Escuela de Padres

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Detectar de forma precoz trastornos metabólicos congénitos es clave para tratar esas enfermedades en fases iniciales. Ahora, con solo una muestra de orina se pueden descubrir más de 100 desórdenes metabólicos.

Nada importa más a unos padres que la salud de su recién nacido. En sus primeros días es posible detectar una serie de enfermedades metabólicas de origen genético que, con un tratamiento adecuado, le permitirán tener una buena calidad de vida.

¿Qué son las metabolopatías hereditarias?

Son un amplio y heterogéneo grupo de enfermedades producidas por un defecto genético que ocasiona unas alteraciones bioquímicas en la sangre y en la orina que son las responsables de las manifestaciones clínicas.

¿Cuáles son las características comunes?

Son enfermedades muy raras, algunas de ellas altamente incapacitaste y con riesgo, incluso, de mortalidad. Su incidencia es inferior a un niño por cada 2.000 recién nacidos. No todas son igual de graves, pero en general, cuanto más precoz es el inicio, más grave es la enfermedad. Al ser hereditarias, se transmiten de padres a hijos, pero como son genes recesos, es posible que dos padres que no presentan signos de la patología la transmitan a su descendencia. Son enfermedades heterogéneas, diferentes y variadas, porque pueden ser muchas las alteraciones bioquímicas que se producen.

¿Por qué es importante el diagnóstico precoz?

Al tratarse de enfermedades genéticas, están ya presentes en los primeros momentos de la vida (aunque muchas de ellas no tienen síntomas en los primeros días), lo que nos permite hacer un diagnóstico precoz antes de que exista ningún síntoma mediante técnicas de cribado neonatal. El diagnóstico de estas enfermedades, al ser hereditarias, permite que se eviten en nuevos embarazos, con el adecuado consejo genético a las familias. De esta manera, se puede conseguir que esta patología no aparezca en el ámbito familiar.

Test de orina frente a prueba del talón

La prueba del talón del recién nacido, que se realiza impregnando con su sangre un papel absorbente especial en las primeras horas de vida, es la técnica que se emplea habitualmente. Tiene como inconveniente que se necesita una punción que produce dolor y que se puede infectar y, en muchos casos, se necesita una doble extracción. Los avances tecnológicos en el cribado de enfermedades metabólicas permiten realizar estos test con una muestra de orina. Su precisión es aún mejor, y ofrece detectar un mayor número de enfermedades metabólicas sin necesidad de realizar un pinchazo al niño. El nuevo Test Verity de Genoma combina la tecnología de Cromatografía de Gases y Espectrometría de Masas para permitir la detección de 111 desórdenes metabólicos con solo una muestra de orina.

Sabemos que los bebés se alimentan y crecen felices no solamente gracias a la comida, sino que también se nutren del contacto directo piel con piel, de amor y de cariño, de la comunicación estrecha que comparten con nosotros. Pero, a veces, el día pasa deprisa y hemos estado tan ajetreados que apenas hemos tenido tiempo de mirarlo a los ojos. Es esa misma prisa la que, en algunas ocasiones, nos lleva a olvidar el enorme valor que tiene ese contacto cercano, esa nutrición afectiva… ¿Por qué no aprovechar cuando le cambiamos el pañal para detener unos minutos el reloj y pararnos, al fin, frente a nuestro hijo, con toda nuestra presencia? Con nuestros ojos, nuestra sonrisa, nuestra voz y nuestras manos totalmente disponibles, esas manos que le proporcionan la seguridad emocional que necesita para crecer en armonía.

Cuidar los detalles

Es importante tener todo lo necesario a mano (el nuevo pañal, las toallas…) y asegurarnos de que la estancia esté caldeada, sobre todo si estamos en esta época del año que hace tanto frío. Cuidar esos detalles será clave para mantener el bienestar del pequeño, sin tener que interrumpir bruscamente esos instantes y pudiendo alargar nutritivamente el a veces mecánico «cambio del pañal», siendo capaces de convertirlo en unos instantes de unión, complicidad, placer…

Si disponemos de tiempo suficiente como para dedicarle un ratito de caricias, nos quitaremos el reloj, los anillos y las pulseras, e intentaremos calentarnos las manos con unas friegas antes de tocar directamente su piel. Podemos usar un aceite de almendras o de caléndula, a poder ser ecológicos, o bien otras cremas que consideremos adecuadas para la piel de nuestro hijo, pero nuestras manos será igualmente bienvenidas si no usamos producto alguno.

