Escuela de Padres

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El desarrollo, entendido como proceso natural, progresivo e irreversible concluye propiamente con el final del estado juvenil. La evolución del hombre continúa A través de la edad adulta y de la senectud, su personalidad se verá sometida a graduales transformaciones y variaciones notables. Estas transformaciones son debidas a tres elementos:

– a los condicionamientos Biológicos

– al influjo del entorno físico y cultural; este último diferente según la época, lugar, estamento social…

– a la acción del yo voluntaria y libre

La edad adulta puede dividirse en tres periodos:

a) La adultez temprana.- Se extiende desde los 21 años a los 32, aproximadamente. Sus limites de separación con la edad juvenil son hasta tal punto inciertos que muchos de los rasgos de periodo son similares a los del estadio anterior. Entre los rasgos generales que caracterizan este periodo cabe citar la consecución de la plena madurez corporal; en lo concerniente a su carácter, una gran vitalidad y un gran realce de la individualidad. El hombre experimenta la necesidad de expansionarse, desea el éxito, la promoción social, la influencia. Llevado por la experiencia de sus vivencias el sujeto se siente optimistas. Al comienzo de esta edad temprana se encuentra el periodo de la “determinación no especifica y provisional”. Esto se refiere tanto al hecho de mantener una relación estable como a la definitiva elección profesional.

b) La adultez media.- se extiende desde los 32 a los 44 años aproximadamente. Este periodo constituye el punto más elevado de la maduración de la edad adulta. Esta edad lleva al individuo a una estabilización general de su personalidad. La afectividad cede a favor de una actitud frente a la vida más seria y reflexiva en esta etapa, el adulto conoce sus facultades y limitaciones, está seguro de sus objetivos, y aunque ya no tiene el empuje de su juventud, lo suple con una mayor seguridad de si mismo, constancia y resistencia que le capacitan para un máximo rendimiento profesional. Lo normal es que en esta edad las personas se caractericen por su fortaleza de carácter, su firmeza de sentimientos, su fidelidad y su lealtad.

c) La adultez tardía.- Se extiende desde los 44 hasta el comienzo de la senectud (60-65 años). Este periodo es sentido por el individuo como una etapa de decadencia biológica e implica también crisis psicológicas. Los procesos corporales que motivan este descenso son alteraciones de las glándulas de secreción interna, principalmente las sexuales. Como fenómenos psíquicos cabe citar la presencia de un cierto cansancio general, pérdida de plasticidad y depresión, sentimiento de inferioridad. Estos sentimientos y estados de ánimo afectan a la vida tanto profesional como de pareja del sujeto. Al darse cuenta de que se van deteriorando, los individuos pueden reaccionar con multitud de actitudes. Las más frecuentes son el aferrarse a la idea de la juventud, viendo en ella solo el lado positivo y en el envejecer el lado negativo, el buscar experiencias nuevas compensando a las que no han terminado de satisfacerles…

Juventud

Posted on: 4 octubre, 2016

Llamamos juventud al periodo comprendido entre los dieciocho y veintiún años aproximadamente. En esta etapa resulta difícil distinguir los rasgos comunes por varias razones:

– el desarrollo de la persona propiamente ya ha terminado. El desarrollo intelectual, salvo en casos de retraso mental, ha llegado a su máximo nivel: las transformaciones de orden fisiológico son ya casi mínimas, y la emotividad y sexualidad, una vez pasada la crisis puberal, alcanzan un cierto estado de relativo equilibrio.

– El contacto con la vida social es mucho más intenso que en la adolescencia. En dicho contacto va fraguando de modo predominante su carácter, hasta tal punto que muchos expertos no dudan en definir la juventud como un mero producto del ambiente sociocultural.

Pero también podemos hablar de unas características comunes que se presentan diferentes según las situaciones y lugares. Esto hace que la juventud se nos presente no como un bloque homogéneo, sino dividido en sectores con características diferenciales. En concreto señalamos dos variables entre otras muchas que son fuente de diferenciación.

Una primera variable la constituye el hecho de que mientras que algunos jóvenes prolongan sus estudios en la Universidad, un buen numero de ellos ingresan en el mundo laboral.

Otra variable a tener en cuenta es la representada por las diferencias socioculturales. Las expectativas por ejemplo de un joven que vive en un entorno rural no son las mismas que las de un joven de un medio urbano.

