Escuela de Padres

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Tras la tabulación de los datos obtenidos en las encuestas, se formularían los objetivos, temporalización, técnicas, estrategias, metodología y evaluación que forman parte de nuestra propuesta:

Los objetivos de nuestra Escuela de Padres, con carácter general, son los siguientes:

  • Conocer los temas que interesan a las familias en relación a la educación de sus hijos/as.
  • Programar una guía para cada tema que sirva de ayuda y apoyo desarrollo de la sesión y el desarrollo de dichas sesiones en un ambiente participativo.
  • Ampliar los conocimientos de los padres y madres en cada uno de los temas propuestos.
  • Fomentar la comunicación y relaciones familiares.
  • Favorecer la implicación de las familias en la educación de sus hijos/as.

La temporalización, que hace referencia a la periodicidad y hora de las sesiones de trabajo, y debe establecerse en función de las disposiciones personales. Se pueden dedicar dos sesiones semanales, de 20:00h a 22:30h., por ejemplo. La duración de la escuela podría ser un trimestre a un curso escolar, con una periodicidad establecida y consensuada por los participantes.

Las técnicas que pueden utilizarse para que la comunicación sea fluida, natural y el aprendizaje resulte efectivo han de seleccionarse de acuerdo al objetivo que se pretende alcanzar y los recursos disponibles. Pueden ser audiovisuales, bibliográficas, mediante conferencias, entrevistas, utilizando diálogos simultáneos o a través de una mesa redonda.

Las estrategias son los planes de acción, de acercamiento, las habilidades que pueden ser útiles para dirigir el tema. Existen distintos tipos, pero las más utilizadas en este tipo de sesiones son las informativas y participativas.

La metodología debe ser activa y fomentar en las familias los hábitos de reflexión y diálogo. Los pasos pueden ser los siguientes:

1.- El coordinador inicia la sesión con un cuestionario inicial e invita a las familias a realizar una reflexión previa sobre el tema.

2.- Ayudándose de la técnica que crea conveniente, comienza la charla, que no debe superar los 30 minutos.

3.- Trabajo en grupo por parte de las familias, tomando como referencia el guión o preguntas que se proponga tras finalizar la charla.

4.- Debate sobre aspectos concretos del tema.

5.- Se realiza una síntesis final, donde se destacan los aspectos más interesantes y las propuestas prácticas.

Por último, la evaluación de la experiencia. Para ello, se pasa un cuestionario a las familias o bien se les propone elaborar un comentario libre acerca de lo expuesto.

Finalmente, debemos extraer las conclusiones más interesantes que se hayan obtenido.

Llegados a este punto y considerando la necesidad e importancia de una bien planificada Escuela de Padres, debemos destacar como lo más importante contar con la ayuda de profesionales que nos faciliten el acceso al conjunto de toda la información demandada.

Además de profesionales del ámbito educativo, necesitamos bibliografía y documentación adecuada.

El principal objetivo de las Escuelas de Padres y Madres, ya mencionado anteriormente, se basa en facilitar información y apoyo pedagógico y psicosocial, para que las familias posean recursos que les faciliten la educación de sus hijos/as. Además, vienen a ser un punto de encuentro donde se pueden compartir problemáticas similares y, con la ayuda de profesionales, poner en común experiencias y estrategias para alcanzar los objetivos que garanticen el bienestar de los menores.

Se trata de un espacio de reflexión, comunicación, intercambio y formación, donde los temas pedagógicos, psicológicos y sociológicos de los menores pasan a ser comprendidos por las familias y ayudan a entender sus reacciones. Con un método participativo que favorece la convivencia, implicación y responsabilidad de los padres/madres como educadores, como adultos que comparten experiencias vitales y emocionales en un momento determinado de su vida.

Los temas, por lo tanto, en las Escuelas de Padres y Madres son diversos y responden a las necesidades más inmediatas de las familias, siendo muy importante la coordinación con los centros educativos, el intercambio información en torno a los menores, el contacto informal, las entrevistas, las valoraciones conjuntas.

Podemos distinguir tres tipos de Escuelas de Padres, en función de su origen:

1.- Las organizadas por organismos públicos (a nivel nacional, regional o local).

2.- Las desarrolladas por asociaciones.

3.- También se pueden encontrar escuelas virtuales a través de internet. Por ejemplo la de José A. Marina: http://www.universidaddepadres.es

En todas ellas, la forma de trabajar es similar. Se organizan en torno a una temática estructurada, que se imparte durante un determinado período de tiempo, de la mano de un profesional especializado en la materia.

En cualquier caso, la escuela de padres/madres debe ser flexible, contemplar los cambios sociales, basada en una cuidada planificación y sobre todo, debe ser valorada y evaluada, para que sea realmente efectiva. Debe ajustarse a las necesidades de las personas que la integran y generar reuniones constructivas.

Es importante, como decíamos, partir de las necesidades e intereses de las familias y para ello, se puede utilizar inicialmente un modelo de encuesta, una lluvia de ideas, una observación sistemática, cualquier instrumentos que permita conocer las inquietudes de las familias en el contexto en que se desarrollan.

