Escuela de Padres

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“Gritar es mucho más sencillo que dialogar, es por ello que recurrimos frecuentemente a este recurso, el cual a la larga se convertirá en un hábito difícil de erradicar. Solamente son excusables, cuando de forma instintiva las utilizamos ante una amenaza o peligro en el que nos vemos envueltos o bien puede afectarles a nuestros hijos.

Como lo prometido es deuda a continuación les resumo nueve alternativas como apoyo para aquellos momentos en los que la paciencia y el agotamiento nos vencen.

1. Reflexionar  tratar de tranquilizarse, tal vez tuviste un día pesado, o las cosas no están como nos gustaría que estuvieran, reflexiona…. si realmente estas castigando  el acto de tu hijo o es una forma de desahogo personal. Canalizar la frustración, ira o  rabia en otra actividad, es muy útil para evitar gritarles. Hacer deporte, es una actividad  benéfica para ti y los tuyos, o bien buscar otras actividades que sirvan. Aunque el deporte siempre es un buen catalizador que nos permite sacar esos excesos de tensión física y psicológica además de quemar calorías.

2. Empatía ponerse en su punto de vista y buscar los motivos de su actuación. A lo mejor desde tu posición no es justificable su acto, pero sí desde la suya, y hay que tener en cuenta que los niños viven el “aquí y ahora” sin contemplar las consecuencias.

3. Comunicación Esto debe tenerse en cuenta para valorar sus actos, e intentar, siempre de forma relajada, acercar su punto de vista al nuestro y viceversa.

4. Saber escuchar por más pequeños que sean son personas y entienden, por lo tanto, merecen ser escuchados con atención antes de reprocharles nada. Esto además les enseña, que para la solución de conflictos, un método válido es el diálogo.

5. Apoyo de pareja (cuando sea el caso), habiendo planificación y equilibrio entre los limites y las normas de la casa. La alianza y la unión entre los dos miembros de la pareja es fundamental. En caso de conflicto es recomendable que actúe el que está más tranquilo, éste ayudará a sacar la situación con calma.

6. Ser democrático.

7. Humildad como padres no siempre tenemos que tener la verdad absoluta, por ello cuando nos equivoquemos es bueno reconocerlo delante de el. Esto les ayudará y enseñara a reconocer errores.

8. Bajar el tono de voz susurrarles o hablar en voz baja les puede desconcertar, y ayudará a que se motiven a prestar atención.

9. Motivar si quieres que tu hijo te obedezca, refuerza con elogios todo aquello que hace bien, corrige con diálogo todo lo que hace mal y enséñale siempre cuál es la forma correcta de hacerlo.

En ocasiones seguir estos consejos es mucho más cansado que alzarles la voz en un momento determinado, pero las consecuencias son mucho peores. Educar requiere de un esfuerzo consciente en el que con frecuencia será necesario revisar nuestras actitudes, aprender a conocernos mejor y a conocer, entender y descubrir a nuestros hijos, modificar hábitos a veces muy arraigados. Eduquemos sin gritos.

Saber cómo les fue realmente en el colegio a tus hijos hoy es un tarea que actualmente se ha convertido en toda una odisea.

Si les preguntas directamente ¿cómo estuvo la escuela?, lo más probable es que te contesten: “bien”, “nada especial”, “aburrida”, y si tienes un poco de suerte, superarán la barrera del monosílabo y te dirán un corta frase como: “la profesora me regañó”. El problema es que la conversación automáticamente termina cuando comienzas a ahondar un poco más en el asunto.

En el siguiente listado, aparecen interesantes preguntas que pueden ayudar a saber un poco más sobre la vida de tus hijos en el colegio. 

No son preguntas perfectas, pero al menos colaboran a que respondan en oraciones enteras y llevan a conversaciones interesantes y a divertidas respuestas.

1. ¿Qué fue lo mejor que pasó hoy? (¿Qué fue lo peor que pasó hoy?)

