Escuela de Padres

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Y oírte  y olerte, porque los recién nacidos llegan con estos sentidos muy desarrollados para lograr captar toda la atención y así garantizar su supervivencia.

Unos seductores natos, así son los recién nacidos humanos, que llegan a este mundo ávidos de interacción, como bien corresponde a la especie más sociable de la naturaleza, y equipados de serie para seducir y recibir atención. Con una cabeza y unos ojos grandes, en proporción al cuerpo y la cara respectivamente, y las mejillas bien redondas, es muy fácil sentir ternura nada más verlos, y no solo le ocurrirá a sus padres, sino a cualquier persona que comparta tiempo y establezca un contacto estrecho con ellos.

Adaptándonos al bebé

Es curioso comprobar los efectos que produce en la conducta de los adultos el hecho de tener un recién nacido o un bebé de pocos días cerca. Muchas personas, y especialmente las madres, desarrollan una peculiar manera de interactuar con él cuando lo tienen entre sus brazos: le hablan de una forma especial, gesticulan, cambian el ritmo de sus accione, y hasta mueven el cuello y el cuerpo de una forma que consideraríamos exagerada o extraña en otra situación. Es lo que Daniel Stern, uno de los pioneros de la psiquiatría perinatal, calificó como «conducta social provocada por el lactante». Este comportamiento incluye: gestos como, por ejemplo, acentuar al máximo las expresiones faciales; pequeñas preguntas, como si el bebé fuera a responder; soltar largas parrafadas con una voz aguda o fruncir el ceño par ir terminando la interacción. Además, lo habitual es mantener ininterrumpidamente el contacto visual y acercar bastante el rostro al bebé, algo que no solemos hacer con los adultos. Parece ser que esta conducta es bastante universal, porque no solo la tienen las madres y los padres, sino que también es fácil verla en los abuelos o en los niños y las niñas ya mayorcitos (a partir de los cinco o seis años, aproximadamente).

Este lenguaje especialmente diseñado para captar y mantener la atención de los más pequeños, y que les facilita la comprensión del lenguaje y la interacción con otras personas, es lo que se conoce como motherese o baby talk.

Vista, oído y olfato

Por su parte, los bebés llegan preparados para interactuar socialmente ya desde su nacimiento. Son perfectamente capaces de ver y enfocar a una distancia de unos 20 centímetros, la que va del pecho a la cara de la madre, es decir, pueden ver el rostro materno mientras maman con absoluta nitidez. Asimismo, está comprobado que a esta distancia sienten predilección por las caras humanas frente a cualquier otro estímulo visual. Les encantan los ojos, las bocas y las caras. En definitiva, los recién nacidos están preparados para mirar a los ojos de su madre desde el primer instante que pasan fuera del útero, ya sea mientras toman el pecho o cuando son sostenidos en brazos.

La vista madura rápidamente durante los tres primeros meses de vida. Con seis semanas, y pueden dirigir la mirada a los ojos de la madre, y con tres meses ya ven casi como las personas adultas.

El oído es otro de los sentidos que tienen más desarrollado al nacer. Oyen perfectamente, y prefieren las voces humanas a cualquier otro tipo de sonido; es más, se decantan antes por las voces femeninas que por las masculinas. Relacionado con este sentido, también cabe destacar que los bebés cuentan con la capacidad de sincronizar sus movimientos con el ritmo de la voz de la madre.

Igual de importante que la vista y el oído es el olfato, puesto que ya desde el nacimiento se observa que muestran una clara prioridad por los olores dulzones, así como por el de la propia leche materna, y con tan solo unos pocos días de vida, distinguen entre diferentes colores cómo huele su madre. En concreto, la reconocen a través del olor de su sudor y el de la leche que producen sus pechos.

El inicio de la empatía

La capacidad de imitación es probablemente una de las más sorprendentes habilidades de los recién nacidos. Con horas o días de vida pueden imitarnos cuando abrimos la boca, sacamos la lengua, o incluso cuando movemos los dedos. Es muy sencillo comprobarlo. Si a un bebé de pocos días que esté despierto lo sostenemos frente a nosotros mientras abrimos la boca lentamente, veremos cómo él repite la acción en pocos segundos, y lo mismo si sacamos la lengua. Esto que antes se consideraba anecdótico ahora se sabe que es clave para el inicio de la interacción social y está mediado por la activación de las llamadas neuronas espejo del cerebro. Estas neuronas, descubiertas inicialmente en los monos, se activan del mismo modo cuando hacemos un gesto que cuando vemos a otra persona hacerlo, y parece que cumplen funciones básicas en el desarrollo de la empatía.

Actualmente, se investiga si el hecho de no tener la capacidad de imitar al nacer puede ser un marcador temprano de riesgo de algunos trastornos del espectro del autismo, porque se ha comprobado que los macacos que al nacer no pueden hacerlo luego tienen ciertas conductas sociales comparables a las de las personas con autismo.

Seres emocionales

Charles Darwin, biólogo británico que sentó las bases de la teoría de la evolución de las especies, ya describió la enorme capacidad de los recién nacidos para expresar fácilmente todo tipo de emociones: desde el placer hasta el enfado, el miedo, la alegría o la pena. Pero además de esta capacidad facialmente todo tipo de emociones: desde el placer hasta el enfado, el mido, la alegría o la pena. Pero además de esta capacidad tan significativa que tienen para exteriorizar cómo se sienten, también pueden percibir las emociones con notable precisión y reaccionan inmediatamente a las que sienten en su entorno más cercano.

Durante las primeras dos semanas de vida, los bebés sonríen mientras duermen: es la denominada sonrisa endógena. Si además observamos que mueven rápidamente los ojos, tanto si están cerrados como semiabiertos, es que están en la fase REM del sueño, que es la que se asocia con la producción de los sueños. A partir de las seis o siete semanas de vida, la sonrisa cambia y se produce en respuesta a estímulos de interacción.

Lenguaje no verbal

Por supuesto, a nivel sensorial, los bebés perciben el dolor y el placer, sienten y padecen, algo que se negó durante mucho tiempo, hasta tal punto que se llegaba a intervenir quirúrgicamente a los bebés sin anestesia, y de eso no hace tanto tiempo, hablamos de mediados de los años 80.

