Escuela de Padres

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En la sociedad actual los jóvenes buscan desesperadamente encontrar una identidad con un estilo de vida o filosofía en particular, con la cual se sientan identificados y en la cual se sientan verdaderamente tomados en cuenta, es por esta razón que las pandillas en los colegios se hacen cada vez más populares, ya que éstas se convierten en una solución para los adolescentes.

Las pandillas en los colegios son actualmente uno de los problemas sociales que más afecta a nuestra sociedad y por lo general se encuentran integradas por individuos que poseen problemas comunes y que evidentemente comparten los mismos intereses y la misma forma de ver la vida.

Principales causas de la formación de pandillas en los colegios.

Las principales causas sociales que provocan la formación de pandillas en los colegios son factores relacionados con la familia y con la educación, cuando hablamos de la familia, todos sabemos que la familia tiene un rol muy importante en el desarrollo del individuo, los miembros de las pandillas por lo general provienen de hogares en crisis o que se encuentran destruidos parcial o totalmente por parte de los padres.

En estos hogares las necesidades bien sea materiales o afectivas de los niños no se ven completamente atendidas y por lo tanto estos no logran obtener un desarrollo personal completo.

Cuando hablamos de la educación, entonces podemos decir que los jóvenes no obtienen en sus procesos educativos los valores necesarios que les ayuden a orientarse de la manera adecuada por el camino que deben seguir y de este modo no caer en la violencia y en las pandillas.

No obstante también podemos decir que existen otras causas, como las económicas, como la pobreza y el desempleo, las cuales provocan que los jóvenes y sus familias carezcan de los bienes materiales que requieren para su vida, y de este modo ingresen a las pandillas, esperando encontrar dinero fácil a través de los robos o la distribución y venta de drogas, entre otras.

El desempleo es un factor que complementa la pobreza, puesto que al trabajar de manera ilícita es mucho más fácil ganar buenas sumas de dinero con la venta de drogas o con otro tipo de negocios.

Podemos decir entonces que el crecimiento de pandillas en los colegios obedece a las pocas oportunidades que tienen y a la falta de valores con la cual son educados, además del maltrato que proviene de hogares destruidos, sin educación, entre otras.

El propósito de las pandillas es generar una ayuda mutua entre los integrantes de la misma, defender su territorio y sus propósitos y otras acciones más radicales que buscan generar actos delictivos.

Consecuencias de las pandillas en los colegios.

Las pandillas en los colegios alteran el curso normal del sistema educativo, intimidan a los demás estudiantes y alteran los procesos que pretenden llevar los docentes; una vez el estudiante sale del colegio, su pertenencia a estas pandillas será de gran problema para la sociedad.

Elementos como la práctica de deportes, las ayudas institucionales, el apoyo socio cultural y psicológico a las familias y los adolescentes pueden ser de gran utilidad para ayudarles a salir o evitar el ingreso a este tipo de círculos delincuenciales.

Nuestro hijo estudia bastante y se sabe las lecciones en casa, pero luego suspende los exámenes.

¿Qué le ocurre?

Esta es una situación que puede estar asociada a diferentes causas.

Causas por las que nuestros hijos suspenden

1º. En los exámenes, el niño se tiene que enfrentar a la prueba sin ninguna ayuda. Algunos padres piensan que su hijo domina los contenidos pero en realidad no es así. Cuando los repasan en casa, los padres les ofrecen inconscientemente ayudas como gestos o aclaraciones a las preguntas, luego tarde no tienen en la prueba escrita.

2º. Otros niños son lentos y el tiempo que se concede para los exámenes, les resulta insuficiente: escriben despacio, son perfeccionistas, necesitan tiempo para pensar y decidir, no se organizan bien…

3º. Otro motivo de que tengan peor rendimiento en los exámenes está relacionado con las dificultades de comprensión.  Un niño puede haber memorizado un texto y saber responder a la formulación de la pregunta que le hacen sus padres, pero luego no es capaz de hacerlo cuando el formato de pregunta varía y no sabe qué le están pidiendo.

4º. En otros casos, los niños se precipitan, no leen los enunciados  y las instrucciones de las preguntas; responden de manera impulsiva y por tanto, comenten más errores.

5º. Otros niños tienen dificultades a la hora de expresarse por escrito.