Es necesario, como vemos, contar con una buena y cuidadosa planificación para el desarrollo de un proyecto de una efectiva Escuela de Padres y Madres.

Por ello, ofrecemos el primer paso para la organización de una Escuela de Padres y Madres que partiría de una encuesta de necesidades de información y formación específicas, cuyo modelo aportamos como propuesta.

A partir de sus resultados se obtendrán los datos para la puesta en marcha con las característica que se verán.

ENCUESTA PARA FAMILIAS

Conteste según sus intereses a este cuestionario. Sus respuestas nos van a servir para planificar una Escuela de Padres adaptada a sus intereses.

Por cada propuesta hay tres respuestas: nada, regular, bastante.

Para aquellas familias que tengan más de un hijo/a se les facilitará distintas encuestas.

Muchas gracias por su colaboración.

Edad del hijo/a: _____________________ Sexo: _________________

Etapa en laque se encuentra su hijo/a:

           Infantil                                      Primaria                                  Secundaria

En el domicilio particular viven:

            Padre               Madre              Hermanos/as                Abuelos          Otros

Estudios del padre:

Sin estudios                              Primarios                    Secundarios                 Universitarios

Profesión del padre: _______________________________________

Situación laboral: Autónomo                    Contratado                  En paro

Estudios del madre:

Sin estudios                              Primarios                    Secundarios                 Universitarios

Profesión del madre: _______________________________________

Situación laboral: Autónoma                    Contratada                  En paro

Número de hijos/as ________________________

Por favor, conteste también el reverso de la página

A continuación, marque con una X la opción que considere:

Tema Nada Regular Bastante
Características evolutivas      
Autoestima      
Celos      
Las amistades      
Ambiente familiar      
Aumentar el rendimiento y satisfacción escolar      
Problemas de comportamiento      
Separación en la familia      
Alimentación sana. Trastornos: anorexia y bulimia      
Juegos, deportes. Ocio y tiempo libre      
Técnicas de estudio      
Prevención de drogas      
Uso de las nuevas tecnologías      
Prevención del acoso      
Educación de valores      
La autoridad      
Educación sexual      
Educar en la responsabilidad      

Díganos si existen otros temas que le interesan y no están en la lista:

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MUCHAS GRACIAS, de nuevo

La necesidad de aprender a ser padres/madres no es nueva. Siempre ha existido interés por recurrir a las experiencias de otros, o de solicitar consejos a los abuelos y a las abuelas. Por lo tanto, no es nuevo que las familias, informándose y actuando, hayan ido solucionando las dificultades acaecidas en la complicada tarea de educar a sus hijos/as.

La conveniencia de transmitir y poner en práctica consejos que mejoren la vida familiar y beneficien el desarrollo de los hijos/as, llevó a un grupo de madres a constituirse en la primera “Asociación de madres de familia” en los Estados Unidos de América, en 1815.

En 1868 se creó, también en ese país una sociedad de padres que recibía la orientación de psicólogos y otros expertos, para orientarlos en la forma de abordar a los hijos en su comportamiento social y el aprendizaje.

Comienzan también a aparecer publicaciones centradas en la educación familiar, como la “Parent’s Magazine” en 1840 y se celebra el “Congreso Nacional de Padres y Maestros”, en 1897. La Fundación Rockefeller apostó por la creación de centros de investigación para formar especialistas en la educación de padres y con el apoyo de la Asociación Americana para el Estudio del Niño, funda el Consejo Nacional para la Educación de los Padres.

También se celebrarán congresos y se crearán organismos a nivel internacional, como la Federación Internacional de Escuelas de Padre (FIEP), que colabora con la UNESCO, la ONU y la UNICEF.

En el continente europeo, y más concretamente en París, la Sra. Moll-Weiss crea la 1ª Escuela de Padres del mundo, en 1928, una idea que fue presentada ante una sala del Tribunal Supremo de Francia sobre el tema de la educación sexual en los niños y niñas y que generaliza a todos los demás, defendiendo la necesidad de devolver la confianza a las familias en su saber hacer como padres y como madres responsables.

En 1962, en California, el psicólogo Thomas Gordon diseñó un curso para familias constituyéndose en la primera Escuela para Padres, que más tarde se amplió a otros estados. Este modelo fue denominado Entrenamiento efectivo para Padres de Familia.

A partir de los años sesenta, las experiencias se realizan en diferentes Países Latinoamericanos. En Colombia surge el Centro Internacional de Desarrollo Humano (CINDE), con sede en Sabaneta, Antioquía, por el Doctor Glenn Nimnicht y su esposa Marta Arango, contando con el apoyo de la UNESCO.

De este modo, Estados Unidos y Francia fueron los que iniciaron de una forma sistemática la organización de las Escuelas de Padres, que surgen en los años sesenta con el objetivo de promocionar buenas prácticas educativas. Las primeras Escuelas de Padres se dirigían a ámbitos y familias con pocos recursos y con nivel sociocultural bajo con la intención de mejorar y compensar las dificultades y desventajas que suponía para los niños y niñas un ambiente familiar culturalmente bajo.