2. Cuéntame algo que te hizo reír hoy.

3. Si pudieses elegir, ¿Con quien te gustaría sentarte en clases? (Con quien NO te gustaría sentarte en clases? ¿Porqué?)

4. ¿Cuál es el lugar que más te gusta del colegio?

5. Cuéntame una palabra extraña que hayas escuchado hoy (O algo extraño que alguien haya dicho)

6. Si llamara a tu profesora hoy, ¿qué me diría sobre ti?

7. ¿De que manera ayudaste a alguien hoy?

8. ¿De que manera alguien te ayudó hoy?

9. Cuéntame algo que hayas aprendido hoy.

10. ¿Cuál fue el momento más feliz de hoy?

11. ¿En que momento te aburriste hoy?

12. Si apareciera una nave espacial en tu sala para llevarse a alguien, ¿a quién querrías que se llevara?

13. Si pudieras jugar con alguien que nunca has jugado antes, ¿Quién sería?

14. Cuéntame algo bueno que haya pasado hoy.

15. ¿Cuál fue la palabra que más dijo tu profesora hoy?

16. ¿Que cosas crees que debieses hacer más o aprender más en el colegio?

17. ¿Que cosas crees que debieses hacer menos o aprender menos en el colegio?

18. De tu curso, ¿Con quién podrías ser más simpático?

19. ¿Cuál es el lugar en el que más juegas durante el recreo?

20. ¿Quién es la persona más divertida de tu curso? ¿Por qué es tan divertido o divertida?

21. ¿Cuál es tu parte favorita de la hora del almuerzo?

22. Si mañana pudieses ser el profesor ¿Qué harías?

23. ¿Hay alguien en tu curso que necesite un receso?

24. Si pudieras cambiarte de puesto con alguien de tu curso ¿A quién escogerías? ¿Porqué?

25. Cuéntame 3 ocasiones en las que usaste tu lápiz hoy en el colegio.

La manera en que las preguntas están planteadas le da a los niños una forma tranquila y no amenazante de expresar algunas cosas, por lo que se puede conocer en mayor profundidad la vida de tus hijos en la escuela, y así, trabajar a favor de los problemas que sutilmente podrás detectar.

Visto en Huffington Post 

Un profesor escribió así en la pizarra:

9 x 1 = 7
9 x 2 = 18
9 x 3 = 27
9 x 4 = 36
9 x 5 = 45
9 x 6 = 54
9 x 7 = 63
9 x 8 = 72
9 x 9 = 81
9 x 10 = 90

En la clase no faltó alguien que se percató del error y se burló, al final todos empezaron a reírse.

El profesor esperó a que todos se quedasen en silencio y dijo: “Es así como ustedes ven el mundo, me equivoqué a propósito para mostrarles como nos comportamos ante algún error que cometemos. Nadie te elogia o te felicita por haber acertado nueve ces, solamente te juzgan y se ríen en tu cara por haber cometido un error”.

Moraleja:

Debemos aprender a valorar a las personas por sus aciertos, y no estar a la expectativa de sus errores.

El trato amoroso, basado en la confianza, el respeto y el dialogo es el mejor camino para corregir a los hijos.

Un niño es disciplinado cuando se siente bien consigo mismo, cuando se le respeta su forma de ser, se le establecen unas normas firmes y se le reconocen las acciones adecuadas.

El mal comportamiento puede ser un intento de los niños por enfrentarse lo mejor que pueden al mundo cuando no tiene claro qué se espera de ellos o siempre logran lo que quieren. Esta actitud puede ser una forma de decirles a los adultos que los ayuden, que les establezcan normas.

Los padres dudan entre ser autoritarios o permisivos. La agresión física y verbal, los castigos muy severos y la autoridad impuesta no dan resultados positivos. Un niño criado de esta forma puede acumular resentimientos y rabias que perjudican sus relaciones interpersonales y hacen de él un adulto inseguro de sí mismo, temeroso y posiblemente violento. La complacencia total forma seres dependientes, inmaduros, personas que no toleran la frustración, que quieren resultados inmediatos, poco persistentes en la búsqueda de sus objetivos, inconstantes en sus relaciones.