Por otro lado, hasta casi los tres primeros años de vida domina el hemisferio derecho del cerebro, y solo después de la adquisición del lenguaje, el izquierdo pasa a tomar las riendas. ¿Qué significado tiene este dato? Muy sencillo, los bebés están especialmente dotados para percibir el lenguaje no verbal y las emociones, y necesitan sentirlas e integrarlas con la ayuda de sus figuras de apego para regularlas antes de empezar a hablar.

En el pediatra

Es importante tener en cuenta estas capacidades, sobre todo a la hora de atender su salud, ya sea en la consulta del pediatra o si están hospitalizados. Si hay que explorarlos, o hacerles algún procedimiento o intervención, es muy importante que la madre o el padre se lo expliquen con sus palabras. Por ejemplo, si el pediatra se acerca con calma al bebé de pocos días para hacerle un reconocimiento, le habla, le pide a la madre o al padre que lo ayuden a desvestirlo…, es altamente probable que este se deje explorar tranquilamente y hasta parezca disfrutar de la situación. Por el contrario, si el pediatra se acerca nervioso, no le habla, lo explora en silencio o bruscamente y recordando el enfado que tiene con su jefe…, es bastante posible que el bebé llore y llore, y siga llorando incluso después de que el médico se haya ido.

En las hospitalizaciones, además de favorecer el contacto piel con piel de los cuidados canguro y que los bebés estén siempre acompañados por los padres, también puede ayudarlos a relajarse el hecho de que la madre les deje una prenda de algodón que haya llevado puesta y guarde su olor, cuando los padres deban ausentarse.

Dra. Ibone Olza

Algunas veces es difícil detectarlo, sobre todo en los bebés que no hablan. Pero si al tocarles la oreja llorar y vuelven la cabeza, todo apunta a que esta es la causa de su malestar.

Todos hemos experimentado dolor alguna vez en nuestra vida, y sabemos la inquietud que causa y la incapacidad que tenemos en esas circunstancias para actuar con normalidad. Porque en el dolor hay dos aspectos que se vehiculizan a través del sistema nervioso: la lesión en los tejidos, que produce una experiencia sensorial, y la experiencia emocional, que es subjetiva.

Si el oído es el afectado, provoca uno de los dolores más difíciles de soportar. Los padres hemos pasado por ello, y cuando sospechamos que nuestro hijo puede tenerlo, la angustia y la pesadumbre se potencian porque, en muchas ocasiones, no sabemos cómo calmarlo.

La otalgia (dolor de oídos) es una causa de consulta frecuente. Conocer algunos aspectos del dolor nos permitirá entender el proceso y poder aplicar medidas para que los niños puedan sobrellevarlo de la mejor manera posible.

Dependiendo de la edad que tengan, nuestros hijos nos ayudarán a manejar la situación, o al menos, a detectarla. Cuando son mayores y saben diferenciar dónde les molesta, ponen su mano en la oreja y nos dicen: «Me duele», o si son más pequeños, «Pupa» o la palabra que usen habitualmente para designar el dolor.

Si son lactantes o aún no hablan, expresan el dolor llorando intensamente o mostrándose muy inquietos, sin apenas momentos de relajación. Parece que nada los pueda tranquilizar. Localizar bien el dolor es importante. De hecho, es un saber popular que se ha perdido: las abuelas de antes sabían que, al apretar una parte concreta de la oreja, el dolor se agudizaba. Esta maniobra de realizar presiones alrededor del oído es lo que los médicos llamamos «signo del trago». El trago es el cartílago con forma de media luna que tenemos en la parte externa de la oreja, el cual se extiende hacia el conducto auditivo externo, que llega hasta el tímpano. Es esta conexión la que hace que se tengan una mayor sensación de dolor, y por eso, al presionar esta zona de la oreja, haciendo que se mueva el cartílago, si duele, significa que hay alguna parte interna que está inflamada.

Medidas inmediatas

Seguramente, las madres cuyos hijos padecen dolor de oído con frecuencia ya tienen claro qué hacer. Como cualquier dolor sin lesión o causa importante, lo primero que debemos hacer es intentar aliviarlo.

Los analgésicos orales más utilizados en estos casos son el paracetamol y el ibuprofeno. El primero se da a los bebés pequeños y el ibuprofeno se deja para cuando ya son más mayores. En cuanto a las dosis, se administrarán las que recomienda habitualmente el pediatra.

Los tratamientos locales en forma de gotas los receta el médico después de analizar la situación. En algunas ocasiones, los especialistas en otorrinolaringología y los pediatras recomendamos gotas externas, una vez ya hemos constatado que el tímpano está intacto, y en el caso de que esté perforado, valorando el riesgo-beneficio del tratamiento. En ningún caso, se administran las gotas sin prescripción médica, ya que corremos el riesgo de arrastras hacia el interior del oído las sustancias y la suciedad que estén en la salida del conducto auditivo, propiciando una infección en esta parte y una otitis externa. Cuando el tímpano está perforado, aumentan las posibilidades de que el cerumen y los contaminantes lleguen al oído medio. Antes de que existieran los medicamentos analgésicos para tratar el dolor, se recurría de forma sistemática a otras técnicas como aplicar calor en la zona afectada (con una toalla, por ejemplo). Durante años también se ha optado por colocar un poco de algodón en la entrada del oído y se han utilizado gorros para mantener la zona afectada caliente. Incluso en determinados grupos culturales se creían en el poder curativo de la leche materna, y era habitual que se la pusieran a los lactantes que sentían dolor, como si de las gotas actuales se tratara. Cualquiera de estas medidas es muy posible que tengan algún efecto positivo en los niños, pero hasta el momento no ha sido estudiado, de manera que no se pueden recomendar de forma rutinaria.