El programa más conocido fue el de Head Star, que se aplicó durante los años sesenta en Norteamérica. El programa se centraba en aspectos académicos y personales como son el autoconcepto o la autoestima. Los profesionales asesoraban y realizaban actividades tanto con los niños y niñas como con los padres y madres para formarles.

El origen de la Escuela de Padres se inicia en el ámbito escolar y poco a poco se va extendiendo a otros ámbitos como son el de los servicios sociales, sanitarios y servicios de barrio que pueden formar a las familias en temas importantes para el desarrollo del niño/a y las relaciones familiares.

A partir de los años noventa se incrementaron los programas de formación o Escuela de Padres en los centros educativos, con los siguientes objetivos:

  • – Proporcionar información adecuada para mejorar las prácticas educativas de la familia.
  • – Modificar algunos comportamientos o pautas de crianza inadecuados basándose en los conocimientos de profesionales expertos en diversas materias pedagógicas, psicológicas o sanitarias.
  • – Informar acerca de los aspectos generales del desarrollo evolutivo, métodos y pautas de ayuda al estudio, control disciplinario. También temas específicos, sobre prevención de drogas, desarrollo de habilidades sociales y orientaciones generales para posibilitar un buen funcionamiento y desarrollo social.

Las escuelas de padres y madres empezaron a funcionar en España gracias a la acción de Asociaciones de Padres y Madres, centros educativos, instituciones educativos y organismos públicos. Originariamente, su finalidad era propiciar un espacio de intercambio para que las familias pudieran compartir sus experiencias.

En España, en 1973 se crea la Escuela de Padres ECCA, como miembro activo de la FIEP (Federación Internacional para la Educación de los Padres). La Fundación Radio ECCA es una entidad sin ánimo de lucro, de carácter privado e independiente que desarrolla actividades de formación permanente desde 1965. Nació en Canarias, donde se encuentra la sede central, de la mano del padre jesuita Francisco Villén.

A mediados de 1973, Óscar Medina, miembro del Gabinete de Investigación y Asesoramiento de Radio ECCA, propone a la dirección de la Emisora la organización de un curso de pedagogía familiar.

De esta manera, la primera edición de Escuela de Padres se abrió paso con una doble finalidad: ayudar a los padres y madres en el difícil oficio de educar a sus hijos e hijas y llegar a la población mediante su método y su medio, la radio. Cuatro años después siguieron el curso veintiocho localidades españolas.

Una de aquellas veintiocho localidades fue Murcia, que de la mano del padre jesuita José Forcada llevó a cabo una importante labor orientadora y formadora en esta región.

Son muchas las familias que aún hoy recuerdan aquellas oportunas enseñanzas, basadas en la información y el debate a partir de casos prácticos.

Podemos recordar alguna de aquellas intervenciones radiofónicas en las que la cultura de la colaboración y la alianza han permitido que padres y madres se hayan sentido partícipes del mismo proyecto.

Comentaba el Padre Forcada en 1975: “para ser padre o madre hay que estudiar y prepararse, no fiarse sólo del sentido común”; “los problemas que plantean los jóvenes no se pueden resolver sólo a ojo, sino que hace falta tener conocimientos psicológicos y pedagógicos que fundamenten las decisiones”.

En 1976 comienza a dirigir su Escuela de Padres como centro de orientación familiar, dirigido a matrimonios, con dos cursos y 46 lecciones, 23 se impartieron en primero y las otras 23 en segundo año, en el 77.

Ya en aquellas primeras “promociones” se concedieron un total de 60 diplomas para 60 matrimonios, pero también participaron religiosas que querían formarse para trabajar en la educación de los jóvenes. E incluso una pareja de novios que finalmente se casaron, agradecían la formación recibida no sólo en lo que a orientación como padres frente a la tarea de educar a los hijos se refiere. Destacaban, sobre todo, lo mucho que habían aprendido acerca de la convivencia en pareja y la coordinación de esfuerzos.

De aquellas emisiones radiofónicas, recordamos algunas de sus palabras y enseñanzas.

Su objetivo era, como decía: “enseñar a las familias a educar a los hijos para que aprendan y sepan vivir en sociedad”.

Relación familia-escuela

Una vez clarificado lo imprescindible de una relación fluida y constante entre familia y escuela, es decir, entre padres y docentes, como base para la formación integral del individuo, debemos mencionar que las relaciones entre familia y escuela han sufrido importantes cambios a lo largo de la historia.

En el siglo XVIII, en la era de la industrialización, la familia empezó a perder la exclusividad como agente socializador y a partir de ese momento, tanto la escuela como la fábrica o la empresa, empezaron a compartir la tarea.