El tacto es un poderoso medio para el desarrollo fisiológico, psicológico y emocional del bebé. Es un nutrientes que beneficia tanto al bebé como a nosotros, porque estimula y fortalece el vínculo establecido, así como la escucha mutua.

También podemos aprovechar para compartir con nuestro hijo lo que justo en ese momento deseamos expresarle, desde contarle por qué hoy nos sentimos de esa determinada manera o si algo nos inquieta hasta realizar cómicas interacciones acerca de lo que nos gusta esa sonrisa, ese piececito o esa barrigota… Esto solo son ideas. Tú, como cada madre, encontrarás aquella manera en la que te sientas más cómoda; será única y maravillosa, será vuestro propio modo de compartir la intimidad de esa situación.

Respetar sus deseos

Es importante que antes de empezar le pidamos permiso preguntándole si nos deja hacerle un amasijo en las zonas que vamos indicando con nuestros dedos. Observando su respuesta sabremos si le apetece y nos da permiso, si está cansado o si justo entonces necesita otra cosa, como mamar o que lo cojamos aúpa. Las respuestas pueden parecernos sutiles al principio: un bostezo, vuelve la cabeza, una mirada hacia otro lugar… cuando no se siente muy receptivo.  Sin embargo, nos muestra una leve sonrisa o una mirada fija cuando está disponible…

Estas son buenas oportunidades para cultivar en nuestro hijo el respeto profundo por su propio cuerpo, la comunicación cercana y el vínculo entre nosotros.

Por fin ha nacido tu hijo y nada te gusta más que estar con él, pero también debes cuidarte a ti misma y recuperar tu ánimo, tu energía y tu figura para sentirte guapa. ¡Manos a la obra! Tienes tres objetivos: fortalecer la zona del suelo pélvico, aplanar y tonificar el abdomen y movilizar y poner a tono todo el cuerpo, favoreciendo la circulación venosa y perdiendo esos kilos y centímetros que te sobran.

En el hospital

Desde el primer día te pedirán que te levantes y camines para restablecer la circulación sanguínea. Cuando te sientas segura, camina meciendo a tu bebé. Si has tenido un parto vaginal (en las cesáreas hay que esperar) puedes hacer ya algunos ejercicios en la cama, con tu bebé sobre tu pecho, piel con piel.

  • Haz respiraciones abdominales y torácicas, combinadas en series de cinco.
  • Levanta un brazo y luego el otro, estirando los músculos de hombros y espalda.
  • Pon los pies sobre una almohada y traza círculos con los tobillos en ambos sentidos.
  • Flexiona las piernas y junta las rodillas apretando con fuerza una contra otra. Luego, en esta posición, con las rodillas juntas y flexionales, inclínate a derecha e izquierda; y practica los ejercicios de Kegel (contraer la zona del ano y la vagina 5 segundos y relajar).

Al volver a casa

Tómatelo con calma. Sigue con estos ejercicios tumbada y añade otros: elevar una pierna y luego otra, a las dos a la vez, o hacer pedaleos.

  • De pie, con el bebé en el cambiador, apóyate con las manos (sujeta al bebé), agáchate en cuclillas, pega el culete a los talones, mantente unos segundos conteniendo la respiración e incorpórate. Repite varias veces, hablando al bebé cuando te asomes para sorprenderle.
  • Otro ejercicio estupendo es caminar media hora, cuando saques al bebé de paseo.

No se te ocurra iniciar una rutina más fuerte, especialmente no hagas abdominales, pues podrías originar un problema por forzar una musculatura dañada. Espera hasta que los puntos de la episiotomía hayan cicatrizado y los músculos del abdomen se hayan repuesto y ten en cuenta que tu útero se reducirá solo, de una forma natural (con contracciones llamadas entuertos), que dar el pecho adelgaza. Lo importante es que atiendas a tu pequeño y que descanses y comas bien para recuperar fuerzas.

Tras la cuarentena

Una vez aprobada con buena nota la revisión postrado (o cuando te hayas recuperado de la cesárea) y con el permiso de tu médico, ya puedes iniciar la tabla que te proponemos. Para hacer con tu hijo deberás esperar un poco, hasta que haya fortalecido su cuello y sea capaz de sostener perfectamente la cabeza.

