Escuela de Padres

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Éstas son 10 convicciones que nuestros hijos parecen haber incorporado con toda normalidad a sus vidas, un decálogo con el que los padres no tenemos el deber de comulgar (a veces ser antiguo es optar por la elegancia).

1. Hay tiempo para todo. Las prisas son cosa de los padres, que son unos histéricos y no entienden la expresión «espera un poco».

2. Si eres creativo, no necesitas esforzarte. Lo que realmente necesitan es alguien que comprenda lo geniales que son. Por supuesto, los padres y profesores deberían poner un poco más de empeño en comprenderlos. Es obligación de los demás entenderlos bien… aunque ellos se expliquen mal.

3. El tiempo invertido en las redes sociales debería contar en el currículum más que un título.

4. Es una tremenda injusticia que para hacer las cosas mejor que los demás haya que trabajar más que ellos.

5. Si haces algo de buena fe, no eres responsable de las consecuencias imprevistas que puedan derivarse de tu acción.

6. Si te equivocas es porque nadie te ha dicho cómo había que hacerlo bien.

7. Si alguien te exige un poco más, ese alguien te tiene manía.

8. Si hay que sacrificarse para hacer una cosa, es que esa cosa es aburrida. Luego, los libros son aburridos.

9. Ahorrar es de pardillos.

10. De mayores no seremos tan aburridos como nuestros padres.

Gregorio Yuri Merdrano, Mejor educados

Hay tres palabras mágicas que tienen poder para abrir puertas cerradas a cal y canto. Su poder es equiparable al del «ábrete Sésamo» de Ali Babá. Por lo tanto, sería una insensatez permitir que nuestros hijos salgan a la calle sin asegurarnos de que las llevan en la punta de la lengua. Son: «por favor», «perdón» y «gracias».

Descubrí todo el poder de estas palabras paseando una mañana por un barrio periférico de Pamplona. Una gran pancarta en la entrada de un instituto mostraba esta inscripción: «Las tres palabras mágicas: “por favor”, “perdón” y “gracias”». Posteriormente me enteré de que los profesores de este centro recurrieron a su magia cuando se dieron cuenta de la impotencia de sus estrategias habituales para resolver sus graves problemas de disciplina. Decidieron empezar a utilizar estas palabras en sus relaciones cotidianas dando ellos mismos el primer paso. En poco tiempo se comenzó a notar un cambio en la convivencia del centro.

He comprobado en diferentes lugares que la mejor manera, la más eficaz y la más directa, de dar la vuelta a una situación de desgobierno de un centro de enseñanza es poner el énfasis en las pequeñas cosas. «Si se quiere combatir la indisciplina —me aseguró la directora del IES Miquel Martí Pol de Roda de Ter— hay que empezar por tener los pasillos impolutos.» «La convivencia empieza por el orden y la limpieza», me dijo un jesuita del Colegio Claver Raimat de Lleida. Tienen toda la razón. Un papel en el suelo es siempre un síntoma, porque lo que el ojo ve, el corazón se lo cree.

Quiero daros este consejo en el umbral de este libro: haced un uso frecuente de estas palabras ante vuestros hijos. Hacedlas habituales en la familia. Son mágicas.

Gregorio Yuri Medrano,  Mejor educados

La importancia de la disciplina no se mide por el valor de las cosas que nos prohíbe hacer, sino por el valor de todo lo que nos permite conseguir. Por ello es completamente prescindible para aquellos que no aspiran a nada… Aunque, bien pensado, para alcanzar un estado de imperturbabilidad espiritual que nos permita renunciar a toda aspiración, se necesitan enormes dosis de autodisciplina.

(Gregorio Luri Medrano, Mejor educados)


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