Identificar la causa

Una vez calmado el dolor, hay que ver cuál es su origen. Aun así, si el niño se ha tranquilizado y no demuestra sentir más molestias, no es necesario acudir a un servicio de urgencias. Si vuelve a mamar con normalidad, no tiene fiebre ni otros síntomas, desplazarse a un centro sanitario a las tres de la madrugada, con frío y dispuestos a esperar, no tiene mucho sentido. El diagnóstico se puede completar con una horas de demora, sin ningún problema. No obstante, identificar la causa del dolor y aplica el tratamiento adecuado -en el caso de encontrar una razón que lo precisara- es imprescindible. En muchas ocasiones, no existirá patología alguna, pero hay que confirmarlo para evitar que el niño corra riesgos innecesarios. El dolor de oídos es un síntoma y debemos abordarlo como lo que realmente es, una señal del cuerpo que nos indica que algo está ocurriendo, aunque no tiene por qué ser nada importante.

Demasiado cerumen o mucosidad

Una de las causas más recurrentes de este tipo de dolor tan molesto suele ser una obstrucción del oído, ya sea provocada por un exceso de cerumen o de mucosidad. La molestia que origina, sin ser aguda, puede llegar a ser fuerte e importante. Por lo general, después de tener la sensación de que el oído está taponado, se empieza a notar una disminución de la capacidad auditiva, así como una molestia que no cesa. Como ya he comentado, existen dos tipos de obstrucción, cuyo origen, aunque manifiesten síntomas parecidos, es totalmente diferente.

  • Obstrucción externa. Se debe a un tapón de cera que el oído produce de forma fisiológica e implica un malestar periódico, ya que se repite a menudo. Limpiar la zona con bastoncillos empeora la situación, porque se puede empujar el cerumen hacia el interior del oído, y según como se haga esta maniobra se puede lesionar la piel y provocar una otitis externa. En ocasiones, esta cera de color rojizo se elimina de forma natural, coincidiendo con aumentos de temperatura del organismo. La molestia desaparece y se recupera la buena audición.
  • Obstrucción interna. Los resfriados frecuentes y la mucosidad pueden producir una obstrucción de la trompa de Eustaquio, que es un canal pequeño que une el oído medio con la parte trasera de la nariz. En esta casos también aparece un malestar que puede convertirse en un dolor intenso si persiste mucho tiempo. Al no poder entrar aire en el oído medio, se produce una sensación de taponamiento parecida a la que sentimos cuando despega o aterriza un avión, o vamos en coche por un puerto de montaña. Si el taponamiento persiste y no entra aire en el oído medio, el tímpano se retrae, llegando incluso a inflamarse y a provocar un dolor intenso. También en este caso se produce una disminución de la audición. Con lavados de nariz o mediante acciones que ayudan a abrir la trompa de Eustaquio -como masticar o mamar-, el aire entra en el oído medio, desaparece la sintomatología y se mejora la audición.

Sea cual sea el origen, recordemos que el dolor de oído puede afectar al descanso de nuestro hijo, a su alimentación y a su actividad diaria. Reducirlo o eliminarlo siempre es la prioridad.

Dr. Luis Ruiz

Cuanta más leche toman los bebés, más produce el cuerpo, así que conseguir una lactancia exitosa y prolongada pasa por disponer de apoyo emocional y de ayuda con las tareas de la vida cotidiana.

Un embarazo siempre supone una alegría y una pequeña revolución en la vida de los padres, así como un sinfín de dudas, inquietudes y decisiones que hay que ir tomando a lo largo de los meses previos al nacimiento del bebé. Si en la primera ecografía el ginecólogo nos dice que vienen dos en lugar de uno, la alegría se multiplica…, y también las preocupaciones y las dudas de si seremos  capaces de poder criarlos todo lo bien que deseamos. En este caso, la necesidad de tener más información se eleva a la enésima potencia. La posibilidad de gestar gemelos de forma natural se da en uno de cada 85 embarazos, y el número aumenta hasta 7.500 si hablamos de trillizos. En cambio, en los últimos tiempos, esta cifra ha aumentado debido  los tratamientos de fertilidad. Cada vez se tienen los hijos más tarde, y esto obliga a las mujeres a recurrir a los avances de la ciencia. Pero, sea como sea, que se haya producido la fecundación, al enterarse de la noticia es normal hacerse ciertas preguntas: «¿El parto será diferente?», «¿Podré dar a luz de forma natural?», «¿Seré capaz de amamantar a los dos?», «¿A los tres?».

Centrándonos en la lactancia materna, es frecuente que la mujer que está dando el pecho a un hijo y que se encuentre en esta situación se cuestione si un nuevo embarazo es compatible con seguir amamantando al que a partir de entonces ya es el hermano mayor. Se preguntará si será perjudicial para él, para los gemelos que están de camino o para ella misma, así como también le surgirán dudas sobre si será conveniente alimentarlos a todos con su leche después del parto en el caso de que el mayor aún no haya querido destetarse.

Lactar a más de un bebé

Pues sí que es posible, pero cada situación tiene sus peculiaridades:

  • Lactancia en tándem, o lo que es lo mismo, cuando nace el bebé y el hermano mayor sigue mamando. Lejos de ser un problema, en muchas ocasiones beneficia al recién nacido, porque la lactancia ya está bien establecida, hay leche abundante desde el inicio y la producción es más fácil. Por regla general, el hermano mayor tiene una succión adecuada y vacía el pecho de tal forma que el bebé se encuentra que la leche sale fácilmente. Si los recién nacidos son dos, la situación puede complicarse por la sincronización de tiempos, pero no por la producción de leche, que se adecua a la demanda. En cualquier caso, las madres que la practican no tienen la gran duda de las primerizas sobre si tendrán suficiente leche para sus hijos.
  • Lactancia de gemelos y madre sin experiencia en dar el pecho. Esta situación es más difícil, pero con el apoyo adecuado se puede conseguir. Lo cierto es que estas mujeres no solo se encuentran con las dificultades propias de atender a dos bebés al mismo tiempo o de encontrar la mejor posición para dar el pecho, sobre todo si han tenido una cesárea o desean amamantar a los dos a la vez, sino que, a menudo, también se enfrentan a otras circunstancias relacionadas con el nacimiento (bajo peso del bebé al nacer, prematuridad, ictericia…). Y a todo esto puede sumarse la presión de la familia si dudan de la capacidad de la madre para dar el pecho a los gemelos.