Lo importante al hacerla es que seas constante, porque un esfuerzo aislado no sirve de nada, y que aumentes poco a poco la intensidad, la duración y el número de repeticiones. Empieza por 5 en cada ejercicio, sube a 10 en un par de semanas y llega a 15 al cabo de un mes. Así habrás pasado de completar la tabla en 10 minutos a hacerla durante media hora.

De pie: trabajar brazos y hombros

Sujeta a tu bebé por las axilas y sitúale frente a tu pecho. estirando los brazos. Coge aire y, mientras lo vas expulsando, elévalo muy lentamente hasta situarlo más arriba de tu cabeza. Hazlo jugando, diciéndole cositas cuando esté arriba, inspira aire y bájale otra vez muy despacio, soltando el aire, hasta meterlo entre tus rodillas. Inspira y, mientras espiras, elévale hasta la posición inicial (tus brazos paralelos al suelo). Repite entre 5 y 15 veces.

De pie: fortalecer las lumbares y las piernas

Tumba a tu bebé en una mantilla en el suelo y colócate sobre él con un pie a cada lado. sube mucho los brazos, toma aire y, al tiempo que lo vas exhalando, inclínate hacia delante doblando la cintura y estirando la espalda, sin flexionar las rodillas, hasta que llegues a tocar y acariciar la carita y el cuerpo de tu hijo. Quédate unos instantes ahí, balanceándote y acariciándole sólo por un costado y en la siguiente repetición, por el otro. Repite en cada lado las veces que hayas establecido (entre 5 y 15). Esto es importante por una razón científica: la repetición rítmica y continuada de un ejercicio tonifica el músculo, pero durante un esfuerzo corto el organismo quema la energía más rápida, los azúcares, y para quemar grasas hay que mantener el gasto energético durante 25 minutos por lo menos. Es en los últimos minutos cuando pierdes grasa.

Sentada: Estirar la espalda

Siéntate en el borde de la cama, estira las piernas juntas y sienta al bebé sobre tus empeines, sujetándole muy bien con tus manos. Pon tu cabeza junto a tus rodillas y toma aire. Ahora, al tiempo que lo vas expulsando, incorpórate subiendo al bebé hasta tus rodillas, sin doblar éstas, y haz fuerza para poner la espalda todo lo recta que puedas. Mantén la apnea, vuelve a coger aire y, espirando, haz descender al bebé por tus piernas hasta la posición inicial. Realiza varias repeticiones.

Sentada: Tonificar cintura y costados

En la posición de sastre, con la espalda recta y el bebé en tu regazo, sujétalo con el brazo derecho, levanta el brazo izquierdo, toma aire e inclina el cuerpo a la derecha, estirando todo lo que puedas los músculos del costado izquierdo y espirando. Mantén la tensión durante unos 15 segundos y vuelve a la posición inicial. haz 5-15 repeticiones y luego haz las mismas con el otro brazo. Una variante en esta postura es estirar una pierna y dirigir hacia ella el brazo que levantas, el del otro costado, apuntando con los dedos de la mano a los dedos del pie.

A gatas: Espalda y movimiento pélvico

Ponte a gatas apoyando en el suelo las rodillas (separadas) yt las palmas de las manos, con el bebé tumbado entre éstas. Haz alternativamente la postura del gato contento (cabeza alta, espalda curvada hacia abajo, glúteos apretados) y la del gato enfadado (mentón pegado al pecho, espalda arqueada, glúteos apretados). En ambas posturas, desplaza el tronco hacia delante y aprovecha para hablar, sonreír o acariciar con tu pelo a tu bebé, y luego hacia atrás, hasta apoyar las nalgas sobre los talones. ¡Mueve la pelvis!

Tumbada boca arriba: Suelo pélvico y otros músculos

Pon al bebé sentado o tumbado sobre tu vientre, acaríciale, flexiona las rodillas, apoya bien las plantas de los pies y eleva la pelvis y la espalda (tu apoyo son los hombres y la nuca), manteniendo la tensión unos 15 segundos mientras exhalas el aire. Haz tus repeticiones (entre 5 y 15). Otra variante es hacerlo sujetando una pelota entre tus rodillas. Además de la pelvis, con esta postura se tensiones varios grupos musculares: abdomen, glúteos, isquiotibiales, espalda, hombros y nuca.