Madurez

Posted on: 3 octubre, 2016

Desde una concepción estática del hombre, madurez, equivaldría a logro final. Desde este punto de vista la edad madura es la meta, no una etapa de la carrera. Pero la experiencia de la vida, los descubrimientos de la Biología y Gerontología, y tendencia psicológicas no deterministas nos ofrecen argumentos para animar una concepción dinámica de la vida humana en la que la madurez sería un paso a futuras situaciones con nuevos valores.

Lowe Gordon (1974) singulariza la madurez como período de responsabilidad, autoridad e influencia en el que los adultos se hallan a cargo de las cosas y se presentan, más que en los restantes periodos el modo de estar dentro de la sociedad.

La adolescencia es una etapa entre la edad infantil y la madurez Este termino se utiliza para señalar toda la etapa de transición o sólo la primera parte de ella (12-16 años), también se habla de pubertad para la faceta biológica de la etapa, adolescencias para la psicológica y juventud para la social.

Los cambios fundamentales se inician hacia los 11 años, con un retraso en los chicos de 1-2 años con respecto al sexo femenino. Estos cambios fisiológicos son la maduración esquelética, el aumento de capacidad torácica, el perfeccionamiento cerebral, el cambio fundamental en el sistema neurovegetativo y el aumento y estabilización de peso. En el adolescente se presenta la opción de aceptar un nuevo esquema corporal.

Los tradicionales criterios de madurez biosexual (primera menstruación, primera eyaculación, máximo crecimiento en talla, aparición de pelo pubiano) ceden paso al del análisis de orina con hormonas gonadotrópicas. La intervención de las hormonas es definitiva; tanto las de crecimiento como las sexuales. De estas últimas proceden los caracteres sexuales primarios y los secundarios (pilosidad corporal, alargamiento de las cuerdas vocales, engrosamiento del panículo adiposo, etc.).

Todos los cambios biológicos de la madurez física suscitan un nuevo interés por la sexualidad y agravan el problema de integrar esos impulsos con los otros aspectos de la personalidad. A este proceso de la personalidad se le denomina socialización sexual. Consta de cinco componentes

1) Escoger una preferencia por el objeto sexual;

2) Asumir una identidad sexual;

3) Aprender los papeles propios del sexo

4) Entender la conducta sexual;

5) Adquirir las destrezas y conocimientos sexuales.

La socialización sexual normalmente culmina en sentimientos positivos respectos a la propia sexualidad y a la capacidad de traducirlos en una conducta correcta y eficaz.

Durante este proceso el muchacho al tiempo púdico, desvergonzado y curioso obsesionado. La iniciación sexual se la hacen los compañeros a la mayoría de los adolescentes y a gran parte de las adolescentes.

Siguiendo a Piaget en cuanto al desarrollo cognitivo esta etapa es la de las operaciones formales, la de la lógica formal, la del pensamiento hipotético-deductivo: la capacidad de plantearse posibilidades, de experimentarlas sistemáticamente y la de producir leyes o principios. Se inicia con la colaboración de los demás. Esta es indispensable para la inteligencia llegue al último punto de su desarrollo.

Si el niño reflexionaba sobre situaciones concretas, presentes, hacia los 11-12 años el adolescente comienza a poder razonar sobre elementos hipotéticos. Estas operaciones mentales formales se realizan sobre las mismas operaciones concretas pero no son ella su objeto sino las proposiciones que las expresan. Piaget las reduce a seis:

1) Suposiciones, por el gusto de discutir.

2) Plantea y verifica hipótesis;

3) Búsqueda de propiedades generales;

4) Concibe la posibilidad de lo infinito y de lo comprensible;

5) Tiene conciencia de su propio pensamiento y es capaz, de volver sobre él;

6) Puede tratar con amplitud relaciones complejas, relaciones de relaciones.

Siguiendo con este mismo autor el desarrollo afectivo en la adolescencia se afirma mediante la doble conquista de la personalidad y de su inserción en la sociedad adulta, existiendo un perfecto paralelismo con la elaboración de las operaciones formales y la finalización de las construcciones del pensamiento.

La personalidad implica la cooperación: La autonomía de la persona se opone a veces a la ausencia de reglas (el yo) y a la heteronomía, o sumisión a las coacciones impuestas por el exterior. La personalidad se inicia pues a partir de la infancia y no puede construirse más que al nivel mental de la adolescencia.