AL CORREGIR A NUESTROS HIJOS TENGAMOS EN CUENTA

  • Dar a conocer a los hijos las consecuencias de sus acciones.
  • Al corregir a sus hijos sea firme y no severo.
  • Ser claro en la razón del castigo y aplicarlo una vez se produzca el motivo.
  • Indicar el camino correcto.
  • No establecer lo que no se puede cumplir.
  • No amenazar con el abandono o retirar el afecto.
  • Advertir y no amenazar.
  • Cumplir con las promesas ya sean premios o castigos.
  • No castigar impulsivamente o cuando se está fuera de control.
  • No usar castigos que humillen o avergüencen.
  • Aplicar el correctivo justo según la edad de su hijo y el grado de la falta.

Los correctivos que producen culpa o angustia en los padres no son buenos.

Si desde pequeños les mostramos a nuestros hijos límites claros, en la adolescencia negociaremos con ellos sobre bases sólidas y podremos mantener una comunicación abierta.

Pegarles a los niños es utilizar la fuerza contra personas que además de indefensas, ven en ese adulto que los lastima la mayor posibilidad de amor y comprensión.

No esperemos a que nuestros hijos obedezcan siempre en la primera oportunidad en que los corregimos o que aprendan las normas con tan sólo pronunciarlas. Un único ensayo no basta. Ellos (y nosotros) aprendemos por repetición.

De alguna forma la Educación en Valores debe ser algo diferente de lo que normalmente se enseña en las escuelas. Enseñar valores y/o actitudes tiene que implicar la comunicación de un contenido distinto por medio de una estructura diferente. Hay que cambiar la metodología, el estilo de vida y el contenido, para comunicar eficazmente los valores y habilidades deben experimentarse en el proceso. El medio es el mensaje. La metodología debe ir conforme con los valores de la paz, la justicia, la cooperación y la no violencia, alrededor de los cuales gira el contenido. La paz no es simplemente un concepto que enseñar, sino una realidad a vivir. Así, el estilo de vida, igual que el estilo de enseñar del educador para la paz debe reflejar su materia.

Esta metodología a la que nos venimos refiriendo, trata de potenciar lo afectivo, lo vivencial a la hora de afrontar lo social. Este enfoque no desprecia lo intelectual, sino que lo complementa, permitiendo que en el proceso educativo tome parte la persona en su totalidad, no sólo su cabeza o su corazón.

Podemos destacar tres momentos en este proceso de aprendizaje: sentir, pensar y actuar.

  1. a) Sentir. Vivenciar una experiencia.

El punto de partida no va a ser el libro de texto o la explicación del educador, sino la experiencia y el comportamiento propios de los participantes, en relación con las actividades y situaciones que se les planteen.

  1. b) Pensar. Describir y analizar.

Se trata de describir y analizar las propias reacciones de las personas que participan en la situación creada. Cobra especial importancia el análisis de los procesos decisorias que se han ejecutado en el interior del grupo: las variaciones de opinión de los participantes, el papel de la información en la toma de decisiones, las diferentes reacciones emocionales, las influencias que puede tener la toma de decisiones en nuestros comportamientos. Todo ello con el fin de que los participantes adquieran conciencia y confianza de y en sí mismos, para poder aproximarse así, a la realidad de los demás.

  1. c) Actuar. Contrastar y si es posible, generalizar la experiencia vivida a situaciones exteriores de la vida real.

Es decir, relacionar el micro nivel del grupo con el macro nivel, a partir de la situación vivida y del análisis de la misma. También se trata de llegar a la resolución del conflicto de una forma creativa, planteando alternativas de actuación, tanto nivel individual como grupal.

Estas tres fases tienen su correspondencia en el plano didáctico en los objetivos como:

– Fomento de la autoafirmación

– Desarrollo de la confianza en uno mismo y en los demás

– Refuerzo del sentimiento grupal y de comunidad

– Desarrollo de la capacidad de tornar decisiones

– Resolución de conflictos de una forma no-violenta y creativa

– Refuerzo de la capacidad de análisis, síntesis c inducción

– Desarrollo de conductas prosociales.