Posteriormente, al comenzar el siglo XX, surge un nuevo patrón de relaciones entre familia y escuela, en el que comienzan a distanciarse las familias de los educadores porque la labor pedagógica tiende a especializarse y a hacerse más compleja. Con lo cual, mientras que los docentes enseñan materias y utilizan métodos desconocidos para los padres, las responsabilidades de la familia son muy distintas. Los padres y madres debían enseñar a sus hijos buenos modales, a saber estar y a respetar a los mayores, como base prioritaria para el buen comportamiento. De esta manera, la familia y los docentes comenzaron a perseguir objetivos independientes. El docente asume que su rol se limita a impartir su materia y a asegurarse de que el alumno aprende conocimientos, dando por sentado que las normas de comportamiento y educación las trae aprendidas de casa.

Llegados a este punto, la relación familia-escuela tenía que conocer una gran transformación. Gradualmente, la función del docente ha ido creciendo hasta el punto de que hoy se espera de él no sólo resultados en el campo académico e intelectual, sino también emocional, afectivo y social del niño/a. Esta consideración del profesional ha propiciado, además, que la relación entre familias y docentes comience a estrecharse de nuevo.

Sin embargo, actualmente son muchas las familias que reconocen, implícita o explícitamente, la necesidad de formación como padres así como la información para llevar a cabo su tarea educadora, frente a una sociedad que hace que los jóvenes maduren más rápidamente o de diferente manera que las generaciones que les preceden. Los padres entienden que estos cambios producidos en todos los niveles exigen de ellos la tarea de actualizarse y no quedarse desfasados ante sus hijos y ante la sociedad.

La educación es demasiado importante para dejarla sólo en manos de los maestros. Por lo que los padres deben ser agentes más activos ante el proceso educativo de sus hijos. Es necesario comprender que la dinámica educativa nos incluye a todos, es una actividad permanente de los docentes, de las familias, de la comunidad en su conjunto en beneficio de las nuevas generaciones, y en definitiva, de la sociedad en general.

Por lo tanto, es una premisa fundamental considerar que la implicación de las familias en la educación y en el contexto escolar de los hijos e hijas es fundamental para su educación y desarrollo. Siendo necesario, para ello, que la familia y el centro educativo trabajen de manera coordinada, desarrollando habilidades, destrezas básicas de aprendizaje, transmisión de normas, responsabilidades y enseñanza de valores.

Los conceptos de familia y educación están intrínsecamente ligados, de manera que no se entiende el uno sin el otro. Desde la infancia los padres enseñan a sus hijos cómo comportarse correctamente, en el ámbito familiar y fuera de éste, tal y como sus padres lo hicieron con ellos.

Con el fin de expresarnos con rigor, se hace necesario acudir al correcto significado de ambas palabras. Así, según el Diccionario de la Real Academia Española, encontramos las siguientes acepciones:

Familia:

1.- Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas.
2.- Conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje.
3.- Hijos o descendencia.

Educación:

1.- Acción y efecto de educar.
2.- Crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes.
3.- Instrucción por medio de la acción docente.
4.- Cortesía, urbanidad.

A pesar de los profundos cambios históricos, la familia sigue siendo la más completa y rica escuela de humanidad, donde se vive la experiencia más significativa del amor gratuito, de la fidelidad, del respeto mutuo y la defensa de la vida. Su tarea específica es la de custodiar y transmitir, mediante la educación de los hijos e hijas, virtudes y valores a fin de edificar y promover el bien de cada uno y el de la comunidad.

La función de la familia es básica en el proceso de formación del menor. Desde el momento de nacer se inicia ya una interacción que sin duda será fundamental durante su posterior desarrollo social. Por lo tanto, los padres y madres son los primeros en contribuir al sana desarrollo de los menores en todos los aspectos, siendo responsables de su proceso de socialización, con el fin de que los hijos/as aprendan a asumir sus roles responsablemente, desarrollar su seguridad y autoestima, rendir más en los aprendizajes y formarse en valores humanos.

Así, durante los primeros años de vida de un niño/a, la familia es el principal agente de socialización y cuando el menor entra en contacto con el ámbito escolar, adquiere tanta importancia el ambiente familiar como el escolar, ya que son los dos agentes que más van a influir tanto en su desarrollo personal como en el proceso educativo. Por ello, es fundamental la colaboración y comunicación entre padres y educadores para posibilitar una formación integral del menor o joven.

La coordinación de ambos es imprescindible entendiendo que si un profesor quiere educar tiene que hacerlo en consonancia y colaboración con los padres, y así los esfuerzos que realiza en las horas de clase tendrán continuidad en los demás ámbitos, produciéndose una retroalimentación entre unos y otros.

La tarea de educar, en su doble vertiente, implica para los padres la transmisión de valores que se reflejen en el aula a través de valores como: un buen comportamiento, respeto hacia los demás, uso de un vocabulario adecuado, compañerismo, respeto hacia el docente y el acto de enseñar, valoración de la adquisición de conocimientos de las diferentes materias, etc. Por tanto es tarea de los padres poner estos cimientos para que su hijo tenga un comportamiento cívico, tanto en el aula como fuera de ella. Así mismo, corresponde al docente valorar la tarea educadora de los padres y avanzar en ella con asertividad, así como ser el vehículo para transmitir conocimientos y valores tanto sociales como culturales.