Dudas frecuentes

Como ya he comentado, saber que estamos esperando gemelos supone abrirse a un mundo nuevo lleno de preguntas. Estas son algunas de las más habituales:

Han nacido antes de tiempo, ¿necesitan cuidados especiales? Con frecuencia, en los embarazos múltiples se dan casos de prematuridad o de bajo peso al nacer porque, entre otras razones, los bebés suelen nacer mediante cesáreas programadas. Además, y a pesar de que las instituciones oficiales recomiendan que la madre permanezca en contacto piel con piel con sus hijos, si la salud de todos lo permite, lo más habitual es que los bebés sean separados de su madre. En estos casos, es muy importante que la madre se saque el calostro para que se lo den a los niños. De este modo, al menos podrán disfrutar de la protección que les ofrece la gran cantidad de anticuerpos que contienen esos escasos mililitros de la primera leche que produce el pecho.

Pero, en cuanto sea posible, es preferible que la madre practique los cuidados canguro (contacto piel con piel) con sus hijos, porque favorece el vínculo entre ellos y, al mismo tiempo, le hace generar todavía más cantidad de leche. ¿Y esto cómo es posible? Pues porque el contacto aumenta la producción de oxitocina, una hormona implicada en la lactancia.

¿Tendré bastante leche? La naturaleza ha hecho a las madres muy generosas, tanto que no solo tienen alimento para dos o tres niños, sino que algunas pueden amamantar incluso a más.

Y esto no es ninguna excepción, hay literatura científica que recoge datos de mujeres que han amamantado a gemelos, a hijos de distintas edades, e incluso a trillizos. Es más, existen documentos donde se puede leer que hay madres de trillizos que han llegado a producir más de dos litros y medio de leche diarios, así como de mujeres en esta situación que han dado el pecho a sus hijos durante mucho tiempo. Es evidente que para conseguirlo precisan mucha ayuda con las tareas de la vida cotidiana, y esta es tan importante como el apoyo moral y emocional que necesitan todas las madres, independientemente del número de hijos que tengan.

Qué es mejor, ¿ponerlos al pecho al mismo tiempo o por separado? Todo dependerá de la práctica, de las preferencias de la madre y de las demandas de cada niño, porque, aun siendo univitelinos (procedentes del mismo óvulo), cada uno tendrá sus propios tiempos. De hecho, puede tener un patrón alimenticio y de succión distinto, por lo que sería bueno pensar en ellos individualmente, sin compararlos y respetando su diferencias.

Lo que sí es cierto es que, poniéndolos a la vez al pecho, seguramente la madre conseguirá más tiempo para otras cosas. Pero no todo son ventajas, porque las posiciones que se necesitan, así como las dificultades que se tienen al principio para manejarlos, harán que seguramente en cada se pueda hacer, mientras que en la calle o de visita en según qué lugares haya que buscar otras alternativas.

Como siempre que se da el pecho, se tiene que encontrar la manera más adecuada de cogerlos, para que puedan agarrase correctamente. Parece banal, pero de algo tan simple depende que los niños se alimenten adecuadamente, y que la mujer no tenga molestias físicas ni complicaciones más importantes, como las temidas grietas en el pezón. Además, cuando son gemelos, si la madre sufre una lesión en el pecho, no lo podrá dejar reposar para que se recupere, así que es esencial buscar ayuda a la más mínima molestia para mejorar el agarre de los bebés.

¿Y si son prematuros y necesitan alimentación vía intravenosa? En ese caso, igualmente hay que sacarse el calostro y la leche, y congelarlo. Luego, cuando ya toleren el alimento, se les administrará por sonda en orden cronológico de extracción: primero, el calostro, y, a continuación, la leche que se haya ido almacenando.

Una vez ya pueden mamar, aunque lo más probable es que para entonces la cantidad que produzca la mujer ya sea suficiente, se les puede dar la leche guardada y, además, se les ofrecerá el pecho. Una situación que puede dificultar la lactancia materna es que no reciban el alta médica el mismo día. En estos casos, el protocolo del hospital jugará un papel determinante. En principio, las unidades de neonatología deberían tener las puertas abiertas 24 horas al día, tal y como lo recoge la guía Cuidados desde el nacimiento, editada por el Ministerio de Sanidad. Este documento se basa en la evidencia científica que ha podido observar los beneficios que suponen para los bebés, sobre todo para los prematuros o para aquellos que están enfermos, el permanecer en contacto piel con piel con su madre el mayor tiempo posible. Pero para poder ponerlo en práctica cuando los niños están ingresados es imprescindible que los padres tengan acceso libre a ellos, así no solo podrán ofrecerles los cuidados madre canguro, sino que también se verá favorecida la lactancia a demanda. En el caso de que, por la razón que sea, no se pudiera tocar al bebé, aun así se puede sacar la leche para que se la den en cuanto sea posible.

Buscar apoyo

El puerperio es para vivirlo en compañía, y cuando se tiene un parto múltiple, con más razón. Entrar en contacto con grupos de apoyo a la lactancia materna, incluso antes del parto, no solo aumentará las posibilidades de tener una lactancia exitosa y prologada, sino que también servirá para sentirse acompañada. Algunas asociaciones están especializadas en lactancias múltiples, y en sus reuniones es fácil encontrarse con madres de gemelos o trillizos que ya han pasado por esta misma situación. Conocer sus experiencias puede resultar de gran ayuda.

Dr. Luis Ruiz

El contacto piel con piel es esencial para los bebés, sobre todo para los prematuros que verán reducida su estancia en el hospital.

¿Qué es?

Los cuidados madre canguro consisten en que madre e hijo estén en contacto piel con piel ininterrumpidamente, reforzando de este modo el vínculo afectivo entre ambos. Esta práctica se basa en el principio de que los recién nacidos no deben separarse de sus madres. Los beneficios que ofrecen aún son muy importantes en los prematuros, para los que no hay mejor incubadora que el calor del cuerpo de su madre, o de su padre, si por algo la mujer no pudiera hacerlo.

¿En qué consiste?

El bebé se coloca entre los pechos de la madre, en posición manita, con la cabeza ligeramente extendida para poder mantener abiertas las vías respiratorias.

En el paritorio, nada más nacer, se dejará al bebé descansar sobre el pecho desnudo de la madre. Así, en contacto piel con piel, mantendrá la temperatura corporal y podrá realizar el agarre espontáneo al pecho. Que la lactancia materna tenga un inicio natural y respetuoso suele aumentar las posibilidades de que esta sea placentera para ambos y prolongada en el tiempo.

