Escuela de Padres

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Los estudios son una de las grandes preocupaciones de los padres. La educación de los niños se realiza en la escuela, pero también en casa, los padres deben motivar y ayudar al niño a estudiar.

Si vuestro hijo va a clase a regañadientes o con falta de motivación, procurad analizar lo antes posible la situación con el equipo educativo del colegio. A continuación os ofrecemos algunos consejos.

El papel del profesor en la educación escolar

Si vemos que el niño ya no está motivado y que su nivel baja, es importante reaccionar rápidamente y comunicar nuestra inquietud al profesor tutor o al coordinador del curso para intercambiar puntos de vista.

Ellos tratan al niño cada día, en su condición de alumno, y tienen una percepción algo distinta de la vuestra. Puede que los responsables educativos os digan que el niño es capaz de rehacerse (1.º de ESO es un obstáculo difícil y los niños pueden sufrir “bajones” a lo largo del curso).

Y, si ven que es necesario actuar, os ayudarán a buscar soluciones (apoyo individualizado, ayuda para hacer los deberes…). En ambos casos valorarán el hecho de que manifestéis vuestra inquietud, si está justificada, ya que demuestra que os implicáis en los estudios de vuestro hijo. Es algo positivo para todos.

Consejos para motivar al niño en el estudio

Paralelamente a este “aviso” al equipo pedagógico, debéis dedicar más tiempo al trabajo escolar de vuestro hijo: conviene que estéis presentes cuando hace los deberes (especialmente los fines de semana, si durante la semana os resulta imposible), que le preguntéis la lección, que repaséis y corrijáis sistemáticamente con él los ejercicios…

Hay que prestar una especial atención al inicio de 2.º de la ESO. Muchos profesores constatan una disminución de la atención y del nivel en ese momento: los alumnos ya se han acostumbrado al nuevo marco de vida de la secundaria, ya no son “los más pequeños”, se sienten más seguros… pero tienen que mantener imperativamente el esfuerzo para no perder pie.

Laure Dumont

Algunos padres y madres de chicos víctimas se enfadan profundamente con el centro escolar al entender que no se está prestando suficiente atención a su hijo y que, debido a esto, han sucedido las agresiones. Es evidente que entendemos que, en situaciones de maltrato, la organización, supervisión y cuidado de los alumnos en el centro escolar son muy importantes; si bien a pesar de ello, a veces, las relaciones ocultas entre los alumnos pueden pasar desapercibidas a los ojos de los profesores. Por ello debemos confiar en la escuela y asumir que va a ser nuestra aliada en la mejora de la calidad de vida de nuestro hijo o hija, en el caso de ser víctima de malos tratos por parte de sus compañeros.

Por el contrario, si nuestro hijo está agrediendo a otros compañeros, lo importante será que cese en dicha actitud, que modifique los comportamientos y que comunique aquello que le está haciendo comportarse así. En ocasiones algunos padres o madres en esta situación entienden que la mejor forma de ayudar a sus hijos es mostrándose hostil hacia la persona que le comunica los hechos (profesor tutor, director, orientador,…) y rehúsan aceptar la implicación de su hijo. Es importante, pues, que entendamos que, una vez averiguado el grado de implicación de nuestro hijo en el proceso de maltrato, éste deberá asumir su responsabilidad y que lo peor que le puede ocurrir es no asumir su culpa y sentir permisividad ante los actos violentos, entendiendo así que el ejercicio del poder mediante la fuerza y el daño ajeno vale la pena, y que, por lo tanto, se puede uno salir con la suya y obtener una recompensa social, al demostrar que se es el más fuerte. Si permitimos que nuestro hijo deduzca esta mala enseñanza, le habremos preparado para repetir en el futuro su comportamiento abusivo sobre otras personas en cualquier contexto (escuela, familia, calle, trabajo, pareja,…), pudiendo causarle graves problemas a él y a cualquier persona con la que se relacione.