Por otro lado, si los padres acompañan en el proceso de socialización de sus hijos e hijas, conseguirán que aprendan a asumir sus roles, a desarrollar seguridad, autoestima, a rendir más y mejorar en su aprendizaje, formándose poco a poco en una escala de valores humanos tan necesarios para la convivencia.

Ser padre o madre no sólo se refiere a dar la vida al nuevo ser, también supone alimentarlo, cuidar su higiene, y enseñarle hábitos para que sepa desenvolverse en la sociedad de la que va a formar parte. Es necesario “socializarlo”, entendiendo este concepto como el proceso a través del cual los niños y las niñas adquieren las normas y valores de la sociedad en la que viven. La socialización pues, es de varios tipos, pudiendo distinguir una primaria y otra secundaria. La primaria corresponde a las primeras etapas del proceso que se cumple, por lo general, en el medio familiar. La secundaria se desarrolla a través de las instituciones encargadas y procesos formalizados de la educación, básicamente en la escuela.

El proceso de socialización, en cualquiera de sus tipos es muy complejo porque el niño/a recibe múltiples mensajes.

En primer lugar de la familia, formada por varias personas como abuelos, tíos, hermanos, etc., y cada uno de ellos juega un papel en este aprendizaje. Es cierto que en los primeros años de vida, la mayor influencia la ejercen los progenitores por lo que es necesario una preparación o una formación para ser buenos padres, ya que los hijos aprenden con frecuencia más por imitación de los comportamientos que perciben, que por obediencia.

Posteriormente, los agentes de socialización serán el grupo de iguales, la escuela, los medios de comunicación social, los llamados “agentes no formales”.

Pero en lo que existe unanimidad es en que la inmensa mayoría de los aprendizajes se adquieren en los primeros años de vida, aquellos en los que se interiorizan comportamientos, actitudes y valores.

Desde las etapas más antiguas de la humanidad, quien socializaba al nuevo miembro de la comunidad era la familia, la tribu, el núcleo, al que pertenecía. El nuevo miembro adquiría todos los conocimientos por medio de la imitación de los mayores. Ellos sabían, querían y podían enseñar, podían educar. Pero con la evolución de las sociedades, el conjunto de conocimientos, de actitudes, de procedimientos fue tomando mayor envergadura y complejidad, y ya los mayores no disponían de conocimientos ni preparación, aunque querían seguir educando. Actualmente, en la mayoría de los casos, no saben, no pueden y tampoco quieren, dejando esta función encomendada a los maestros o maestras con la consecuente pérdida del poder socializador de la familia y dependiendo cada vez más del centro educativo, al que se le exige que asuma mayor número de tareas. Pero indudablemente, esta función es un deber y un derecho de los progenitores y deben ser ellos quienes eduquen a sus hijos e hijas de forma cooperativa con el sistema educativo, definiendo las responsabilidades de cada uno de los agentes que intervienen en el proceso.

Es cierto que hoy la familia ha experimentado grandes cambios y modificaciones y, aunque la familia nuclear sigue siendo la predominante, están apareciendo otras formas de familia. Así mismo la falta de normas dentro de ella, los cambios de roles, la falta de valores compartidos, está produciendo algunos comportamientos nocivos en los adolescentes. Pero, a pesar de todas estas notas negativas, se sigue valorando positivamente a la familia como núcleo principal para el desarrollo personal. Cuando los niños y las niñas se escolarizan traen ya unos valores y hábitos aprendidos en sus hogares de manear vicaria. Y, a pesar de este aspecto tan importante en el desarrollo posterior de los hijos y de las hijas, no se le ha dado la importancia que merece y no se ha avanzado en la preparación para ser padres y madres. Educar es formar integralmente al otro, es ayudar, es conducir a la persona desde sus primeros años y para que esto sea más eficaz es necesario hacerlo en un clima de afecto y ¿quién puede mostrar más afecto o amor que la propia familia, cuando ésta dispone de la formación y condiciones necesarias?

Actualmente muchas familias se preguntan qué deben hacer, cómo deben actuar, ante las nuevas situaciones que se presentan en los hogares, ya que la forma en la que ellos fueron educados, en muchos casos de forma deficiente, no es aplicable al momento actual. Nadie está preparado para ser padre o madre en esta nueva sociedad postindustrial, cambiante a ritmo vertiginoso, que emite mensajes e información a través de innumerables medios y modos y que se convierten en razones por las que, en muchos casos, se pueden sentir desbordados. Surge entonces la necesidad de aprender, tanto de manera formal como informal. Se necesita adquirir nuevas destrezas, habilidades y competencias.