No obstante, la determinación de una línea metodológica es una exigencia del trabajo en equipo que deberá definirse en los documentos que recogen la programación o proyecto de intervención para garantizar la coherencia y continuidad de la actuación social o educativa, refiriéndonos con ello a la intervención con cualquier población, grupo o comunidad.

Ed profesional o educador en su actuación didáctica toma una serie de decisiones metodológicas en colaboración y cooperación con el resto de los profesionales que forman el equipo que va a intervenir.

Estas decisiones, en última instancia, son su línea de actuación a la hora de realizar las actuaciones del programa y como tal deben reflejarse en el proyecto de intervención. En la puesta en práctica real estas líneas metodológicas son flexibles de acuerdo con las necesidades y características del objeto de intervención y el profesional así las adapta. Este aspecto es determinante para lograr una intervención social correcta y adecuada al colectivo al que se refiere dicha intervención.

En la actualidad, son muchos los padres que se quejan de que sus hijos son unos desagradecidos. Es importante saber que, como todo lo demás, la gratitud es un sentimiento que se desarrolla gracias a la educación que nuestros hijos reciben. Si quieres que tu hijo sea agradecido, comienza por dar ejemplo desde ahora mismo.

“Cuando bebas agua, recuerda la fuente”

Según el filósofo Robert C. Roberts, la gratitud contrasta con tres sentimientos que son el origen y raíz donde se asienta la tristeza: el resentimiento, el arrepentimiento y la envidia. Vemos pues, la gran importancia y necesidad de educar este sentimiento en nuestros hijos ya que les va a ayudar a ser personas felices.

¿Se puede educar la gratitud?

Como cualquier otros sentimiento, la gratitud también se puede (y se debe) educar. Los padres tenemos que hacer lo posible para potenciarlo y educarlo, fomentando al máximo este sentimiento en nuestros hijos.

En un principio, como el resto de los sentimientos, la gratitud es muy inestable e intermitente y dependerá de si le gusta o no hacer algo o si lo hace para “agradar al adulto”. Si esto es así, no pasa absolutamente nada; los padres con mucha paciencia y constancia trabajaremos este sentimiento para que quede asentado formando parte de su personalidad, como cualquier cualidad estable.

Podremos decir que ha quedado consolidado del todo cuando el niño sea capaz de comprender que, aunque no se le complazca en todo lo que hace o dice, lo hacemos por su bien. Antes de conseguir esto, podremos observar como la gratitud irá siempre de la mano de la gratificación positiva. Por eso es importantísimo que continuamente reconozcamos a nuestro hijo lo bien que hace las cosas, haciendo uso frecuente de los refuerzos positivos.

¿Qué podemos hacer? Tareas para los padres

En primer lugar es necesario señalar que vamos a educar este sentimiento (o el contrario) tanto por acción como por omisión, es decir, a través del ejemplo. ¿Cómo vamos a esperar que nuestros hijos agradezcan a los demás las cosas si nosotros somos los primeros que no lo hacemos?

Debemos abrir los ojos de nuestros hijos, a través de nuestro ejemplo, y hacerles ver que ser agradecidos no es simplemente pronunciar unas palabras de manera automática y mecánica. No basta con un simple “gracias” y ya está. La gratitud nace del corazón, de nuestro interior, del aprecio a lo que alguien hace por nosotros. Por eso, cuando alguien haga algo por nosotros, tenemos que mostrarles a nuestros hijos cómo actuamos nosotros para que también ellos empiecen a obrar de ese modo.
Veamos con detenimiento algunas ideas para trabajar la gratitud con nuestros hijos de una
manera práctica y útil:

1. Hablar sobre la gratitud

¿Qué entiende tu hijo por gratitud? ¿Sabe identificar ese sentimiento?