6º. Otra causa suele ser una falta de estrategia a la hora de afrontar las pruebas escritas. En lugar de responder primero a los ejercicios que dominan, resuelven las preguntas una a una, perdiendo demasiado tiempo en las que tienen más dificultades.

7º.  Por último, hay niños que manifiestan una ansiedad y miedo incontrolable a las situaciones de examen, que les hace rendir mucho menos que cuando están relajados y tranquilos en casa. Lo mejor es consultarlo con los profesores para que se adopten las medidas oportunas

Por Jesús Jarque

¿QUÉ HACER  ANTE EL ACOSO ESCOLAR?
El acoso escolar (bullying) es un comportamiento agresivo e intencional. Se produce por una relación asimétrica de poder donde un grupo abusa de este poder en contra de otro. Esta conducta violenta  es repetitiva y se expresa  de diferentes formas (física, verbal, etc. ). Sucede también el silencio de quienes son testigos de estos hechos (otorgando legitimidad a estas acciones).
La prevención y eliminación del fracaso escolar consiste en un compromiso común para intercambiar la exclusión, la violencia y el acoso por una convivencia segura sin temor.

LA VICTIMA

  • Presenta falta de   confianza en si  mismo. Son inseguros, autoimagen negativa y autoestima baja, llegan incluso al  auto desprecio.
  • Suelen  aparecer    lesiones  físicas  que  la  víctima  justificar diciendo que ha tenido caídas o pequeños accidentes.
  • Pérdida o rotura de sus pertenencias escolares o personales de forma frecuente.
  • Cambios importantes  en el comportamiento y en el humor. Muestran  tristeza,  llantos,  apatía,  irritabilidad,  extraños  y huidizos. Parecen distraídos, absorto en sus pensamientos.
    Disminuye el rendimiento escolar. Presenta falta de atención, desinterés, desmotivación.
  • No quiere ir al colegio, no acude a excursiones, no sale con sus amigos usa diversas escusas, enfermedad. Falta al colegio. No tiene amigos en su tiempo de ocio
  • Síntomas    psicosomáticos    (vómitos,   dolor   de   cabeza, estomago, micción nocturna).
  • Aparecen pesadillas, cambios en el apetito.

EL AGRESOR

  • Falta de empatía con el sufrimiento de los demás. No le preocupa las emociones de los otros.
  • Suele mostrarse prepotente y dominante, autosuficientes
  • Son comunes los comportamientos agresivos, de los que se enorgullece.
  • Habla despectivamente de sus compañeros, y se burla de ellos.
  • No cumple normas en casa ni en el colegio.
  • No  se  hace  responsable  de  su  conducta, no  pide perdón.
  •  Presentan falta de control de impulsos.
  • Poco tolerantes y nada solidarios
  • Recurren  excesivamente  a  la  violencia,  creen  que pueden obtener éxito social humillando a otros y desconfían de los demás.

PAUTAS GENERALES

  • Trabaja   para   evitar   la   violencia.  Evita  la reproducción de la misma, enseña alternativas a la misma.
  • Trabaja  en  la  prevención  de  las  victimas, desarrolla la autoestima y la confianza
  • Rompe con la conspiración del silencio
  • Educa en la igualdad.
  • Aplica pautas de disciplina: enseña limites
  • Educa en la solución de conflictos.

COMO AYUDAR A LA VICITMA

  • Escucha,   haz que se sientan libres para contar lo que están viviendo.
  • Hazles saber que no es su culpa
  • Dales tu apoyo, que sientan que no están solos para solucionarlo.
  • Estate    atento    a    los    cambios    en comportamiento

COMO AYUDAR A LOS AGRESORES

  • Desarrolla su empatía.
  • Enséñale a socializarse y la importancia de las normas.
  • Trabaja sus habilidades sociales.
  • Dialoga con él y hazle de ejemplo.
Por Celia Rodriguez

Nos han llamado del colegio y nos han comentado que nuestro hijo de 10 años puede estar acosando a otro niño de su clase. Nos parece increíble que pueda haber acoso escolar entre niños tan pequeños. ¿Puede esto ocurrir? ¿Cómo sabemos si nuestro hijo es realmente un acosador?