En ambos casos (alumno-víctima o alumno-agresor) la escuela ha de trabajar conjuntamente con los padres para abordar el conflicto suscitado, buscando respuestas adecuadas que ayuden a restablecer unas relaciones satisfactorias. Por eso te proponemos que:

  • Acudas a la escuela en cuanto tengas indicios, o simplemente sospechas, de que tu hijo está cometiendo actuaciones de maltrato o que está participando conjuntamente en agresiones a otros compañeros.
  • Intenta hablar con tu hijo e indaga sobre los indicios que observas. Explícale que vas a acudir al centro escolar y que tu intención es buscar una colaboración con la escuela para intervenir en el cese del maltrato.
  • Ponte en contacto con el tutor o, en su caso, con la jefatura de estudios, la dirección o el departamento de orientación del centro e infórmales de tus inquietudes.
  • Confía en que la escuela abordará el problema, tanto de manera individual como con el grupo clase que lo está presenciando.
  • Solicita ser informado de los pasos que se están dando y, a su vez, informa de cualquier mejora en la conducta, así como de posibles nuevas agresiones.
  • Mantén reuniones periódicas con el colegio para acordar actuaciones conjuntas y revisarlas.
  • En caso de que tu hijo sea víctima, si observas que aumenta su miedo, o que se produce un rebrote de las agresiones o que éstas no cesan a pesar de la intervención escolar, comunícalo al centro y, dependiendo del nivel de riesgo, indícales tu intención de denunciarlo en otras instancias.
  • Si tu contacto con la escuela no ha sido todo lo satisfactorio que esperabas, házselo saber y exige que se aborde el problema con toda prontitud. En caso de no considerar adecuada la intervención escolar, ponte en contacto con la Asociación de Madres y Padres (AMPA) o con el Servicio de Inspección educativa y solicita ayuda.
  • Si existe un alto riesgo para tu hijo o la agresión ha sido muy grave, dirígete a PROTEGELES o denúncialo directamente a la policía.

Alta ansiedad, estrés y miedo son, al parecer, las tres claves mediante las que se puede detectar si un hijo es víctima de acoso.

El experto JOSÉ MARÍA AVILÉS, miembro del Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid, afirma que las víctimas pueden desarrollar respuestas agresivas y en casos extremos, pensar en el suicidio. Para este especialista, el agresor interioriza “una manera de comportarse que puede desembocar en situaciones de delincuencia muy graves” y sobre los espectadores, afirma que llegan a aprender a mirar para otra parte, e incluso a verlo de forma normal.

Para detectar este fenómeno con más detalle en el acosado, hay que fijarse en la aparición de los siguientes SÍNTOMAS que pueden darse de forma aislada o bien combinados unos con otros:

1. Su hijo/a tiene dificultad para relacionarse con sus compañeros o los profesoresLa información la podemos recoger de los mismos amigos ya que el maltrato se inflige donde no puede ser visto por los adultos. Por otro lado, la víctima se aísla y se niega a contarlo a alguien.

2. Existen indicios evidentes, externos, que resultan más difícil ocultar.

A saber: moratones, rasguños o cortaduras cuyo origen el niño no alcanza a explicar; ropa rasgada o estropeada; objeto dañados o que no aparecen; dolores de cabeza, de estómago o de otro tipo cuya causa no está clara; lágrimas o depresión sin motivo aparente; variaciones de humor o problemas de concentración; accesos de rabia extraños; renuncia a ir a la escuela; trastornos del sueño o eneuresis; renuncia a jugar con los amigos, retraimiento social o temores ante otros niños; rebelión constante contra las normas o excesiva sumisión ante las mismas; miedos irracionales; agresiones a hermanos, especialmente en niños que han sido afectuosos y pacíficos; deseo de tomar otra ruta para ir a la escuela o volver a casa; empeoramiento del rendimiento escolar; peticiones de dinero sin explicación del motivo.

En una situación similar a la descrita es necesario adoptar una serie de MEDIDAS y en un determinado orden.

El primer paso a dar sería conseguir la confianza del hijo pero este objetivo es muy difícil de conseguir a menos que surja como iniciativa por parte de ellos. Debemos saber que el hijo necesita:

  •  saber que se le escucha y se le cree.
  •  llegar a confiar en la manera en que sus padres se ocuparán del problema 
  • hablar con más franqueza acerca de lo sucedido
  •  aprender a dominar hasta cierto punto su propia situación
  •  aprender técnicas y estrategias para protegerse
  •  volver a tener seguridad en sí mismo.