En el hospital o en casa, los padres irán aseados, pero sin perfume, y en el caso de las mujeres, sin sujetador. Se buscará la posición más cómoda, tanto para la madre o el padre como para el bebé, así como un ambiente tranquilo con temperatura agradable.

El bebé estará desnudo, solamente llevará puesto el pañal y un gorrito, porque el calor que le aporta el cuerpo de sus padres es suficiente.

¿Cuánto tiempo debe practicarse?

Se recomienda permanecer en esta posición durante 50 minutos, siendo preferible prolongarlo hasta más de dos horas al día.

Evidentemente, requiere una predisposición para hacerlo por parte de los padres, y un buen estado de salud, especialmente de la madre, la cual, según cómo haya sido su parto, puede que tengan secuelas que le impidan hacerlo.

También se aconseja mantenerlo el máximo tiempo posible, hasta el año a poder ser, sobre todo en bebés prematuros, porque es el plazo suficiente para corregir alteraciones auditivas, visuales o de neurodesarrollo que el bebé haya podido sufrir.

¿Qué le aporta al bebé?

Estos niños estabilizan sus constantes vitales (ritmo cardíaco, respiratorio, temperatura corporal, glucemia, estimulación inmunológico, tolerancia al dolor…) antes que aquellos que están en la incubadora, porque las acompasan con las de su madre.

La lactancia materna también se ve favorecida, porque el contacto piel con piel promueve la producción de leche. Además, en esta posición, los bebés pueden mamar mejor y más a menudo.

En cuanto al sistema inmune, de la leche materna obtienen, además de anticuerpos, una gran cantidad de elementos que los protegen. Y es que lo niños que fueron amamantados y tuvieron un mayor contacto piel con piel suelen tener menos problemas de salud en un futuro.

En esta posición, también están más relajados, haciendo que sus hormonas preparen el estómago para una mejor absorción de alimento, y lo que se traduce en una mayor ganancia de peso.

Al reducir la sobreexcitación, los periodos de sueño y su desarrollo neurológico se ven igualmente favorecidos.

En contacto piel con piel, lloran menos, lo que disminuye el nivel de hormonas del estrés. Así, establecerán fácilmente el vínculo de apego con la madre que a la larga supondrá una mayor estabilidad emocional.

¿Cómo favorece a los prematuros?

Esta técnica permite brindar a los recién nacidos prematuros y de bajo peso al nacer las condiciones óptimas para su adecuado desarrollo.

El calor corporal favorece el vínculo materno/paterno con su hijo y facilita la lactancia materna.

Este contacto se puede hacer mientras el niño permanece ingresado si el hospital lo permite. La Organización Mundial de la Salud lo recomienda, e incluso ha elaborado una guía dirigida a lo profesionales que tratan con este tipo de recién nacidos.

La posición vertical los ayuda a regular la respiración, a la vez que se disminuyen el número de apneas.

Favorece el tránsito intestinal, con lo que se reducen los episodios de reflujo gastroesofágico (vómitos) y facilita una mejor digestión.

Disminuye la actividad motora y muscular, favoreciendo el ahorro energético y, en consecuencia, el aumento de peso.

Fortalece su sistema inmune, lo que le evita sufrir posibles infecciones hospitalarias.

Disminuye el tiempo que necesitan estar ingresados.

Dr. Ruth García

¿Tu pequeño tiene una tos seca y ronca y notas que al respirar emite una especie de silbido? Son los síntomas de una afección llamada crup que el pediatra te explicará cómo tenéis que solucionar.

Desde hace unos días notas que tu bebé se siente mal, tiene mocos y quizá algo de fiebre y presenta dos síntomas distintos a los de un simple catarro: por una parte, una tos perruna muy llamativa y que se acentúa cuando el niño está tumbado; y por otra, una especie de silbido que aparece al coger y soltar aire (medicamento se denomina estridor). Llévale al pediatra para que te lo confirme, pero te adelantamos que lo más probable es que te diga que sufre crup, una afección de las vías respiratorias altas (garganta y laringe) que suele surgir después de que el bebé haya sufrido un resfriado y que en la gran mayoría de los casos está causada por un virus.

El tratamiento

El crup, que es más habitual en estaciones como la primavera y el otoño y se acentúa si el pequeño se encuentra en ambientes resecos o con mucha contaminación, ocasiona que las vías respiratorias se inflamen y se estrechen (de ahí ese «silbido» tan característico). Generalmente el problema desaparece cuando se toman las medidas de las que te hablamos más abajo, pero si las pones en práctica y unos días después ves que tu hijo no ha mejorado, vuelve a consultar el tema con el pediatra.

Seguramente le hará una radiografía de tórax para comprobar si el culpable es un virus o hay una bacteria implicada; en este caso le recetará antibiótico. Si no, le mandará antitusivos y antiinflamatorios para aliviar los síntomas y, si las vías aéreas están muy inflamadas, le dará corticoides.

¿Debo preocuparme?

Aunque esta afección suele agobiar a los padres, porque la tos perruna y el estridor resultan alarmantes, lo mejor es mantener la calma y tener claro que son síntomas típicos. Realmente, las situaciones en las que el cuadro es preocupante (cuando las vías respiratorias quedan totalmente obstruidas) son contrarísimas. En estos casos notarás que el niño tiene una fiebre muy alta, los labios amoratados y la tos muy seca. Ante síntomas como estos sí debes llevarle a urgencias, pero recuerda que, como te hemos dicho, es muy raro que aparezcan.

Medidas caseras para aliviar al bebé

Además de seguir las indicaciones del pediatra, pon en práctica estas pautas que han demostrado ser muy eficaces:

  • Eleva el cabecero de su cuna. La tos del niño con crup empeora por las noches, ya que al estar tumbado las vías respiratorias se cierran más y esto hace que el aire circule peor. La solución es poner una almohada bajo el colchón en la zona de la cabeza para elevarlo y hacer que el bebé duerma en posición semihorizontal.
  • Coloca recipientes de agua junto a los radiadores o pon toallas mojadas sobre ellos. De este modo mantendrás húmedo el ambiente del hogar.
  • Ofrece agua al bebé con frecuencia para evitar que las vías respiratorias se queden resecas y contribuir a disolver la mucosidad que queda acumulada.