Aunque el fenómeno del acoso escolar es poco frecuente, eso no quiere decir que no ocurra.  Hasta hace un tiempo, los casos de acoso se detectaban a partir de los 14 años aproximadamente. Ahora sabemos que se dan casos mucho antes. Por tanto, sí es posible que con 10 años se produzca una situación de acoso escolar. Si en el colegio le han comentado esta posibilidad no tienen que escandalizarse o tomárselo como un ataque personal.

Desde los centros escolares se advierte de esta situación para adoptar medidas educativas por parte de todos, con el fin de ayudar a los chicos.

Nuestro consejo en este caso es el siguiente:

1º. Sean receptivos, escuchen los argumentos del centro y atiendan a las pruebas que aportan.

2º. Eviten en un primer momento defender incondicionalmente a su hijo, tomen en consideración la información que el centro aporta y valórenla.

3º. Algunos indicadores pueden hacer sospechar que su hijo efectivamente está protagonizando una situación de acoso:

  •  Si trae a menudo cosas que no le pertenecen.
  • Si es un niño violento, que no acepta el no por respuesta o si es demasiado dominante.
  • Si normalmente percibe a los otros niños como una amenaza. El objetivo a estas edades con el posible acosador es ayudarle en aquellos factores que provocan su forma de actuar y corregir sus actitudes, de lo contrario tendrán peores consecuencias en el futuro.
Por Jesús Jarque

A veces, por imperativos familiares, laborales o personales, no es posible que el niño continúe su escolarización en ese primer colegio que elegimos con tanto mimo.

Las razones que desembocan en un cambio de colegio suelen ser el cambio de domicilio que obliga a buscar la cercanía del centro escolar o la modificación de la estructura familiar (crece la familia o se separa), razones económicas o la propia estructura del colegio (transición de la escuela infantil al colegio y del colegio al instituto). También muchas familias están insatisfechas con el colegio y buscan mejores alternativas para sus hijos.

Ventajas e inconvenientes de cambiar de colegio

El cambio de colegio suele incidir sobre el rendimiento escolar del alumno. Generalmente, si el cambio es por razones educacionales (por ejemplo, para buscar una mayor calidad o un centro que se adecue más al estilo de aprendizaje del niño), el rendimiento suele mejorar, mientras que los cambios por razones no educacionales (por ejemplo, por divorcio o imperativos laborales) pueden tener un impacto negativo en los logros de aprendizaje, en la conducta del alumno o en sus relaciones sociales, sobre todo si el niño presenta una actitud de rechazo a dicho cambio o no está preparado para ello. Aunque si el cambio se prepara de forma adecuada y se eliminan sus temores, puede vivirse como una experiencia enriquecedora.

Elegir nuevo colegio para el niño

Enfrentados a la difícil tarea de volver a elegir colegio, hay que tener en cuenta que cada centro es un mundo distinto, por lo que hay que conocerlo a fondo para asegurarnos de que va a ser el adecuado para nuestro hijo.

A veces, por estar muy pendientes de la ubicación e instalaciones del colegio, se olvida evaluar el proyecto educativo del centro, que en muchos casos no es compatible con las capacidades y personalidad del niño, ni con la ideología, las costumbres, la religión y la cultura de la familia. Por lo tanto, al hacer la selección es clave conocer antes la filosofía del colegio, su metodología y estilo de enseñanza, así como los posibles equipos y programas de apoyo. También es de gran utilidad recorrer sus instalaciones durante el horario escolar. 

Preparar al niño para ser el nuevo de la clase

Aunque la decisión a la hora de elegir o cambiar de colegio es responsabilidad de los padres, es conveniente contar también con el niño. Se le puede explicar las razones y ventajas de la decisión tomada, informarle de todos los detalles que conozcamos de su nuevo colegio para que se vaya familiarizando con él e incluso permitirle que pase algún día allí, antes de empezar oficialmente, para que pueda conocer al profesorado y empezar a hacer amigos. Pero aun así, es normal que se pueda sentir mal. No hay que ignorar sus temores, enfados o tristezas, porque, lógicamente, el cambio le afecta.

Hay que hablar mucho con él, darle la oportunidad de expresar sus opiniones, ilusiones y temores, y acompañarlo y alentarlo en todo momento, transmitiéndole nuestra tranquilidad. De esta forma, una situación algo difícil puede llegar a convertirse en una experiencia constructiva.

