho al mismo tiempo o por separado? Todo dependerá de la práctica, de las preferencias de la madre y de las demandas de cada niño, porque, aun siendo univitelinos (procedentes del mismo óvulo), cada uno tendrá sus propios tiempos. De hecho, puede tener un patrón alimenticio y de succión distinto, por lo que sería bueno pensar en ellos individualmente, sin compararlos y respetando su diferencias.

Lo que sí es cierto es que, poniéndolos a la vez al pecho, seguramente la madre conseguirá más tiempo para otras cosas. Pero no todo son ventajas, porque las posiciones que se necesitan, así como las dificultades que se tienen al principio para manejarlos, harán que seguramente en cada se pueda hacer, mientras que en la calle o de visita en según qué lugares haya que buscar otras alternativas.

Como siempre que se da el pecho, se tiene que encontrar la manera más adecuada de cogerlos, para que puedan agarrase correctamente. Parece banal, pero de algo tan simple depende que los niños se alimenten adecuadamente, y que la mujer no tenga molestias físicas ni complicaciones más importantes, como las temidas grietas en el pezón. Además, cuando son gemelos, si la madre sufre una lesión en el pecho, no lo podrá dejar reposar para que se recupere, así que es esencial buscar ayuda a la más mínima molestia para mejorar el agarre de los bebés.

¿Y si son prematuros y necesitan alimentación vía intravenosa? En ese caso, igualmente hay que sacarse el calostro y la leche, y congelarlo. Luego, cuando ya toleren el alimento, se les administrará por sonda en orden cronológico de extracción: primero, el calostro, y, a continuación, la leche que se haya ido almacenando.

Una vez ya pueden mamar, aunque lo más probable es que para entonces la cantidad que produzca la mujer ya sea suficiente, se les puede dar la leche guardada y, además, se les ofrecerá el pecho. Una situación que puede dificultar la lactancia materna es que no reciban el alta médica el mismo día. En estos casos, el protocolo del hospital jugará un papel determinante. En principio, las unidades de neonatología deberían tener las puertas abiertas 24 horas al día, tal y como lo recoge la guía Cuidados desde el nacimiento, editada por el Ministerio de Sanidad. Este documento se basa en la evidencia científica que ha podido observar los beneficios que suponen para los bebés, sobre todo para los prematuros o para aquellos que están enfermos, el permanecer en contacto piel con piel con su madre el mayor tiempo posible. Pero para poder ponerlo en práctica cuando los niños están ingresados es imprescindible que los padres tengan acceso libre a ellos, así no solo podrán ofrecerles los cuidados madre canguro, sino que también se verá favorecida la lactancia a demanda. En el caso de que, por la razón que sea, no se pudiera tocar al bebé, aun así se puede sacar la leche para que se la den en cuanto sea posible.

Buscar apoyo

El puerperio es para vivirlo en compañía, y cuando se tiene un parto múltiple, con más razón. Entrar en contacto con grupos de apoyo a la lactancia materna, incluso antes del parto, no solo aumentará las posibilidades de tener una lactancia exitosa y prologada, sino que también servirá para sentirse acompañada. Algunas asociaciones están especializadas en lactancias múltiples, y en sus reuniones es fácil encontrarse con madres de gemelos o trillizos que ya han pasado por esta misma situación. Conocer sus experiencias puede resultar de gran ayuda.

Dr. Luis Ruiz

El contacto piel con piel es esencial para los bebés, sobre todo para los prematuros que verán reducida su estancia en el hospital.

¿Qué es?

Los cuidados madre canguro consisten en que madre e hijo estén en contacto piel con piel ininterrumpidamente, reforzando de este modo el vínculo afectivo entre ambos. Esta práctica se basa en el principio de que los recién nacidos no deben separarse de sus madres. Los beneficios que ofrecen aún son muy importantes en los prematuros, para los que no hay mejor incubadora que el calor del cuerpo de su madre, o de su padre, si por algo la mujer no pudiera hacerlo.