El egocentrismo de la adolescencia, tanto su aspecto intelectual como afectivo, proviene de las oscilaciones propias de esa descentralización del yo. El adolescente se sitúa como un igual de sus mayores pero se siente distinto, diferente a ellos, debido a la nueva vida que se agita en él. Quiere superarlos y sorprenderlos, transformando el mundo. Esto es lo que hace que sus planes de vida estén llenos simultáneamente de sentimientos generosos, proyectos altruistas o fervor místico y de inquietudes megalomanías o un egocentrismo consciente.

El adolescente lleva a cabo su inserción en la sociedad de adultos mediante el pensamiento y la imaginación: proyectos, programas de vida a menudo teóricos, planes de reforma social o política etc…

La auténtica adaptación a la sociedad se llevará a cabo cuando cambie su papel de reformador por el realizador.

El adolescente descubre el amor. Incluso en el caso de que el amor encuentre un objeto vivo, en realidad se trata de una especie de proyección totalmente ideal en un ser real, y de ahí provienen las decepciones tan repetitivas como sintomáticas de los flechazos.

La sociabilidad de la adolescencia se afirma, a menudo desde el principio, mediante la vida en común que llevan a cabo los jóvenes. Las sociedades de adolescentes son sociedades de discusión al contrario que las infantiles cuyos objetivos esenciales era el juego colectivo. Entre adolescentes el mundo es reconstruido en común, a veces puede llevarse a cabo una crítica mutua de las respectivas soluciones, pero existe un total acuerdo de la absoluta necesidad de promover reformas. Después vienen las sociedades mas amplias como por ejemplo los movimientos juveniles, en los cuales se despliegan los intentos de reorganización positiva y los entusiasmos colectivos.

Las amistades del adolescente a menudo son más importantes para el crecimiento que las relaciones familiares. Las familias deben hacer ajustes ante la creciente independencia. Las rebeliones con los compañeros sirven para ofrecerles el apoyo emocional que necesitan para afrontar los múltiples cambios de su vida y para reducir la independencia respecto a sus padres.

Los compañeros también sirven de modelo y audiencia entre sí en el ensayo de nuevas conductas. Los grupos de compañeros de la misma edad ayudan al adolescente a formarse la identidad del grupo.

Desentrañando la naturaleza de la amistad para el adolescente descubriremos otros valores, entre ellos destaca la sinceridad. Esta cualidad es señalada como la más necesaria en el amigo. El adolescente es sincero aunque no siempre actúa con sinceridad porque las reacciones del adulto o del entorno le inhiben.

Quiere ser sincero y exige la misma sinceridad respecto a él. Otras cualidades necesarias en el amigo son: fidelidad, amor y comprensión.

Los principios morales, los valores éticos en general experimentan una revisión en la adolescencia: de hecho se da una separación clara entre criterio y conducta moral. Los psicólogos del desarrollo coinciden en señalar un período de incertidumbre moral con deseos de autojustificación entre los 14-16 años. A partir de los 16 desaparecen los sentimientos de culpabilidad inauténtica y se esclarecen las ideas éticas.

El preadolescente es recto en sus juicios éticos, pero le motivan más el sentimiento, los juicios afectivos que la razón (juicios sintéticos); ésta va sustituyendo a aquel a medida que la adolescencia avanza. Entonces aparecerán los juicios injustos producidos por actitudes egoístas fruto del entorno social.

Los años intermedios de la niñez se caracterizan por un alto nivel de actividad y por los graduales progresos fisiológicos que le ayudan a refinar las habilidades motoras y la coordinación. Estos progresos son evidentes no solo en los juegos de los niños sino también en sus dominios de destrezas como la escritura.

El desarrollo motor del niño en esta etapa se caracteriza porque alrededor de los seis años empiezan los primeros cambios de configuración. Esta transformación consiste en que las extremidades se alargan y robustecen, con lo cual la cabeza y el tronco ceden en importancia.

La fuerza crece de un modo regular desempeñando desde los seis años un papel importante en los juegos de lucha y acrobacia. Los movimientos del cuerpo se van haciendo cada vez más armónicos. Los niños adquieren la capacidad de controlar su cuerpo. Por lo general son ágiles y mantienen bien el equilibrio.