Averigua lo que sabe acerca de esta virtud para poder explicarle muchas más cosas de las que ya conoce. Es importante que tu hijo comience a poner nombre a este sentimiento y aprenda progresivamente a identificarlo y relacionarlo con otros.

Podemos comenzar por hacerle al niño las siguientes preguntas:

* ¿Sabes qué es la gratitud?
* ¿Cómo puede una persona demostrar la gratitud a los demás?
* ¿A quiénes demostraremos gratitud?
* ¿De qué forma?

Deja a tu hijo que conteste abiertamente. Luego, explícale con tus palabras y en un lenguaje sencillo y adaptado a su edad, qué es la gratitud. Por ejemplo, que apreciar y querer mucho a quiénes nos cuidan es una manera de agradecer lo que hacen por nosotros: el profesor nos ayuda en el colegio, el médico cuando vamos al centro de salud, los padres en casa cada día, etc. Les explicaremos que la gratitud se demuestra con expresiones de afecto, cariño, portándonos bien con esas personas, etc.

2. Escribir una carta para alguien especial

• Pide a tu hijo que escriba una carta a quién él considere que tiene algo que agradecer, por ejemplo a los abuelos, a su profesora, al amigo especial que siempre le ayuda, etc.

• Debe escribir cómo se siente por lo que ha recibido de esta persona a la que está escribiendo. Esta carta se la enviará o, si es posible, buscará a la persona a la que ha escrito y se la leerá personalmente.

• Si el niño es todavía muy pequeño y no sabe escribir, ayúdale a escribirla. Deja que te diga lo que quiere trasmitir. Incluye al final de la carta un dibujo hecho por tu hijo.

• Para educar con el ejemplo, tú también puedes escribir una carta de agradecimiento, por ejemplo al profesor de tu hijo por su esfuerzo durante todo el curso escolar.

3. Escribir un diario de gratitud

Anima a tu hijo a que, cada día, antes de acostarse dedique unos minutos a escribir acerca de tres cosas
por las que está agradecido. Estas cosas pueden ser de dos tipos:

• Generales: estar vivo, poder ver, contar con la amistad de las personas que el niño aprecia, etc.

• Concretas: aprender algo nuevo, recibir un elogio, la ayuda de un compañero, etc.

Si no sabe escribir, dile que te diga cuáles son sus motivos de agradecimiento y los anotas en su diario de gratitud.

Según M. Selligman, “escribir este diario nos ayuda a fortalecer el agradecimiento a la vida y de este modo, cultivar el hábito de ser feliz”.

4. ¿Qué harías tú?

En esta actividad debes proponer a tu hijo una situación concreta que en un futuro podría encontrarse en la vida real. Le diremos lo siguiente:

Imagina que estás llorando en medio de la calle porque te has perdido y empiezas a asustarte porque pasa mucha gente pero nadie te hace caso. No sabes como volver a casa. De repente, aparece una señora que se acerca y te pregunta qué es lo que te pasa y cuando se lo cuentas te ayuda y te trae hasta casa.

Seguidamente le diremos que nos conteste a estas cuestiones:

* ¿Qué harías tú si te pasara eso?
* ¿Qué le dirías a esa señora que te ha ayudado?
* ¿Qué sentirías por ella?
* ¿Le agradecerías el favor que te ha hecho? ¿De qué forma?

A continuación, seguiremos hablándole pero cambiando la historia:

Ahora imagina que otro día estás jugando al fútbol con tus amigos en el parque y se acerca esta misma mujer preocupadísima porque ha perdido a su perrito cuando lo estaba paseando.

Entonces, pregúntale: ¿Tú qué harías? ¿Seguir jugando el partido o ir a ayudarla? ¿De qué forma la ayudarías?

Esta actividad te servirá para trabajar el concepto de la gratitud y de la empatía.

5. La paloma y la hormiga

Enséñale a tu hijo la importancia, no solo de ser agradecidos, sino también de devolver los favores que recibimos. Para ello, léele la siguiente fábula de Esopo, “La paloma y la hormiga”.