En los colegios debe haber programas especiales de transición para facilitar la adaptación y proporcionar cursos de nivelación a los nuevos alumnos, ya que esta movilidad es cada vez más frecuente. En cualquier caso, una de las principales labores de la familia y el colegio es conseguir una buena motivación en el niño.

No se puede pretender que todos los alumnos tengan notas altas, ni que se adapten con la misma facilidad al método de aprendizaje. Se debe conocer al menor en profundidad y exigirle según sus posibilidades y, del mismo modo, recompensarlo de acuerdo con sus logros personales, ofreciéndole algo que él valore realmente en función de sus actitudes (felicitarle, dejarle que tenga más responsabilidades –como, por ejemplo, decidir más libremente sobre el uso de su tiempo-, publicarle un dibujo o un poema en el periódico escolar, etc.).

Premiar su buen desenvolvimiento escolar, su esfuerzo, sus avances cotidianos y la superación de las dificultades es una manera de fomentar las conductas deseables y de ayudarle a confiar en sus capacidades, a sentirse seguro de sí mismo y a gusto con el entorno, lo cual redundará en un buen rendimiento escolar.

Virginia González. Psicóloga y profesora de Educación Infantil.

La familia representa el primer contexto social donde se desenvuelve el niño, por ello se considera el pilar básico de educación y socialización. Pero debemos tener en cuenta que la escuela comparte estas funciones, constituyendo junto con la familia los contextos educativos que más van a influir en los niños, por lo que resulta obvio que entre ambos deba existir una buena comunicación.

Si la relación entre familia y centro resulta imprescindible para un completo desarrollo del proceso educativo del niño en todas las etapas, cobra una importancia mayor en la etapa de Educación Infantil, porque:

  • Dadas las características evolutivas de estos niños, la necesidad de que padres y educadores se unan en los criterios pedagógicos se impone si se quiere conseguir un desarrollo coherente y armónico del proceso.
  • El actual Sistema Educativo pone énfasis en la atención a la diversidad y la atención individualizada de cada niño. El docente, para llevar a cabo esta atención, deberá establecer una conexión directa con la familia, lo que le permitirá conocer el contextos social y cultural en el que crece cada uno de los alumnos.

El contacto con las familias puede desarrollarse a través de múltiples canales, como por ejemplo:

  • Reuniones de clase. Deben prepararse sistemáticamente, evitar el uso de tecnicismos, responder a las preguntas e inquietudes de los padres y no centrarse en el currículo o programación, sino más bien en la estructura y organización de las actividades en el centro, lo que sus hijos van a hacer en él.
  • Entrevistas individuales. Es importante que no se conviertan en un simple interrogatorio. Debemos esforzarnos por crear un ambiente amigable y de diálogo, que permita a las familias expresar sus opiniones y dudas. Estas entrevistas deberían propiciar al docente recoger el máximo de información veraz sobre el niño y, a la vez, demostrar a los padres que tienen en él un aliado para la educación de sus hijos.
  • Entradas y salidas. Debemos aprovechar estas oportunidades para comentar las incidencias del día.
  • Cartas, folletos o notas. Aportarán información precisa sobre la organización, actos relevantes o formalidades de la escuela.
  • Participación directa de la familia. Colaboración en la preparación de fiestas, talleres, actividades extraescolares, etc.

La periodicidad de estos recursos, queda en manos del equipo docente.

Anteriormente, hemos mencionado que la Educación Vial  no se circunscribe a la acción de una persona u organismo. No obstante,  la Escuela, como institución social por excelencia y por su acción multiplicadora, es quien ocupa un lugar privilegiado en cuanto a la posibilidad de asumir como propia la misión de promover  los contenidos de la educación vial y la prevención de los accidentes de circulación,  compatibilizando las pautas técnicas de la problemática vial con los recursos pedagógicos para poder proyectar en el trabajo áulico la propuesta.

Las experiencias internacionales más exitosas  en cuanto a la modificación de conductas y comportamientos han sido aquellas que sumaron al sistema educativo como un actor destacado dentro del proceso de cambio.