A los seis años el niño se encuentra en pleno proceso de desarrollo cognitivo empezando a dominar la percepción analítica. Ya empieza a distinguir con mayor claridad los objetos como independientes unos de otros. También empieza a tener una percepción de esos objetos más detallada y analítica (empieza a ser capaz de distinguir las distintas partes de que se componen esos objetos).

Según Piaget (1984) el desarrollo intelectual en esta etapa se caracteriza porque el pensamiento del niño presenta tres modificaciones. La primera es una creciente participación del pensamiento verbal y lógico.

Esta característica en su pensamiento le irá capacitando cada vez más para elaborar conceptos y prever soluciones para los problemas.

Una segunda novedad es la captación por el niño de la invariabilidad de la cantidad o materia.

Y una tercera adquisición de este periodo es según Piaget la posibilidad de captar simultáneamente, relacionar, ponderar y ordenar los diversos estados de una cosa (por ejemplo la altura y anchura) o pasos de un problema.

En el desarrollo afectivo del niño en esta etapa cabe distinguir dos fases distintas: fase de transición (seis a siete años aproximadamente) y la tase de serenidad emocional (de los ocho a los diez años).

La fase de transición se caracteriza por la propensión al cansancio originada por los cambios bruscos en el organismo, por la gran labilidad de los sentimientos de ánimo (pasan con rapidez de la risa al llanto), por las fobias nocturnas, propensión al descontento…

En la segundas etapa o fase de serenidad emocional el desarrollo de la voluntad permite al niño un mayor control de si misma una actitud optimista, un alto sentimiento de sí mismo que le lleva a un afán por hacerse valer.

En cuanto al desarrollo social es importante destacar que en la clase se forman enseguida grupos aislados de dos a cinco niños entre los cuales existe una simpatía especial. Pero la clase como un todo es una formación organizada artificialmente y tarda mucho tiempo en constituirse como comunidad. El hecho de que los niños se acusen con frecuencia unos a otros, como el que traten de conseguir las preferencias en la atención del profesor demuestra que no existe todavía un verdadero sentimiento de solidaridad.

Quién da cohesión al grupo es el profesor en razón de su prestigio de adulto, de la función que desempeña, así como los lazos afectivos que establece con los niños.

En el periodo de ocho a diez años se incrementa la formación de pandillas generalmente homogéneas en cuanto a edad y sexo. El niño necesita del grupo para autoafirmarse. Alrededor de los diez años existe un rechazo mutuo entre niños y niñas.

Las actividades físico-motoras de los preescolares ponen los cimientos de su futuro desarrollo cognoscitivo y socio-emocional. En cuanto a este desarrollo motor el niño aproximadamente a los doce meses comienza a andar todavía de forma insegura y con muchos esfuerzos.

La posición erguida lleva modificaciones en la visión y percepción. Alrededor de los dieciocho meses su marcha es segura, puede correr, subirse a una silla y si se le ayuda, los peldaños de una escalera. A los dos años, corre bien, no se cae, patea una pelota, sube y baja las escaleras, sostiene un vaso y bebe de él. Es capaz de construir una torre de seis o siete cubos.

A los tres años es capaz de pascar en triciclo, controlar las frenadas bruscas y subir y bajar escaleras alternando los pies.

A los cuatro años es capaz de mantener brevemente su cuerpo sobre un solo pie y brincar y jugar en el columpio. Posee una coordinación motora mucho más fina y es capaz de abrocharse los botones.

A los cinco años posee un gobierno mayor de la actividad corporal: salta sin dificultad y se mantiene de puntillas unos segundos, mayor control de los utensilios (el cepillo de dientes, el lápiz…). A partir de aquí el niño se enfrentará a nuevas adquisiciones motrices como saltar a la comba, patinar, montar en bicicleta…

Durante el desarrollo perceptivo ocurren dos importante cambios relacionados con la maduración: uno es un progresivo cambio de preferencia desde la percepción sensorial-cenestésica a la percepción visual y verbal.

Existe un paso progresivo de los niños de dos a seis años: de una actividad exploratoria de los objetos en los que domina la manipulación de los mismos a otra más dominantemente visual. Quien posibilita este progreso es según Piaget (1937) la capacidad que adquiere el niño durante este periodo de representar simbólicamente la realidad. Otra característica de esta etapa es que adquiere la capacidad de integrar la información de diversas modalidades sensoriales.