Y ese es el motivo por el que destacamos el carácter positivo que supone la implicación familiar para la transmisión de valores fundamentales, para el éxito escolar del alumnado y que devuelve al escenario educativo su protagonismo en la formación y desarrollo del talento de sus hijos/as. El objetivo, por tanto, es ayudar a las familias a reconocer las situaciones cotidianas que hacen difícil el proceso educativo, la mayoría de las ocasiones motivado por falta de información y formación específicas e impulsar el desarrollo de espacios y programas que beneficien en primer orden a los menores, a la familia y a la comunidad en general, un trabajo que tiene en cuenta la imprescindible participación de todos los protagonistas en la vida social del menor. Pero no queremos quedarnos en la mera adquisición de unos conocimientos teóricos, sino alcanzar un conocimiento más profundo, fruto de la reflexión, del análisis crítico de las propias actitudes y experiencias, y todo ello en diálogo con otros padres y madres, para avanzar en seguridad, claves, habilidades y confianza en uno mismo.

1.- Objetivos Generales:

  • Realzar la importancia de los Talleres para Padres como respuesta a los problemas cotidianos de las relaciones sentimentales, personales, familiares y sociales.
  • Asumir la trascendencia de la función educadora de los Padres de Familia y los adultos significativos para el niño dentro de su hogar.

2.- LOS PADRES PRINCIPALES EDUCADORES: ¿QUÉ ES EDUCAR?

La educación de los hijos es a la vez un derecho y una obligación de los padres. Este tema está dedicado a reflexionar sobre el significado y la importancia de la educación integral de los hijos.

Afortunadamente, muchos padres o quienes cumplen ese rol, como los que ahora están en este taller, se preocupan por buscar una mejor preparación, que los ayude a desempeñar su función; pero hay otros que se desentienden de la educación de sus niños, dejando a la escuela y al medio ambiente esta importante tarea.

EDUCAR: es formar a los niños, es ayudarlos a “hacerse” o “tomar forma” como seres humanos, desarrollando todo aquello que deseamos para ellos.: AFECTO, SEGURIDAD, AMOR PROPIO, PAZ INTERIOR, CONSIDERACIÓN POR LOS DEMÁS, FELICIDAD, RESPONSABILIDAD, SERVICIO. Es ejercitar, desarrollar y fortalecer todos sus aspectos físicos, intelectuales, afectivos, espirituales y sociales.

El reto de nosotros como padres está en lograr que esas buenas intenciones se conviertan en acciones que se traduzcan en resultados positivos, es decir, en beneficio para el desarrollo de los hijos y el bienestar familiar.

La tarea no es fácil, los padres realizan su labor como directores en la escuela más difícil del mundo: LA ESCUELA PARA FORMAR SERES HUMANOS. Hay que elaborar el plan de estudios, no hay vacaciones ni asueto ni sueldo. El horario es de 24 horas diarias y 365 días al año. Responder a la formación de hombres y mujeres de bien es una tarea diaria que requiere el máximo de paciencia, sentido común, dedicación, buen humor, tacto, amor, conciencia y conocimiento. Al mismo tiempo, esta responsabilidad brinda la oportunidad de tener una de las experiencias más satisfactorias y felices de la vida.

¿PARA QUÉ EDUCAR?

La educación es fundamental para la formación integral de nuestros hijos, pero no sólo en el sentido de llenar cerebros de información, ciencia o tecnología, sino en el sentido de formar a través de una educación para la vida, en la cual se manejen tanto conocimientos como actitudes, valores, principios, creencias y convicciones, las cuales llevarán a nuestros hijos a ser hombres y mujeres de bien, capaces de formar a futuro una familia contenedora y que como consecuencia esto ayude a forjar una sociedad en la que predominen la paz y las buenas costumbres. Así, a través de una verdadera educación es como podemos ayudar a nuestros hijos a tener una vida plena y trascendente, es por eso que la educación para nuestros hijos es la mejor herencia que les podemos dejar.

Los padres de familia somos los principales educadores de nuestros hijos, sobre todo en materia de valores. La escuela, los maestros, etc., tienen una función complementaria.

Hemos visto que el obstáculo mayor al que se enfrentan los maestros cuando quieren fomentar los valores es que los alumnos provienen de familias que no los practican en su vida cotidiana.

Es muy importante que nos convenzamos de que la clase de la formación en los valores y en actitudes positivas está en la familia. Los valores esenciales los damos los padres de familia, sólo así podremos formar hijos íntegros y felices.

Los valores no se aprenden con sermones, ni definiciones, se aprenden con el ejemplo, recordemos: la palabra convence, pero el ejemplo arrastra…

3.- RECONOCIENDO ACTITUDES APROPIADAS DE LOS “BUENOS PADRES”.

Escribe junto a cada frase una F o V, si es falso o verdadero.