Abordar la prevención de accidentes en la escuela, implica aprovechar la riqueza de oportunidades que la institución educativa posee para el desarrollo de actitudes y hábitos que le permitan al alumno y alumna formarse integralmente.

No se pretende con esto generar una imposición y sobrecarga para la escuela y la tarea docente, sino ayudar a la optimización de las propuestas que la escuela ya desarrolla.

Es importante destacar la necesidad de la transversalidad en el abordaje de la educación vial en la escuela, recordando que los contenidos transversales son aquellos que recogen demandas y problemáticas sociales, comunitarias, y/o laborales relacionadas con temas, procedimientos y/o actitudes de interés general.

Los contenidos son transversales en cuanto: atienden a las demandas sociales, a exigencias del medio y del entorno que impactan sobre hechos puntuales y exigen a la institución su abordaje; atraviesan los contenidos escolares de las distintas áreas; atraviesan los distintos años, ciclos y niveles de la escolaridad; atraviesan el proyecto institucional.

Consideramos que la educación vial cumple con estos requisitos en cuanto recoge una problemática de alto impacto para la sociedad y reúne contenidos que se refieren fundamentalmente a valores y actitudes que atraviesan la propuesta curricular.

 

LOS CONTENIDOS

La propuesta, como ya hemos mencionado, es la formación del ciudadano  que transita por la vía pública,  adaptando la tarea a las diferentes  edades de los destinatarios.

Pensando en la necesidad de favorecer desde la escuela la construcción de aprendizajes significativos, la propuesta debería orientarse al trabajo con contenidos que sean funcionales para los alumnos, es decir, que puedan ser utilizados de manera efectiva.

La educación vial debería contemplar al menos tres aspectos: la formación del peatón, la formación del pasajero transportado y la formación del conductor del vehículo, tres prácticas diferentes que  demandan conocimientos y habilidades específicas.

A continuación presentamos una síntesis de los contenidos que  recomendamos trabajar  con los niños de escolaridad  primaria, cada docente deberá adecuar los mismos en función de la edad de sus alumnos y contexto en el que desarrolle sus actividades. Además, deberá haber

transitado previamente un proceso personal de formación en este tema para poder trabajar los contenidos de manera rigurosa.

Ejes Temáticos

1. Los usuarios de la Vía Pública | Diversidad de usuarios. El respeto por los demás. Espacios de circulación exclusivos para vehículos y para peatones.

2. Pasajeros | Conductas responsables de parte de los pasajeros de vehículos particulares y públicos. Medios de transportes de uso habitual en el barrio y/o la ciudad.

3. Peatones | Su comportamiento en la ciudad. Derechos y obligaciones. Relaciones con otros usuarios de la vía pública.

4. Conductores de bicicleta | señales y normas a respetar. Condiciones para la circulación. Maniobras de un ciclista. La prioridad de paso. Señales a respetar.

5. Los colores de la seguridad

6. Los lenguajes del tránsito

7. Factores de Riesgo en el Tránsito | Velocidad, alcohol, cansancio, móviles.

Esther Cuyás


Psicóloga infantil – Psicomotricista

Tras un verano de distensión y ocio se hace difícil, tanto para los niños como para los mayores, volver a someterse a horarios, exigencias y obligaciones. Por eso, es importante que los padres transmitan a sus hijos un enfoque positivo de lo que representa la vuelta al cole.

Cuanto más satisfactorio haya sido el período vacacional, menos dolorosa -aunque no por ello, menos lamentada- será la vuelta a las obligaciones.

Año tras año se repite la misma circunstancia y, una vez más, la naturaleza humana demuestra (la que ha de ser) su capacidad de adaptación, aunque ello le suponga un considerable esfuerzo de reajuste. Este no suele durar más de tres o cuatro días, si el ambiente familiar y escolar es el adecuado: dependerá, en gran medida, de la actitud y comportamiento de padres y educadores.

Gastos y rutina

Para los padres, la vuelta al cole supondrá nuevamente afrontar unos gastos considerables (libros de texto, uniformes,…), así como cumplir de nuevo con unos horarios, además de los propios de su jornada laboral.

Pero también podrán dedicar ese tiempo a sus ocupaciones laborales o personales, sin la preocupación de dónde «aparcar» a sus hijos, con el consiguiente sentimiento de culpabilidad o, por lo menos, de incomodidad que ello conlleva. Cada cual estará, por fin, en el lugar que le corresponde; la distensión, en este sentido, también se hará notar.