En esta situación los padres pueden ayudar de la siguiente manera:

  •  haciendo que su hijo participe en la toma de las decisiones sobre lo que hay que hacer;
  •  escuchando atentamente lo que el niño les dice;
  •  diciéndole que le comprenden.

Pero hay determinadas actitudes erróneas de los padres que no ayudan y son las siguientes:

  •  se alteran o se angustian;
  •  se sienten culpables o avergonzados;
  •  le hacen creer al niño que la situación no tiene importancia;
  •  culpan al niño/a o a la escuela;
  •  acusan a otras personas sin estar enterados de los hechos;
  •  exigen saber de inmediato todos los pormenores de lo ocurrido;
  •  o buscan soluciones fáciles.

Para evitar situaciones de este tipo, se debe mantener la sangre fría y dar los siguientes pasos que ayudarán mucho más a resolver el problema:

  •  animar al niño a que cuente todo lo que quiera sobre lo sucedido, a fin de tener una idea exacta de los hechos;
  •  mantener la mente abierta, sin olvidar que lo que están oyendo es sólo una parte de lo ocurrido;
  •  hacerle preguntas al niño, sin alterarse, con suavidad;
  •  ayudarle a reflexionar sobre lo sucedido hasta ahora;
  •  ayudarle a decidir qué hay que hacer para resolver la situación.

Es importante averiguar datos sobre que ocurrió, quién estuvo implicado; dónde ocurrió; cuándo y si hubo testigos y quiénes fueron. Una vez dados estos pasos, se pueden adoptar otras medidas como:

  •  No enfrentarse a los agresores; rara vez funciona, sino que, al contrario, suele agravar la situación.
  •  Hay que comunicarse con el centro escolar cuando se haya llegado a un acuerdo con el hijo sobre la forma, el cuándo, con quién…
  •  Pedir una cita con el director, profesor o persona que se considere más idónea para tratar el asunto.
  •  Se debe evitar presentarse en la escuela sin concertar antes una cita.
  •  Presente de forma tranquila y ordenada la información que tenga.
  •  Señale con su modo de actuar que usted desea colaborar con la escuela en la búsqueda de una solución. Indique lo que usted y su hijo desean hacer y pida que el representante de la escuela también opine al respecto.
  •  Anote las medidas que la escuela promete tomar, y pida otra cita para informarse de las actuaciones realizadas.

Por último, cabría apuntar una serie de instrucciones para ayudar a su hijo/a a hacer frente al problema. Estas pueden ser las siguientes:

1. Si los abusos se están cometiendo camino a la escuela o de regreso a casa, vea si es posible que tome otra ruta, se junte con otros niños o, acaso con la ayuda de la escuela, encuentre un compañero más robusto con quien pueda ir acompañado. Estas medidas podrán ser útiles mientras se está resolviendo el problema.

2. Si a su hijo le cuesta hacer amigos, anímelo para que haga un mayor esfuerzo por conseguirlo, ya que el tener un buen amigo, aunque sea uno solo, puede ser decisivo frente al problema de los malos tratos.

3. Invite a casa a los amigos de su hijo, para que se vayan afianzando las amistades iniciadas en la escuela.

4. Hable con su hijo sobre lo ocurrido y propóngale algunas medidas que podría adoptar para ayudarse, tales como: fingir no oír los comentarios hirientes; repetirse a sí mismo, en voz baja, consejos para animarse, tales como: «eso es problema suyo, no mío», o «yo estoy bien»;aprender a portarse de manera más firme, serena y enérgica, para que pueda enfrentarse al agresor sin sentir miedo, ni angustiarse, ni ponerse ofensivo ni violento; y entender que, en el caso de los malos tratos, está bien, y de ninguna manera constituye un acto de delación, contárselo a otro.