  1. a) Los buenos padres aman a sus hijos y les proveen de un ambiente cordial y seguro._____
  2. b) Los buenos padres promueven el respeto mutuo._____
  3. c) Los buenos padres dan libertad a los niños sobre el uso de los medios de comunicación.____
  4. d) Los buenos padres enseñan con su ejemplo.____
  5. e) Los buenos padres enseñan directamente, haciendo todo por sus _____
  6. f) Los buenos padres utilizan el diálogo y la reflexión para promover el pensamiento crítico de sus hijos.____
  7. g) Los buenos padres dan a sus hijos verdaderas responsabilidades.____
  8. h) Los buenos padres les planean a sus hijos sus metas.____
  9. i) Los buenos padres son severos en su disciplina.____
  10. j) Los buenos padres fomentan el desarrollo espiritual de sus hijos.____

4.- ANÁLISIS Y REFLEXIÓN de las actitudes de los buenos padres

Sería conveniente que el monitor entregue a cada padre un listado de estas actitudes aunque el desarrollo de cada una se desarrolle en la reunión.

a) Los buenos padres aman a sus hijos y los proveen de un ambiente cordial y seguro.

En cualquier etapa del desarrollo de nuestros hijos, podemos fomentar el amor, que no es otra cosa que la paciencia, la amabilidad y cariños. Hay investigaciones que nos dicen que los niños tienen un mejor desarrollo si han disfrutado de cariño, comprensión y apoyo en sus relaciones con sus padres. Si el amor falta en la relación padre-hijo, significa problemas para el niño.

El amor de los padres es vital para construir en el niño una sana autoestima. De esta forma, el niño puede tener mejores relaciones interpersonales y tener mayor confianza en sí mismo, por lo que no se doblegará ante otro ni cederá a las presiones grupales fácilmente.

El amor de los padres ayuda a desarrollar en el niño destrezas y habilidades frente a los modelos de consumo sociales.

Un hogar “sin padres”, padres vivos pero ausentes y sin un ambiente de amor, puede traer las siguientes consecuencias: I) mayor riesgo de abuso a menores; II) aumento de los problemas de educación, dificultades de aprendizaje, abandono de estudios; III) incremento en la probabilidad de ingerir drogas y IV) riesgo de comportamiento delictivo.

b) Los buenos padres promueven el respeto mutuo.

Una de las lecciones más importantes que se pueden enseñar: “Haz a los otros lo que te gustaría que hicieran por ti”.

En cualquier edad del niño, los conflictos que se presentan cotidianamente, ofrecen oportunidades para enseñar el respeto mutuo.

En este tipo de ocasiones se requiere de un factor importante: el respeto de los niños hacia la autoridad de los padres. Es decir, que los niños estén conscientes de que sus padres son quienes llevan la “batuta” en la familia, ellos son la autoridad.

Nuestros hijos necesitan que nosotros marquemos límites de un modo firme, pero amable, para que ellos cumplan con las normas.

Respetar la autoridad de los padres es esencial, y que los padres sean respetuosos con sus hijos, también. Sin este mutuo respeto, los niños no respetarán reglas, enseñanzas ni consejos. Toda educación en el hogar depende en gran parte de este respeto mutuo.

c) Los buenos padres controlan el uso de los medios de comunicación de sus hijos.

  • Están alerta de la influencia de los medios y que éstos sean utilizados de manera preactiva, es decir, aprovechan cuando ven televisión con sus hijos para cuestionar ciertos comportamientos que se ven en la misma. Y que no ayudan en nada para su formación.
  • Desisten de ver programas para adultos, nocivos para los niños, cuando éstos están en el hogar.
  • Utilizan los medios que promueven la convivencia familiar y los valores. No se permiten aquellos que van en contra de los valores familiares.
  • No permiten nada en el hogar que ofenda los principios o devalúe a la persona humana: no pornografía, no violencia, no marginación, no discriminación.
  • No ven TV durante las comidas.
  • No ven TV antes que la tarea escolar esté terminada.
  • Ven juntos la TV y películas como una familia. Buscan programas y videos de calidad, buenos noticiosos y documentales.

d) Los buenos padres enseñan con su ejemplo.

  • Los padres son modelos para los hijos, influyen en su desarrollo como seres humanos.
  • Enseñan con el ejemplo y ello, va más allá de tratar bien a sus hijos. Nuestro comportamiento se ve reflejado también en el trato con el cónyuge, demás familiares y personas alrededor.
  • Hay incontables oportunidades en donde los hijos aprenden de los padres, por eso hay que tratar que nuestra vida sea un buen ejemplo para ellos.

e) Los buenos padres enseñan directamente por medio de la explicación, no lo hacen ellos.

  • Enseñar directamente y no con rodeos es muy importante. Esto implica, muchas veces, el explicar por qué algunas cosas están bien y otras mal.
  • Aprovechar los “momentos de aprendizaje”, es decir, cuando uno de los hijos ha hecho algo mal y hay que corregirle su comportamiento.
  • Ser consistentes, claros y serenos cuando los hijos han obrado mal. Esto requiere tiempo y esfuerzo.
  • Enseñar con la verdad. Aquí mostramos algunas verdades de la vida que se deben enseñar a los hijos: La manera de ser felices es darse a los demás, compartir y brindar servicio. Nadie respeta a un mentiroso, chismoso, cínico o burlón.
  • Las verdaderas riquezas de la vida son la familia, los amigos, la salud y la conciencia limpia. (Revisar los valores de la comunidad donde se aplica y adaptarlas.

f) Los buenos padres utilizan el diálogo y la reflexión para promover el pensamiento crítico de sus hijos

  • Es importante utilizar el diálogo y la reflexión, pues fomenta que los niños se detengan y piensen en sus acciones y se pregunten si es correcto o no, lo que hacen.
  • Se puede utilizar preguntas que ayuden a los niños a comprender la reacción del otro y las consecuencias de su propio comportamiento. Ejemplo: “¿Por qué crees que se enojó contigo? ¿Cómo puedes evitar que eso suceda?”.
  • Las preguntas ayudan a los hijos a preguntarse sobre sí mismos: “Esto que estoy haciendo, ¿está bien?, ¿qué me puede pasar si lo hago?”.

g) Los buenos padres dan a sus hi j os verdaderas responsabilidades.