Tumbada de lado: Piernas, cintura y abductores

Échate junto a tu bebé, apoya un codo en el suelo para reposar tu cabeza  en esa mano y deja la otra mano libre para acariciar a tu hijo. Flexional la pierna que queda debajo y estira y levanta mucho la que está arriba. Con estas series se fortalecen piernas y cintura. Otra variante de este ejercicio, para reforzar los abductores: flexiona la pierna que está arriba, estira la de abajo y eleva ésta cuanto puedas. Después realiza las mismas repeticiones tumbada sobre el otro costado.

Tumbada boca arriba: Relajación

Para terminar tu gimnasia a dúo con tu bebé, túmbate con el peque acostado boca abajo sobre tu vientre o sobre tu pecho, cierra los ojos para concentrarte mejor y, al tiempo que le acaricias la espalda y la cabecita, haz varias respiraciones profundas. Relájate. El tambor de tu corazón también relajará a tu pequeño.

Cómo hacer los ejercicios

El momento ideal para realizar esta rutina es cuando tu bebé esté despierto y tranquilo (sin hambre, ni cólicos, ni el pañal sucio…); seguro que pronto podrás ya anticipar esos espacios de tiempo. Ponte ropa cómoda de tejidos naturales, busca un espacio para aislarte con el niño, pon música relajan si te apetece…

Y recuerda: al iniciar cada ejercicio debes llenar de aire tus pulmones; después ve soltándolo durante el esfuerzo, mantente unos segundos en tensión y en apnea (sin respirar) y vuelve a coger aire al tiempo que te relajas. Al finalizar cada serie de repeticiones tienes que hacer una respiración profunda para oxigenar los músculos que se han esforzado.

¿Qué? ¿Te animas a practicar esta gimnasia? Te lo pasarás bien, tu bebé también entrenará la movilidad, la musculatura y el equilibrio y tú verás que tu cuerpo te responde con resultados evidentes, que además te elevarán el ánimo.

José Carlos Siegrist

Tu bebé te observa, te analiza y aprende muchísimo de ti. Cada momento del día que le dedicas y cada ocasión en la que interactúas con él es un instante que el niño aprovecha para absorber multitud de experiencias y conocimientos que van a influir en su aprendizaje.

Desde el nacimiento, el bebé sano posee un enorme potencial sensorial preparado par adquirir conocimientos. Sus sentidos están listos para iniciar la exploración del mundo y enviar la información al cerebro para que éste la procese y aprenda. Pero además, cuenta con una increíble curiosidad. Todo ello le va a permitir captar datos del exterior para luego darles sentido y organizarlos.

El roce delicado de un beso, el olor de mamá, el pestañeo de tus ojos, tu voz, la tibieza de la leche…, todo le estimula y le predispone al aprendizaje. El sentido más desarrollado al nacer es el oído y de forma muy temprana el bebé es capaz de identificar las voces familiares, sobre todo la de la madre. Después, la observación adquirirá gran peso en el aprendizaje. Aprovecha cada ocasión para enseñarle.

1.- Buenos días, bebé

Aunque te haya dado mala noche, en su primer contacto con el día y contigo colócate en su campo de visión (entre 25 y 30 cm) y ofrécele una sonrisa. La sonrisa aporta confianza y seguridad, calma los nervios, se contagia con facilidad, recarga el ánimo de energía positiva y dicen los estudiosos que es un mecanismo de unión entre dos mentes.

Si les sonríes, tu bebé aprende que todo va bien, sabe que vas a atender sus necesidades y su angustia disminuye (las erogarías demuestran que el bebé ensaya la sonrisa ya en el interior del útero). Y además, es una buena costumbre que se mantiene y que imitará.

2.- Seguro en tus brazos

Cuando levantes al niño de la cuna, cógelo con seguridad, una mano en su culete y otra en su espalda y nuca. No lo eleves deprisa (tampoco al acostarlo), porque tendrá sensación de vértigo y dará un respingo.

Al principio no le pongas en vertical, mantenlo en tus brazos en horizontal y mécelo despacio, pero con firmeza. Él reconoce este movimiento de vaivén que evoca su estancia flotando en el líquido amniótico. Por eso se calma y disfruta tanto cuando lo haces. Más adelante, cuando su sentido del equilibrio esté perfeccionado, le encantará que le subas o le sientas en tus rodillas y le eches hacia atrás.