Sobre la percepción de la forma de los objetos cabe señalar que sigue siendo difusa y globalista. Presta poca atención a los detalles. Solo cerca de los seis años prestará atención a estos detalles hasta conseguir una percepción integrada.

Sobre la percepción del espacio gracias a las funciones psicomotrices, el niño va conquistando cada vez más el espacio lejano. En cuanto a las pequeñas distancias, en el segundo año existe ya una construcción de dimensión y magnitud.

La percepción del tiempo se da alrededor de los dos o tres años de forma muy elemental. El niño se orienta en el tiempo a través de signos extratemporales. Hacia los cuatro años comienza a comprender y usar correctamente los adverbios temporales (hoy, antes, mañana…). Este progreso estriba en el auge de la memoria, cada vez mayor, que permite al niño ordenar temporalmente experiencias conservadas durante un lapso mayor de tiempo. Estos intervalos todavía son relativamente pequeños.

En cuanto al desarrollo intelectual en esta etapa el niño va a pasar de la fase sensoriomotriz a la fase simbólica. Según Piaget va a lograr sustituir una acción o un objeto por su signo.

Entre los doce y los dieciocho meses se dan las Reacciones Circulares Terciarias y el descubrimiento de nuevos medios por exploración o experiencia activa. En este nivel, el niño reitera las reacciones cíclicas aprendidas pero las varia buscando nuevos resultados.

Entre los dieciocho meses y los dos años se da el nivel de invención de nuevos medios por combinación mental. Ahora el niño ya es capaz de representar el mundo exterior pero usa como representaciones imágenes motoras imitativas (por ejemplo una representación del acto de abrir una puerta será el ejercicio de abrir y cerrar los brazos por el niño).

De los dos a los seis años comienza el periodo de las operaciones concretas cuyo subperíodo primero es el periodo preoperacional que abarca de los dos a los cuatro años y donde el niño ya es capaz de diferenciar significantes de significados, puede elaborar una imagen interna que representa un objeto ausente.

De los cuatro a los seis años el pensamiento del niño sufre algunas modificaciones: captación por parte del niño de la invariabilidad de la cantidad o materia, posibilidad de ordenar y relacionar los estados de una cosa (anchura y altura) y ya es capaz de secuenciar los pasos de un problema.

Todos los padres pueden observar un cambio de conducta en sus hijos en torno a los dos años en relación al desarrollo afectivo. El niño se vuelve poco a poco desobediente lo que provoca los primeros conflictos con padres y educadores. Es característico que quiera imponer su voluntad continuamente. Este nuevo comportamiento que presenta una mezcla de rebeldía y de negativa recibe el nombre de obstinación.

Por efecto de la maduración y del aprendizaje, la vida emocional del niño sufre profundos cambios. El comportamiento emocional tiende a estabilizarse y tiende a ser menos explosivo y casual. Lo que las emociones pierden en violencia lo ganan en variedad y riqueza. A medida que la vida social del niño se enriquece, sus emociones tienden a socializarse.

En esta edad existen dos procesos claves en el desarrollo del lenguaje. El lenguaje receptivo y el lenguaje expresivo. A menudo el lenguaje receptivo o comprensivo se desarrolla con mayor rapidez que la producción del leguaje. El niño va adquiriendo poco a poco los distintos fonemas. Ingram (1976) y Boch (1984) estudiaron las diferentes estrategias propias que se ponen en marcha para la adquisición fonológica. Estos autores consideran que los fonemas se adquieren a través de tres procesos, denominados procesos de simplificación fonológica (sustitución, asimilación y simplificación).

En relación con la adquisición de vocabulario, el niño pasará por diferentes etapas, de esta forma el sentido de las primeras palabras que aprende se irá afinando paulatinamente gracias al desarrollo cognitivo del niño, a la estimulación recibida por el entorno y a los diferentes modelos que éste le va ofreciendo. Cualquier novedad que vaya asimilando, servirá para que el niño modifique la organización semántica que tiene en ese momento.