 

Tiempo de reencuentro

Para los hijos, la vuelta al cole supone, ante todo, el reencuentro con sus amigos y con la que ha sido su segunda casa la mayor parte del año.

Hay que pensar que, aunque siempre es agradable, la flexibilidad en los horarios y tareas acabaría siendo contraproducente si se perpetuase a lo largo de todo el año; sobre todo para un niño que se está formando.

De ahí que sea positivo retomar esa constancia de hábitos y horarios para dar orden y sentido a su vida. Sin duda, volverá a llegar el momento del merecido descanso, después del esfuerzo que requerirá el nuevo curso.

 

El primer día de clase

Los padres pueden ayudar mucho al niño en su primer día de clase, haciéndole sentir confianza y seguridad, fomentando su autoestima y, sobre todo, el entusiasmo por la nueva etapa escolar:

Es importante la información: explicarle detenidamente todo lo que le espera en ese primer día de clase, en ese nuevo curso…y dejar que él nos explique sus temores, necesidades, lo que piensa al respecto. Si fomentamos esa comunicación desde un primer momento, estaremos creando un vínculo comunicativo muy fuerte e importante con nuestro hijo.
- repetirle su capacidad para superar todas aquellas situaciones que se proponga.
- ojear con él los nuevos libros de texto para que se familiarice con ellos y se le despierte el interés por usarlos.
- preparar juntos la cartera y todo el material necesario para el curso.
- y, sobre todo, demostrarle nuestro amor siempre que tengamos ocasión y jamás amenazarle con el «ya verás ya… cuando vayas al cole», de manera que quede relacionado con algo negativo y desagradable.

Ante ese primer día, nuevo y desconocido, se respira cierta inquietud y nerviosismo, sobre todo entre los más pequeños; el acompañarle hasta la escuela, aunque luego vaya habitualmente sólo o con otra persona, será una buena manera de darle mayor seguridad y confianza para afrontar ese nuevo reto.

 

Con muchas ganas, pero sin prisas

Procuremos pues iniciar el nuevo curso escolar (y, por tanto, este nuevo ciclo) de la forma más saludable posible, planificándolo con sentido común, sin dejarnos llevar por la euforia de llenar de actividades las horas extraescolares de nuestros hijos. Creo que nadie duda que «un buen comienzo es un primer paso hacia el éxito».

La vuelta al cole ha de ser paulatina, progresiva, relajada en la medida de lo posible, para no sobrecargar al niño desde el principio. Ello le haría someterse a un ritmo de exigencia excesivo para ser mantenido durante todo el curso, provocando que su rendimiento «se viniese abajo».

Es importante que, día a día, el niño disponga de suficiente tiempo para hacer sus deberes pero, cómo no, también para «disfrutar» y relajar su mente del trabajo escolar exigido, mediante el juego o alguna actividad artística (música, manualidades…). Asimismo debería poder relajar su cuerpo mediante alguna actividad física. Todo esto le permitirá retomar con más ganas y fuerzas las tareas escolares y demás obligaciones del día siguiente.

Estas medidas son aplicables y necesarias para todas las edades, aunque cuanto más pequeño es el niño más necesidad tiene de ello.

 

Un momento especial

La vuelta al cole ha de ser para nuestros hijos (y también para nosotros, los padres) un momento especial que se ha de vivir con ilusión y entusiasmo por ese nuevo mundo de cosas que le esperan en el colegio: nuevos libros, nuevos conocimientos y maneras de aprender, nuevos hábitos, nuevas relaciones con sus compañeros, más autonomía y oportunidades de convivencia…en definitiva, diferentes experiencias, todas ellas muy importantes para el desarrollo.

Patricia López

 

Aulas con niños de dieciséis nacionalidades diferentes, como en el colegio Castilla, o el Antonio Moreno Rosales, con un 70 por 100 del alumnado inmigrante, es la nueva realidad a la que cada día deben acostumbrarse profesores, padres y alumnos. Distintas asociaciones sociales realizan campañas para trabajar la tolerancia en los centros. El Ministerio de Educación también ha tenido que ir orientando su política hacia la integración social en escuelas e institutos españoles.