  • Los niños son responsables si se les dan responsabilidades.
  • Se debe dar a los niños oportunidades para desarrollar el hábito de la responsabilidad. Ejemplo: hacerlo responsable de alguna tarea en la casa, si ellos no la realizan, la familia entera se verá afectada, por lo tanto su tarea es de gran importancia para todos.

h) Los buenos padres ayudan a sus hijos a ponerse metas, no se las planean.

  • Es importante ayudar a los hijos a pensar en algo que quieran alcanzar y sugerirles qué medios pueden utilizar para lograrlo.
  • Es aconsejable sentarse con ellos a revisarlos de vez en cuando y proponerles medios alternativos para lograr su meta e incluso ayudarles a alcanzarla.
  • Ellos le encontrarán sentido a la vida y descubrirán algo por qué luchar.

i) Los buenos padres son maduros y equilibrados en su disciplina y no severos.

No podemos hoy en día imponer nuestra forma de pensar a nuestros hijos, eso sería ser autoritario. Tampoco dejarlos que hagan lo que quieran, eso sería ser demasiado flexibles. Por eso es importante encontrar el punto medio, es decir, utilizar la madurez y el equilibrio para poner límites. La autoridad adulta propiamente ejercida es vital para el desarrollo sano del niño.

Algunas características de los padres equilibrados y maduros:

  • Las reglas de convivencia son claras.
  • Permiten que el niño tome decisiones que le conciernen directamente (por ejemplo, qué ropa prefieren ponerse el día de hoy). Se inicia con la menos trascendente, con el fin de que se eduque en la toma de decisiones, y si ha de equivocarse, se equivocará en lo poco trascendente y se puede corregir a tiempo.
  • Se utiliza el razonamiento para explicar las reglas, y el afecto para motivar la obediencia.
  • Escucha al niño, pero no basa sus decisiones en los deseos de él.
  • Son un soporte emocional para el niño.

Recordemos que no hay familias perfectas ni hijos perfectos. La clave para ser una familia feliz está en la manera en que se dialoga para resolver sus problemas.

  1. j) Los buenos padres fomentan el desarrollo espiritual de sus hijos.

Cuando los jóvenes carecen de una visión espiritual de su finalidad en esta vida, de su misión en este mundo, son más vulnerables a la tentación de crear dioses falsos como el dinero o idealizar modelos de éxito, con el consecuente sentimiento de fracaso cuando no logran alcanzarlo, Es responsabilidad de los padres enseñar a sus hijos las razones por las que debemos vivir de acuerdo a las normas, las tradiciones y costumbres que enriquecen la vida espiritual de la familia. (Hablar de la trasgresión adolescente).

5.- EVALUACIÓN.

Temas que a partir de lo reflexionado en este encuentro, les gustaría tratar o informarse.

6.- REFLEXIÓN: “Lo que siente nuestro hijo”

…No me des todo lo que pida
A veces yo sólo pido para ver hasta cuanto puedo obtener…

….No me des siempre órdenes.
Si en vez de órdenes a veces me pidieras con amabilidad las cosas, yo las haría más rápido y con más ganas…

…No me compares con nadie.
Especialmente con mi hermano o hermana, si me haces ver peor que los demás entonces seré yo quien sufra.

…No me retes delante de nadie y si me llamas la atención hazlo con amabilidad.
Enséñame a mejorar cuando estemos solos.

…No me grites.
Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.

…Déjame hacer las cosas por mi mismo.
Si haces todo por mí yo nunca aprenderé.

…No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro.
Me haces sentir mal y perder la fe en lo que decís.

…Cuando yo haga algo malo no me obligues que te diga el porque lo hice.
A veces ni yo mismo lo sé, ayúdame a descubrirlo.

…Cuando estés equivocado en algo reconócelo.
Así me enseñarás a admitir mis equivocaciones y también mejorará la opinión que yo tengo de ti.

…No me digas que haga una cosa que vos no haces.
Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, pero nunca lo que tú digas y no hagas.

…Cuando te cuente un problema mío, no me digas: “No tengo tiempo para pavadas” o ¡”eso no tiene importancia!”.
Trata de comprenderme y ayudarme.

…Quiéreme y exprésalo con palabras.
A mí me gusta oírtelo decir, aunque no lo creas necesario.

Te quiero mucho, tu hijo.