Todos los autores coinciden en dividir la infancia en varias etapas. Sin embargo estas suelen variar bastante do unos a otros autores. Utilizamos a continuación la expuesta por Grace Graig en su libro DESARROLLO PSICOLOGICO:

Etapa del lactante: 0-2 años

Edad Preescolar: 2-6 años

La niñez: 6-10 años

1. Los lactantes

Durante los dos primeros años de vida los lactantes muestran considerables variaciones en su tasa de crecimiento y desarrollo. GESELL sostiene que el desarrollo depende de la maduración.

Uno de los tipos de comportamiento más simple que se encuentra en la base del descubrimiento y orientación en el mundo son los reflejos. Los reflejos son reacciones simples involuntarias a sencillos estímulos exteriores que poseen una gran utilidad como mecanismos de supervivencia, de defensa y de adaptación en los 4-5 meses del recién nacido.

El buen funcionamiento de los reflejos indica maduración normal del sistema médulo-espinal.

Los principales reflejos en el recién nacido son: reflejo de succión, el de parpadeo, el reflejo de agarrar, reflejo de Moro (desaparece; si persiste más allá tic los 3 ó 4 meses indica anormalidad neurológica, reflejo de la espina dorsal, reflejo de andar, reflejo de estiramiento, reflejo de acarear con los pies (si este reflejo no desaparece, más tarde el niño no podrá ponerse de pie)

Lo normal es que estos reflejos vayan desapareciendo entre el 4º y el 5º mes, de lo contrario el niño no podrá desarrollarse normalmente.

En el desarrollo motor el niño pasa por una fase tónico-refleja caracterizada por la postura que tiene el niño cuando está extendido boca arriba con la cabeza girada hacia un lado y el brazo de ese lado extendido mientras que el del lado contrario está flexionado. A los 4 meses entra en una fase simétrica en la cual los movimientos de los brazos se correlacionan con los movimientos de la cabeza y no se sabe utilizarlos independientemente. Posteriormente pasa a la fase semirrecta y erecta. En un periodo de 15 meses el niño pasa de una posición yacente a la de un bípedo. Este mismo esquema es igual para la adquisición de las destrezas manual y digital. Poco a poco la capacidad de aprensión va adquiriendo mayor finura.

En cuanto al desarrollo perceptivo el niño al nacer percibe los objetos que le rodean así como sus formas, de forma confusa pues sus ojos son poco capaces todavía de acomodación y coordinación. A las diez semanas de vida, el bebé prefiere mirar los contornos en vez de los centros. Inicialmente los lactantes perciben el mundo como una imagen plana. A los seis meses ya es capaz de captar las diferencias de distancia.

La percepción de los objetos y su tamaño, así como la profundidad y el espacio, no le viene dad al lactante a través de una modalidad sensorial. En ella influyen también las sensaciones del tacto, del oído, las sensaciones de equilibrio y propioceptivas. así como la psicomotricidad.

Hacia los cinco meses el niño no solo contempla las cosas, sino que las coge de forma activa y consciente, gracias a la coordinación del sentido del tacto con el de la vista. El niño no se orienta por las propiedades ópticas sino por las cualidades que descubre al manejarlas: rueda, se detiene, sirve para meter ruido…

El lactante no tiene percepciones aisladas cuando comprueba la existencia de una cosa, sino que su percepción está relacionada íntimamente con un sentimiento. Poco a poco el niño realiza una síntesis perceptiva que es la imagen de su propio cuerpo. Esta imagen lleva consigo sensaciones muy particulares (visuales, táctiles, de equilibrio…)

Hacia el cuarto o quinto mes, mira sus manos, luego sus pies. Al sexto mes toma interés por su propio cuerpo. Al final del primer año muestra y señala las distintas partes del cuerpo a petición del adulto.

En cuanto al desarrollo intelectual, según Piaget el desarrollo del pensamiento en esta etapa corresponde a los cuatro primeros estadios de la etapa sensoriomotríz. En esta etapa las interacciones del niño con el medio están gobernadas por acciones sensoriales (ver, oír…) o por acciones motóricas (aprehensión, tacto, succión…) A través de esta etapa el niño va formando nuevos patrones o sistemas organizados de acción que cada vez van a ser más intencionados.