¿En qué consiste?

El bebé se coloca entre los pechos de la madre, en posición manita, con la cabeza ligeramente extendida para poder mantener abiertas las vías respiratorias.

En el paritorio, nada más nacer, se dejará al bebé descansar sobre el pecho desnudo de la madre. Así, en contacto piel con piel, mantendrá la temperatura corporal y podrá realizar el agarre espontáneo al pecho. Que la lactancia materna tenga un inicio natural y respetuoso suele aumentar las posibilidades de que esta sea placentera para ambos y prolongada en el tiempo.

En el hospital o en casa, los padres irán aseados, pero sin perfume, y en el caso de las mujeres, sin sujetador. Se buscará la posición más cómoda, tanto para la madre o el padre como para el bebé, así como un ambiente tranquilo con temperatura agradable.

El bebé estará desnudo, solamente llevará puesto el pañal y un gorrito, porque el calor que le aporta el cuerpo de sus padres es suficiente.

¿Cuánto tiempo debe practicarse?

Se recomienda permanecer en esta posición durante 50 minutos, siendo preferible prolongarlo hasta más de dos horas al día.

Evidentemente, requiere una predisposición para hacerlo por parte de los padres, y un buen estado de salud, especialmente de la madre, la cual, según cómo haya sido su parto, puede que tengan secuelas que le impidan hacerlo.

También se aconseja mantenerlo el máximo tiempo posible, hasta el año a poder ser, sobre todo en bebés prematuros, porque es el plazo suficiente para corregir alteraciones auditivas, visuales o de neurodesarrollo que el bebé haya podido sufrir.

¿Qué le aporta al bebé?

Estos niños estabilizan sus constantes vitales (ritmo cardíaco, respiratorio, temperatura corporal, glucemia, estimulación inmunológico, tolerancia al dolor…) antes que aquellos que están en la incubadora, porque las acompasan con las de su madre.

La lactancia materna también se ve favorecida, porque el contacto piel con piel promueve la producción de leche. Además, en esta posición, los bebés pueden mamar mejor y más a menudo.

En cuanto al sistema inmune, de la leche materna obtienen, además de anticuerpos, una gran cantidad de elementos que los protegen. Y es que lo niños que fueron amamantados y tuvieron un mayor contacto piel con piel suelen tener menos problemas de salud en un futuro.

En esta posición, también están más relajados, haciendo que sus hormonas preparen el estómago para una mejor absorción de alimento, y lo que se traduce en una mayor ganancia de peso.

Al reducir la sobreexcitación, los periodos de sueño y su desarrollo neurológico se ven igualmente favorecidos.

En contacto piel con piel, lloran menos, lo que disminuye el nivel de hormonas del estrés. Así, establecerán fácilmente el vínculo de apego con la madre que a la larga supondrá una mayor estabilidad emocional.

¿Cómo favorece a los prematuros?

Esta técnica permite brindar a los recién nacidos prematuros y de bajo peso al nacer las condiciones óptimas para su adecuado desarrollo.

El calor corporal favorece el vínculo materno/paterno con su hijo y facilita la lactancia materna.

Este contacto se puede hacer mientras el niño permanece ingresado si el hospital lo permite. La Organización Mundial de la Salud lo recomienda, e incluso ha elaborado una guía dirigida a lo profesionales que tratan con este tipo de recién nacidos.

La posición vertical los ayuda a regular la respiración, a la vez que se disminuyen el número de apneas.

Favorece el tránsito intestinal, con lo que se reducen los episodios de reflujo gastroesofágico (vómitos) y facilita una mejor digestión.

Disminuye la actividad motora y muscular, favoreciendo el ahorro energético y, en consecuencia, el aumento de peso.

Fortalece su sistema inmune, lo que le evita sufrir posibles infecciones hospitalarias.

Disminuye el tiempo que necesitan estar ingresados.

Dr. Ruth García