Frecuentemente somos testigos de desgraciadas noticias en relación con la violencia escolar. Se ha oído mucho sobre este tema pero vamos a tratar de definir correctamente el concepto de “bullying” y cómo, desde casa, podemos detectar el inicio de un cuadro de acoso fijándonos en algunos detalles que a continuación citaremos. Finalmente, proponemos algunas medidas que pueden tomar para resolver la situación violenta si esta llega a producirse.

Un estudio llevado a cabo por el Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid indica que, el 55 por ciento de los alumnos acosadores sale impune de este tipo de actos.

Según los expertos, el MALTRATO entre escolares aparece cuando de forma repetida un niño más grande, más fuerte y con más poder que otro comete abusos contra éste o, también si un grupo de niños somete a abusos a otro niño solo. Lo que ocurre es que los malos tratos pueden ser de diversos tipos.

Veamos:

1.Verbales: insultos, humillaciones o amenazas.

2. Físicos: golpes, zancadillas, pinchazos, patadas, o bien hurtos o estropeo de los objetos propiedad de la víctima.

3. Sociales: exclusión, difusión de rumores y calumnias contra la víctima.

4. Psicológicos: acecho, o gestos de asco, desprecio o agresividad dirigidos contra la víctima.

Con lo que acabamos de afirmar rompemos el primer error que se está cometiendo y es, pensar que el maltrato es únicamente físico y/o psicológico. El maltrato entre escolares se diferencia de las burlas, tomaduras de pelo, juegos bruscos y peleas características del patio de colegio en que en el caso del maltrato la conducta es continua y el agresor, por lo general, es más grande, más fuerte y más poderoso que la víctima.

Y ¿CUÁL ES EL ORIGEN DE TODA ESTA VIOLENCIA?. LEDIA GUTIÉRREZ, psicóloga familiar, explica que un niño agresivo “solamente está reproduciendo lo que ha visto o ha sufrido en su hogar y llega al colegio a descargar todo lo que está aprendiendo en la familia”.

De ahí viene que emitiera distintos consejos a las familias:

• Deben propiciar momentos de juego, estudio, descanso e interactuar con la familia y, deben dar seguridad y confianza en sí mismo.

• Deben cambiar determinados comportamientos en la familia que permitan al niño sentirse amado, respetado y escuchado.

• Los padres deben enseñarles que responder con violencia no es lo más correcto sino que hay que buscar soluciones pacíficas; deben involucrarse tanto con su hijo como su agresor para lograr acercamientos más amistosos y hacerle ver que la violencia es negativa; no deben enemistarse con la familia del niño agresor, porque estaría dando un ejemplo negativo a su hijo.

Por último, cabría citar algunas consideraciones hacia los profesores que no deben castigar, etiquetar, rechazar y apartar a los niños “violentos” porque estas actitudes lejos de mejorar su comportamiento alteran la situación; deben conversar con el niño para lograr una mejor comunicación y confianza; y deben vigilar y detectar los cambios de conducta de los alumnos y comunicarlo a los padres.

¿Qué aspectos consideras importantes para una bue­na escolarización de tu hijo/a? (Escribe todo lo que se te ocurra).

Bajo mi punto de vista, para una buena escolarización de mi hija es importante que cuente con los medios necesarios para ella, al igual que con las ayudas, tanto técnicas (adaptación de materiales), como profesionales (ate, pt, logopeda, etc.).

Es vital, en mi opinión, que nuestros hijos estén escolarizados en un colegio de su zona de residencia, de modo que los compañeros del cole sean los mismos con los que puedan jugar en el parque, ir a la piscina, etc.

Es necesario también que los padres estén implica­dos de un modo activo en dicha escolarización y en su proceso educativo, estando en continuo contacto con profesores del centro escolar y otros apoyos externos, como la once, para ver qué aspectos trabajar, cuáles mejorar, cuáles modificar, etc.

La escolarización de nuestros hijos está en constante evolución, y es por ello que debemos ir subsanando las posibles dudas, problemas y demandas que vayan sur­giendo. Debemos trabajar todos al unísono, tanto fami­liares como profesorado, pues una labor desligada de la otra no resulta tan fructífera como trabajar en equipo. Todos podemos enriquecernos de todos y aprender los unos de los otros.