El primer nivel de esta etapa corresponde al ejercicio de los reflejas los cuales son reacciones innatas a los estímulos. Alrededor de los 2-3 meses se dan las reacciones circulares primarias las cuales son conductas que el sujeto tiende a repetir y están centradas en sí mismo. Son reacciones puramente funcionales ( el niño coge por coger, mira por mirar…). Según Piaget son reacciones circulares primarias la succión, la mirada fija, fonación de ciertos sonidos…

El tercer nivel se da entre los 4-7 meses y son las reacciones circulares secundarias. Aquí el niño trata solo de repetir o prolongar un esquema descubierto por puro placer funcional. El niño sigue empleando nuevos parrones de comportamiento de forma accidental y los aprende. Comienza poco a poco a aparecer la acción intencional (8-12 meses)

En el cuarto nivel se da la coordinación de los esquemas secundarios (mirar, oír, tirar…) dando lugar a un esquema combinado (mirar para ver un juguete, tirar de él para cogerlo…). El niño ya es capaz de aplicar esos esquemas a situaciones nuevas para producir esquemas diferentes.

En relación con el desarrollo afectivo la vida del recién nacido se reduce casi exclusivamente a reacciones emotivas, quedando excluido todo sentimiento Esta vida emocional en los primeros cuatro meses de vida se halla ligada a sensaciones orgánicas: hambre, sed, placer, dolor, cansancio…

Entre el tercer y el sexto mes las vivencias de placer suelen predominar sobre las de displacer.

Las emociones del recién nacido son intensas y desproporcionadas a la causa que las haya motivado.

Ante un estimulo su organización motórica actúa globalmente. Estas emociones son momentáneas: duran poco tiempo y terminan bruscamente. Estos cambios bruscos se atribuyen a tres factores. A su carencia de comprensión total de la situación debido a su desarrollo intelectual inmaduro, al poco alcance de su atención y a que desahoga fácilmente sus emociones acumuladas. De modo general se puede afirmar que la lactancia es un periodo de la vida en el que la afectividad ejerce una influencia dominante sobre la conducta del niño y sus funciones psicológicas.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es el desarrollo del lenguaje donde el niño es capaz de mostrar desde que nace una gran facilidad para tomar parte en rutinas de intercambio social. Los bebés reaccionan específicamente ante ciertos patrones visuales (especialmente los que configuran las expresiones faciales) como auditivos (son capaces de distinguir sonidos que forman parte de la voz humana y reaccionar sincrónicamente a los mismos). Junto a estas conductas tenemos un adulto que se acomoda constantemente a las necesidades del niño, siendo esta una de las claves para poder comenzar la incorporación de los complicados procesos comunicativo-lingüísticos que el niño realiza.

En el primer mes de vida los niños ya comienzan a emitir las primeras vocalizaciones que serán la base para realizar los patrones consonante-vocales Alrededor de los dos meses se producen las protoconversaciones (diálogos muy primitivos caracterizados por el contacto ocular, sonrisas, gorjeos y alternancia en las expresiones). En el tiempo que va de los cuatro a los ocho meses, las conductas sociales se van naciendo más complejas y especificas. Bruner (1994) es quien mejor ha estudiado este periodo, centrándose en el análisis de las rutinas lúdicas que el denomina formatos (contextos estables que le permiten al niño reconocer la estructura de la interacción y anticiparse en ocasiones al adulto, quien regula externamente al niño guiándole.

Sobre los seis meses y en adelante, repite sílabas con secuencias cada vez más complejas (balbuceo). Estas vocalizaciones empiezan a adquirir algunas características del lenguaje propiamente dicho: entonación, ritmo, tono…

La primera vocal que aparece suele ser la a y las primeras vocales suelen ser oclusivas (b, p, m). La combinación de estos sonidos dará lugar a las primeras palabras: papá, mamá…

Alrededor de los ocho meses el niño empieza a dar muestras claras de conducta intencional.

Hacia los nueve meses comienza a comunicar a través de los gestos deícticos (señalar, dar, mostrar…) Ante la imposibilidad de alcanzar algún objeto, mirará al adulto y al objeto alternativamente señalando hacia el mismo y probablemente vocalizando simultáneamente. Estamos en presencia de los protoimperativos.

Hacia los doce meses, el niño adjudica al adulto el estatus de interlocutor, es alguien con el que desea compartir cierta información. Aparece así la conducta protodeclarativa. El niño muestra objetos al adulto con la intención de compartirlos con él.

También a partir de ahora va comprendiendo palabras familiares, al mismo tiempo que las vocalizaciones son más precisas y mejor controladas en cuanto a altura tonal e intensidad.