María Castrillón

¿Ha empezado a ocurrirle de repente? ¿Los vómitos son «en escopeta» justo tras la toma? Puede que tu hijo sufra estenosis hipertrofia de piloto, un problema que exige una visita urgente al médico.

Tu bebé lleva ya dos o tres semanas en casa, come bien y gana peso y tú te sientes mucho más segura a la hora de cuidarlo. Pero de pronto, surge una dificultad: el niño empieza a vomitar después de cada toma, lo hace «en escopeta» (es decir, de golpe y en gran cantidad) y expulsa todo lo que ha comido, quizá acompañado de algo de mucosidad.

No te agobies: lo que le ocurre a tu hijo no es tan infrecuente. Se llama estenosis hipertrófica de piloto, lo que significa que esta zona del estómago, la que lo separa del intestino, es más estrecha de lo normal e impide el paso de los alimentos.

Por qué le sucede

No te culpabilices, no se debe a que estés cuidando mal a tu bebé. En realidad el origen de este problema es congénito y si los vómitos no han aparecido hasta ahora, dos o tres semanas después del nacimiento, es porque el píloro se ha ido estrechando progresivamente. Eso sí que sea congénito no debe impedir que te pongas en marcha ya para solucionarlo. Piensa que si tu hijo pasa tiempo sin tolerar ningún alimento, corre un riesgo importante de sufrir deshidratación y desnutrición. Así que llévale a urgencias para que allí le hagan las pruebas oportunas y determinen si tu pequeño padece estenosis de píloro.

¿Cómo se corrige?

Incluso en el caso de que sea así, no te dejes vencer por el desánimo. Este problema se soluciona mediante una sencilla operación quirúrgica que corrige casi el cien por cien de los casos. La intervención dura una hora, exige anestesia general y seguramente el bebé deberá permanecer hospitalizado unos días. Después todo volverá a la normalidad y tu peque empezará a comer sin problemas, lo que hará que olvides los momentos de preocupación.

Pruebas necesarias

Cuando lleves a tu bebé a urgencias, el médico le hará varios chequeos:

  • Palpará su abdomen: en ocasiones aparece un bulto en la zona.
  • Comprobará su aspectos: si tu hijo sufre estenosis de piloto, estará pálido, llorará mucho y su piel tendrá aspecto seco y descarado.
  • Realizará un contraste (le dará una sustancia para ver si pasa al intestino o no), una radiografía, una erogaría y un análisis de sangre.

Carlota Vallejo

¿Cuándo debes empezar a calzar a tu hijo? ¿Qué tipo de zapatos adquirir? ¿Cómo sabrás si aciertas con la talla? Aquí tienes todas las respuestas y algunos consejos prácticos.

Sandra Sánchez

1.- ¿Cómo deben ser en cada etapa?

Los recién nacidos no precisan llevar zapatos, es buena idea que en casa estén descalzos o con patudos o calcetines para que no se enfríen los pies; y si quieres que el bebé esté muy guapo opta por zapatos de primera puesta, muy blanditos. Más adelante puedes adquirir calzado específico para gatear y hacia el año, cuando empiece a andar, zapatos de primeros pasos. Cuando controle la marcha el abanico de posibilidades se abrirá ante sus pies y podrás elegir la mas adecuada para la actividad que realice: sandalias, botas, deportivas, chanclas…

2.- Diseñados pensando en sus pies

Una norma de oro al elegir los zapatos de tu hijo: deben ser de buena calidad y nunca heredados. Al comprarlos, ten en cuenta que estén fabricados con materiales naturales que sean transpirables. La suela debe ser flexible y antideslizante. Y a partir del año de edad es importante que la plantilla estimula la musculatura del pie, ayudando a su formación.

3.- Trucos para no equivocarte

Cuando vayas a comprar los zapatos a tu hijo llévale contigo para poder probárselos tranquilamente. Lo mejor es hacerlo a última hora de la tarde, cuando el pie está más dilatado, y probárselos en los dos pies, ya que es posible que uno sea algo mayor que el otro. Nunca compres al niño zapatos de una talla mayor para que le duren más tiempo (si lo hicieras, no llevaría los pies bien sujetos y podrían causarle rozaduras).

Y tampoco es conveniente que adquieras más de tres pares a la vez, ya que le quedarán pequeños enseguida.

4.- Consejos que ayudan

  • Cuando el niño empieza a dar sus primeros pasos es preferible elegir un zapato que le dé sujeción al tobillo y le proporcione estabilidad.
  • Durante los dos primeros años de tu hijo debes controlar la medida de sus zapatos; en esta etapa el pie crece de forma más acelerada.
  • Un truco para saber que el zapato es de la medida correcta: comprueba que al ponérselo a tu hijo el talón del pie apoya bien en la parte posterior y que no quedan más de 4 ó 5 milímetros en la puntera.
  • En caso de que el niño lleve zapatos cerrados ponle siempre calcetines, preferiblemente de fibras naturales como el algodón.

Nada como un chupete para calmar el llanto, los nervios, la ansiedad y la necesidad de succión del bebé. Y tiene la gran ventaja de que, a cierta edad, con más o menos colaboración, se puede retirar.

El chupete ayuda al bebé con un instinto de succión, le calma y le reconforta en los momentos previos al sueño y antes de las tomas. Debido a la facilidad con la que lo niños se encariñan de él, conviene tener dos o tres en uso, por si alguno se pierde. Recuerda que hay que cambiarlo cada dos meses, que antes del primer uso todos los chupetes deben ser esterilizados y que lo recomendable es ofrecérselo al bebé cuando esté instaurada la lactancia materna (segundo mes) y mantenerlo hasta el año. A partir de esa edad hay que ir retirándolo progresivamente, hasta que sólo lo use para dormir, e intentar que prescinda de él hacia los 2 años.