Obligada por la sed, una hormiga bajó a un manantial; arrastrada por la corriente, estaba a punto de ahogarse.

Viéndola en esta emergencia una paloma, desprendió de un árbol una ramita, la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga y la salvó.

Mientras tanto un cazador de pájaros se adelantó con su arma preparada para cazar a la paloma. Lo vio la hormiga y lo picó en el talón, haciendo soltar al cazador su arma. Aprovechó el momento la paloma para alzar el vuelo.

Debemos ser agradecidos y devolver los favores que recibimos.

Errores comunes
Como hemos visto, educar la gratitud no es nada sencillo. Necesitamos ser constantes y evitar cometer algunos errores que son bastante frecuentes. Veamos algunos de ellos:

– Restar importancia al sentimiento de gratitud cuando nuestros hijos son pequeños. Solemos decir “si total, nadie da las gracias por nada… ¿para qué se lo voy a enseñar?”. A medida que crecen y llegan a la temida adolescencia decimos: “que desagradecidos son estos jóvenes de hoy en día”. Entonces es cuando deberíamos preguntarnos con toda sinceridad: ¿qué he hecho yo para que esto sea así?

– En ocasiones, tampoco sabemos aceptar el agradecimiento de nuestros hijos y les contestamos “no es nada” o “no es necesario que me lo agradezcas”. Al contrario, debemos estimularlo y decirle: “Muchas gracias a ti, hijo. Significa mucho para mí que estés agradecido”.

– No siempre educamos dando ejemplo ya que en ocasiones tampoco agradecemos a nuestros hijos lo que hacen por nosotros.

Quizás si todos nos aplicásemos a diario la siguiente máxima hebrea nos irían mejor las cosas y podríamos adecentar un poco este mundo:

“El que da no debe volver a acordarse, pero el que recibe nunca debe olvidar”

Existen distintos tipos de crianza, o bien, distintos modelos a la hora de ejercer como padres/madres.

Sin duda, las relaciones entre padres e hijos son bidireccionales, porque el comportamiento de uno influye sobre el del otro y viceversa.

Podemos distinguir entonces diferentes estilos de crianza: autoritario, indulgente (permisivo), negligente, asertivo (o democrático).

El autoritario es exigente pero no receptivo, espera el cumplimiento de las normas pero no considera la necesidad de explicar las razones de las reglas o los límites.

El indulgente supone ser responsable pero no exigente, en realidad, es permisivo, son pocas las exigencias o los controles.

El negligente destaca por ser controlador, pero no implicado. No existen ni exigencias, ni responsabilidades, no se establecen límites. Aunque sí se da respuesta a las necesidades básicas (alimentación, dinero).

El asertivo supone ser exigente pero receptivo, en el que se marcan los límites y las normas, se ejerce control sobre las acciones, pero anima a los menores a ser independientes, permite que exploren con libertad y puedan desarrollar sus propios razonamientos y sus propias decisiones. Se establecen los límites pero se demanda madurez y si hay que castigar, se explican los motivos. Por lo tanto, las normas son claras y como resultado los menores desarrollan la independencia, madurez y la autoestima. Quizá sea el estilo más recomendado.

CONSEJOS PRÁCTICOS

  • Mostrar afecto, sensibilidad y responsabilidad ante las necesidades de los hijos e hijas.
  • Fomentar el DIÁLOGO, la ESCUCHA, la PARTICIPACIÓN en el seno del hogar.
  • Entender la importancia de las explicaciones, de marcar los límites y las normas para que los menores tenga claro cuál es su papel y lo que se espera de ellos/as.
  • Esforzarse por llevar a cabo una disciplina inductiva, positiva, basada en el RAZONAMIENTO, en la comunicación de todas las partes.
  • ESFORZARSE POR ENTENDER a los menores, sus preocupaciones, sus intereses, sus necesidades, mostrándoles cariño y cercanía. Hablamos de la importancia de lograr un clima dialogante, respetuoso y cordial en el seno de la familia.