Desde hace algunos años ha surgido en los centros de enseñanza la figura del profesor de Compensatoria, incluso algunos colegios también tienen entre su plantilla eventual a trabajadores sociales, ambos dedicados a ser primeros en atender a estos niños.

Desde hace ocho años, Rosana Zúñiga es profesora de Compensatoria para niños de 6 a 14 años en el colegio Diego Vázquez Díaz, y está acostumbrada a lidiar con todo tipo de problemas: «Algunas veces los niños llegan a España y al día siguiente ya están en el colegio. No les ha dado tiempo a asimilar nada y vienen muy mentalizados de que tienen que decir a todo que sí porque saben que son ilegales. Todo es cogerles, hablar con ellos y explicárselo bien».

Necesidades distintas

Nada más llegar al colegio, los niños pasan por las clases de Rosana y ella, que debe diseñar su propio temario, evalúa las necesidades para cada uno de ellos. «En este colegio -explica- tenemos marroquíes, rumanos y muchos latinoamericanos. Cada uno de ellos tiene unas necesidades y tengo que plantear una forma de trabajar en cada caso. Con los niños marroquíes o procedentes del país del Este se trata de enseñarles el idioma lo antes posible. Me sirvo para ello de la ayuda de imágenes o de otros niños que hacen de traductores. Los procedentes del Este lo aprenden en tres meses, son muy rápidos y disciplinados, mientras que a los marroquíes les cuesta más porque ellos no tienen vocales, el concepto de escritura es distinto, dividen de otra manera… Además, hay que acercarles a la cultura del nuevo país para que no surjan problemas y ponerles al nivel de sus compañeros. Con los latinoamericanos nos centraremos en que se acoplen lo más rápidamente posible a los demás porque su sistema educativo es más flojo que el de aquí», señala Rosana Zúñiga.

Los chavales recién llegados combinan las clases de Compensatoria -donde también aprenden a desenvolverse: desde cómo comprar el pan hasta temas más académicos- con las clases normales que comparten con todos sus compañeros. No todos los profesores están igual de formados. Los dedicados a Compensatoria han realizado distintos cursos para entender la situación. Según Candelas Hernández, jefa de Estudios del Instituto Parque de Aluche, de Madrid, «cada vez hay más profesores que están involucrados en Organizaciones No Gubernamentales y más concienciados, y desde sus asignaturas intentan plantear la multiculturalidad. Pero también hay mucho profesores a la antigua usanza. Tenemos que adaptarnos mucho más a las necesidades y no creernos que una explicación la puede seguir cualquier niño. Con la nueva reforma educativa y social no se ha producido un reciclaje obligatorio y formativo de los profesores para que realmente surja el nuevo profesor, que debe ser mucho más educador, colaborador e integrador».

Adaptación

Otra de las quejas a la Administración es la expuesta por Candelas Hernández: «Los niños llegan y, sin saber media palabra, nos los mandan a las aulas, incluso en el mes de mayo o junio, cuando ya no hay solución. Tienes que volver para atrás en el temario para que entiendan algo de lo que das en clase y eso también retrasa a los demás. Se les debería formar en el idioma antes de mandarles a clase».

El Ministerio de Educación estima que en un año estos chavales se encuentran perfectamente integrados, pero para Isabel Bravo, directora del Vázquez Díaz, no es tan fácil: «Es muy importante el porcentaje de otras culturas del centro. Estamos por encima del 20 por 100 y el problema está cuando los chavales tienen más de 13 años o en los colegios en el que hay un índice del 70 por 100. Según la normativa, las clases de Compensatoria deberían ser de grupos de siete alumnos como mucho, pero la realidad no es así. La cuestión no es sólo que sepan leer o aprendan el idioma sino todos los problemas que esos niños traen detrás».

Isabel Reyes es trabajadora social en dos centros de enseñanza. A pesar de que su labor es fundamental para resolver algunos de los conflictos de estos niños, no todos los centros cuentan con esta figura. «Inevitablemente -señala Reyes-, los chavales inmigrantes tienen más calle que los españoles, son mucho más descarados, emplean demasiadas palabras malsonantes y son mucho más difíciles de controlar. Hay que hablar mucho con ellos para poder hacerles entender las normas cívicas del centro. Pero también hay que realizar un gran trabajo con las familias, que muchas veces no terminan de comprender que la educación es obligatoria hasta los 16 años o que asistir a clase es muy importante».