Por partes

El chupete está formado por un escudo o disco aireado (para evitar que la piel se irrite por la acción de la baba), por una tetina de látex o de silicona que puede ser plana (o anatómica simétrica) o bien ortodoncia (asimétrica, similar al pecho materno) y por un aro o anilla (los nocturnos no) sujeto a un botón central. Las partes han de estar perfectamente unidas las unas a las otras. Los chupetes deben cumplir la norma EN 1400:2013+A1 y estar libres de BPA (bisphenol A).

Belinda Santamaría

La decisión es personal, por supuesto. Pero si todavía no tienes una postura clara ante el tema, quizá estos argumentos (a favor y en contra) te ayuden a decidirte.

Los motivos para el NO… A lo largo de la mayor parte de la Historia los bebés han dormido juntos sus madres. En parte porque no tenían otra opción y en parte porque les resultaba práctico. La principal razón que aducen los expertos que creen más conveniente que el bebé duerma solo en su cuna (compartiendo o no habitación con los padres) es que el colecho puede suponer un riesgo para su salud: hablan del peligro de «aplastarlo», de que quede atrapado entre las sábanas, de que pase demasiado calor y aumente el riesgo de muerte súbita…

El doctor Juan Casado, por ejemplo, dice en El gran libro de la Pediatría que «en los primeros meses puedes dejarle dormir en tu habitación, pero en su cuna, nunca dentro de tu cama…». Por su parte, la Asociación Española de Pediatría respalda esta idea: «La forma más segura de dormir para los menores de seis meses es en su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres. El colecho es una práctica beneficiosa para el mantenimiento de la lactancia, pero también se considera un factor que aumenta el riesgo de muerte súbita, por lo que no debe ser recomendado en lactantes menores de tres meses».

Y las razones para el SÍ… Los partidos del cohecho aseguran que al dormir en la misma cama que su mamá los niños reciben mayor sensación de seguridad, porque están en contacto con su piel. Y además es estupendo para la lactancia, ya que maman más a menudo, lo que hace que su ciclo de sueño sea algo diferente: los bebés que practican el cohecho pasan menos tiempo en la fase más profunda del sueño, que es cuando parece que existe más riesgo de muerte súbita. Este es el argumento principal de los defensores del colecho cuando se les habla del mayor riesgo de muerte súbita en bebés que duermen con sus padres. Por otro lado, comentan que para las mamás es muy práctico dormir con el bebé, ya que tienen que levantarse menos veces cuando éste las reclama y en la mayoría de las ocasiones pueden calmarlo y seguir durmiendo en seguida. Unicef habla así de esta práctica en su informe junto a la Foundation for the Study of Infant Deaths: «Si está amamantando, lo más probable es que le sea más cómodo dormir con el bebé en la misma cama…»

En todo caso, si practicas el colecho estas precauciones son esenciales:

  • La cama debe ser amplia, el colchón firme y la ropa de cama, la misma para el bebé que para la mamá para asegurar una correcta temperatura. La cabeza del bebé nunca debe quedar cubierta y hay que asegurarse de que no pueda caerse ni verse atrapado entre el colchón y la pared.
  • Las mamás tienen un vínculo con el bebé que, sobre todo al principio, los papás no poseen. Por eso es preferible que si se practica el colecho el bebé se acueste junto a la madre.
  • El colecho está contraindicado si el adulto fuma o toma alcohol o fármacos que causen un sueño pesado.

Sandra Sánchez

Llora más de lo que imaginas, no es tan guapo como esperabas, cuidarlo no resulta tan fácil como creías… Calma, pronto le entenderás y te sentirás feliz.

Después de nueve meses esperando y del agotador parto, por fin estáis en casa con vuestro bebé. Se supone que tendrías que ser la mujer más feliz del mundo y no es así… o no exactamente. «Si preguntas, la mayoría de las madres te dirán que pese a la enorme felicidad, los primeros días son duros y que no se imaginaban que iba a ser tan difícil cuidar del bebé. ¡Se sienten desbordadas! Y a veces con algo de frustración, porque creían que las cosas iban a ser de otro modo», dice la comadrona Imma Sàrries.

Todo tiene explicación. El puerperio es un momento vulnerable, el bebé llora mucho… Te enfrentas a un montón de cosas nuevas, y si a eso le sumas que estás con sueño y recuperándote del parto, es normal que te parezca difícil. Sin embargo, pronto te verás cambiando pañales casi con lo ojos cerrados y el llanto de tu hijo, qué te demanda, dejará de ser un misterio para ti.

Olvídate del bebé que imaginabas, sigue leyendo para descubrir  que la mayoría de las cosas que te agobian tienen explicación y empieza a disfrutar de tu hijo.

Llora mucho

Quizá sí. Los bebés lloran una media de tres horas al día; algunos incluso el doble. Es fácil entender que eso desespere a cualquiera. Llorará cuando tenga hambre, frío, sueño… o quiera vuestros mimos. Por mucho que te angustie, debes entender que es la única forma que tiene de expresarse y comunicarse contigo.

Así que ten paciencia. Poco a poco aprenderás a entender sus lloros y todo será mucho más sencillo. «Y un consejo que siempre doy: olvídate de pensar demasiado, actúa por instinto… ¡funciona!», dice Imma Sàrries.

Algo que agobia mucho es un lloro agudo en el que el bebé parece quedarse sin respiración (por supuesto, eso no pasa). Un truco para cortarlo: soplarle en el triángulo de boca, barbilla y nariz.

Es un poco feúcho…

Tras el parto, tu hijo no es ese bebé sonrosado que esperabas. Es más, tiene algunas rarezas que te sorprenden. Por ejemplo, quizá su cabeza esté apenada y las orejas como dobladas. Es todo completamente normal, responde al proceso del parto y en unos días desaparecerá.

También puede presentar unos granitos rojos (es el acné del recién nacido, totalmente inocuo y se va solo) y la piel un poco amarillenta. Esto último, llamado ictericia, suele verse a partir del tercer día y dura entre 15-20 días. Consúltalo con el pediatra, seguramente te recomendará exponerle a la luz del sol (nunca al sol directo) unos minutos al día. Por último: quizá tenga los genitales enrojecidos y abultados. Es por las hormonas que le has transmitido durante el embarazo y en unos días estarán normales.