3.- Besos, mimos, palabras…

Bésale, mímale y acaríciale todo lo que puedas. Y háblale desde el primero momento. Con ello, además de mostrarle tu cariño, estás fortaleciendo su sistema defensivo y le estás ayudando a crecer física y mentalmente (los niños privados de afecto y atención crecen menos y enferman más). El niño necesita afecto y contacto físico con la madre. Recibir cariño le aporta seguridad, aumenta la confianza en ti y en sí mismo, estimula su autonomía, le motiva a la exploración, reduce el miedo al fracaso, estimula su inteligencia y favorece que su carácter sea más extrovertido.

Este afecto que recibe moldea su personalidad y en breve él actuará del mismo modo contigo (no te extrañe que entre sus muestras de cariño se quiera comer a su mamá). Todas sus emociones dependen de lo que recibe.

4.- Buenas perspectivas

Si es posible, pon un móvil musical en su cuna. Cuando tu hijo lo mira y escucha, no sólo está amenizando el rato. Además de estimular su vista (enfoque y campo visual), su oído y su sentido musical, y de incorporarlo a su rutina del sueño, el carrillón le ayuda a realizar importantes cálculos mentales, como la distancia (cuando eche las manos para cogerlo), el movimiento, la perspectiva y la localización de la procedencia del sonido.

Si no dispones de uno, pues utilizar sonajeros y cascabeles. Y hasta que él pueda girarse a su aire en la cuna, cambia cada semana la posición de ésta, para que el niño varíe su perspectiva y disfrute de nuevas vistas.

5.- De paseo por la casa

Para mejorar su campo visual y ampliar la percepción de su entorno, lleva a tu bebé siempre que puedas contigo por la casa (al principio en tus brazos, en su hamaca o en mochila y después gateando o andando).

Cada estancia que recorréis le aporta mucha información: pasan cosas, percibe olores, ruidos, voces y conversaciones, personas en movimiento, imágenes diferentes… Él permanecerá atento a todo, archivando datos y aprendiendo conceptos tan importantes como el día y la noche (luz-ruidos-movimiento / oscuridad-silencio-calma), su habitación y el «resto del mundo», las rutinas y los miembros de la familia. Todos estos estímulos favorecen el desarrollo de su inteligencia. Después, cuando se inicie en el gateo, deja que explore libremente su entorno. Eso sí, revista puntos de posible riesgo en la casa y quita los objetos que puedan ser peligrosos para él.

6.- Juegos con pelotas y coches

Entre los 6 y los 9 meses el bebé pasa por una etapa de fuerte dependencia emocional de la madre y teme que si se separa de ella, ésta desaparezca. Para ayudarle en esta fase, consigue una pelota o un coche que ruede, forma con una tela un escondrijo en el suelo y haz que el juguete ruede y se esconda. Después descúbrele dónde está y muestra alegría por ello (repítelo varias veces e incorpóralo a vuestro juegos diarios, igual que el cucú-tras).

Este juego, además de ayudarle en el desarrollo de la vista, le hace entender que lo que deja de ver aún existe y no supone una pérdida permanente. Es algo que conviene que aprenda pronto y que valorarás si tienes que llevarle a la guardaría o dejarle en brazos de otra persona (a los 8 meses el niño experimenta la angustia de la separación o crisis de los extraños).

7.- ¿Quién es ése del espejo?

Durante sus primeros meses, el bebé aprende que sus deditos, cuando los chupa, son algo suyo, y los distingue de los objetos que se lleva a la boca. Sin embargo, su lazo con la madre es tan intenso que se considera parte de ella. Necesita tiempo y maduración para comprender que él es un individuo distinto de mamá. El gateo y los primeros pasos favorecen su autonomía y su sentido del yo, pero hasta entonces puedes ayudarle jugando con un espejo. A los 9-10 meses ya responde a su nombre, poneos juntos ante el espejo, señálale y di su nombre, para que tome conciencia de sí mismo, haz movimientos y que él los repita, acariciarle el pelo… Aunque sonría a la imagen aún no se reconoce en el reflejo, necesitará tiempo (a los 18 meses) para comprender que es él.

8.- Mamá lo hace todo… por sí sola

Para perfeccionar los conceptos de dirección (entrar, salir), distancia (lejos, cerca), tamaño, proporción, etc., se necesita un punto de referencia. Y ahora, ese punto eres tú. Él te observa y calcula estos datos respecto a ti. Pero además, mirándote aprende cómo ser autónomo: te vistes, comes, escribes… sola. La imagen ya le ha calado, ahora sólo tienes que permitirle ponerla en práctica.