¿Qué aspectos consideras importantes para una buena escolarización de tu hijo/a? (Escribe todo lo que se te ocurra).

Una cosa muy importante es la comunicación entre todas las partes. Quiero decir que la educación de un niño sin discapacidades es un triángulo: padre-niño-profesor, pero en muchos casos se convierte en un cuadrado, cuando el niño tiene una discapacidad: padres-niño-profesores-profesor de apoyo once, y la buena disposición entre todos es primordial.

La adaptación al puesto de estudio es importante que se disponga de ella también desde el principio de la escolarización, no puede ser que los materiales lleguen a la mitad de curso porque esto dificulta el aprendizaje del niño.

Por supuesto, también, la actitud del colegio es im­portante; quiero decir, que los profesores no pongan trabas ni dificultades a lo que va surgiendo durante el curso, que siempre aparecen pequeños cambios ne­cesarios que rompen la rutina habitual a la que están acostumbrados dando clase a niños sin discapacidad.

Creo que también es importante para el niño un pt, aunque mi hijo no lo ha tenido, pero reconozco que toda la ayuda que se tenga en el colegio es necesaria.

Y ya, por último, es de muchísima ayuda que cuan­do los niños cambian de colegio, o incluso estando en el mismo, y llegan a una cierta edad, el hacer un programa de sensibilización con la clase de ese niño, explicando su patología, lo que necesita en su vida cotidiana, etc., es buenísimo para el niño y sus compañeros.

Estas son las cosas que de momento se me ocurren, aunque estoy segura que hay muchísimas más.

¿Qué aspectos consideras importantes para una bue­na escolarización de tu hijo/a? (Escribe todo lo que se te ocurra).

Creo que es muy importante que su sitio en clase sea siempre el mismo, y este sea fácil para ella, que esté lo más cerca posible del aseo, de su señorita y de la puerta para salir (aunque entiendo que es difícil que todo esto sea posible). Lo importante es que ella pueda aprender dónde está cada cosa y pueda valerse por ella misma.

También es importante que le cambien de compañe­ros de mesa, para que no esté siempre con los mismos compañeros y pueda tener contacto con todos los niños de la clase.

Que la profesora de la once esté tiempo con ella y que la ate (creo que se llama), también esté pendiente de ella. Tendría que haber más en el colegio.

En realidad, yo estoy muy contenta con la escolariza­ción de mi hija. Me preocupa que mi hija pueda aprender a leer y que pueda aprender las cosas básicas: comer, saber ser una persona normal el día de mañana, esto es lo que más me preocupa.

Cuando mi hija empezó a ir al colegio, lo que más miedo me daba era que tuviera una profesora que no estuviera pendiente de ella, que ella tuviera que apañárselas sola. Sé que no puede tener una profe­sora constantemente con ella (aunque me gustaría) pero me daba miedo que la profesora no le hiciera caso.

He notado una gran diferencia en la niña este cur­so, al cambiar de la guardería al colegio, porque la encuentro mucho más independiente, ha aprendido a pronunciar mejor, habla mucho, noto que ha trabajado con sus fichas (estoy contenta de todo lo que le han enseñado), y la verdad es que estoy muy contenta. No esperaba que la once le llevara todas sus fichas pre­paradas, yo pensaba que me iban a llamar y que me dirían lo que la niña tenía que hacer, y yo me tendría que ocupar de todo lo demás. No pensaba que la once se preocupara tanto de sus niños, estoy ¡encantada!, no sé que decir del equipo que se preocupa de mi hija. Todos la quieren, lo noto que la quieren, ahora que, ella también se gana el cariño porque es una niña muy cariñosa, es muy dulce, y ella se sabe ganar a la gen­te, pero a nadie del colegio le da lástima, la quieren porque la quieren, no es pena lo que sienten hacia ella y eso es muy importante en el colegio. Lo bueno que veo del colegio es que no miran a la niña porque les da lástima, ¡pobre niña ciega! Luchan por ella porque saben que lo vale, y a mí eso me llena de satisfacción, una satisfacción enorme.

La relación con los niños también es estupenda, todos la quieren muchísimo y mi niña va encantada al colegio.