No sé cómo dormirle…

Al principio, los bebés tienen unos intervalos de sueño de 2-4 horas. Esto ocurre porque aún no distinguen correctamente entre noche y día. Tenlo presente para elegir la habitación donde ponerle a dormir. En todo caso, colócale boca arriba o de costado (boca abajo está totalmente desaconsejado por la relación de esta posición con el riesgo de muerte súbita) y evita almohadas y edredones. Ten en cuenta que durante la primera fase del sueño muchos bebés mueven los globos oculares, respiran irregularmente, incluso agitan las extremidades… A veces se despiertan ligeramente. no le pasa nada ni está intranquilo, es una fase normal del sueño.

¿Por qué no mira bien?

Puede que al bebé le cueste fijar la mirada, incluso que bizquee un poco. También pasará. Su campo de visión es muy limitado pasados los 25 centímetros; para ayudar a que poco a poco vaya empezando a fijar la mirada, acércate a su carita y sonríele.

Además, quizá presente los ojos rojos e hinchados. Puede estar causado por el esfuerzo del parto (pronto remitirá) o por el lagrimal obstruido. Lo común es que dejen de estarlo espontáneamente en días o semanas. Ah, y ten en cuenta que su color de ojos no es aún el definitivo.

Bañarle no es tan sencillo…

En principio, el procedimiento del baño no es difícil: el agua a 37 grados, la habitación a temperatura agradable, sujetar la cabeza y hombros con una mano y con la otra irle mojando con una esponja y jabón neutro (o solo con agua). El problema es que muchos bebés lloran al contacto con el agua y esto, evidentemente, estresa un poco. Además, es normal que aún no te sientes muy segura de cómo agárrarle… Esto cambiará conforme pasen los días (recuerda que puedes empezar a bañarle aunque no haya perdido el cordón).

Mientras, intenta revertir la situación y convertir esta actividad en un rato de juegos y mimos. Si esto no funciona y el bebé sigue llorando, sácalo. Y no te apures por no haberle bañado a conciencia, ¡seguro que está muy limpio!

… y curarle el cordón, tampoco

El cordón umbilical cae habitualmente una semana después del parto, aunque en algún caso puede tardar hasta 15 ó 20 días. Su cuidado puede parecerte un poco aparatoso, pero al cabo de un par de días lo tendrás dominado. Se trata tan solo de limpiar la herida suavemente con una gasa con agua unas tres veces al día. Después, solo tápala con una gasa finita, para que se seque mejor, vigila que el pañal no la roce y ten clara una cosa: al bebé no le duele lo más mínimo.

¿Me equivoco al vestirle?

Hazlo con prendas fáciles de poner y quitar (tendrás que cambiar el pañal a menudo, así que es mejor ser práctica) y de tejidos naturales para evitar alergias. Uno de los mayores errores que cometemos al vestir al bebé es abrigarle demasiado; algo contraproducente, porque acaba sudando y eso puede resfriarle. Debes saber que muchas veces los bebés tienen los pies y las manos fríos; eso no significa que ellos lo estén. Toca su barriga: si está caliente, todo va bien. Eso sí, cuando salgas, evita corrientes de aire.

¡Creo que se ha resfriado!

«Es normal que durante los primeros días de vida tu pequeño tosa o estornude un poco», explica la comadrona. Pero no significa que esté resfriado, lo hace para despejar las vías respiratorias y acabar de expulsar el poco líquido amniótico que quizá le haya quedado dentro tras el parto. Hay bebés que incluso vomitarán un poco de moco o leche con moco. Entra dentro de la normalidad.

Me parece que no digiere bien

Hay ciertos comportamientos del bebé que pueden llevarte a pensarlo. Por ejemplo, algunas veces regurgita (expulsa un poco de leche) después de la toma. Es algo relativamente común: unas veces está provocado por la inmadurez de su aparato digestivo, otras porque le ha entrado aire (quizá porque ha llorado mucho antes de la toma). Otro ejemplo es el hipo (causado porque su diafragma aún está un poco inmaduro) o las típicas arcadas que los bebés sufren al mamar. Otra vez, nada preocupante. El motivo suele ser que sale mucha leche de golpe y al niño le llega a la campanilla, provocando la arcada. Así que, a menos que algo de lo descrito anteriormente se agudice, no tienes por qué agobiarte.

Sufre cólicos, ¿es culpa mía?

No, por supuesto que no. Los temidos cólicos son una de las dolencias más frecuentes de esta etapa. Aparecen a partir de la tercera semana debidos a la inmadurez del sistema digestivo del bebé. Si ves que de repente tu bebé arranca a llorar de forma aguda e inconsolable con los puños cerrados y el abdomen duro, y que esto empieza a ser habitual, probablemente los sufra, así que consulta con el pediatra.

Los cólicos son un trastorno benigno y desaparecen por sí solos al tercer o cuarto mes de vida. Lo malo es que, aunque existen algunos remedios paliativos, como darle masajes o revisar tu dieta (en ocasiones eliminar la lactosa mejora la dolencia), en realidad poco podrás hacer para evitarlos. «Hay que esperar a que pase el tiempo necesario para que el sistema digestivo del niño madure. Aunque esperar es desesperar, claro», dice la matrona.

Creo que se siente incómodo

Quizá tu pequeño adopte posturas o haga movimientos que te parezcan extraños. Durante los primeros días los bebés suelen seguir en posición fetal, con los puños apretados y los brazos y piernas encogidos. Como si aún estuviera en tu barriga, ¿verdad? No te preocupes porque no significa que esté incómodo, simplemente es eso, aún tiene que dejar ciertas «costumbres» y poses que tenía durante la gestación.

Algo que sí debes hacer es cambiarle de posición de vez en cuando, porque él todavía no puede hacerlo y así evitas que se le enrojezca esa zona. Otra advertencia es que los bebés se sobresaltan fácilmente. Esto es porque aún se sienten un tanto inseguros en el «exterior». Pronto pasará.

Di adiós a la inseguridad

Seguramente ésta sea la etapa de tu vida en la que recibas más consejos. Todo el mundo opina y eso puede hacer que te sientas confusa. La solución: escúchate a ti y a tu hijo y no dudes de tus capacidades. La comadrona lo explica así: «Si a una madre le das confianza, no se equivoca; siempre hace lo que su bebé necesita».

Gemma Cardona


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