Cuando muestre interés por ello, déjale que se lleve la cuchara a la boca (tiene que direccionarla, pero lo logrará); dale un vaso de aprendizaje y que beba, tener sed y satisfacer por sí mismo la necesidad aumentará su autoestima; dale un pañuelo o un gorro para que intente ponérselo (o quitárselo), si lo logra es que reconoce los límites de su cuerpo, está madurando el concepto del yo y ha desarrollado la coordinación óculo-manual.

9.- Sentados a la masa

Cuando empiece con las papillas y purés, pon a tu bebé en su trono y acércalo a la mesa de los adultos para que participe de la reunión en torno a ella. Así, además de mejorar su sociabilidad, le ayudas a fijar el núcleo familiar y a adquirir normas de conducta y le animas a probar alimentos nuevos y a establecer una relación de normalidad con la comida.

10.- Ver un cuento, ¡qué experiencia!

Nada como un libro de imágenes para abrir la mente, aumentar vocabulario, reconocer los objetos representados y disfrutar del regazo de mamá. Si además el libro tiene texturas y es apto para que el bebé lo manipule o lo saboree, recibirá sensaciones muy positivas y sentarás las bases de su gusto por la lectura.

Belinda Santamaría
Asesora: Elena Villa, psicóloga

La adaptación de un bebé de 3 a 24 meses a una escuela infantil depende más de la actitud del personal docente y de los cuidadores que del propio bebé.

A esta edad, los bebés no saben todavía a qué van a la escuela, pero el personal del centro infantil debe estar preparado para recibirlo. Además, este trabajo de preparación y adaptación debe ser compartido con los padres del bebé.

Actitudes de los educadores infantiles en la adaptación de los bebés

La disposición de los educadores infantiles durante los primeros días es esencial para que el bebé se sienta a gusto y bien recibido. Así, su adaptación a la escuela infantil será más fácil.

– Al encontrarse con el bebé, los educadores deben aproximarse al bebé mostrando respeto y afecto, sin ansiedad ni agobio.
– Conocimiento del nombre del niño con anterioridad a su llegada a la escuela. 
– Creación de un clima de seguridad afectivaindividual y colectiva. 
– Control de las situaciones. Los educadores deben mantener la tranquilidad ante manifestaciones de inadaptación del niño (rabietas,llantos, inapetencias), pero sin abandono.
– Atención individualizada, aunque no exclusiva, sobre todo, en los momentos cotidianos de llegadas, despedidas o comidas. Deben entenderse como momentos de gran importancia para la relación individual-afectiva con el niño. Para ello, es importante evitar prisas, agobios y nervios. 
– Conocimiento de la personalidad del niño a través de una entrevista a los padres, de la observación del niño y de sus reacciones ante situaciones cotidianas en la escuela.

Adaptación del bebé al nuevo espacio

Conviene presentar y familiarizar al bebé con el área de la escuela. Saber dónde se encuentra y cómo es el lugar donde va a pasar buena parte del día, le ofrece confianza y seguridad.

– Conocimiento de la clase como lugar en el que va a desarrollar su actividad diaria. El conocimiento del espacio le da seguridad, manteniendo los mismos puntos de referencia espaciales y temporales. A nivel de espacio: lugar de jugar, comer, dormir, cambiar el pañal, etc. A nivel de tiempo: mantener los horarios de comida, siesta, cambios de pañal, etc.
– Conocimiento del comedor.
– Control del exterior. Introducción, poco a poco, del espacio del patio para los juegos y las actividades recreativas.

Relación de los educadores con los padres

Esta relación debe estar basada en la confianza y en la seguridad que los educadores transmiten a los padres a través de:

– Entrevistas, que son una forma de conocer a los padres y ver la relación que tienen con sus hijos. 
– Paciencia con los progenitores, dedicando tiempo a informarles de aspectos que desconocen al principio y ayudándoles a que las entradas y las salidas sean lo menos conflictivas posibles. 
– Establecimiento de límites claros a los padres desde el principio (puntualidad, ropa marcada, evitar que al principio entren en sus clases), evitando los enfrentamientos. 
– Organizar horarios flexibles, para que, si es posible, el bebé permanezca en el centro menos de ocho horas al día.