Ardua tarea

Como jefa de Estudios, Candelas Hernández emplea parte de su horario en concienciar a los padres de sus alumnos, lo que puede ser una ardua tarea: «·Los padres de estos chavales, por falta de tiempo u otros motivos, se dedican a preocuparse de ellos sólo en las necesidades más básicas: comer, vestir y poco más. Vienen el día de la matrícula y es muy complicado hacerles volver algún día más. Por ejemplo, las madres marroquíes no se preocupan de ninguna gestión, todo lo hace el marido y ellos trabajan todo el día, por lo que es muy difícil contactar con ellos para explicarles el problema de sus hijos».

Las niñas de 12 años en adelante, sobre todo gitanas y marroquíes, son las que se llevan la peor parte, ya que en muchos casos se las destina a cuidar de la familia, hermanos y padre, y pronto son retiradas del colegio. Esto trae consigo problemas con sus demás compañeros, que ven que no participan en las actividades de los alumnos y, poco a poco, van aislándose hasta dejar la enseñanza.

Pero el problema de la integración no solamente es de los inmigrantes. Son los padres españoles los que en algunas ocasiones deciden cambiar a su hijo a un colegio privado por el nivel de inmigración del centro que le corresponde. «Si los padres comienzan a pensar que la enseñanza de un colegio público es peor por la inmigración y retiran a los niños de los centros, se va a agudizar el problema de la educación y la tolerancia porque entonces pasará como en otros países, donde la educación pública será para los inmigrantes», apunta Isabel Reyes.

Fiesta y convivencia

Para romper las barreras comunicativas y profundizar en la comprensión común de todas las culturas, los directores y profesores realizan actividades en las que participan todos. «En el Diego Vázquez -cuenta Isabel Bravo- hay una tarde de puertas abiertas en la que cada uno de los padres trae productos típicos de su país. Las madres marroquíes son las que más se vuelcan y llenan mesas de comida; además, traen su mejor vajilla». O en el instituto Parque de Aluche, en el que padres, alumnos y profesores preparan una vez al año una fiesta con baile, comida y trajes típicos.

Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, es un experto. Desde su organización se han realizado más de un millar de jornadas de sensibilización. «En los colegios -cuenta Ibarra- utilizamos sobre todo monitores jóvenes pertenecientes a minorías étnicas que realizan actividades con música, baile y vídeos, y les enseñan la variedad y las coincidencias que hay entre todos ellos. En los institutos el problema es más serio y damos información y realizamos debates. Aparecen actitudes violentas y racistas. Comienzan a surgir las pandillas multiculturales. En la adolescencia se produce una reafirmación étnica y surgen grupos de blancos, pandillas de marroquíes, gitanos, negros, suramericanos… cada uno por su lado y con enfrentamientos entre ellos».

Según Candelas Hernández, «el cambio se va notando poco a poco. Lo bueno es que ahora los niños empiezan a convivir juntos desde Primaria y al llegar al instituto se aceptan más. Si surge una pelea, entonces sí que les sale la vena cultural e incluso, en algunos casos, la división es de emigrantes contra españoles».

El fenómeno del bullying es algo común en nuestras escuelas y que no diferencia de etnias, zonas urbanas o rurales, escuelas privadas o públicas, chicos y chicas, etc. Es responsabilidad de toda la comunidad educativa abordar este problema. Además corresponde a las Administraciones Públicas dotar de recursos económicos, formativos y personales a los centros educativos para que no se sientan desprotegidos y desorientados en su trabajo.

Y esto es así de importante porque la situación del maltrato destruye lenta, pero profundamente, la autoestima y la confianza en sí mismo del escolar agredido, que puede llegar a estados depresivos o de permanente ansiedad y que, como poco, le harán más difícil su adaptación social y su rendimiento académico y, como mucho, lograrán que llegue a situaciones verdaderamente extremas como al suicidio.

Se trata de una cuestión de derechos democráticos fundamentales por los que el alumnado se tiene que sentir a salvo en la escuela, lejos de la opresión y la humillación intencional repetida que implica el bullying.


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