Actividades para formentar el desarrollo del bebé

En esta etapa, padres y educadores debemos iniciar una relación personal con el bebé, haciendo hincapié en la comunicación corporal. A modo de sugerencia, podéis divertiros con los juegos de: aserrín, aserrán; cosquillas, caricias, cucutras, canciones, etc.

El manejo del material de la clase también puede considerarse como un juego y pueden empezar a hacer torres, construcciones, telas, pelotas, etc. Respeta siempre el juego libre sin dar demasiadas consignas, aprovechando para observar su comportamiento. Procura que la comida, la siesta y los cambios de pañal no se conviertan en algo rutinario, dado que son momentos idóneos para establecer una comunicación individual con el bebé evitando prisas y nerviosismos innecesarios.

Deja que el bebé pueda manipular la comida hasta hacerse con el nuevo objeto: la cuchara. Aprovecha los momentos de cambio de pañal para hablarle, cantarle o nombrar las partes de su cuerpo al tiempo que las señaláis con la mano. La siesta debe ser un momento de relajación y tranquilidad: puedes poner música y canciones suaves.

Si son intermitentes, son normales en los primeros meses. Si el niño siempre está bizco o no mejora superados los dos primeros meses, se ha de consultar al pediatra.

El término cólico se utiliza cuando un niño llora, a veces sin control, por un motivo que no es evidente (hambre, frío, enfermedad). Generalmente los cólicos se producen entre las 3 semanas y los 4 meses, y casi siempre por la noche.

Posiblemente una de sus causas sea inmadurez de su sistema digestivo; también pueden deberse a sobrealimentación rápida, gases, etc.

Los cólicos generan gran ansiedad en los padres. Las pautas a seguir serían:

  • Ofrecerle algún estímulo visual (si está en la cuna mostrarle un móvil).
  • Tararearle o cantarle algo.
  • Proporcionarle movimiento (en una mecedora, en un cochecito) y mecerlo suavemente para tratar de tranquilizarlo si está muy nervioso.
  • Masajear suavemente el estómago del bebé.
  • Procurar dar al bebé de comer en un lugar tranquilo.
  • Colocarlo cerca de nuestro corazón para que oiga los latidos y capte nuestro olor.
  • Ponerlo boca abajo de manera que la tripita del bebé quede apoyada en la palma de nuestra mano, el chupete en la boca, y acunarlo. Seguramente esto lo calmará.

Hay que empezar por retirar progresivamente las tomas de pecho y aumentar las de biberón. Es aconsejable buscar una tetina que se parezca lo máximo posible al pezón para facilitarle al bebé este proceso.

Cuando el niño alcanza los 4 o los 6 meses, se pueden introducir los alimentos sólidos. Como primera buena elección son los cereales sin gluten, ya sea con leche materna o con un preparado de leche infantil.

Entre los 8 y 12 meses es el segmento de edad aconsejable para dejar el biberón y que desaparezca el reflejo de succión y dar entrada al de deglución. Este paso es importante para aprender a hablar, lo que exige movimientos articulatorios de la lengua.

Se puede incorporar fruta en forma de papilla y, progresivamente, la verdura, la carne, el pescado y los huevos, siguiendo siempre las indicaciones del pediatra. No se ha de añadir sal a las comidas y se ha de evitar el azúcar.

El bebé podrá ingerir comida triturada con 6 ó 9 meses; cuando alcance el año, podrá tomarla en trocitos. Es bueno dar al niño pedazos de manzana, de bizcocho…, como lo es animarlo a que juegue con la comida y vaya aprendiendo a alimentarse. Recordemos que el niño puede atragantarse y asfixiarse, por eso nunca se le debe dejar solo mientras come.

Si el niño se levanta y se va a la cama de mamá y papá, hay que llevarlo de vuelta a su habitación, estar el tiempo justo para explicarle que tiene que dormir en su cama y salir.

Por la mañana es importante reforzar positivamente el hecho de que amanezca en su cama.

Alrededor de los 2 años es un buen momento para que el niño empiece a dormir en una cama.

Este cambio debe realizarse en un período en el que el pequeño esté tranquilo y sin nada que lo preocupe.

Hay que dar el paso y explicarle lo que vamos a hacer. Lo haremos partícipe de esta situación si nos ayuda a trasladar sus muñecos y su ropa de dormir.


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